¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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. 16 .

Radio Sodre informa

 

 

—¡Buenos días, señor chocolatero!

Javier no lo puede creer: la casa brilla de limpieza. Mira atónito a Claudia que está trajinando con un balde de agua. Lo saluda con una sonrisa luminosa, secador en ristre y el otro brazo apoyado en su cadera. Tiene un pañuelo cubriéndole la cabeza, dos guantes naranjas de goma, un viejo jean arremangado y ojotas.

Sobre la mesa Bernardo ordena bolsas de comestibles. También hay botellones de agua mineral Puelche. Las verduras sobresalen de una vieja bolsa de arpillera.

Se escuchan los gritos y los pelotazos de Maxi y Jaime que están jugando al fútbol en la calle de arena. Las ventanas están abiertas con frazadas colgando y los colchones están secándose al sol, fuera de la casa.

El aroma a humedad va perdiendo la batalla contra otros más estimulantes: café, incienso que trajo y encendió Claudia, pan caliente.

“Cómo dormí. Y la cortadora de césped del jardín me debe estar esperando. Claudia y Berni no perdieron el tiempo”.

—¿Qué hora es?—pregunta, con un bostezo incontenible.

—Las cuatro han dado y sereno —contesta Bernardo—. Che, linda la peatonal Chacho Peñaloza: ni un miserable local abierto. Ustedes ¿qué comen cuando vienen acá, cangrejos? Estuve toda la mañana hasta encontrar un mercadito. Y lo que ves acá, era casi todo el stock.

—Tenías detergente en el garaje, acaparador —le dice Claudia, apuntándole con un plumero—. Y mirá que no consigo detergente ni en Barrio Norte. Tenías un bidón de cinco litros, quizá el último que quede en todo el país.

—Es que mi vida es así: a puro lujo.

Javier da chupadas a un mate que humeaba, fragante, en la mesa.

—Desde acá, a veces, se escuchan las radios uruguayas.

Sobre una de las repisas hay una radio vetusta: una caja amarilla con perillas enormes. Javier la enchufa y comienza a manipular; una aguja naranja sale de su letargo y se mueve sobre una línea de números en el frente de la radio. El indicador avanza por el dial, de una estación a otra, buscando alguna señal uruguaya entre las emisoras locales. Se escucha, nítida, una marcha militar. “Esa debe ser Radio Caudillo”, piensa. En la estación contigua, risas groseras, “…orracho le contestó a la señ…”. Una voz amanerada dice, en otra estación: “…signación cristiana oyentes, pues oscuros son los caminos del Señor, y nosotros somos déb…”. A continuación unos gritos de forajido: “¡A triunfar! ¡a tr…”. De otra estación surge el omnipresente “…mos argentiiinos, vamos a venceeeer, que el futuro guíe sus ca…”.

Una voz grave y gangosa, de inconfundible acento oriental, se escucha apenas tras una cortina de fritura. Javier da sutiles toques a la perilla hasta que logra suprimir gran parte del ruido.

Claudia y Bernardo se acercan a la radio, Javier baja el volumen.

Mira atento puerta y ventanas y mantiene la mano en la perilla.

“…stas últimas informaciones, el avance inglés sobre las Falklands es inminente. Desde la base en las Orcadas del Sur, ganada en dura batalla ya hace un año, el ejército inglés prepara el desembarco final. La Junta Cívico-Militar argentina ya no cuenta con municiones, combustible ni pertrechos, se estima que bzzzzz crrzzz urrrrmurrrrrr…”.

—Te dije que esto se termina, que no da para más —Javier, serio, le dice a Claudia.

—Hace veinte años que se dice lo mismo. Pero fijate si movés la antena y lo volvemos a sintonizar; igual me gusta escucharlo, aunque piense que es bull shit.

“…ontevideo, República Oriental del Uruguay, Radio Sodre informa. Se encuentra en nuestros estudios el director de Montevidaires, que nos dará un panorama de cómo será la Transición cuando se crrrr prriiiibbbbbcrummmm…”.

—¿De qué transición hablan estos huevones? ¿Nadie les enseñó que no hay que comerse el asado antes de tener la carne? —dice con bronca Bernardo.

—Buena metáfora, mi viejo decía lo mismo. ¿Ves? Te vas a perder la transición, en Costa Rica. La vas a ver por TV.

—No, querido: la voy a seguir on line por Internet.

—Ah, me olvidaba. ¿Y tendrán Internet en Costa Rica?

—En el único lugar del mundo que no hay Internet es acá, en el digno y soberano agujero del orto del planeta —Bernardo contesta por ella.

Shhh,escuchemos.

Priiiibummmcrrrzz… as fuerzas sociales en Argentina a pesar de los terribles treinta años de férrea represión mantienen incólume su memoria, y estimamos que con nuestra ayuda se recompondrán rápidamente los lazos del tejido social y político. En lo económico, el desastre es tal que el entramado productivo tardará muchísimos años en volver a funcionar para el modesto objetivo de recuperar el estándar de vida de los años ’70. Lo que sí creemos es que la desbandada de la Junta va a ser total, y según información reservadísima las familias de los más altos funcionarios e incluso periodistas ya estarían abandonando el país rumbo a Venezuela, México e Irán. Desde esta humilde emisora abusaremos de la generosidad de nuestros anfitriones para mandarles un mensaje: adonde vayan los vamos a seguir, así huyan al último agujero del otro lado de la Tierra”.

Los tres se miran maravillados. Finalmente habla Javier:

—Qué pelotas tiene este tipo. Dijeron director de Montevidaires ¿Qué será eso? ¿Un diario, una revista?

—No sé, pero espero estar desayunando dentro de poco con eso bajo mis narices, sea lo que sea.

“Le agradecemos a Horacio y vamos a una tanda de comerciales, para después seguir con la información. Luego de la pausa, nuestro comentarista militar analizará las posibilidades de la Junta Cívico-Militar de resistir el embate final inglés. Productosss Coanproleeee, una explosiónnn de sab…”.

Tac. Javier apaga la radio. Los otros lo miran sin entender.

—Volvamos a escuchar a la noche. Ahora puede ser peligroso. Por menos, la gente va presa. Me voy a cortar el pasto, si es que la cortadora anda.

—Funciona, ya la probé. No tenés excusa. Mañana… Bernardo mira significativamente a Javier.

—Mañana empezamos la búsqueda —Javier se incorpora, se acerca a su amigo y le susurra al oído—. Creo que podés hablar abiertamente delante de Claudia.

—¿La búsqueda? Pero qué misteriosos se me ponen estos muchachos. En fin, mientras no sea la búsqueda de alguna novia olvidada, no hay problema. Si es la búsqueda del tesoro, los diamantes están en el tanque de nafta del Torino. ¡Gané!

—No, aunque en mi caso no me vendría nada mal encontrarme alguna novia olvidada. Me rajo, Claudia, y queremos encontrar un barco que me lleve del otro lado del río, al Uruguay. Y me llevo a Jaime.

Claudia desiste de hacer la incómoda pregunta: si la madre del niño está al tanto. Pero la piensa, y no puede evitar mirar un poco reprobatoriamente a Bernardo.

—Mañana vamos al puerto a preguntar qué barco lleva emigrados clandestinos…

La carcajada de Javier, ya desde la puerta, interrumpe la frase de Bernardo:

—¿Pero vos te pensás que así se hacen las cosas clandestinas? ¿Por qué no preguntamos horarios de salidas y comodidades? ¿Aceptarán tarjetas de crédito? ¿Gaucho-Card, Sudamérica Expreso? Mi querido Berni, si querés hacer un negocio ilegal con la gente del puerto, el último lugar al que tenés que ir es al puerto.

—¿Y entonces…?—con desconcierto, pregunta Bernardo.

—Vamos a andar por los bares. Los del puerto deben estar infestados de 4C. Como el chiste te va a salir carísimo, no te preocupes que solitos los que dan el servicio van a aparecer. San Clemente es un pueblo chico, es invierno, no vamos a pasar desapercibidos, ya van a tratar de encontrarte ellos antes que los milicos. Vos te querés ir, pero no te olvides que ellos te quieren llevar, y tenete bien preparados los diamantes. ¿Estás seguro que lo querés hacer? Mirá que el gobierno se cae… no dura una semana. Ese mismo viaje lo hacés, en dos semanas, en ferry. Como antes de la guerra.

Bernardo cruza una mirada risueña y cómplice con Claudia.

—Bienaventurados los que creen —dice.

—Amén. Lo mismo le dije yo. ¿Les damos la merienda a los chicos? —Claudia se asoma por la puerta—. ¡Chicooos a tomar la lecheeee!

Afuera comienza a zumbar la cortadora de césped. El aire se llena de olor a pasto cortado.

Maxi y Jaime vienen corriendo, están sudados y llenos de arena. Los pantalones de Jaime son un médano; y los cabellos de Maxi, colgajos.

Bernardo toma lo que quedó de su libro y se hunde en las peripecias de Motke, en algún shtetl de Moldavia. “Lejos, lejísimos de las aguas de ese río que dentro de poco habré de cruzar”. Se deja mecer por Sholem Ash, se traslada al fin del siglo diecinueve,y desaparecen Las Toninas, la guerra, su quiebra, su divorcio, su hijo. “Motke mata a Kanarik para robar su pasaporte y usufructuar su identidad. Mata para vivir, es o él o Kanarik, su enemigo. Kanarik, el Canario. Nada cambió, Motke seguirá matando a el Canario por los siglos de los siglos”.

Javier, mientas corta el pasto, siente un desasosiego inexplicable por su hijo, por Sergio. “Mañana, cuando andemos por los bares, voy a comunicarme con la base militar de Uspallata desde un teléfono público”. No puede evitar mascullar una puteada: cae en la cuenta de que se olvidó de llevar cospeles. “Condones traje a montones, y ni un solo cospel”, piensa con la culpa mordiendo sus talones como un perro tenaz. Tampoco está tan seguro de haber despistado al que está persiguiendo a Claudia.

Claudia mezcla el Choco-Sosa, en cuyo envase de cartón Hernán Sosa tiene capa de superhéroe y vuela con un puño hacia delante. Tampoco ella está segura de haber despistado a Pocho. “Si algo lo conozco, me está buscando”.

—Chicos acá hay libros —señala la colección Robin Hood. Revisa los libros, separa uno.

—Esta noche les leo Tarzán.

—¿De qué trata, mamá?

—De un señor digno y soberano.

—¿Cómo nosotros?

—Exactamente.

“En pelotas, a los gritos y escapándole a los gorilas en la selva”, piensa.

 

 


 

[SIGUIENTE]

 

 


Axxón 275

Novela de autor latinoamericano (Novela : Fantástico : Ciencia Ficción : Ucronía, Distopía : Argentina : Argentino).


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