Revista Axxón » «Una estrella en el hielo: «Paseo Estelar: Épica»», Ziggy Micota - página principal

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Paseo Estelar: Épica (Stellar Stroll: Epic)

EE.UU. 2019-. Serie original de Walpurgas+ creada por Jack Beaux Pferdmann. Con Uniqua Robertson, Douglass Bledoor, Ingrid Irvinni, Otto di Catania, Danielle Wuwei, Yonatán Ezcurra, Phillip Lightbulb y elenco. Capítulos de una hora, tres temporadas hasta ahora.

Sería ridículo negar el enorme impacto que causó la aparición de la versión original de la serie Paseo Estelar allá por mediados de los 60 y el hito en el que se ha convertido para toda la ciencia ficción que trata sobre la exploración del universo y la imaginación de nuevas especies y culturas. Pero también sería necio no reconocer que su estatura mítica no se condice con las encarnaciones concretas de la serie original y sus secuelas: actuaciones dignas de un acto escolar, guiones paupérrimos, agujeros argumentales del tamaño de un planeta, maquillajes y ambientaciones alienígenas poco imaginativas, moralejas entregadas a garrotazos y, últimamente, sobredosis de fan service a lo pavote.

Todo esto, y más, está llevado a su más extrema expresión en Paseo Estelar: Épica, una de las últimas encarnaciones de la franquicia –la otra es Paseo Estelar:Çapeutêtre, que retoma las historias de un ya anciano Louis-Nicholas Çapeutêtre y de la que tal vez me encargue en el futuro–.

Para empezar, no logro entender por qué la obsesión con hacer precuelas de la serie original. Sí, sí, entiendo, es la que causó el impacto cultural más grande y de la cual no hace falta ser un stroller redomado para conocer a los personajes. Pero para eso ya están las películas que han rebooteado –para bien o para mal– a los personajes. La nostalgia ya fue, gente.

Épica prometía. La idea de una primera oficial humana pero criada por falconianos era interesante. ¿Cómo sería una persona de una especie altamente emocional que creció en una cultura que privilegia la razón, la lógica y el distanciamiento de toda demostración pasional? Y esta expectativa es satisfecha en la primera escena del primer episodio, cuando Johnny Fryegg (que pese a su nombre masculino es mujer) dialoga con su capitana Katerina Halvah mientras exploran un planeta selvático y exótico, ya que inmediatamente se ve entre ambos personajes una dinámica y una química que no existía desde los originales Kooper y Valag. ¡Nuevamente íbamos a tener a alguien osado, impulsivo y carismático al frente de la tripulación y un primer oficial excesivamente sensato que con fría lógica se contrapone a todo ese despliegue de humanidad! ¡Y encima dos mujeres no caucásicas!

Lamentablemente esta promesa desaparece a la mitad del primer episodio cuando Fryegg desata un conflicto diplomático con los aún desconocidos klangor en un arranque de impulsividad y desobediencia. Extraño comportamiento en un personaje culturalmente falconiano, pero quizás los guionistas quisieron señalar que la naturaleza es más fuerte que la crianza… o quizás son simplemente estúpidos y no pudieron comprometerse a mantener la coherencia en el personaje –me inclino por esta última explicación, ya que el correr de los episodios y de las temporadas muestran que Épica está desarrollada por imbéciles y ejecutivos de marketing–. Pero este actuar fuera de lo esperable en el personaje no sería nada si no fuera que en ese mismo episodio la capitana Halvah muere y nos enteramos que Fryegg había sido criada por los padres de Valag, convirtiéndolos en hermanastros. ¡De todas las familias posibles en el puto planeta Falcon tenían que elegir a la del personaje más emblemático de toda la franquicia! ¿Tan inseguros estaban de poder seducir a los espectadores que necesitaron recurrir a semejante pereza intelectual?

Sí, tan inseguros y más, porque no solo una versión más joven y emocionalmente conflictuada de Valag aparece en la segunda temporada sino que además, episodio tras episodio, somos sometidos a un tsunami de fan service a la bartola.

Aún así sería soportable si el resto de los personajes fueran interesantes y los actores que los representan tuvieran una expresividad por encima de la del durmiente de ferrocarril promedio, pero no, salvo por el wedliano Ooroo lo que tenemos es un abanico de figuras de cartón pintado sin ninguna personalidad –y que cada vez que comienzan a tenerla es garantía de que van a morir en ese episodio o en el siguiente–.

Y ni siquiera estas carencias de personalidades o actuaciones mediocres serían impedimentos para lograr una decente entrega de Paseo Estelar, como lo probó Volviendo a casa desde muy muy lejos, que a pesar de tener un elenco integrado mayormente por ineptos y unos guiones de pésima calidad, se las ingenió para darnos personajes como la cylak 77,8%,la IA holográfica Proctor y, por qué no, la capitana Jane Kateroad –la pobre actriz que la interpretaba hacía lo que podía con lo que le escribían–, además de algunas historias interesantes de tanto en tanto. Épica agrega a todo este guiso de mediocridad un ingrediente fatal: una protagonista sumamente irritante que, por alguna razón desconocida, no sabe hablar de otra forma que no sea un susurro lento y sufrido, como si estuviera cagando un sorete muy duro, muy seco y muy largo.

Realmente la serie mejoraría notablemente si el personaje de Fryegg desapareciera, muriera, se cayera en un pozo sin fondo, algo, lo que sea que la saque del medio y permita el desarrollo de historias con un poco más de vuelo.

Pero no, estamos condenados a que, episodio tras episodio todo el destino del universo gire alrededor de la insoportable de Johnny Fryegg, que sufre, sufre y sufre y se la pasa recordándonos que es hermanastra de Valag, que los Ideales de la Congregación Planetaria son lo más grande que hay y que con amistad, compañerismo y buena onda todo todo va a ser genial.

Qué sé yo, la esperanza que habían representado en su momento Camaradas o Shlemiel & K’lutch —las dos series de Paseo Estelar desarrolladas por Tyrone Moosey y Pablo Penwin– se fue completamente a la basura cuando Walpurgas+ adquirió los derechos de la franquicia para su servicio de streaming. Tanto Épica como Çapeutêtre han sido unas reverendas decepciones, lo que es una lástima, porque ambas series cuentan con un presupuesto para efectos especiales que ninguna de las otras encarnaciones tuvo y el nuevo soporte permite desarrollar historias con más aire que el viejo modelo episódico.

En fin, creo que ya va siendo hora de jubilar a Paseo Estelar. O de dejar de ir a lo seguro y recuperar el antiguo espíritu renovador y vanguardista de la serie creada por Barry Genesplicing.

Hay tanto potencial inexplorado en ese universo que es una pena seguir girando alrededor de las mismas tres viejas historias y, encima, con una protagonista tan exasperante como Johnny Fryegg.


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