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08/Feb/06



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Achicando la brecha entre el hombre y la máquina

Grupos de robots y bailarines sorprenderán y mantendrán en vilo a la audiencia en un importante centro mundial de la danza.

(The Age) - Se acabaron los bailarines colgados de cuerdas, el estilo de los 90, en el Teatro Australiano de Danza (ADT, Australian Dance Theatre) con base en Adelaide, Australia. Ahora llegan unas estructuras geométricas como torres, movedizas, que son una cruza de art decó con juegos de armar como el Lego, o sino pequeñas criaturas plateadas que se mueven como un enjambre por el escenario, arrastrándose sobre patas aracnoides.

Estas entidades mecánicas actuarán en el Festival de Arte de Adelaide que se realizará en marzo, solas o enlazadas con los cuerpos de los bailarines, como si fueran unas prótesis insectoides mutantes.

El director artístico del Teatro Australiano de Danza, Garry Stewart, y su colaborador en Devolution (el nombre del espectáculo), el franco canadiense Louis-Philippe Demers, han rechazado el cliché de Hollywood de "el hombre versus la máquina", con su visión de pequeños humanos que danzan ante máquinas brutales.

"Nuestros bailarines son absolutamente violentos", dice Stewart. "Su vocabulario es la antítesis de esa bondad, belleza y lirismo, de modo que, de muchas maneras, el movimiento de los bailarines se refiere a la angularidad y los ritmos de staccato de las máquinas; sin que los bailarines se vean como máquinas en el escenario. Hemos intentando crear una conexión coreográfica entre la maquinaria y los bailarines".

La "banda" de robots construidos para esta temporada de estreno mundial no son para nada humanoides.

"No se van a convertir en más personas", dice Demers respecto a sus robots. "De hecho, no veo la gracia de hacerlo. Siempre trato de lograr algo que se ve formal, abstracto o de base geométrica, pero cuando comienzan a moverse, llegan a ser absolutamente orgánicos. Es un poco como desafiar la noción de organismos vivos y no vivos".

Devolution es una de las primeras grandes colaboraciones entre bailarines y robots y es la culminación de una idea que se le ocurrió a Stewart cuando vio los robots de Demers en Europa.

Demers, que ha creado más de 175 máquinas, es un diseñador independiente que se especializa en las máquinas como medio. Con base en Alemania, ha llevado a cabo numerosas instalaciones y performances robóticas europeas y, el año pasado, hizo una operetta en Lille, mezclando música con abstractos ángeles y demonios robóticos. Él ya ha incluido robots en performances de danza, pero nunca colaboró en una obra en la que se movieran juntos robots y bailarines. A veces, para lograr que las máquinas imiten los movimientos orgánicos de los humanos, la programación se hace compleja y tediosa.

Algunos de estos robots son los más grandes que Demers ha tenido que construir, y tienen una enorme presencia escénica, moviéndose precariamente de una manera intimidante.

"Se registra siempre como un acto violento", dice Demers respecto del impacto que produce una máquina grande o ruidosa. "Cuando uno comienza a mezclarse con ellas en una casa, se aparta siempre a un lado. Hay algo en estos objetos que hace que uno convierta la acción en algo antropomorfo".

Aportado por Eduardo J. Carletti


            

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