¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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ARGENTINA

 

 


Ilustración: Tut

Volver de Venus, otra vez detenerse en la intersección de calles reconocidas pero ya nunca más nombradas, ser ciudadanos de la Terra de nuevo y maravillarse de los altos edificios como cuando uno era pequeño. El tiempo detenido en límites ya no accesibles por dispositivos cuánticos injertos en la médula, sino por la propia conciencia cercada de transeúntes que se cruzan sin saludar. La descortesía y el egoísmo terrenal pueden ser más que suficientes para experimentar una alegría, un reposo espiritual por volver de Venus, por ya no estar allá arriba, solamente sobrevolando una silueta, un contorno, fragmentos de uno mismo que los ingenieros recomiendan no observar demasiado. Pero en la Terra sí se puede observar, no hay riesgo de vértigos emocionales que comprometan misión alguna. Volver de Venus significa ya no ser una pieza imprescindible, un fragmento de mecanismo, pero humano, demasiado humano al fin de cuentas, y recibir la suave caricia del anonimato y la irresponsabilidad.

Como es abajo es arriba, dicen algunas metafísicas, y aunque en algunas situaciones no se puede ver, sí nos es lícito observar. Situaciones pequeñas que se resuelven espontáneamente, el reclamo de un niño a su madre, el accidente automovilístico fatal en el acceso, un ataque terrorista en televisión. Esto es lo que nos sostiene al volver de Venus, días grises o diáfanos según sea necesario, contrastados por azares o causalidades nunca analizadas. Un deseo deliberado por avanzar nos traslada a oficinas particulares contenidas en los edificios, donde cada uno aplica su especialidad y recibe lo justo, milimétricamente calculado para dispersarnos en la masa uniforme que llamamos humanidad. Ahora el suelo que nos sostiene es una certeza, la belleza singular del mundo no es interrumpida pese a fluctuaciones económicas de cualquier tipo, ni crisis, ni inflaciones, porque lo único realmente concreto fue flotar ahí arriba y volver de Venus.

Hubo reacciones. Al comienzo todo el mundo estuvo interesado en la tripulación que logró volver de Venus. Pero la respuesta y alegría del principio no permitió calcular adecuadamente las consecuencias de volver de Venus, el regreso repentino y exitoso cubría a la perfección cualquier irregularidad suscitada por ansiedad, dando la impresión de una época racional y sin sorpresas. Al principio hubo algunas discrepancias sobre el verdadero motivo de volver de Venus, pero pronto el asunto pasó al olvido. Hay quienes conocen el peligro de insistir sobre los motivos ajenos, excepto cuando envuelven los fenómenos más simples y seguros. Se omitió el tema, se dio por sentado que los motivos verdaderos nunca podrían ser de público conocimiento, extender la discusión no tenía sentido, o al menos no tenía propósito para las actividades de aquellos que, por ejemplo, arrastran pancartas y reclamos sobre el pavimento gris, o que cortan el tránsito para anotar mensajes en clave sobre las superficies, sólo visibles desde el aire mediante drones y satélites, anunciando su disponibilidad para cualquier desorden de conducta.

Ahora solo lo discuten los especialistas. Un gran número de psicólogos, psiquiatras, astrofísicos, exobiólogos, lingüistas (y neurolingüistas), estadistas, y antropólogos, como niños traviesos desmiembran datos y testimonios para empequeñecer la grieta entre volver de Venus y los posibles contactos humanos subsecuentes que conformaban una unidad cuyo centro parecía estar en todos lados. O en ninguno. Lo que equivaldría a decir que no tienen un solo indicio. Muchos desistieron creyendo estar indagando sobre una leyenda, que tal suceso no había acontecido, que no había pruebas ni registros suficientes más que cierto material fílmico asumido como apócrifo, producto de un reconocido director Oscurinati. Con el material de sus investigaciones se dedicaron a reconstruir un espacio, un “paisaje posible” de pequeños montículos de polvo salino; volver de Venus era reproducir esa postal imaginaria un millón de veces en los diez mil días que duró la expedición. No hubo alegrías en cuanto esta experiencia se llevó a cabo, ni siquiera entre los sujetos voluntarios, ajenos por completo a la naturaleza de la primera misión, sufrieron, sin embargo, estrés post traumático, vómitos y diarrea. Contemplar aquel “paisaje posible” era una posibilidad al horror, porque la superficie era completamente hostil a cualquier concepto de vida humana, la idea que se instalaba en las conciencias era simplemente la de morir. Sin embargo no solo sondearon sensaciones desagradables. Un grupo posterior, compuesto solamente por ancianos, rejuveneció completamente sólo por la exposición al paisaje simulado. Este fenómeno cesó en cuanto concluyó el experimento. Luego de finalizadas las experiencias, guardaron el más profundo silencio sobre los datos recolectados, sabiendo que aquel factor bien podía desmoronar algo más que a sí mismos, la concepción entera del universo se hallaba en juego. Recelo y desconfianza fueron las dos emociones despertadas por el simulacro de volver de Venus.

La falta de certezas, la ausencia de conclusión en los datos, llevó a las autoridades a condenar la memoria de este hecho cada día más entrado en el olvido. Pero todas estas medidas no hacen sino aumentar el malestar general, la hostilidad, los rasgos esencialmente primitivos de la raza humana. El único propósito para retomar el tema de volver de Venus es provocar la irritación general. Se volvió tópico de discusiones primero, hasta que las continuas reproducciones lo volvieron broma, humorada, pastiche, meme. De haber salido alguien a decir “esto fue verdad” o “tenemos las consecuencias delante de nuestros propios ojos y aún así lo negamos” no hubiese servido para retomar el asunto con seriedad. Es tema de alienados o esquizofrénicos, nadie que pueda vincularse al modo de ser de las vidas humanas. Las clínicas y los especialistas en neuropatías declararon que la sola mención de estos hechos equivale a una grave afección cerebral sin causas aparentes, pero cuya única solución (firmada y sellada por ellos mismos) es la lobotomía. No hubo más investigaciones al respecto, fue útil para desestimar la curiosidad de cualquiera interesado en volver de Venus y, por otro lado, para acallar a aquellos realmente vinculados a la misión.

Como vueltos a un tiempo donde no vale la pena mencionar regresos, cada ciudadano retorna, progresivamente, a su vida cotidiana. En esa transición, alguien consideró que los discos de Tori Amos podrían ser un riesgo a causa de un disco editado en el año 1999. El título era una amenaza. Al menos, eso fue lo que dijo mientras promovía la destrucción de todo rastro de este disco. Pero al llegar a enero (ya no decimos, volver a comenzar el año), con los cielos limpios para un anochecer de tonalidades que van del azul al negro, descansado en el patio de cualquier casa y levantando un poco la vista, cualquiera podía observar, con mayor o menor placer, el punto brillante que acompañó el desarrollo de la humanidad durante tantos siglos. Lo evocamos con su nombre arcaico y le decimos el lucero, pensando solamente en viajeros cruzando las aguas, en medio del mar, o en medio del ártico, buscando una guía que les enseñe el rumbo como aprendieron de sus ancestros. Y mientras alguien incendiaba un disco o borraba un archivo, aún había una mezcla de placer ante algo desconocido a la vez que emergía un recuerdo que tenían olvidado. Muchos reaccionaban con brusquedad, encerrándose en sus casas durante todo el día y teniendo que recurrir a recetas y a un especialista para evitar la depresión provocada por repentinos ataques de pánico.

Otras personas, por su parte, tuvieron el recaudo de recuperar metáforas para erigir un sistema de ideas sobre el cual poder expresar sus dudas.

 

Puedo aguardar tu amor en el firmamento,
puedo aguardar por ti
por mucho, mucho tiempo
que aprovecharé para ser mejor
en esta tierra…
Eres el mensaje
esto es la botella
Y se lo lleva el mar
el océano cósmico.

 

Las composiciones eran repetidas y descargadas si cesar. Esto alertó a los especialistas, que no vieron bien que resurgiera el interés por aquel tema. Pero los empresarios se impusieron por economía: hacían circular el material con la impronta de mil publicidades adheridas a cada nueva producción.

En las ruinas universitarias se organizaron talleres y cursos con el fin de adentrarse en el análisis de esas manifestaciones culturales. Había quienes formulaban juicios o tesis (“Sin un arquetipo anterior no podría existir actualmente”) y establecieron una categoría gnoseológica bajo el término venusear, neologismo que vinculaba tanto la idea del planeta como el hecho de establecer una relación con el mismo. Esto dio lugar a una juventud que se declaró ciudadanos del universo, pese a no existir los recaudos ni intereses para que la mayoría de la población pudiese experimentar los viajes interplanetarios. Pero la particularidad de estos intereses, vistos como una manifestación meramente política más que una búsqueda por los hechos concretos, derivó, una vez más, en malentendidos y retóricas separatistas. Sin consideración por los elementos concretos ni de aquellos que pudieron volver de Venus y aún conservar sus facultades, pese a, claro está, no poder decir una palabra de ello. Por eso no intervinieron en las disputas sociales entre aquellos que buscaban abolir toda soberanía entre los pueblos y declarar el planeta entero como un territorio único, sin restricciones de ningún tipo (sobre todo las económicas), y aquellas masas conservadoras, movidas por los hilos de empresas y bancos que dependían necesariamente de divisiones políticas, restricciones y disensiones de todo tipo.

Las opiniones se dividían en dos bandos:

“Desvaríos monstruosos”

“Armonía”

“Cierta lógica con un trasfondo amenazante”

“Paz interior”

“Divagues oscuros con cierta verosimilitud”

“La raza humana sin individualidades tan sólo con volver de Venus”

“Sofismo de débiles mentales y perturbados”

“Cada época debe generar su propia huella”

“Confort en la verdad, recuerdos presentes”

 

La gente retomó, una vez más, el asunto de volver de Venus, y ya no importaban las soluciones radicales ni los malestares patológicos. “Si nos organizamos un poco podríamos construir un pequeño vehículo que nos transporte”, decían algunos vecinos autoconvocados, al comenzar la noche, en reuniones que terminaba con palazos de la policía. “Podríamos construir al menos algo que nos saque de acá”, sugería otro, gestando unos murmullos de dilema en la sede barrial. “Hay que irse para entender la satisfacción de volver. No importa dónde”, decía otro, idealizando una situación que no implicaba satisfacción alguna. La tripulación completa había sufrido consecuencias desastrosas, tanto físicas como psíquicas; se habló de ello mucho tiempo, pero enseguida fue olvidado y sólo se habló de las alternativas, la posibilidad de volver de Venus era prácticamente una mera expresión retórica para direccional sueños de parias.

Al final no fue más que eso, pese a todos los discursos y adherentes a la idea que se propagó por el mundo, no hubo más que aficionados armando cohetes que estallaban en cuanto tocaban la estratosfera. Rectos, se elevaban dejando tras de sí la huella verdosa de combustiones experimentales y vapores amarillentos. Tripulaciones carentes del nivel de entrenamiento necesario se dirigían a una muerte segura antes de cruzar la atmósfera, con plena conciencia de que las llamas los consumirían, protegidos para la ocasión pero con pleno conocimiento de que no lo lograrían, de que la explosión sería mucho antes de lo esperado y sin poder tomar resguardo alguno. Una repentina bola de fuego llenaba todo y un segundo después, la nada; la imagen de los monitores con el bólido en llamas y las maldiciones del equipo que organizó todo. Luego compartirían el video a todos los interesados del resto del mundo. Se harían comentarios, se sugerirían mejoras y, finalmente, nuevos postulantes aparecerían para conformar una nueva tripulación. Porque lo importante era volver. Estos autodidactas, que crecieron viendo videos de fracasos, se preocuparon en desarrollar técnicas y herramientas para evitar estas catástrofes, experimentaron con mecanismos y teorías complejas, y todas sus permutaciones posibles. Crearon un espacio virtual donde confluyó este interés único donde cada vez más individuos compartían su obsesión por dejar de lado esta tierra aunque fuera unos segundos… para después volver… Volver de Venus, como había sido hacía tanto tiempo atrás.

Nos reconocimos al volver de Venus, en aquella ocasión en que volvías del campo, me preguntaste si acababa de regresar, y te dije que sí. Volví de Venus, te dije, como una espontánea indiscreción autobiográfica, que tenía que ver con la incomodidad que me daba tu presencia, y con la represión carnal. Pero en cuanto mencionaste tu decisión, tus planes de dejar la tierra, repitiendo ese eslogan, un significante carente de significado, sólo por experimentar las llamas, ya no quedó nada que nos pudiera vincular. Volver de Venus fue sencillo, nuestra sonda fue rescatada del mar en poco tiempo, después nos devolvieron a nuestros hogares para que nos acomodemos a tiempos rutinarios, un tiempo, quizás, lo bastante extenso para olvidar por qué regresamos.

 

 


Signare Sicare es el seudónimo de una joven pareja aficionada a la ciencia ficción de Ballard y Dick y seguidores de Axxón desde hace tiempo.

Este es su primer cuento en Axxón.


Este cuento se vincula temáticamente con EL VIAJE DEL CAPITÁN FERNANDO GARCÍA GONZÁLEZ, de Esteban M. Knöbl, y LOS MOTIVOS DE MEDUSA, de Gerardo H. Porcayo.


Axxón 272

Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Ciencia Ficción : Viajes interplanetarios, Sociedad, Modas : Argentina : Argentino).


2 Respuestas a ““Volver de Venus”, Signare Sicare”
  1. Nedda dice:

    Un cuento muy interesante que expone la condición humana en el aspecto social.

  2.  
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