¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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. 12 .

Un negocio redondo

 

 

La vista del río, desde el amplio piso 17, no es demasiado distinta de la que Archimbaldo posee en su despacho del piso 14 del Ministerio de Planificación Escolar Estratégica.

Y bien utilizada está la palabra “posee” y no “disfruta” o quizá “usufructa”, porque la vista la puede disfrutar, por ejemplo, la doméstica que se afana en las tareas de su casa, o algún amigo circunstancial. Pero él es el que decide cuándo, cuánto tiempo y por qué motivo alguien puede tener acceso al magnífico horizonte de cielo y río. Hay días en que se llega a ver la costa uruguaya. “Allá donde ondea el sucio trapo rojo”, piensa cada vez que ve esa rayita negra entre el marrón y el celeste.

Archimbaldo está arrellanado en su lugar favorito: el sillón colorado, frente al armario art noveau de vidrios biselados atiborrado de marfiles chinos: grullas en equilibrios inverosímiles, monjes tibetanos, buddhas obesos. Sobre la mesita ratona, un tablero de ajedrez de piezas damasquinas nacaradas está detenido en la misma jugada hace dos semanas. Las luces del ocaso reflejan extraños destellos en los caireles de la araña, que se proyectan sobre el empapelado rococó de la pared. Archimbaldo degusta lentamente su bebida favorita: Bacardí Oro con hielo, en un vaso enorme que por la complejidad de sus texturas remite más a una pieza de joyería que a una de cristalería. Viste un quimono japonés de seda blanca con estampas negras de guerreros samurai.

Sobre el sofá Marita duerme despatarrada. Sus largas, exquisitas piernas cuelgan de los apoyabrazos. Una de sus manos se apoya en la alfombra persa donde está estampado un pavo real, su dedo índice rozando apenas el pico del ave.

Archimbaldo mira a Marita con fruición, a pesar de lo insólito de la postura en que se derrumbó para “dormir la mona”. Media botella vacía de Johnny Walker etiqueta negra explica sobradamente el sueño de profundis.

El militar se siente satisfecho: “la primera mujer que duerme en mi santuario luego de la muerte de mi madre no desentona con los sofisticados objetos que lo decoran”.

Toma un retrato de su padre de una mesita de mármol, de marco de plata profusamente ornamentado. Se ve en blanco y negro un hombre en impecable uniforme naval, rígido y haciendo la venia. Tras el retrato cuelga un sable, y en una caja de vidrio unas insignias y las tres bandas doradas que identifican el máximo grado naval: Almirante.

—¿Ve padre? —Archimbaldo le habla al retrato—. ¿Ve esa judía que duerme ahí? Es mi amante, padre. ¿Ve qué lindo culo tiene? ¿Le parece más linda que las putas que usted traía a casa cuando madre se iba a la estancia? ¿O las domésticas que usted perseguía por los pasillos de esta misma casa?

La mirada de su padre cambia, la mano de Archimbaldo que sostiene el retrato tiembla ligeramente. Ahora su padre lo mira fijo, con un desprecio enorme.

—¿Y cuál es la diferencia con su tan mentada judía, m’ijo? ¿O acaso no está con usted por su dinero? ¿Ese dinero que usted no acrecentó en un solo centavo, so inútil? ¿O piensa que está con usted por su linda carita? ¿O por su pija que sirve sólo pa’mear, m’ijo? Porque yo, m’ijito, a esas putas, como usted dice, me las usaba bien usadas, que para eso están y no de adorno. Y las domésticas también eran pasadas por las armas, que para eso somos machos los machos, carajo.

Archimbaldo enrojece, desea volver a poner el retrato en la mesa. Cada vez que su padre le menciona su impotencia sexual siente una vergüenza y una cólera infinitas. “Además, el viejo de mierda jamás me reconoce mérito alguno. Promediando la cincuentena, él todavía me habla como si fuera un mocoso de catorce, un cadete”. Archimbaldo desgrana palabras con odio, como si escupiera ácido:

—Ojo con lo que dice que rompo el retrato y ahí usted se termina de morir. Escuche, viejo de mierda, eso que dice se está por acabar. Porque tengo un plan. Y si sale bien, esa mujer se va a enamorar de mí. Sépalo: estoy a un paso de que me quiera, como usted dijo, por mi linda carita.

El hombre desde el retrato se ríe a carcajadas:

—¡Un plan! ¡Oootro de tus bolazos! ¡Como cuando invertiste en esos caballos de carrera y perdiste el piso de Mar del Plata y el chalé de Punta Ballena, boludónnnn! ¡O como cuando loteaste media estancia para comprar un barco que se fue a pique, y no tenías el seguro al día, pedazo de infeliz!

Archimbaldo tiembla, lucha contra sus deseos de romper el retrato en mil pedazos. Finalmente su temor es más grande: el temor de que, en caso de hacerlo, el espíritu de su padre se libere, como el ifrit de un cuento de Las mil y una noches, y lo atormente en cualquier lugar y momento. “Por ahora, si yo no me dirijo al retrato el espíritu de mi padre me deja tranquilo”. Un tic nervioso hace latir uno de sus párpados y su boca se deforma hacia abajo en una de sus comisuras, en un rictus muy parecido al de un ataque hemipléjico. Suda.

—Oiga bien, torturador, putañero, sifilítico de mierda: estoy a punto de salvar al hijo de esa mujer. Después de que lo salve hablamos, hijo de mil putas. Ahora déjeme tranquilo. Y el seguro del barco usted sabe que el productor se quedó con el pago. Y el stud se inundó y los caballos se resfriaron, fue una inundación que se da cada cincuenta años. Eran todos hijos de campeones so pelotudo. De cam-peo-nes. Y bien valían ese piso de mierda en Los Troncos, en esa ciudad que detesto. Y en Punta Ballena al único demente que se le ocurrió construir un chalé gigante fue a usted, dígame qué carajos había en Punta Ballena, yo no tenía cómo saber que después iban a hacer al lado Casapueblo. Y qué mierdas era eso de Casapueblo en esa época: un vecino medio hippie y medio loco haciendo una casa rara. Ahora siga durmiendo, muerto. Yo estoy vivo. No estoy lleno de gusanos como usted.

Deja el retrato en su lugar con violencia, secándose el sudor de la frente con un pañuelo. Archimbaldo pasa al escritorio: ahí sí que su padre no se anima a molestarlo, ahí, en su santosanctorum, puede serenarse lentamente.

La biblioteca está atiborrada de enormes libros de ciencia náutica, casi todos en francés, algunos en alemán, muy pocos en castellano. Cuelgan de las paredes óleos de batallas náuticas del siglo diecinueve. En vitrinas, réplicas del acorazado nazi Graf Spee, de un galeón español y una, enorme, de un buque civil: el Titanic, quebrándose, con iceberg y todo, entre oleajes espumantes de plastilina. Y el sempiterno cuadro de Hernán Sosa, firmado por un artista de renombre.

Ni un retrato del Almirante.

Si bien en las paredes abundan, también, diplomas y banderines con la inconfundible silueta de las Islas, Archimbaldo nunca pisó Malvinas. Aún resuena en sus oídos el humillante comentario de su superior: “¿Ese? Me transformaría el Teatro de Operaciones en un garito” .

Como un árabe con las cuentas de abalorio o un católico con el rosario, Archimbaldo se calma jugueteando incansablemente con fichas de casino. Las que le dan suerte las tiene en su escritorio, en montoncitos: de Montecarlo y de Ruletenburgo. De Las Vegas y de Niza. Del hotel de hielo de Reijavik y del barco-casino de Eilat. El contacto con las fichas plásticas lo apacigua. De a poco vuelve a recobrar su lucidez, y a adoptar la postura con la que mejor le va en la vida: la de un apostador implacable, capaz de jugarse el todo por el todo a una corazonada.

Y la corazonada era clara, casi el dibujo de un teorema matemático.

Anota en un bloc, con lapicera de oro:

 

A- LLAMADA DEL INFELIZ

B- EL INFELIZ SE LLEVA AL NIÑO A LAS TONINAS

C- MARITA BORRACHA – DEPRIMIDA – ¡DORMIDA EN MI CASA!

ENCADENAMIENTO POSIBLE DE A-B-C

A- EL INFELIZ LE PIDE EL NIÑO A MARITA POR SORPRESA

CONSIDERACIONES PREVIAS A B:

1- EL INFELIZ ACABA DE VENDER UN IMPORTANTE LOCAL COMERCIAL.

POSEE DINERO CASH

2- EL INFELIZ ES DEMASIADO INFELIZ. DESEA HUIR.

B- LAS TONINAS – CERCANÍA A PUERTO DE AGUAS PROFUNDAS – OJO – SAN CLEMENTE.

CONSIDERACIONES ESPECIALES DE B: CASH – NIÑO – SAN CLEMENTE – SEGURA HUIDA

C1- MARITA SOSPECHA – DEMASIADO ORGULLOSA PARA PEDIR AYUDA

C2- SE EMBORRACHA (ES UNA FORMA DE PEDIR AYUDA)

C3- DUERME EN MI CASA – UNA FORMA DE PEDIRME AYUDA

CONCLUSIONES

SAN CLEMENTE – BASE NAVAL – CONTACTAR

DETENCIÓN INFELIZ – INCAUTACIÓN DINERO – DEVOLUCIÓN NIÑO A MARITA

1) ETERNO AGRADECIMIENTO MARITA

2) DINERO

3) INFELIZ PRESO

4) ¿ASCENSO?

 

Archimbaldo golpea con el puño la mesa y exclama, excitado:

—¡Mierrrda, es un negocio redondo!

Archimbaldo no necesita el dinero, el niño lo tiene sin cuidado, ni conoce al ex marido de Marita y en el muy improbable caso de que obtuviera amor no sabría qué hacer con él. Pero, fiel a su temperamento de jugador, es esclavo de las voluptuosas sensaciones que le provoca la secreción de adrenalina. Jugar a la cacería humana con un niño, una fortuna, una honra y un posible amor de por medio le provoca una excitación que ya no siente ni con el Black Jack, su juego favorito.

“Eso sí, un ascenso no me vendría nada mal. Estoy clavado en el mismo grado hace diez años”, piensa. Su pésima reputación arruinó una carrera que aunque mediocre, prometía más.

Pasa el papel por el triturador de documentos, que se va tragando el teorema que demostró cuán agudo y preciso es su olfato.

Sonríe con satisfacción. “Lo único que me molesta es estar vestido con quimono, preferiría el uniforme para trabajar”. Saca un grueso libro de uno de los cajones del escritorio, con el ancla de la Armada Argentina en la tapa. Busca y encuentra el listado del personal jerárquico que se desempeña en la base naval de San Clemente. Se coloca un par de auriculares, toma un micrófono de mesa, y saca de otro cajón un equipo de radio no más grande que un pasacasette de automóvil. Realiza conexiones de cables con parsimonia, silbando, contento, Caminito. “Qué bien me vendría un café. Pero no quiero perder tiempo, además si voy hasta la cocina paso por lo del viejo de mierda, discuto y me pongo loco”. Abre otro cajón y saca un purito holandés sabor vainilla. Finalmente, titila una luz verde en el equipo. Acciona con el dedo pulgar un pulsador que sostiene en un puño.

—Aquí capitán Piluso aquí capitán Piluso base San Clemente capitán Escarlata capitán Escarlata ¿me copia? ¿Me copia base San Clemente?

En el aparato se enciende una luz azul, y varias rayitas rojas. Archimbaldo levanta el pulgar. Dentro de los auriculares, luego de un preludio de chirridos, se escucha:

—Afirmativo. Aquí capitán Escarlata, aquí capitán Escarlata. Claro que te copio, qué hacés Pilusito, tanto tiempo, a ver cuándo te venís para acá a jugar unas mesas de Póquer. ¿Me copiás bien, Piluso?

La conversación está mechada de ráfagas de chirridos, graznidos y fritura de fondo.

—Afirmativo. Qué hacés, pelado del orto. Te copio. ¿Para qué querés que te gane de nuevo al Póquer si todavía no me pagaste lo que me debés? Pero no te jodo por eso. Escuchame, Escarlata, tengo un negocio, un excelente negocio ¿podés hablar?

—Copiado Piluso pero no pongo un mango. Negativo negativo negativo. Si hay que poner guita en un negocio tuyo, olvidate de mí. Cambio y fuera, que te vaya bien.

—Pará Escarlata, escuchame primero. No tenés que poner un mango. Tengo un conocido que creo que se fue allá para rajar. Anda forrado y con un menor. ¿Me copiaste Escarlata?

—Te copié Piluso, afirmativo. ¿Y desde cuándo te preocupan los que se rajan? Mirá que habiendo un pendejo de por medio interviene un juez de menores. ¿Me copiaste?

—Afirmativo. Es el ex de mi novia. Mirá que anda forrado. Es una sorpresa que le quiero dar a ella. Un regalo. En cuanto lo tengas vamos para allá. No va a intervenir ningún juez, al menor se lo lleva la madre el mismo día.

—¿Y qué hay para mí?

—La mitad de la incautación, vamo’ y vamo’. Y te perdono los cien mil patriotas que me debés. No te olvides que tengo el pagaré. Lo rompo, ¿me copiaste querido Escarlatita pelado del orto?

—Afirmativo. Mirá, Piluso, lo único que puedo hacer es apretar a Papadópulos, el joyero. Si de verdad anda forrado tu amigo, en algún momento va a contactarlo. Si Papadópulos me da la data y la suma vale la pena, acepto. No pienso salir a rastrillar a tu amigo, regálale otra cosa a tu novia, qué se yo… un perfume. O un libro de cocina. ¿Me copiaste, Piluso?

—Copiado y acepto. ¿Cómo organizamos el enlace?

—Ponete a la radio todos los días a las ocho de la noche. Mandame por télex confidencial los datos de los que buscás. Espero que no me hagas quedar mal con Papadópulos y no estemos haciendo semejante quilombo por chauchitas. Mirá que al joyero no lo apreto todos los días, acá es chico y todos nos conocemos y el griego paga puntual para que se lo deje laburar tranquilo.

—Haceme el favor, Escarlatita. Te llevo el pagaré allá y te doy la revancha. Al pase inglés. Todo o nada Escarlatita, nos jugamos el botín. ¿Me copiaste?

—Afirmativo. No cambiás más. Genio y figura hasta la sepultura, Pilusito. Establecé contacto radial mañana. Te dejo que se me enfrían los ravioles.

—Esperame con alfajores. Hace años que no voy a la playa. Hasta mañana, Escarlatita, pelado del orto. Disfrutá los ravioles. Cambio y fuera.

 

 


 

[SIGUIENTE]

 

 


Axxón 275

Novela de autor latinoamericano (Novela : Fantástico : Ciencia Ficción : Ucronía, Distopía : Argentina : Argentino).


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