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ZAPPING 0189, 09-sep-2003

Fantasmas en el agua

Durante más de un siglo, los practicantes de la homeopatía en occidente han utilizado soluciones altamente diluidas de sustancias medicinales para tratar enfermedades. Esto no sería nada raro si no fuera porque las disoluciones se repiten varias veces, es decir, se introduce sólo una pequeña parte de la solución en cantidades mayores de líquido, una y otra vez, hasta llegar a relaciones enormes de disolución. La realidad física es que estas sustancias se diluyen en tal grado que difícilmente puedan quedar trazas de las sustancias originales. ¿Se puede producir algún efecto así?


Jacques Benveniste

La discusión sobre la posibilidad científica de un tratamiento semejante son extensas e interminables. Quince años atrás (1988) se fogueó la polémica a causa de los trabajos de Jacques Benveniste, investigador francés que publicó un artículo en la prestigiosa revista Nature en el que trataba el tema de sus trabajos, donde respaldaba una cierta capacidad del agua para recordar los componentes que estuvieron disueltos en ella aunque ya no queden trazas de ellos en ésta (Human basophil degranulation triggered by very dilute antiserum against IgE. NATURE, 1988, 333-816-818).

Hacia 1985, Benveniste comenzó a experimentar con células blancas de sangre humana, involucradas en reacciones alérgicas, llamadas basófilas. Estas células poseen pequeños gránulos que contienen sustancias tales como la histamina, responsable en parte de la respuesta alérgica. Los gránulos pueden ser marcados con un marcador especial y luego desmarcados (lo que produce un desgranulado) por una sustancia llamada anti-inmunoglubulina E o aIgE. Hasta aquí se trata de ciencia pura. Lo que convirtió en altamente controvertido el artículo de Benveniste es que afirmó allí que en sus experimentos seguía observando la desgranulación basófila después de que la aIgE había sido diluida hasta niveles en que no debía existir ni una molécula, pero esto sólo ocurría si en cada paso de disolución se sacudía fuertemente el líquido, como se hace en la preparación de los remedios homeopáticos.

Después de varios experimentos Benveniste decidió, en 1988, dejar un registro de su trabajo en el artículo publicado en Nature, en el que especuló con que el agua utilizada en el experimento había retenido una memoria de la aIgE disuelta originalmente en ella. Los homeópatas festejaron, convencidos de que por fin aparecía una evidencia sólida que hacía respetable a la homeopatía. La celebración duró poco: Benveniste fue puesto en la picota por el establishment científico. Se lo acusó de dejarse influir en sus conclusiones por una intencionalidad subconsciente, incluso formaron un equipo de análisis de su trabajo que incluía entre sus miembros a un famoso mago.

http://www.nas.nasa.gov/About/Media/graphics_compchem_H20.html
Alucinante modelo de una molécula de agua generado por la NASA en computadora

En 1993 se publicó en Nature el informe de un intento fallido de repetir el experimento que fue realizado por científicos de la Universidad de Londres. Benveniste se esforzó por conseguir que otros laboratorios independientes repitieran su trabajo, reclamando que los resultados negativos del grupo británico se debían a que no habían comprendido bien los protocolos de los experimentos.

Un grupo de cuatro laboratorios de investigación de Francia, Italia, Bélgica y Holanda, dirigidos por el profesor M. Roberfroid de la Universidad Católica de Louvain en Bruselas, Bélgica, encararon un refinamiento del experimento original de Benveniste, que examinaba otro aspecto de la activación basófila. El grupo sabía que la activación de la desgranulación basófila por el aIgE llevaba a que se liberaran potentes mediadores, incluyendo grandes cantidades de histamina, que frenan el proceso. Por esto los experimentos del equipo europeo apuntaron a comparar la inhibición de la desgranulación basófila inducida por la aIgE en disoluciones "fantasma" de histamina con soluciones en agua pura.

Para asegurarse de que los propios científicos de los cuatro laboratorios involucrados no introducían una influencia en el experimento (en argot científico se le llama "bias"), se los dejó "ciegos" con respecto al contenido de las soluciones usadas en la prueba. Es decir, ellos no sabían cuándo estaban trabajando con agua pura o con disoluciones que tenían cantidades "fantasma" de histamina. Esta precaución no fue la única. Las soluciones "fantasma" y el agua de control fueron preparadas por tres laboratorios diferentes que no tenían nada que ver con el experimento.


Modelo que muestra los núcleos atómicos de una molécula de agua

El experimento fue coordinado por un investigador independiente que codificó todas las soluciones y cotejó los datos, pero sin ser involucrado en la prueba o análisis de los datos. Todo esto no dejaba mucho lugar para fraudes o interpretaciones erróneas. De modo que los resultados llevaron a una completa sorpresa: tres de los cuatro laboratorios involucrados en la prueba reportaron una inhibición estadísticamente significativa de la reacción de desgranulación basófila por las soluciones "fantasmas" de histamina, en comparación con las soluciones de control, de agua pura.

No satisfechos con los resultados, y con la intención de confirmar o desechar definitivamente las implicaciones de estos experimentos, se repitieron las pruebas con una mejora. En las pruebas anteriores habían marcado las basófilas y luego habían contabilizado "a mano" las que permanecían marcadas después de la reacción inhibidora con la histamina. Esto podía llevar a un error humano y por eso se utilizó un protocolo de conteo que se puede automatizar completamente. Se marcó las basófilas activadas con un anticuerpo monoclonal que podía ser observado por su fluorescencia y podía ser medido, en consecuencia, por una máquina.

El resultado, que se publicó en Inflammation Research, fue el mismo: las soluciones de histamina, diluidas hasta que ésta quedaba fuera de toda posibilidad de existencia, llevaron a una inhibición estadísticamente significativa de la activación basófila por la aIgE, lo que confirmó el trabajo previo de Benveniste.

A pesar de mantener su reserva con respecto a la homeopatía, científicos involucrados en esta prueba consideraron que esos resultados debían suspender su incredulidad y empujarlos a buscar una explicación racional del hallazgo.


Revista Physica

De todos modos, hay que mencionar que el experimento de Benveniste se presenta en algunos sitios de Internet como un ejemplo de los casos de fraude en la ciencia.

La novedad es que ahora un químico suizo, Louis Rey, reaviva esta polémica y trae de nuevo a la atención de los medios esta aparente capacidad del agua, tan misteriosa. En el artículo Thermoluminescence of ultra-high dilutions of lithium chloride and sodium chloride, publicado en la revista Physica A, si bien no se refiere a la controvertida capacidad de "memoria del agua", se afirma que el agua tiene lo que Rey denomina un "efecto fantasma", que quizás sea la misma cosa.

La investigación se basa esta vez en la termoluminiscencia. Se irradiaron soluciones de cloruro de litio y cloruro de sodio (sal) con rayos X y gamma a 77 grados Kelvin y luego se las entibió lentamente para llegar a la temperatura ambiente. Se estudió la termoluminiscencia durante esta fase, encontrándose que, a pesar de llevar la disolución más allá del número de Avogadro, "la luz emitida sigue siendo específica a las sales que se disolvieron originalmente". Esto significaría que el cloruro de litio o el cloruro de sodio modifican la estructura del hidrógeno del agua, lo cual suena lo mismo que decir, por ejemplo, que los átomos del agua "recuerdan" que esas sustancias estuvieron allí.

El número de Avogadro, o constante de Avogadro, es 6,022 * 1023. Este valor se refiere a que en un mol de toda sustancia, es decir, en tantos gramos de ésta como sea el valor de su peso molecular (por ejemplo 2 gramos de hidrógeno, ó 32 gramos de oxígeno), siempre contiene un mismo número de moléculas, que es justamente de 6,022 * 1023. Esto quiere decir que si se produce la disolución de una muestra original en una cantidad de veces superior a la cantidad de moléculas que se calculan en la muestra usando este número, no debería quedar ninguna molécula del material que originalmente se diluyó.

El Dr. Mae-Wan Ho del Kwangju Institute of Science and Technology de Corea del Sur publicó en The New Scientist su hallazgo de que las moléculas disueltas en agua no se dispersan del todo sino que se agrupan. La explicación obvia que surge de este descubrimiento es que a pesar de que se diluyan mucho las soluciones, en ellas puede haber muchas más moléculas restantes de la sustancia original que lo que habría si no tuviesen esa tendencia a agruparse. Sin embargo, si bien ciertas partes de la solución que se vuelve a disolver tendrían más moléculas de lo estimado sin este efecto, también habría partes en las que no habría quedado ni una sola, por lo que —de nuevo— la homeopatía no debería funcionar.


Así se agrupan las moléculas de agua en estado líquido

Muchas de las veces en que se han encontrado efectos que parecen extrafísicos y muy extraños en el comportamiento de la materia, finalmente se descubrieron nuevas propiedades y se reescribieron las teorías. El agua está formada por sólo tres átomos, y sólo dos elementos, es decir, es una de las moléculas más simples que se pueden encontrar en la naturaleza. El agua tiene muchas capacidades extrañas y fuera de lo común, al efecto invito a visitar algunos de los links que listo más abajo. Los efectos cuánticos pueden agregarle una dimensión muy diferente a las cosas que conocemos muy bien. El agua, por ejemplo, no tiene realmente la famosa composición H2O que conocemos, por lo menos no es así desde la perspectiva de los neutrones y electrones que interactúan con la molécula por instantes muy breves, de menos de 1015 segundos. De acuerdo a recientes experimentos, muy nuevos, los electrones y neutrones que chocan con el agua "perciben" una cantidad de hidrógeno entre 1 a 1,5, de manera que la fórmula más exacta en esas circunstancias debera ser H1,5O. Por otra parte, las moléculas de agua forman estructuras. Pero claro que la capacidad de retener en su estructura la memoria de otros átomos y moléculas, de existir, es mucho más alucinante. Si de verdad tuviera esta capacidad, habría que ver qué se puede esperar de moléculas muchísimo más complejas, como las que son la base de los fenómenos de la vida.


Más Información:
Artículo en Tendencias científicas
Jacques BENVENISTE, DigiBio
Thanks for the memory, Lionel Milgrom
Molecules Clump on Dilution
Thermoluminescence of ultra-high dilutions of lithium chloride and sodium chloride, Louis Rey
Water Remembers? Homeopathy Explained?, Institute of Science in Society
Icy Claim That Water Has Memory
El agua, una extraña molécula
The structure of liquid water
Thirty eight anomalies of water

(Traducido, adaptado y ampliado por Eduardo J. Carletti de Tendencias científicas y diversos sitios en Internet.)


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