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01/Sep/06



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Los agujeros negros de mayor tamaño inhiben la formación estelar

Los agujeros negros supermasivos de algunas galaxias gigantes crean un entorno tan hostil que impiden la formación de nuevas estrellas, indican los resultados del satélite Galaxy Evolution Explorer de la NASA publicados en el número del 24 de agosto de la revista Nature.

(FyS) - El observatorio orbital exploró más de 800 galaxias elípticas de varios tamaños en las cercanías. De este registro surgió un intrigante patrón: cuanto más masiva la galaxia menos probabilidades hay de encontrar estrellas jóvenes en ella. Dado que se sabe que las galaxias grandes alojan grandes agujeros negros, los astrónomos creen que los responsable de la ausencia de estrellas jóvenes son estos agujeros negros de gran tamaño.

"Los agujeros negros supermasivos de esas galaxias gigantes producen lugares poco propicios para la formación de estrellas", dice el Dr. Sukyoung K. Yi, de la Universidad de Yonsei en Seúl, Corea del Sur, que dirige el equipo de investigación. "Si se quiere encontrar grandes cantidades de estrellas jóvenes, hay que mirar en las galaxias más pequeñas".

Anteriormente, los científicos habían predicho que los agujeros negros podrían ser problemáticos para el nacimiento de estrellas, pero no tenían los elementos necesarios para comprobar la teoría. El Galaxy Evolution Explorer, lanzado en 2003, está bien equipado para este tipo de investigación. Es extremadamente sensible a la radiación ultravioleta que emiten, incluso, bajas cantidades de estrellas jóvenes. Los agujeros negros son monstruosos amontonamientos de densa materia que se ubica en el centro de las galaxias. A través del tiempo, un agujero negro y su galaxia huésped crecen de tamaño, pero no siempre al mismo ritmo.

Yi y sus colaboradores encontraron evidencias de que los agujeros negros de las galaxias elípticas tienen que alcanzar cierta masa crítica antes de paralizar la formación de estrellas. En otras palabras, una vez que un agujero negro alcanza cierto tamaño con relación a su galaxia huésped, sus efectos perjudiciales llegan a ser lo suficientemente grandes como para que se formen nuevas estrellas. Según esta teoría de la "realimentación", el crecimiento de un agujero negro ralentiza el desarrollo no sólo de las estrellas, sino de toda la galaxia.

¿Cómo produce eso un agujero negro? Hay dos posibilidades. Primero, que los chorros que salen disparados de los agujeros negros puedan expulsar gas —el combustible a partir del que se forman las estrellas— desde centro de la galaxia, donde es más habitual que se creen estrellas. La segunda teoría está relacionada con el hecho de que los agujeros negros atraen el gas circundante hacia ellos, lo que calienta el gas. El gas llega a calentarse tanto que no puede agruparse y colapsar para formar estrellas.

Otros autores de esta investigación son: los Drs. Kevin Schawinski, Sadegh Khochfar y Sugata Kaviraj de la Universidad de Oxford, Inglaterra; el Dr. Young-Wook Lee de la Universidad Yonsei en Seúl, Corea del Sur; los Drs. Alessandro Boselli, Jose Donas y Bruno Milliard del Laboratorio de Astrofísica de Marsella, Francia; Tim Conrow, los Drs. Tom Barlow, Tim, Karl Forster, Peter G. Friedman, D. Chris Martin, Patrick Morrissey, Mark Seibert, Todd Small, Ted K. Wyder del Instituto Tecnológico de California en Pasadena, EEUU; la Dra. Susan Neff del centro de vuelos espaciales Goddard de la NASA, en Greenbelt, Maryland, EEUU; el Dr. David Schiminovich de la Universidad de Columbia, N.Y.; los Drs. Tim Heckman, Alex Szalay y Luciana Bianchi de la Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Md.; el Dr, Barry Madore de los Observatorios del Instituto Carnegie de Washington en Pasadena; y el Dr. R. Michael Rich de la Universidad de California, Los Angeles.

El Instituto Tecnológico de California en Pasadena, California, dirige la misión del Galaxy Evolution Explorer y es responsable de las operaciones científicas y el análisis de datos. El Jet Propulsion Laboratory de la NASA, también en Pasadena, dirige la misión y construyó el instrumental científico. La misión fue desarrollada bajo el Programa Explorers de la NASA, dirigido por el centro de vuelos espaciales Goddard, en Greenbelt, Md. Investigadores de Corea del Sur y Francia colaboran en esta misión.

Aportado por Eduardo J. Carletti

Más información:
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