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ZAPPING 0129, 20-08-2002


Vida en el universo

Probabilidad de existencia de alienígenas

Uno de cada tres planetas de tipo terrestre tiene posibilidad de albergar vida

Las probabilidades indican
que no estamos solos

Foto © NASA

En un trabajo reciente, Charles Lineweaver y Tamara Davis, de la Universidad de New South Wales en Sydney, Australia, proponen que si hay otros planetas como la Tierra es probable que al menos uno de cada tres albergue vida. Si la vida puede desarrollarse en planetas diferentes al nuestro, entonces las probabilidades de encontrar vida serían todavía más favorables.
      Ellos argumentan que, a pesar de tener como muestra sólo un planeta habitable, no sabemos tan poco como parece sobre la vida en otros mundos.
      Según dicen, se puede extraer un importante dato del hecho de que la vida en la Tierra parece haberse desarrollado con gran rapidez. Los registros fósiles más antiguos muestran que a la vida no le tomó más que unos quinientos millones de años ganar equilibrio, una vez que las condiciones planetarias fueron favorables. Esta escala de tiempo puede haber sido, en realidad, mucho menor; casi instantánea en términos geológicos.
      Esa rapidez nos indica que la probabilidad de que se desarrolle vida en un planeta del tipo Tierra es alta, dicen Lineweaver y Davis. Si un jugador gana la lotería en los primeros tres días a partir de que empieza a comprar billetes es posible, aunque no seguro, que la probabilidad de ganar sea alta. El hecho que la vida triunfó con rapidez en cuanto se hizo posible en la Tierra, dicen los investigadores, indica que es buena la chance de que la vida se desarrolle.
      Algunos puntos poco desconocidos podrían demoler el argumento estadístico de los investigadores. Por ejemplo, podría ser que la vida, para existir, tenga que desarrollarse sí o sí con gran rapidez. O quizás la Tierra pueda estar más finamente ajustada para sostener vida que lo que pensamos; podría ser que un planeta verdaderamente habitable debiera ser no sólo similar sino virtualmente idéntico.
      También es posible que la vida haya aparecido en planetas que son radicalmente diferentes a la Tierra. En este caso, la optimista conclusión de estos investigadores con respecto a los planetas de tipo terrestre no afectaría demasiado el total. La vida en otras partes del universo, se den o no las condiciones de nuestro planeta, pasaría a ser mucho más probable y los números de la totalidad harían pequeños a los de los planetas del tipo Tierra.

La ecuación de Drake

Lineweaver y Davis utilizaron el registro geológico de la vida en la Tierra para agregar una nueva llave en la famosa fórmula que calcula en qué cantidad probable de estrellas en nuestra galaxia puede haber aparecido la vida  1.
      Esta fórmula, llamada Ecuación de Drake, es el legado del astrónomo Frank Drake, que la creó en 1961. En ella se consideran todos los factores involucrados para definir la probabilidad de que detectemos señales emitidas por una civilización alienígena inteligente.
      Lineweaver y Davis utilizan una versión más simple de la ecuación, en la que se preguntan solamente en qué proporción de estrellas puede haber evolucionado algún tipo de vida, no necesariamente inteligente. El planteo se puede dividir en tres partes: qué fracción de estrellas tiene sistemas planetarios, que fracción de esos sistemas planetarios contiene un planeta habitable y en qué fracción de esos mundos habitables puede haber aparecido la vida.
      En la década pasada, las observaciones astronómicas de planetas de otros soles comenzaron a definir los dos primeros términos de la ecuación. La NASA ha anunciado un nuevo programa llamado Buscador de Planetas Terrestres (Terrestrial Planet Finder - TPF), que utilizará astronomía con base en la Tierra para buscar planetas de tipo terrestre fuera de nuestro Sistema Solar. El diseño de la misión TPF finalizará en el 2006.
      Lineweaver y Davis se han centrado en el misterioso tercer término, que define en cuántos planetas de los que son habitables ha aparecido la vida. Algunos científicos dicen que este término tiene un valor extremadamente bajo; otros se oponen diciendo que la existencia de la vida es virtualmente inevitable en un mundo potencialmente habitable. En este último caso el valor de la fracción se hace muy cercano a 1.
      Para los planetas de tipo terrestre que tienen más de 1.000 millones de años de existencia (la Tierra tiene alrededor de 4.500 millones) esta fracción sería de un valor muy cercano a 1. Ellos creen que hay una gran posibilidad de que el valor sea, como mínimo, de 0,33.
      Esto no significa, por sí mismo, que la vida en el universo sea muy probable, sin embargo. Aunque no se considere lo que asumen estos investigadores con respecto al tercer término, aún no se conocen los valores de los otros términos de la ecuación.

Referencias:

  • Lineweaver, C. H. & Davis, T. M. Does the rapid appearance of life on Earth suggest that life is common in the Universe? Preprint, (2002).

  • ¿La vida es la regla o la excepción?

    La respuesta puede estar en las nubes interestelares


    ¿Habrán venido los ingredientes de la vida desde el espacio exterior?

    ¿La vida es un suceso altamente improbable o es la consecuencia inevitable de una rica sopa química disponible en todas partes en el cosmos? Los científicos han hallado nueva evidencia de que los aminoácidos, los "bloques de construcción" de la vida, pueden formarse no sólo en los cometas y asteroides, sino también en el espacio interestelar.
          Este resultado es consistente con (aunque por supuesto no prueba) la teoría de que los ingredientes principales para la vida vinieron del espacio exterior y, por lo tanto, los procesos químicos que produjeron la vida pueden haber ocurrido en otras partes. Esto refuerza el interés en un campo de investigación ya muy 'caliente', la astroquímica. Las misiones próximas del ESA, Rosetta y Herschel, proporcionarán abundante información nueva para esta cuestión.
          Los aminoácidos son los 'ladrillos' de construcción de las proteínas, y las proteínas son un tipo de compuesto que está presente en todos los organismos vivos. Se han encontrado aminoácidos en meteoritos que han caído en la Tierra, pero nunca en el espacio. Se piensan que los aminoácidos presentes en meteoritos pueden haber sido producidos poco después de la formación del Sistema Solar por la acción de líquidos acuosos en los cometas y los asteroides, objetos de los que provienen los fragmentos que se convirtieron en los meteoritos caídos. Sin embargo, los nuevos resultados publicaron recientemente en Nature por dos grupos independientes dan la evidencia de que los aminoácidos también se pueden formar en el espacio.
          Entre las estrellas hay nubes enormes de gas y de polvo, un polvo que consiste en granos minúsculos típicamente más pequeños que una millonésima de milímetro. Los equipos que divulgaron los nuevos resultados, liderados por un grupo de Estados Unidos y un grupo europeo, reprodujeron en sus laboratorios los pasos físicos que llevan a la formación de estos granos en las nubes interestelares y encontraron que en estos granos artificiales se forman aminoácidos espontáneamente.


    Rosetta estudiará la composición del polvo y gas lanzado del núcleo del cometa.

    Los investigadores comenzaron con agua y una variedad de moléculas simples que se saben que existen en las nubes 'verdaderas', tales como monóxido de carbono, dióxido de carbono, amoníaco y cianuro de hidrógeno. Aunque estos ingredientes iniciales no estaban en cantidades exactamente iguales en cada experimento, los científicos de ambos grupos 'los cocinaron' de una manera similar.
          Reprodujeron las condiciones comunes de temperatura y presión que se sabe que existen en las nubes interestelares en compartimientos específicos en el laboratorio. Estas condiciones son absolutamente diferente de las condiciones 'normales' en la Tierra: las nubes interestelares tienen una temperatura de 260 C bajo cero y la presión es también muy baja (casi cero). Se tuvo gran cuidado de excluir cualquier contaminación. Como consecuencia del experimento, se formaron granos análogos a los de las nubes.
          Los investigadores iluminaron los granos artificiales con radiación ultravioleta, un proceso que activa típicamente reacciones químicas entre las moléculas y que también ocurre naturalmente en las nubes verdaderas. Cuando analizaban la composición química de los granos, encontraron que se habían formado aminoácidos. El equipo de Estados Unidos detectó glicina, alanina y el serina, mientras que el equipo europeo listó 16 aminoácidos. Las diferencias no se consideran relevantes puesto que pueden ser atribuidas a las diferencias en los ingredientes iniciales.
          De acuerdo a los autores, lo relevante es la demostración de que los aminoácidos de hecho se pueden formar en el espacio, como un subproducto de los procesos químicos que ocurren naturalmente en las nubes interestelares del gas y del polvo.
          Max P. Bernstein, del equipo de Estados Unidos, señala que el gas y el polvo en las nubes interestelares sirven como 'materia prima' para construir las estrellas y los sistemas planetarios como el nuestro. Estas nubes "tienen millares de años luz de extensión; son reactores químicos extensos y ubicuos. Como los materiales de los que todos los sistemas estelares se forman pasan a través de esas nubes, los aminoácidos se deben incorporar a todos los sistemas planetarios, y en consecuencia están disponibles para el origen de la vida."
          La visión de la vida como acontecimiento común resulta favorecida por estos resultados. Sin embargo, siguen habiendo muchas dudas. ¿Por ejemplo, pueden estos resultados realmente ser una pista de lo que sucedió hace cerca de cuatro mil millones años en la Tierra? ¿Pueden los investigadores confiar totalmente en que las condiciones que reconstruyeron son las del espacio interestelar?


    Herschel se centrará en la química del espacio interestelar.

    La intención de la ESA es que su nave espacial Rosetta obtenga datos claves para definir esta cuestión. Rosetta será lanzada al espacio el año próximo y será la primera misión que orbitará y se posará sobre un cometa, el llamado Cometa 46P/Wirtanen. A partir del 2011 Rosetta dispondrá de dos años para examinar en detalle la composición química del cometa.
          Herschel es un telescopio espacial que posee un impresionante espejo de 3,5 metros de diámetro (el mayor en telescopios espaciales de imagen). Será lanzado al espacio en el 2007. Una de sus características es que podrá "ver" un tipo de radiación que no ha sido detectado hasta ahora. Esta radiación cae dentro del espectro del infrarrojo lejano y de la luz con longitud de onda menor al milímetro, que son exactamente las radiaciones que es necesario detectar cuando se buscan compuestos químicos complejos como los de las moléculas orgánicas.


    Vida inteligente en el universo

    En las últimas décadas los científicos y el público en general han imaginado que se podría encontrar vida inteligente en el universo. Es probable que no seamos la única civilización en esta galaxia, que incluso podría contener docenas o centenares de civilizaciones dispersas entre sus 400.000 millones de estrellas. Si recibiéramos un mensaje complejo y detallado surgido de una de estas civilizaciones, o tuviésemos otra forma de contacto con ella, los efectos sobre nuestra civilización podrían ser intensos y profundos.
          La búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) ha llegado a ser razonablemente común dentro de los emprendimientos científicos (Angelo, 1985; McDonough, 1987). Los esfuerzos de la radioastronomía por detectar una señal o un mensaje de otra civilización han aumentado con rapidez. La cosmología podría estar desplazando su posición hacia el estudio de la vida en el universo, y no sólo de estrellas y polvo estéril (Dick, 1988). Las encuestas encuentran que un 50% de los adultos creen que hay vida inteligente fuera de la Tierra. Es muy probable que ocurra, en algún momento del futuro de la civilización humana, un contacto o interacción con vida inteligente en alguna parte de nuestra galaxia.
          Podría suceder el año próximo, por decir una fecha, o dentro de cien años. Los esfuerzos actuales, en rápido crecimiento, aumentan la probabilidad de que se produzca un contacto en los próximos veinte o treinta años. Pocos acontecimientos en toda la historia humana serían tan significativos y de tanta envergadura, al afectar nuestras creencias más profundas sobre la naturaleza del universo, nuestro lugar en él y sobre qué le ocurrirá a la civilización humana en el futuro.
          La búsqueda de contacto y la preparación para una acertada interacción deben ser prioridades importantes en la agenda actual de nuestra civilización.

    ¿Cuán importante es la inteligencia extraterrestre?

    El estudio del universo físico es muy importante. Al mismo tiempo, mucha gente que estudia la evolución del cosmos está encontrando que la evolución de la vida y de la inteligencia en ese universo físico es igual de importante. Steven Dick (1988) ha delineado una cosmología biofísica que da importancia a la vida y la inteligencia como componentes dominantes del universo, redefiniendo así nuestro lugar y significación en él. Chaisson (1987), Harrison 1981) y Sagan (1980) también han remarcado la importancia de la vida inteligente en el universo.
          Ésta, por supuesto, no es una nueva idea. Crowe (1986) y Dick (1982) han documentado la discusión sobre la vida extraterrestre en los últimos dos mil cuatrocientos años.
          Muchos astrónomos, biólogos, filósofos, a los que se agrega ahora otra gente, creen que la existencia de la diversidad de la vida en el universo es un valor supremo. Es decir, en el universo entero, nada es de mayor valor, importancia o significación que las civilizaciones avanzadas y las especies inteligentes, incluyendo la nuestra, por supuesto. Si se preguntara "¿qué cosa o idea tiene más importancia o valor que la diversidad de la vida en el universo, incluyendo la civilización humana?" mucha gente contestaría: "Nada; el ser humano y cualquier otra vida inteligente son la cosa más importante del universo."
          Quizás los seres humanos de dentro de cien o mil años den una respuesta similar, especialmente si ha ocurrido una interacción con extraterrestres avanzados. Hasta los propios extraterrestres avanzados podrían responder así. Es importante observar que no hay conflicto entre la creencia en un dios divino o sobrenatural y la creencia en que la vida avanzada es la cosa más importante del universo. Este dios puede haber creado y sustentado la diversidad de la vida en el universo. De hecho, el valor supremo de un dios es haber creado esa diversidad de vida que prospera. Es importante acentuar que la civilización humana, actualmente y en el futuro, es una parte significativa de la vida en el universo. Para nosotros, la continuidad en el tiempo de la vida humana es un valor supremo de máxima importancia. Dado que, por lo que sabemos, aún no hemos tenido contacto con vida extraterrestre, nuestra máxima prioridad en el presente debe ser nuestra propia civilización. Al mismo tiempo, sin embargo, debemos continuar y aumentar nuestros esfuerzos de hacer un correcto contacto con vida inteligente de otra parte de esta galaxia.
          La importancia fundamental de la vida inteligente en el universo se puede reafirmar con algunos ejercicios mentales que nos hacen meditar. Por ejemplo, imagínese que usted está en alguna galaxia distante, observando el universo durante eones. ¿Desde esta perspectiva, qué toma importancia suprema? Lo más importante parece ser que la humanidad y la mayoría de las otras especies avanzadas del universo continúen sobreviviendo, prosperando y desarrollándose.
          Quizás un proyecto magnífico sería esparcir la vida altamente positiva (inclinada hacia el amor, la compasión, la cooperación, la sabiduría, la inteligencia, el conocimiento, la armonía y la eficacia) por el universo. No podemos contribuir mucho actualmente al florecimiento de especies extraterrestres, pero podemos poner la búsqueda de un futuro próspero para nuestra propia especie humana como una de nuestras prioridades fundamentales. Como Carl Sagan concluyó en su serie de televisión Cosmos: "Nuestro impulso de sobrevivir y prosperar no surge solamente a nosotros mismos, sino también a este cosmos, antiguo y extenso, del cual surgimos."

    Diversidad

    ¿Cuán extensa y diversa es la vida inteligente que se ha desarrollado en nuestra galaxia? Se ha escrito una cantidad enorme de literatura científica sobre estas dos cuestiones. Estamos pensando aquí en las especies naturalmente desarrolladas (no divinas o sobrenaturales) que han alcanzado por lo menos nuestro nivel de inteligencia, penetración, conocimiento y cultura. Entre los científicos que han estudiado esta cuestión, el consenso general es que se deben haber desarrollado muchas especies inteligentes a través de nuestra galaxia, ahora y en otros tiempos, y que algunos de ellas pueden estar vivas hoy.
          He aquí un resumen de las cuatro razones principales que apoyan la probabilidad de que por lo menos algunas especies inteligentes se hayan desarrollado en nuestra galaxia en algún lugar del exterior de nuestro Sistema Solar.

    1. El número de estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea, de cerca de 400.000 millones, es un número tan grande que casi queda más allá de nuestra imaginación. Cierto número de estas estrellas probablemente tiene planetas que son potencialmente hospitalarios para el desarrollo de la vida.
    2. La variedad increíble de vida que convive aquí en la Tierra, desde los microbios al musgo y de los árboles a la gente, sugiere una fuerte tendencia natural a que se origine la vida y luego se diferencie. Es probable que el universo esté plagado de tendencias y procesos similares, al igual que de productos químicos similares e iguales principios biológicos. Las leyes de la naturaleza son universales y la naturaleza es, por lo general, uniforme. No hay razón para suponer que nuestro planeta es el único lugar conveniente para la vida en todo el universo. Dadas las condiciones apropiadas, la vida se desarrollará en cualquier planeta propicio, o en sus satélites. Por lo tanto, es probable que la vida se haya presentado en varios lugares en nuestra galaxia.
    3. La comunicación rudimentaria, la organización social, las herramientas y la inteligencia han aparecido independientemente en varias especies en la Tierra. Al menos uno de estos logros aparece entre los chimpancés, gorilas, delfines, ballenas, perros, gatos y caballos, por ejemplo. No parece arriesgado presumir, entonces, que tales características se han presentado en otros planetas a lo largo del tiempo.
    4. Una especie extraordinariamente avanzada de otra galaxia puede haber encontrado una manera de cruzar el abismo entre su galaxia y la nuestra. Aunque esto nos parezca imposible dentro del actual conocimiento de la física, esa noción puede cambiar e incluso ser superada algún día.

    En nuestra galaxia podría haber varios patrones de evolución, dispersión y organización de civilizaciones avanzadas. Puede ser que una civilización única haya creado, hace mucho tiempo, una diversidad de colonias que luego se desarrollaron independientemente y se dispersaron extensamente por la galaxia. Quizás muchas especies desarrollaron independientemente civilizaciones inteligentes en varios planetas y todavía permanecen vivas, comunicándose e interactuando entre ellas. Quizás una sola civilización o federación ha conquistado e incluso eliminado el resto de las civilizaciones, excepto la nuestra. Quizás la mayoría de las especies inteligentes han mezclado voluntariamente sus culturas o genes, convirtiéndose de ese modo en una sola cultura o especie con diversidad interna. Debemos tener cuidado de asumir que sabemos cuál de estas posibilidades es el caso real: ninguna es tan inverosímil, absurda o ilógica como para que deba ser tachada de la lista de posibilidades.
          También debemos tener presente que alguna vida inteligente en nuestra galaxia puede ser profundamente diferente a la nuestra. Sus patrones de pensamiento, conocimiento, emociones, cuerpos, opinión, organización social, comunicación y normas pueden ser más extrañas que las imágenes más inverosímiles de nuestra ciencia ficción. Algunos seres inteligentes de nuestro universo podían resultar ser entidades o supercomputadoras basadas en el silicio.
          Puede que sea ficción pura imaginar vida inteligente desarrollándose aún más, como lo hace Arthur C. Clarke en 2010 (1982). En esa novela una especie, que comenzó su existencia en cuerpos de carne y hueso, aprende eventualmente a transferir sus cerebros y pensamientos a nuevos alojamientos de metal y plástico. Luego aprenden a almacenar el conocimiento en la propia estructura del espacio y preservar sus pensamientos para la eternidad en tramas congeladas de luz. "Se convierten en criaturas de radiación, libres por fin de la tiranía de la materia; en energía pura. Podrían vagar a voluntad entre las estrellas y hundirse como una niebla sutil en los intersticios del espacio."


    ¿Beneficiosa, benigna u hostil?

    Si hay por lo menos una forma de vida avanzada en alguna parte en el universo que está enterada de nuestra existencia, ¿cuáles serán sus intenciones y comportamiento con nosotros? ¿Serán beneficiosos, benignos, hostiles? Para responder esta pregunta, Allen Tough utilizó una combinación de cuatro métodos (Tough, 1986).

    1. Un método fue la búsqueda extensa de literatura potencialmente relevante, ubicada por medio de extractos en tres campos (astronomía y astrofísica, tecnología aerospacial y física) y otras nueve herramientas bibliográficas.
    2. Como lo hace cualquier escritor, pasó muchos días pensando en las diversas versiones y posibilidades.
    3. Solo en su casa, grabó dos extensas entrevistas falsas en las que una variedad de extraterrestres avanzados expresaban sus opiniones sobre cómo debían relacionarse con las civilizaciones novatas, en particular la humanidad. El propósito de estos ejercicios mentales era generar ideas sobre intenciones y comportamiento extraterrestres. Aunque creó espontáneamente las diversas voces y puntos de vista en un estado normal de conciencia, en alguna de las ediciones apareció una sorprendente diversidad de opiniones, donde cada punto de vista disparaba otro. En 1988 repitió dos veces el ejercicio, brevemente.
    4. En dos clases en la universidad de Toronto, condujo y grabó una reunión en la que todos los presentes desempeñaron el papel de extraterrestres avanzados. Una guía impresa centró la discusión en varias preguntas importantes que se relacionaban con la manera de ayudar a la novata civilización de los seres humanos.

    Sus conclusiones fueron que las civilizaciones avanzadas del universo evitan dañar civilizaciones novatas. El principio cardinal que guía el proceder con el resto de las civilizaciones probablemente sea este: evite el daño e interferencias innecesarios. No lastime a ninguna otra civilización u obstaculice su desarrollo. Si otra civilización está por romper claramente la regla cardinal (con un ataque de gran alcance o diseminando una plaga, por ejemplo) y si ésta representa una definida e inmediata amenaza a una especie avanzada, entonces estarían permitidas intervenciones de gran alcance, incluso destructivas, para evitar eso. Bajo ninguna otra circunstancia, sin embargo, una civilización avanzada interferirá en el desarrollo de otra civilización.
          Hay varias razones para llegar a la conclusión de que los seres avanzados son beneficiosos o por lo menos benignos y que es poco probable que dañen civilizaciones novatas como la nuestra. He aquí las razones principales:

    1. Todavía recuerdan su historia temprana, incluyendo sus etapas primitivas, sus períodos oscuros y sus locuras; por lo tanto pueden ser comprensivas con nuestras flaquezas.
    2. Cualquier entidad decidida a capturar nuestro planeta lo habría hecho hace rato, antes de que nos desarrollásemos demasiado.
    3. Cualquier civilización hostil que dispone de una tecnología avanzada podría haber programado sondas autorreplicantes al efecto de eliminar una civilización potencial mucho antes de que ésta alcanzara una etapa en la cual podría atacar a estas sondas; es decir, mucho antes de nuestra actual etapa (O'Neill, 198l, p. 265).
    4. Es probable que las civilizaciones avanzadas estén permitiendo que nos desarrollemos libremente, sin interferencias, para maximizar la cantidad de información que obtienen; si interfieren y nos controlan, aprenderán menos (Kuiper y Morris, 1977). El beneficio más grande que pueden obtener de nosotros puede ser el conocimiento sociológico y antropológico sobre nuestra cultura y civilización.
    5. Las formas de vida inteligentes destructivas, agresivas e irresponsables generalmente se autoeliminan o retroceden a condiciones primitivas antes de alcanzar el viaje o la comunicación interestelar (Harrison, 1981). Si una especie despiadadamente hostil logra evitar estas consecuencias (generalmente causadas por el impulso de la selección natural) y se prepara para la comunicación o el viaje interestelar, podría al fin ser exterminada por otros seres más avanzados de la galaxia. "Cómo se haría esto es una pregunta que posee algo más que interés académico para la raza humana en los siglos próximos", agrega Harrison (pp. 399-400).

    ¿Cuánta ayuda nos darán? ¿Se tomarán la molestia de transmitirnos un mensaje de radio enciclopédico, por ejemplo, o nos enviarán la información detallada por medio de una nave espacial controlada por computadoras o seres vivos?
          Algunas civilizaciones avanzadas pueden decidir no enviar ninguna ayuda o información. Otros pueden optar por una aproximación de bajo presupuesto. Las civilizaciones particularmente generosas y altruistas pueden hacer mucho para fomentar una floreciente diversidad de vida bondadosa, sabia, inteligente, compasiva, armoniosa en su región del universo. Pero ni siquiera las civilizaciones más generosas, sin embargo, pondrán esta meta por delante de la supervivencia y desarrollo de su propia cultura. De hecho, si nuestras equivocaciones nos producen daño, e incluso llegan a extinguirnos, ninguna otra civilización se pondrá de luto por esto, como si hubiese sido la peor de las tragedias. Puede ser que se sientan apenadas como se sentiría la humanidad si se extinguieran todas las ballenas o si un terremoto destruyese una ciudad entera.

    Antigüedad y capacidades

    Es probable que cualquier otra civilización de nuestra galaxia sea mucho más vieja que la civilización humana. Hay dos factores que apoyan esta asunción: Primero, la mayoría de las estrellas de nuestra galaxia son muchos más viejas que nuestro sol, muchas de ellas millones de años más viejas. De lo que surge, en consecuencia, que es probable que cualquier civilización presente en los planetas que giran alrededor de esas estrellas se haya desarrollado mucho antes que nuestra civilización. En segundo lugar, parece totalmente posible que algunas civilizaciones sobrevivan por un millón de años o aún más. Si las civilizaciones de nuestra galaxia tienen edades desde algunos miles de años hasta millones de años de antigüedad, entonces pertenecemos al grupo de las más jóvenes: aún para la más tolerante de las definiciones, la civilización humana no tiene mucho más de diez mil años de antigüedad. De hecho, si por un momento pensamos en nosotros más como especie que como civilización, veremos que varias especies en la Tierra son 300 millones de años más viejas que nosotros (Calder, 1983).
          Debido a que otras civilizaciones en nuestra galaxia son millares de años más viejas que la humana, es seguro que han avanzado, en algunos cosas, más allá de nuestro nivel actual de desarrollo. Algunas civilizaciones probablemente no sobreviven al descubrimiento y uso de armas nucleares u otros métodos de extinción, pero es seguro que otras aprenden a hacer frente con éxito al problema y entonces sobreviven por un tiempo muy largo. Algunas de ellas pueden ser cien mil años o aún millones de años más avanzadas que nosotros.
          En el presente no podemos saber con seguridad qué capacidades particulares poseerían las civilizaciones altamente avanzadas de nuestra galaxia. Pero podemos, sin embargo, reflexionar y hacer algunas conjeturas basadas en el conocimiento humano actual combinado con una especulación inteligente. En los últimos diez mil años nuestro progreso ha sido muy dramático en varias áreas de nuestra vida. Si sobrevivimos otros diez mil años, es altamente probable que hagamos más progresos espectaculares en varias áreas. Cuando volvemos nuestra atención a otras civilizaciones con diez mil o hasta un millón de años más antiguas que la nuestra, tenemos pocas dudas de que algunas de ellas estarán mucho más allá que nosotros en sus capacidades biológicas, mentales, tecnológicas, de comunicación o capacidades de viaje. También, al haberse formado en cuerpos, ambientes físicos y ambientes sociales sumamente diferentes de los nuestros, sus patrones de percepción, pensamiento y su manera de relacionarse pueden ser sumamente diferentes de los nuestros.
          Es altamente probable, por lo tanto, que muchas de las capacidades que se listan a continuación ya hayan sido desarrolladas por una civilización avanzada de nuestra galaxia. No es muy verosímil que alguna civilización tenga todas las capacidades mencionadas; sin embargo es absolutamente probable que cada una de estas capacidades (con una o dos excepciones) exista en alguna parte en nuestra galaxia. Es posible que nosotros mismos lleguemos a tener muchas de estas capacidades si continuamos avanzando por otros diez mil años.

    • energía virtualmente ilimitada (solar, nuclear, etc.)
    • tecnología y conocimientos técnicos tan avanzados que nos parecerían milagrosos
    • capacidad intelectual individual enormemente desarrollada ligada a una computadora en miniatura implantada
    • ausencia de comportamientos individuales y colectivos violentos, destructivos o dañosos
    • cooperación, altruismo y compasión combinados con toma de decisiones públicas sensibles
    • sabiduría y conocimientos inimaginables
    • control excelente sobre la reproducción y la evolución biológicas
    • capacidad tecnológica de enviar información, recibir la información y observarla a través de distancias extensas, a la velocidad de la luz
    • armas extremadamente rápidas, exactas, versátiles y de gran alcance.


    En una primera lectura de esta lista algunos de los ítems pueden parecernos increíbles. ¿Habría reaccionado de manera diferente un ser de humano hace diez mil años ante una lista de nuestras capacidades actuales? Electricidad, aeroplanos, astronautas, caminata lunar, telescopios, crianza selectiva, televisión, microbios, hospitales, DNA, computadoras, universidades, rascacielos, armas nucleares y muchos otros aspectos del mundo de hoy habrían sido considerados ridículos o imposibles hace diez mil años. En ese tiempo recién acababa la Edad de Hielo, la humanidad recién lograba dominar el cultivo y recién aparecía la primera ciudad del mundo. Hace diez mil años el cerdo, el ganado y los caballos todavía no habían sido domesticados. No se había inventado aún el tejido, la rueda de carro y la escritura. No había llegado aún la edad de bronce y del hierro. Los edificios de piedra, la filosofía y la ciencia estaban aún en el futuro (Calder, 1983). La gente de ese tiempo no habría podido anticipar las capacidades de hoy ni siquiera usando el máximo nivel de imaginación posible. Es posible que para nosotros, entonces, las capacidades reales de una civilización con diez mil años más de desarrollo conviertan la lista de arriba en algo sin nada de imaginación. Su papel en nuestra galaxia podía ser magnífico y profundo.


    Qué podemos hacer

    Lograr información o consejos de una civilización altamente avanzada, o al menos lograr conocimiento sobre sus características, podría ser extraordinariamente beneficioso para la humanidad. Aumentar nuestros esfuerzos para lograr un contacto o interacción sería una inversión muy sabia.
          Se han propuesto tres grupos de acciones. En primer lugar se propone acentuar la consolidación del campo de estudio que se dedica a la vida en el universo, al que generalmente se le llama bioastronomía, exobiología o la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI). Sería útil dar impulso a sus ideas y difundir lo que hacen. Hoy este campo puede ser una de las empresas científicas más importantes para nuestra civilización, si tenemos en cuenta las ventajas que podría darnos si tiene éxito en su propósito, el impacto que produciría y la enormidad y significación potencial de ese hipotético contacto. Aunque el campo de la bioastronomía ha hecho un gran progreso en los últimos años, todavía carece de una estructura importante. Otra necesidad específica es hacer un estudio que prevea las posibles capacidades de los extraterrestres avanzados, sus intenciones, los principios que los podrían guiar, sus proyectos, la ayuda que podrían darnos y los métodos que podrían usar. Antes de detectar sus mensajes, es necesario imaginar cómo pueden ser y qué pueden estar haciendo. Las estrategias de búsqueda se basan en importantes asunciones sobre tecnología y psicología extraterrestres que raramente son examinadas con suficiente profundidad. Otra necesidad específica es prepararse para un contacto o interacción correctos y beneficiosos. En particular, simular los posibles panoramas, estudiar consecuencias posibles, preparar instrumentos para difundir inmediatamente datos anómalos a otros científicos del SETI, buscar acuerdo internacional para las actividades (incluyendo las posibles respuestas) que seguirían a la detección de una señal, establecer un equipo internacional para poner este acuerdo en ejecución y prepararse para manejar posibilidades negativas (alienígenas delincuentes, guerreros hostiles, sondas mortales, un mensaje amenazador).
          Un segundo grupo de estrategias incluye la búsqueda de mensajes detallados que se hayan transmitido más allá del borde del Sistema Solar. Tales mensajes pueden alcanzar la Tierra ahora mismo. La detección de mensajes así tiene, por cierto, una alta prioridad. Ciertas civilizaciones, por lo menos en alguna etapa de su desarrollo, pueden haber difundido consejos, conocimientos, técnicas, valores, ética, principios de organización social y política, creencias religiosas, incluso instrucciones para construir algo. Por lo tanto la sociedad debe continuar los esfuerzos por examinar las áreas posibles del espectro electromagnético.
          El tercer conjunto de estrategias se centra en buscar en el Sistema Solar y en nuestro propio planeta. Hay cuatro estrategias específicas. (a) Es absolutamente posible que una civilización inteligente haya decidido enviar cierta clase de sonda automatizada al Sistema Solar. El tipo más simple de sonda (fuera de los del tipo de sobrevuelo rápido, que no pueden detenerse) se detendría en algún lugar del Sistema Solar y enviaría datos a sus creadores. Además, una sonda más compleja podría estar programada para dar un mensaje detallado y significativo a cualquier ser que la accione al acercarse, dirigiendo ondas de radio o rayos láser sobre el visitante, o utilizando otro medio avanzado de tecnología. Queda claro que los esfuerzos creativos por detectar cualquier tipo de sonda deben tener alta prioridad. (b) También es importante recorrer el Sistema Solar buscando signos de seres inteligentes (no únicamente máquinas) y de sus actividades. Es probable que tales seres hayan llegado en una nave espacial, quizás con un sistema de propulsión que todavía no hemos descubierto. Podríamos buscar señales de una estación espacial, una colonia, una nave espacial detenida, operaciones de explotación minera, plantas de proceso de materiales o cualquier otro proyecto de astroingeniería que se podría estar desarrollando en el cinturón de asteroides y otras partes del Sistema Solar. En lugares así podrían haber pérdidas de calor, por ejemplo, y en ese caso los infrarrojos podrían dar pistas valiosas. (c) Durante las pasadas décadas mucha gente ha denunciado haber visto naves espaciales extraterrestres e incluso a sus tripulantes. Al investigarlas, la mayoría de estas experiencias resultan ser resultado de percepciones equivocadas, de incapacidad de distinguir entre la fantasía y la realidad, incluso de bromas. Hay una posibilidad, sin embargo, de que algunos de los informes actuales o futuros resulten ser válidos. Por lo tanto se debería hacer un esfuerzo adicional para estudiar casos prometedores. (d) Se deben intentar acuerdos que permitan al mundo científico obtener datos potencialmente útiles provenientes de fuentes militares, de seguridad, de inteligencia y de otras agencias estatales de varios países. Esos datos podrían incluir anomalías inexplicables que pudieran indicar, por ejemplo, que estamos siendo vigilados o que nos envían mensajes extraterrestres.


    Las consecuencias a largo plazo del contacto

    Un mensaje de radio enciclopédico, una interacción con la computadora inteligente de una sonda automatizada o cualquier otra forma de contacto con otra civilización podrían ser un acontecimiento altamente significativo en nuestro futuro. Es probable que tenga un impacto extraordinario y central en el desarrollo futuro de la humanidad. Ocurra este impacto el año próximo o varios cientos años en el futuro, afectará nuestra civilización profundamente en ese momento y en los siguientes siglos. De hecho, cuando analizamos el futuro a largo plazo de la civilización humana, se deduce enseguida que uno de los acontecimientos de mayor impacto en cualquier momento tiene que ser, a la fuerza, el contacto con otra civilización.
          ¿Cuáles serán los efectos específicos de la llegada de mensajes o de la interacción o intervención extraterrestre? Este es un tema común en la ciencia ficción pero, desafortunadamente, pocos escritores de no ficción analizan la cuestión con demasiado esfuerzo de pensamiento o profundidad. Hay excepciones estimulantes y útiles, sin embargo, de Angelo (1985), Michaud (1977), Prytz (1985), Regis (1985), Thatcher (1978) y Tough (1990).
          Observemos la consecuencias más probables a largo plazo si resultan ser correctas tres de las esperanzas y asunciones comunes en el campo de la bioastronomía. Primero, asumamos que en algún momento de las próximas décadas se produce el primer contacto con alguna civilización extraterrestre y éste es un mensaje de radio detallado que cubre una amplia gama de temas, algo así como una enciclopedia. En segundo lugar, asumamos que el mensaje no se basó en un conocimiento sobre nosotros, es decir, que no engrana específicamente con la civilización humana. Aunque esta asunción bien puede ser incorrecta (Tough, 1986), es una asunción común en el campo de la bioastronomía. Tercero, eventualmente desciframos el mensaje y ponemos la traducción a disposición de todo el mundo.
          De los contenidos podrían resultar cuatro clases de consecuencias a largo plazo: (1) información práctica; (2) nueva comprensión sobre ciertas cuestiones importantes; (3) una transformación en la opinión sobre nosotros mismos y sobre nuestro lugar en el universo; (4) participación en un proyecto galáctico común.

    Examinemos cada uno de estos casos más detalladamente.

    1. Puede ser que recibamos información y consejos prácticos que ayuden a nuestra civilización a sobrevivir y prosperar. Puede ser tecnología, transporte, una nueva forma de energía, una nueva manera de producir alimentos o de alimentarse, la importancia de detener el crecimiento de la población, un gobierno y organización social más eficaces, opiniones nuevas sobre valores y ética, inspiración para cambiar de dirección dramáticamente y alcanzar así un futuro razonablemente positivo. El mensaje puede también buscar que quien lo reciba comprenda la importancia de eliminar la guerra o por lo menos de eliminar las armas de la destrucción masiva. Vernos desde una perspectiva extraterrestre puede sernos muy útil para aliviar los problemas de nuestra civilización: "Puede ser que nos ayude a superar nuestras diferencias culturales y divisiones políticas y a pensar en forma constructiva en nuestra propia civilización global" (Finney, 1986, p. 9).
    Tales cambios en cosas profundamente arraigadas requieren, sin duda, enormes complicaciones, por lo menos por un tiempo. Puede ser que suframos de un choque cultural masivo y temporalmente nos sintamos inferiores o perdamos confianza en nuestra propia civilización. La ruptura también podría ocurrir en las ciencias, en los negocios y la industria, si nos enseñan nuevos procesos y productos, en el sistema legislativo si cambiamos por leyes cósmicas o universales y en las fuerzas armadas y sus suministros si eliminamos la amenaza de la guerra. Tal ruptura probablemente sea tolerable y de breve duración. Es mejor verla como el costo principal que tenemos que pagar por incorporar nuevo conocimiento y posibilidades.

    2. Puede ser que ganemos nuevo entendimiento, comprensión y conocimiento sobre las cuestiones importantes que van más allá de las materias prácticas cotidianas y ordinarias. Un mensaje enciclopédico podría incluir astrofísica, el origen y la evolución del universo, cuestiones religiosas, el significado y el propósito de la vida. El mensaje podría incluir información detallada sobre la civilización que lo envía, que puede ser profundamente diferente a nosotros, y sobre sus filosofías y creencias. También podría incluir información similar sobre otras civilizaciones de nuestra galaxia. Incluso es posible que recibamos el cuerpo del conocimiento acumulado en los últimos mil millones de años, con contribuciones de docenas de civilizaciones extraterrestres de la galaxia. "Incluido en ese extenso cuerpo del conocimiento podría estar lo que llamaríamos una 'herencia galáctica': las historias naturales y sociales enteras de numerosos especies y planetas. También podrían estar incluidos, quizás, datos astrofísicos que se extiendan a incontables milenios atrás, proporcionando comprensión exacta del origen y el destino del universo" (Angelo, 1985, p. 23). ¿Qué clase de consecuencias tendría este contacto para nuestras ideas e instituciones religiosas? Un estudio histórico halló que varias religiones ya han incorporado la idea de la vida extraterrestre (Crowe, 1986). Aunque algunos predicadores pueden denunciar que determinado mensaje extraterrestre proviene del diablo o el Anticristo, otros lo recibirán con seguridad como una evidencia que reafirma la grandeza de Dios. La religión y la filosofía se pueden recibir un estímulo beneficioso del mensaje de una civilización avanzada.

    3. Ese extenso mensaje de una civilización extranjera ¿podría cambiar la opinión que tenemos de nosotros mismos, de nuestro lugar en el universo e incluso de nuestro destino? Puede ser que veamos un sentido mucho más profundo en nosotros mismos al sabernos parte de una vida inteligente y una cultura que se desarrolla en todo el universo. Michaud (1977, p. 20) precisó que "el contacto produciría una extensión de fronteras y desprovincialización. Sería un salto cuántico en nuestro conocimiento de entidades diferentes de nosotros mismos. Cambiaría nuestros criterios sobre qué es importante. Tendríamos que pensar con marcos de referencia interestelares, incluso galácticos... Dejaríamos la era de la historia de la Tierra y nos incorporaríamos en la era de la historia cósmica. Al implicar que tenemos un futuro cósmico, el contacto puede producir una vista más esperanzada del universo y de nuestro destino."

    4. Puede ser que desempeñemos un eventual papel en un proyecto galáctico común sobre arte, ciencia, filosofía o filantropía. Tal proyecto puede apuntar a solucionar los misterios fundamentales del universo, ayudar a otras civilizaciones a avanzar y prosperar, o a sembrar la vida inteligente armoniosa por la galaxia. Podríamos participar en este proyecto a través de mensajes de radio bidireccionales, a pesar del tiempo requerido para la comunicación ida-vuelta. Angelo (1985, p. 23) ha observado que el contacto "puede llevar al desarrollo de ramas del arte y de la ciencia que no puede emprender una civilización por sí sola, porque requieren la unión y participación de múltiples civilizaciones a través de distancias interestelares... Quizás la misma supervivencia y salvación de la raza humana depende de que estemos enrolados en un papel cósmico más grande. Un papel con mayor significado que el que un humano puede ahora imaginarse." También es posible que nuestra cultura resulte abrumada por una cultura extranjera avanzada. Pero debemos tener en cuenta que todos los ejemplos terrestres de contacto entre dos culturas han implicado más el contacto físico que los mensajes de radio. Además, los choques de culturas en nuestro planeta generalmente implicaron la extensión territorial de la cultura más fuerte. "Cuando el contacto ocurrió sin agresión, la cultura más débil a menudo ha sobrevivido e incluso ha prosperado" (Angelo, 1985, p. 27). Puede ser que adoptemos porciones de la cultura extranjera pero evitemos ser totalmente abrumados por ella.


    ¿Pueden la vida y la inteligencia sobrevivir por siempre?

    Si miramos bastante lejos en el futuro, podemos imaginar el fin de nuestro universo físico, por lo menos en cualquier forma que soporte vida humana como la conocemos. Podemos imaginar el universo expandiéndose para siempre, haciéndose más y más frío, hasta quedar finalmente congelado, quieto y estéril. Podemos imaginar que revierte su sentido y entonces se comprime, haciéndose más y más caliente, para terminar en el "Big Crunch" (Gran Compresión). ¿Pueden la vida y la inteligencia sobrevivir si el universo físico llega a cualquiera de estos dos destinos? La vida inteligente tendrá incontables miles de millones de años para avanzar y cambiar antes de que haya necesidad de ajustar los estados "terminales" del universo físico. En ese momento, por lo menos en algunas partes del universo, la vida inteligente puede haber progresado tanto que podría encontrar la forma de evitar el exterminio total de la vida, conocimiento, inteligencia y sabiduría. De hecho, Freeman Dyson (1979, 1988) y Michael Michaud (1982) ya han explorado algunas maneras de lograr esto. Podría ser que un enorme proyecto, cooperativo, galáctico o intergaláctico, pudiera encontrar un método de alterar el universo físico (o una porción de él) con un método masivo y de gran alcance que permitiera continuar la vida. Una segunda posibilidad es que la vida en sí misma cambie y se adapte de manera que permita continuar por siempre. Si es verdad "que la vida es organización más bien que sustancia, entonces tiene sentido imaginar la vida separada de la carne y de la sangre e incorporada en redes de circuito superconductor o a nubes interestelares del polvo" (Dyson, 1988, p. 107). Alternativamente, se puede encontrar una manera de continuar este universo en otro que exista de modo paralelo existente a él, o en uno subsecuente. Quizás lo mejor de nuestro conocimiento, inteligencia, sentido o vida pueda transferirse a ese otro universo.

    Como cierre a las ciento treinta y siete ecuaciones presentadas en su trabajo de 1979, Dyson concluyó en su libro de 1988 (p. 117) que ese trabajo científico provee una sólida base para la filosofía de la esperanza. "He encontrado un universo creciendo sin límite en riqueza y complejidad, un universo con vida sobreviviendo para siempre y haciéndose conocer con sus vecinos a través de abismos inimaginables de espacio y tiempo."

    Referencias

    Angelo, Joseph A., Jr. 1985. The extraterrestrial encyclopedia: Our search for life in outer space. New York: Facts on File.
    Calder, Nigel. 1983. Timescale: An atlas of the fourth dimension. New York: Viking.
    Chaisson, Eric. 1987. The life era: Cosmic selection and conscious evolution. New York: Atlantic Monthly Press.
    Clarke, Arthur C. 1982. 2010: Odyssey Two. New York: Ballantine.
    Crowe, Michael. 1986. The extraterrestrial life debate, 1750-1900: The idea of a plurality of worlds from Kant to Lowell. Cambridge: Cambridge University Press.
    Dick, Steven J. 1982. Plurality of worlds: The origins of the extraterrestrial life debate from Democritus to Kant. Cambridge: Cambridge University Press.
    Dick, Steven J. 1988. The biophysical cosmology: The place of SETI in the history of science. Paper presented at the Planetary Society SETI conference, Toronto, October. These ideas have now been expanded into a comprehensive 1996 book: The biological universe: The twentieth-century extraterrestrial life debate and the limits of science. Cambridge: Cambridge University Press.
    Dyson, Freeman J. 1979. Time without end: Physics and biology in an open universe. Reviews of Modern Physics 51 (3): 447-460.
    Dyson, Freeman J. 1988. Infinite in all directions. New York: Harper & Row.
    Finney, Ben. 1986. The impact of contact. Preprint of paper read at the International Astronautical Congress, Innsbruck, October.
    Harrison, Edward. 1981. Cosmology: The science of the universe. Cambridge: Cambridge University Press.
    Kuiper, T. B. H., and M. Morris. 1977. Searching for extraterrestrial civilizations. Science 196 (4290; May 6): 616-621.
    McDonough, Thomas R. 1987. The search for extraterrestrial life: Listening for life in the cosmos. New York: Wiley.
    Michaud, M. A. G. 1977. The consequences of contact. AIAA Student Journal, Winter 1977-1978: 18-23.
    Michaud, M. A. G. 1982. Towards a grand strategy for the species. Earth Oriented Applied Space Technology 2: 213-219.
    O'Neill, Gerard K. 1981. 2081: A hopeful view of the human future. New York: Simon & Schuster.
    Prytz, John. 1985. CETI: What are the benefits? Journal of the British Interplanetary Society 38: 524-526.
    Regis, Edward, Jr. 1985. SETI debunked. In Extraterrestrials: Science and alien intelligence, ed. Edward Regis, Jr., 231-244. Cambridge: Cambridge University Press.
    Ridpath, Ian. 1987. Messages from the stars: communication and contact with extraterrestrial life. New York: Harper & Row.
    Sagan, Carl. 1980. Cosmos. New York: Random House.
    Shapley, Harlow. 1963. The view from a distant star: Man's future in the universe. New York: Basic.
    Thatcher, M. 1978. Cosmic culture shock. Human Behavior 7 (10): 18-22.
    Tough, Allen. 1986. What role will extraterrestrials play in humanity's future? Interstellar Studies: Journal of the British Interplanetary Society 39: 491-498.
    Tough, Allen. 1988. The next steps: 20 possibilities. In Bioastronomy?The next steps: Proceedings of the 99th Colloquium of the International Astronomical Union held in Balaton, Hungary, June 22-27, 1987, ed. George Marx, 397-404. Dordrecht: Kluwer.
    Tough, Allen. 1990. A critical examination of factors that might encourage secrecy. Acta Astronautica 21 (2), 97-102.

    Traducido, adaptado y ampliado por Eduardo J. Carletti de
    © Nature News Service / Macmillan Magazines Ltd 2002
    ESA Portal - European Space Agency
    Artículo © Allen Tough



                

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