¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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 REINO UNIDO

Las horas del Conglomerado avanzaban. En el régimen de veinticuatro horas del hábitat, las luces automáticas se apagaban para simular la noche. Las persianas nocturnas se cerraban. En todas las colonias del Conglomerado, el tiempo está unificado y es indiferente a la rotación de los soles locales.

Dan yacía en la oscuridad, contando las profundas y lentas respiraciones de su esposa, dejándose llevar por el sueño, hasta que… lo vio. Tuvo un escalofrío.

—¿Qué sucede? —susurró Arrelle.

—Creí que estabas dormida.

—No.

La cama era pequeña, pero Arrelle parecía estar demasiado lejos. Dan se acercó más y sintió la calidez de su cuerpo.

—¿Viste uno? —preguntó ella.

—Está junto a la ventana. —Dan señaló las sombras, la figura que se recortaba en la oscuridad. La forma indefinida, pequeña, caminaba con movimientos espasmódicos, como una grabación gastada hecha con un dispositivo anticuado.

—Lo veo —dijo Arrelle con una voz vacía de inflexiones—. Hoy el doctor volvió a hacer los análisis. Dice que el aire está limpio. No hay trazas de alucinógenos.

La figura sombría se movió unos centímetros.

—Comienzo a pensar que todos nos hemos vuelto locos —dijo Arrelle.

Dan no dijo nada.

—¿Me oíste, Dan?

Dan vaciló antes de responder:

—Mañana el Padre McConnell intentará otro exorcismo.

Arrelle suspiró. —No servirá de nada.

McConnell, el sacerdote trans-fe de la colonia, había leído el Libro de la Devoción del Conglomerado e intentado diferentes exorcismos. Todas las cosas humanas tienen valor. La fe había quedado nivelada en un plano de igualdad. Un exorcismo católico era igual a un cántico de oración vudú o a un mantra védico. Este caso lo demostraba. Todas y cada una de las expulsiones de McConnell habían tenido el mismo resultado: el fracaso.

—¿Qué piensas que quiere, Dan?

—No… no lo sé. —¿Los muertos pueden querer algo?—. Quizás es solo un fantasma residual. —Era la teoría más popular en los laboratorios de datos—. Apenas un eco. Algo adherido al aire o las rocas de este planeta.

—¿La teoría de la Cinta de Piedra? ¿Crees que son recuerdos alienígenas que, de algún modo, quedaron impresos en los muros? ¿Un eco psíquico? —preguntó Arrelle. Miró la sombra que reptaba por la pared—. ¿Cómo puede ser cierto? No tiene ningún sentido. El Conglomerado no reconoce la existencia de fenómenos psíquicos.

—Lo sé —dijo Dan—. Y han hecho las pruebas. No hay perturbaciones electromagnéticas, ni cambios en la ionización, ni cambios en los niveles de radiación. No hay nada que podamos detectar.

Arrelle tocó el brazo de Dan.

—¿Por qué no puedes hacer algo? Trabajas en los laboratorios. ¿Por qué no haces algo?

—Soy geólogo, Arrelle —dijo Dan—. Los equipos de medicina y física están haciendo todo lo que pueden. —De hecho, parecía que casi todas las conversaciones en los laboratorios de datos consistían en especulaciones sobre los visitantes nocturnos. Estaban muy retrasados respecto del cronograma del Conglomerado.

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Ilustración: Pedro Bel

Arrelle se cubrió con las sábanas hasta el cuello.

—Tengo mucho frío.

—Es tu imaginación. —Dan oprimió un comando de la pulsera que llevaba en la muñeca. Le puso una pequeña pantalla delante de los ojos, iluminando su rostro con el parpadeo de la fluorescencia claroscura—. Mira —dijo—. La temperatura no cambió.

—¿Y por qué tengo tanto frío?

La figura sombría giró la cabeza. Su ojo rojo colgaba en el cielo de su rostro como una acusación. Levantó tres brazos por encima de su cabeza y, lentamente, esbozó un gesto incomprensible.

—Volví a leer los protocolos de primer contacto del Conglomerado —dijo Arrelle.

—¿Cómo podemos establecer un primer contacto con esa cosa?

—Quiero intentarlo, Dan. No podemos vivir así.

—¿Y qué le dirías?

—Le diría que lo lamentamos mucho.

En el rostro de la sombra, se formó un pequeño óvalo de luz roja.

—El ojo está abierto —dijo Dan—. Significa que pronto se irá.

Dan y Arrelle observaron a la sombra desplazándose por la pared. Cuando llegó a la esquina, desapareció de la vista.

—Ojalá pudiéramos irnos —dijo Arrelle. Se cubrió más con las sábanas, doblando el cuerpo y poniendo las rodillas contra el pecho.

—Sabes que no podemos —dijo Dan. Era imposible marcharse de una colonia del Conglomerado. Cuando una nave sembradora depositaba los cuerpos congelados, seguía avanzando por el sendero de expansión del Conglomerado tras las naves exploradoras. La colonización era un proceso eficiente y automatizado. Los colonos, lentamente, se derretían y volvían a la vida para despertar en una colonia segura y habitable, fabricada por los autodrones soldados y constructores.

Dan suspiró. Salió de la cama y buscó su bata. Sin importar qué dijera la computadora, hacía frío en la habitación. Caminó hasta la ventana y tocó un botón para abrir el iris de las persianas. La próxima vez que lo viera, se quedaría callado. Hablar del tema con Arrelle empeoraba las cosas. Fuera lo que fuera esa sombra, Dan no podía hacer nada por ella.

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Ilustración: Pedro Bel

El sol, como un ojo rojo colgado del cielo, proyectaba largas sombras. A la distancia, contra el cielo rojizo-rosa, las torres de la ciudad en ruinas eran agujas del color del hueso que se extendían hacia el horizonte. Alguna vez debió ser maravillosa. Dan vio un vehículo Humvee desechado del Conglomerado. Vio los restos de un autodrone soldado. Vio los campos con tres esqueletos armados… huesos grandes y pequeños disolviéndose lentamente en la atmósfera ácida.

—No es culpa nuestra —susurró Dan—. No lo sabíamos.

—Nunca preguntamos —dijo Arrelle—. Solo aceptamos la oferta del Conglomerado.

En el horizonte, se movieron las sombras… los restos de los muertos desalojados que se resistían a abandonar su hogar.

Título original: Face in the dark © Deborah Walker
Traducción: Claudia De Bella © 2018


Deborah Walker creció en la ciudad más inglesa de su país, Ripley, pero pronto se mudó a Londres, donde ahora vive con su pareja, Chris, y sus dos pequeños hijos. Pueden encontrar a Deborah en el Museo Británico deambulando entre el pasado para conseguir inspiración futura o en su blog. Sus relatos han aparecido en Nature’s Futures, Cosmos, Daily of Science Fiction y en Year Best SF 18.

Ha publicado en Axxón; en Ficciones: «PURO Y SIN SABOR», «OVOIDES», «LA TÍA MERKEL», «VÁLIDA PARA ALGO», «SIBYL»


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