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08/Ago/06



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Importante distinción a una científica argentina

Marina Umaschi Bers estudia el impacto de las nuevas tecnologías en el desarrollo infantil. Acaba de recibir el más alto honor otorgado por el gobierno norteamericano a científicos jóvenes.

(La Nación) - Cuando, hace doce años, Marina Umaschi Bers dejó su hogar en La Plata para estudiar en los Estados Unidos —con Seymour Papert, Sherry Turkle y otras célebres figuras que estaban comenzando a analizar las relaciones de los chicos con las nuevas tecnologías—, ni en sus más desatadas fantasías debe haber soñado lo que ocurrió el último jueves de julio: recibió, de manos de George Bush, el más alto honor otorgado por el gobierno norteamericano a científicos e ingenieros sobresalientes al comienzo de sus carreras, el 2005 Presidential Early Career Award for Scientists and Engineers, distinción destinada a un selecto grupo de doce jóvenes investigadores.

"Este premio es, para mí, el reconocimiento de cuatro cosas —dijo en esa ocasión—: que las mujeres podemos hacer buena ciencia; que las mujeres podemos ser esposas y madres de tres niños pequeños y todavía hacer buena ciencia; que los inmigrantes latinoamericanos pueden hacer una carrera y contribuir a su propia disciplina y a la sociedad... aunque su acento nunca los abandone, y que nada de lo anterior puede hacerse solo, sino con la ayuda y respaldo de muchos maravillosos colegas, estudiantes, amigos y... por supuesto, de la familia."

Hija del profesor y juez Héctor Umaschi, Marina fue una de las primeras egresadas de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, donde como ayudante de Alejandro Piscitelli comenzó a interesarse en las complejidades de la interacción hombre-máquina.

"A los 21, trabajaba a la mañana en la revista Uno Mismo y a la noche estudiaba en la UBA —cuenta, desde su casa en Arlington, donde vive con su marido y sus tres hijos de seis, tres y medio, y un año y medio—. Por esa época le hice una entrevista por correo electrónico a Papert y me fascinó."

Con la meta de estudiar con los pioneros del Media Lab, Umaschi Bers hizo primero en tiempo récord un máster en la Universidad de Boston y adquirió como pudo las destrezas técnicas imprescindibles para ser aceptada en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

"Me costó mucho. De programación sabía poco —recuerda—. De inteligencia artificial sabía la parte teórica, pero no la práctica. En realidad, no sabía nada... Por otro lado, mi inglés no era muy bueno... Pero lo que sí sabía era pensar, que es lo que te enseña la UBA, te da una formación crítica. Porque en el MIT nadie se sentaba con vos a enseñarte, era todo muy competitivo. Los primeros dos años fueron muy difíciles; después conocí a mi marido y me ayudó mucho."

Tras su doctorado en el MIT, Umaschi Bers se volcó a investigar cómo los entornos virtuales pueden promover el desarrollo en chicos hospitalizados.

"Primero, creé un lenguaje para que los chicos programaran un robot de peluche y, mientras trabajaba durante un verano en Mitsubishi, me propusieron usarlo en chicos que iban a someterse a un trasplante de corazón —cuenta—. Para mi tesis desarrollé un mundo virtual que se llama Zora, en el que muchos chicos se pueden conectar para crear una ciudad virtual. Lo empleamos en el Hospital de Boston para los pacientes que tienen que someterse a una diálisis y pasan doce horas acostados sin siquiera poder hablar con los que están en las otras camas de la sala."

Zora es un mundo virtual tridimensional que ofrece a los chicos las herramientas para crear, chatear, navegar y habitar una ciudad gráfica virtual y poblarla de objetos, cuartos e historias. Los chicos pueden hacer personajes para representarse a sí mismos y desarrollar los correspondientes perfiles que especifican héroes y villanos personales, valores y biografías. Varios usuarios pueden interactuar y comunicarse entre sí en tiempo real a través de un sistema de chat.

Ya en la Universidad Tufts, y con un subsidio quinquenal de la National Science Foundation, Umaschi Bers y sus estudiantes del grupo de Tecnologías del Desarrollo están investigando si estos "ambientes de construcción de la identidad" pueden ayudar a los pequeños pacientes en su desarrollo personal y social, tanto como en su adherencia al tratamiento y estrategias de adaptación.

Dice Umaschi Bers: "Me interesa estudiar qué es lo que los chicos pueden hacer con las máquinas, más desde el punto de vista del contexto, desde lo antropológico, que desde lo técnico. Muchas cosas funcionan en el laboratorio, pero cuando las llevás a una escuela no andan porque el contexto es muy poderoso. Por ejemplo, si las enfermeras hubieran sentido que Zora interfería en su rutina no lo hubieran usado. El sistema tenía que integrarse al hospital".

Y concluye: "Los críticos de la computación son usuarios poco sofisticados de la tecnología. El modelo no debería ser la TV, sino el libro. Tal como un padre se sienta con su hijo para leerle una historia, tendría que sentarse para usar la computadora, no con programas de gratificación instantánea, como los jueguitos, sino con desafíos más estimulantes. El problema no es la tecnología, sino la sociedad".

Aportado por Eduardo J. Carletti


            

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