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Mientras cientos de telescopios y observadores prestaban atención, una misión de la NASA para buscar agua en la Luna logró su gran final con un par de impactos de alta velocidad en la superficie lunar, pero, curiosamente, hubo poco que ver

Nada que ver aquí. El impacto debió a ocurrir a la izquierda del gran cráter que se muestra en esta imagen, pero curiosamente hubo poco que ver (Foto: NASA)

En el Centro de Investigación Ames, cerca de Palo Alto, California, los científicos e ingenieros en el Lunar Crater Observation and Sensing Satellite (LCROSS) estaban concentrados y en silencio cuando las sucesivas imágenes del cráter Cabeus se hicieron más grandes en sus pantallas. Poco despues de las 4:31 am hora del Pacífico no hubo un flash testigo para ver de la esperada colisión de un impulsor cohete de 2.366 kilogramos en el cráter permanentemente en sombra, que se encuentra cerca del polo sur de la Luna.

LCROSS, que estaba siguiendo al cohete impulsor y lo orientaba, puso sus cámaras visuales y de infrarrojo sobre el lugar del impacto 4 minutos antes de sumergirse también en el cráter. En los últimos segundos antes de que se perdiera las señal de LCROSS, los controladores de la misión anunciaron la detección de la señal de calor que llegaba del impacto del cohete.

Según Michael Bicay, director de ciencia en Ames, hay al menos dos escenarios posibles que podrían explicar lo que pasó. La primera es que la «ganancia» de las cámaras no se estableció correctamente para retratar el penacho de restos. La información se podría revelar más adelante, si los datos se muestran de manera diferente.

«Podría significarí que tuvimos el contraste equivocado», dice Bicay. «Eso es lo que estoy esperando».

«Un poco decepcionado»

El peor escenario sería que el cohete cayó en un lugar con piedras sueltas, un suelo de grava. En ese caso, la pluma de desechos podría no haber alcanzado la altitud de 1,5 kilómetros necesaria para capturar la luz del Sol y ser avistada por LCROSS. La pluma debería haber subido a 2,5 a 3 kilómetros para que la pudiesen ver los telescopios de la Tierra. Se esperaba una alta pluma de 10 kilómetros de alto.

El impacto fue supervisado también por el Telescopio Espacial Hubble y por telescopios terrestres, incluidos los observatorios Keck y Gemini Norte en Mauna Kea, Hawaii, que todavía tienen que informar lo que vieron.

«Creo que todos estamos un poco decepcionados de no haber visto nada», le dujo David Morrison, director de la NASA Lunar Science Institute, a New Scientist. «Pero aún no hemos visto el 90 por ciento de los datos».

El resultado de hoy, probablemente será recordado como uno de los eventos decepcionantes en la historia de la NASA en los aterrizajes en cuerpos extraterrestres. No fue un error catastrófico, como la pérdida de la Mars Polar Lander en 1999, ni un éxito eufórico, como la colisión espectacular de 2005 de la misión Deep Impact con el Cometa Tempel 1. Y sin embargo, la nave no produjo la vista que los científicos y espectadores estaban esperando. Los funcionarios al principio no parecían seguros sobre cómo debían reaccionar. «Es difícil decir lo que hemos visto», dijo Bicay en la televisión de la NASA en vivo.

Cerca de allí, decenas de visitantes con sus ojos llorosos, que se habían reunido durante la noche fuera del control de la misión en Ames, observaron los sucesos en una pantalla gigante al aire libre. Entretanto, los grandes observatorios y astrónomos aficionados rastreaban afanosamente sus imágenes de la Luna en un esfuerzo para capturar el brillo de los desechos.

En aquel cráter

LCROSS fue diseñado para buscar señales de agua y otras moléculas, ya que voló por la pluma de desechos del impacto del cohete. También debería haber ejecutado un giro lateral 1 minuto antes de su propio impacto para observar los componentes moleculares del impacto iluminados por el sol.

La gran pregunta es: ¿hay cantidades significativas de hielo de agua en la Luna? El mes pasado, las mediciones de tres naves espaciales confirmaron que hay agua en el suelo lunar, aunque las cantidades detectadas fueron relativamente pequeñas.

Pero los cráteres oscuros como el Cabeus podrían actuar como trampas frías, captando el agua que se libera cuando los cometas golpean la Luna. Los datos de la misión Lunar Prospector, que voló en la década de 1990, indicaron una alta concentración de hidrógeno en Cabeus.

«Hay hidrógeno en ese cráter, y queremos cavar parte de él», dijo Anthony Colaprete, investigador principal de LCROSS.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti


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