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22/Ene/06



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Los biochips entran en las consultas

Esta misma semana se hacían públicos los resultados de un estudio español que permite, a través de un biochip, mejorar los tratamientos y el pronóstico de las enfermedades inflamatorias intestinales. Pero ésta es sólo la punta del iceberg. La genética al servicio de la medicina es una realidad cada vez más palpable en la práctica clínica.

(ABC.es) - Poco a poco, sin hacer ruido, la genética al servicio de la medicina se ha abierto un hueco imprescindible en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades en nuestras consultas. Todavía estamos en los estadios embrionarios previos al uso de estas técnicas biomédicas, pero los pasos que se están dando son cada vez más firmes. Esta misma semana se conocían los datos preliminares de un estudio liderado por España, que ya ha cruzado fronteras para enfrentarse ahora a sendos procesos de validación en Europa y Estados Unidos. Se trata de un biochip, bautizado como «IBDchip», que permitirá predecir y actuar con más eficacia contra las enfermedades inflamatorias intestinales.

El nuevo chip de ADN identifica, con tan solo una gota de sangre, los 61 genes que más influencia tienen en el desarrollo de dolencias como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn. «Los resultados han sido excelentes y han sobrepasado todas las expectativas. La idea final es que este «IBDchip» sea una herramienta que, en manos del médico, le ayude a predecir la posible agresividad de la enfermedad, emitir un pronóstico más certero e incluso recetar un tratamiento más adaptado al perfil de cada enfermo», explica a ABC el doctor Miquel Sans, responsable científico del proyecto y miembro del Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínico de Barcelona.

Casi 600 pacientes

El estudio, puesto en marcha hace dos años, fue realizado con 579 pacientes de cuatro centros hospitalarios de nuestro país. Además, las prometedoras expectativas en la predicción del desarrollo y la evolución clínica podrían ampliar las miras para las que este instrumento fue concebido e incluso usarse para conocer quiénes son las personas con más riesgo de padecer este tipo de enfermedades intestinales, si bien esta función todavía no se ha evaluado. «Ahora, los procesos de validación, en los que el biochip será probado en más de 2.000 pacientes, nos van a dar la oportunidad de contrastar este buen sabor de boca que nos ha dejado la primera parte del experimento», asegura Sans.

Pero éste es sólo un ejemplo. En los últimos años, la aplicación de las tecnologías basadas en biochips ha permitido realizar grandes avances, con su correspondiente reflejo en el ámbito clínico. Ángel Zaballos es el responsable de la Unidad de Genómica Funcional del Departamento de Inmunología y Oncología, dependiente del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), y lleva tiempo enfrascado en los trabajos referentes a esta línea de investigación. «Estos biochips aplicados al diagnóstico y la prevención médica tienen ya una presencia muy destacada en la investigación del cáncer y las enfermedades infecciosas o cardiovasculares; todas las que tienen un fuerte componente genético», explica el investigador Ángel Zaballos.

En aproximadamente cuatro o cinco años, considera, estos estudios masivos de ADN «serán una realidad» dentro de nuestro Sistema Nacional de Salud. «Los análisis genéticos que se practican en la actualidad se hacen de forma absolutamente individualizada. Dentro de un tiempo, las consultas dispondrán de métodos más avanzados, en los que apenas sea necesario invertir tiempo. Podremos predecir más fácilmente la agresividad de la dolencia y definir de forma certera su tratamiento», comenta.

Del resto de biochips que se encuentran en una etapa avanzada en sus estudios clínicos correspondientes, Zaballos destaca los destinados a diagnosticar tumores de mama.

Sin embargo, también surge un interrogante sobre los límites éticos de la biomedicina. «Va a ser un debate inminente. La genética nos va a permitir saber si alguien va a desarrollar una enfermedad. Esa información, mal manejada, podría suponer un problema para la persona. Alguien tendrá que regular estos análisis», concluye Zaballos.

Aportado por Alejandro Alonso


            

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