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07/feb/02




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¿El fin del embarazo humano?

En esta columna de opinión escrita por el economista y especialista en biotecnología Jeremy Rifkin (aparecida en Clarín del 6/2/2002), se plantea el futuro del embarazo humano a partir de la existencia de úteros artificiales: una fantasía de la CF que está a pasos de ser una realidad. Rifkin reflexiona sobre las implicancias éticas, científicas y sociales, y compara este futuro con la novela "Un mundo feliz". Asegura que los úteros artificiales son la "próxima bomba biológica"

"El útero es un lugar oscuro y peligroso, un medio ambiente lleno de riesgos", escribió hace 25 años el extinto Joseph Fletcher, profesor de ética médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia. "Querríamos que nuestros posibles hijos estuvieran donde pudieran ser vigilados y protegidos lo más posible", dijo Fletcher.

Estas palabras me vinieron a la memoria en las últimas semanas cuando se habló de la perspectiva de clonar seres humanos y utilizar células germinales embrionarias para crear órganos específicos con el fin de curar o aliviar enfermedades.

Pero, bajo las alas, aguarda otra bomba biológica, un arma que modificaría para siempre nuestro concepto de vida humana: la posibilidad de un útero artificial, de modo que, teóricamente, los bebés del mañana podrían desarrollarse en laboratorios.

Pero la perspectiva de un útero artificial plantea preguntas inquietantes. Un ejemplo: sabemos que el feto en desarrollo responde a los latidos del corazón de la madre, sus emociones, sus estados de ánimo y sus movimientos. ¿Qué clase de niño produciríamos en un medio líquido contenido en una caja de plástico? ¿Nos arriesgaríamos a producir seres emocionalmente incapaces de conectarse y ser plenamente humanos?

Estas y otras preguntas éticas de importancia práctica deben ser respondidas antes de que la ciencia avance a favor o en contra de nuestra voluntad. No obstante, quizá no haya forma de detenerla.

Hace algunas semanas, un equipo de científicos de la Universidad Cornell anunció que había tenido éxito en crear un revestimiento uterino artificial empleando un cóctel de drogas y hormonas.

El objetivo de la investigación, encabezada por el doctor Hung Chiung Liu del Centro de Medicina Reproductiva y Esterilidad, es ayudar a las parejas infértiles a través de la creación de un útero completo que podría ser transplantado a una mujer.

Del otro lado del mundo, en un pequeño laboratorio de investigación de la Universidad Juntendou de Tokio, Yosinori Kuwabara y sus colegas están desarrollando el primer útero artificial operativo —un tanque de plástico transparente del tamaño de una canasta de pan, lleno de líquido amniótico a temperatura corporal—.

En los últimos años, Kuwabara y su equipo han logrado mantener fetos de cabra en crecimiento durante un máximo de diez días en este útero al conectar los cordones umbilicales de las cabras a máquinas que actúan como placentas, bombeando sangre, oxígeno y nutrientes y extrayendo productos de desecho.

Aunque el útero plástico recién está en desarrollo, Kuwabara prevé que un útero artificial totalmente operativo y capaz de gestar un feto humano podría convertirse en realidad en menos de seis años.

Otros científicos sostienen que probablemente seamos testigos de un uso masivo del útero artificial para cuando los bebés de hoy sean padres.

Los úteros artificiales seguramente serán usados primero en los casos en que la madre ya no puede albergar al niño o en los que el feto necesita ser atendido en un medio donde se lo pueda monitorear con facilidad.

Ya somos capaces de mantener fetos con vida en incubadoras durante los últimos tres meses de gestación. Y los investigadores regularmente fertilizan óvulos y mantienen vivos a los embriones in vitro durante tres o cuatro días antes de implantarlos en el útero de una mujer.

Los científicos como Kuwabara intentan cubrir el lapso que se extiende entre el comienzo y el fin del proceso de gestación —período crítico durante el cual el feto desarrolla la mayor parte de sus órganos—.

Eventualmente, la capacidad de cultivar un feto en un útero totalmente artificial facilitaría hacer correcciones y modificaciones genéticas, creando así "bebés diseñados".

El útero artificial hasta podría convertirse en el medio preferido de producir un hijo. Las mujeres jóvenes podrían hacerse extraer óvulos cuando éstos son más viables.

Lo mismo vale para el esperma de los hombres. De este modo, la paternidad se transformaría en una opción en cualquier momento gracias al uso de probetas y úteros artificiales.

Las madres podrían así ahorrarse los rigores e incomodidades del embarazo y llevar a casa sus bebés una vez "hechos".

¿Suena rebuscado? Ya se han utilizado los úteros de miles de madres sustitutas para gestar los embriones fertilizados de otra persona. El útero artificial parece ser el siguiente paso lógico en un proceso que ha alejado cada vez más la reproducción de la maternidad tradicional para convertirla en un proceso comercial concebido en un laboratorio.

¿Cómo era tener una mamá?

¿Se acuerdan de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, en donde la gente "normal" era genéticamente diseñada, clonada y gestada en úteros artificiales, un proceso de línea de montaje que producía genotipos ideales?

En la novela de Huxley, Mustapha Mond, uno de los diez "controladores" mundiales de esta civilización utópica, le pide a uno de sus jóvenes protegidos que trate de imaginar "cómo era tener una madre vivípara" —la que lleva el feto en su útero—. Sólo los salvajes que viven en remotas reservaciones alejados de la vida civilizada siguen gestando sus propios bebés y amamantándolos después del nacimiento. La práctica se consideraba algo que sólo hacían los animales.

Cuando Huxley escribió esta novela, en 1932, la píldora anticonceptiva todavía no había entrado en escena. La píldora revolucionó las relaciones sexuales, alejándolas del proceso de reproducción.

La inseminación artificial, la fertilización in vitro, la donación de óvulos, las madres sustitutas y pronto la clonación continúan separando los componentes de la reproducción del acto biológico de aparearse. El útero artificial completa el proceso.

Suponiendo que haya un fin para el embarazo humano, ¿cómo incidirá esto en el concepto de responsabilidad de los padres? ¿Los padres se sentirán menos apegados a su descendencia y llegarán a pensar en un bebé más como un objeto que como una prolongación de su ser? ¿Seguirá habiendo un sentido de continuidad generacional, tan esencial para mantener la continuidad histórica y la vida civilizada?

¿De qué manera influirá el fin del embarazo en la forma en que pensamos el género y el papel de la mujer?

Hace años, la escritora feminista Shulamith Firestone escribió con entusiasmo sobre la perspectiva de un útero artificial: "El embarazo es la deformación temporaria del cuerpo del individuo en bien de la especie. Es más, el parto duele y no es bueno. Como mínimo, el desarrollar una opción debería hacer posible un análisis honesto del antiguo valor de la maternidad".

Otras feministas consideran que el útero artificial significa la marginación definitiva de la mujer, al quitarle el papel fundamental de progenitora de la especie. El útero artificial, sostienen, se convierte en la expresión más esencial del dominio masculino, un sustituto mecánico del útero femenino sometido a normas de ingeniería y controles de calidad.

Munidos del útero artificial, tecnología de clonación asexual y células germinales para producir todos los órganos que necesiten, los hombres podrían liberarse, de una vez por todas, de su dependencia de las mujeres.

Ya sea que esto se convierta en realidad o no, el útero artificial representa la consumación de un proceso histórico más largo que comenzó hace casi 400 años en los albores de la Edad Científica.

Fue Francis Bacon, padre de la ciencia moderna, quien se refirió a la Madre Naturaleza diciendo que era "una vulgar ramera". Instó a las futuras generaciones a "domesticarla", "presionarla", "moldearla" y "acomodarla" para que "el hombre se convierta en su amo y en el soberano indiscutido del mundo natural".

Sin duda, para algunos el útero artificial será el triunfo final de la ciencia moderna. Para otros, la máxima locura humana.

Algunos se consuelan pensando que el útero artificial todavía es un lejano horizonte. Cinco años atrás, decíamos lo mismo de la clonación humana y el uso de células germinales para producir órganos.

Fuente: (Clarín y Los Angeles Times, por Jeremy Rifkin) - Aportado por Alejandro Alonso

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