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10/Mar/04




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Entrevista con el escritor Rafael Pinedo

A primera vista, Rafael Pinedo parece un tipo afable y sencillo que ya bordea los cincuenta, pero que aún mantiene su espíritu joven. Quien lo viera sentado a una mesa del bar situado en la esquina de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón (en la Ciudad de Buenos Aires) seguramente no adivinará su perfil de profesional de la informática, o sus vocación de actor "off-off", y mucho menos que, detrás de esa facha "de entre casa", se esconde el ganador el Premio Casa de las Américas de novela en 2002.

Tal vez, Rafa —como gusta que lo llamen— no termine de creerse esto de ser un autor premiado en Cuba (más precisamente por su novela Plop), que comparte el podio con otros argentinos reconocidos como David Viñas (1967) o Haroldo Conti (1975). De hecho, forma parte de una extensa lista de escritores argentinos galardonados por el Casa de las Américas en el género novela, cuyo último exponente fue Paola Cristina Yannielli, también argentina (por La hermana - Una novela sobre la vida de Emily Dickinson) en 2003.

Rafael Pinedo "Empecé a escribir desde muy chico, como algo natural que surgía de mi desaforada manía de leer todo lo que me caía entre las manos —cuenta Pinedo—. A los diecisiete o dieciocho años quemé todo y no volví a producir una línea hasta los cuarenta, momento en que, para acompañar a un amigo en crisis, fui a un taller de escritura con Ana Jusid. Para ser precisos, había escrito un cuentito un poco antes, para una tía que se estaba quedando ciega y me propuso que nos contáramos cuentos. Lo que nunca hice fue parar de leer como loco, sobre todo ficción."

 Además del premio por su novela en 2002, Rafael Pinedo —padre de dos hijos de cinco y siete años— obtuvo en el 2000 una mención en el VI Concurso Nacional de Poesía y Cuento "Río de la Plata". Admite que su experiencia con talleres literarios fue variada: "Hay de todo, algunos fueron, como el de Ana, disparadores. Otros fueron inútiles. Pero básicamente lo más importante es que en ellos aprendí a corregir. Y me ponen en la obligación de producir. De hecho estoy pensando en retomar. Creo que es una muy buena experiencia; el tema, como siempre, es no obnubilarse, creer en el maestro (o la maestra), y buscar a alguien que sea buen lector, más que buen escritor. El riesgo es que se adopte el estilo del coordinador".

—¿Cuándo y por qué surgió Plop?

—La novela surge de un par de imágenes que me aparecieron y se combinaron: la de una persona que está en el fondo de un pozo (el primer título era Desde el fondo) y ve como lo van tapando de tierra, y la de una mujer que pare un hijo caminando. Para darles coherencia tuve que armar todo un mundo. No tengo idea por qué. El primer texto es de septiembre de 1997. Cuando la novela ganó el premio, en enero de 2002, la estaba por reescribir completa.

—¿Por qué es tan descarnada? ¿Fue premeditado o te condicionaba el ambiente?

—Las imágenes generatrices eran descarnadas: una realidad en la que una mujer puede parir caminando no da para situaciones agradables. El resto fue surgiendo a partir de la intención de generar una sociedad coherente, para lo que tuve que leer bastantes libros de antropología (básicamente Malinovsky).

—Elegiste relatarla por tramos, como si fueran postales, ¿por qué?

—Porque Plop recuerda su vida con cada palada de tierra que le cae encima, y cada palada es una imagen. Esta respuesta es muy elegante, pero en realidad el origen es mucho más práctico: como no tenía experiencia en novela me propuse hacer una serie de cuentos enganchados.

—¿Cuánto tiempo de taller tuvo, qué cosas ajustaste?

—Caí con la novela armada en un sesenta o setenta por ciento al taller de Marcelo Birmajer. La fui redondeando allí. El mayor aporte de Marcelo fue marcar cuando estaba abriendo juicio, u opinando, sobre la situación. Su otro gran mérito es, además, no haber aportado una sola línea en el contenido ni en el estilo. Supo destrabar y aportar sin imponer su propia marca, respetando mi voz. Creo que ese es el mejor mérito de un coordinador de taller.

—¿Contáme las circunstancias que te llevaron a presentarla en el Casa de las Américas?

—De puro cararrota. Nunca pensé que podía ganar un premio al que, prejuiciosamente, consideraba orientado a la literatura "latinoamericana". Fue un lance. El "no" ya lo tenía.

—Sé que viajaste a Cuba a propósito del premio, ¿podrías contarnos cómo te fue, a quiénes viste, cómo te recibieron?

—Andy Warhol decía que todo el mundo debía tener sus quince minutos de gloria. Esos fueron mis siete días... Me trataron como si fuera Hemingway redivivo. Compartí esa semana con el jurado del premio 2003 y, por supuesto, con la gente de Casa de las Américas.

"Es increíble el clima de amistad, apertura y generosidad —agrega Pinedo—. Me llamaba mucho la atención la diferencia con cierta mezquindad y competencia que se ve en el medio local. Pude charlar con gente muy importante, y todos con un trato amplio y cordial. Los jurados del premio 2003, todos con unas trayectorias impresionantes, me daban consejos sobre cómo editar, me pasaban contactos, compartían su experiencia conmigo con absoluta generosidad. La gente de Casa me hizo sentir, desde el presidente al último cadete, como un amigo."

Para Pinedo, resulta notable la falta de información que tenemos sobre lo que pasa en el resto de Latinoamérica. "Entre ellos se conocían todos, tenían amigos comunes. Los que estábamos más aislados éramos los argentinos (Eduardo Sguiglia, jurado de la edición 2003; Carlos Marianidis, premiado, y yo), salvo Miguel Bonasso, premiado y jurado, quizás porque vivió mucho tiempo exilado en México".

El jurado que evaluó la novela de Pinedo, incluyó a Alberto Jesús Laiseca, Alexis Díaz Pimienta, Edmundo Paz Soldán, Ignacio Fernando Padilla Suárez y a Jorge Humberto Franco Ramos.

—Dado que Plop se ubica en una civilización post apocalíptica, la pregunta parece cantada: ¿Creés que existe algo llamado "CF Argentina" o preferís no pensar en las etiquetas?

—No me encantan las etiquetas, pero en algunos casos sirven para que la gente se junte, además de para que las editoriales encasillen. Creo que existe en la Argentina un movimiento que puede llamarse CF. Que es una gran bolsa de gatos donde van a parar los que no hacen una literatura "tradicional, más cercana a cierto realismo o naturalismo (no se si mi propio rótulo es feliz). Me gusta la definición de Pablo Capanna de "literatura conjetural".

[En un ensayo incluido dentro de la antología de cuentos Ciencia Ficción Argentina (Aude Ediciones, 1990), Pablo Capanna comenta que fue el estudioso francés Pierre Versins quien aludió a la CF como CORA (por conjetura racional) y que luego Jorge Luis Borges habló de "literaturas conjeturales".]

—¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

Estoy terminando otra novela, creí que ya estaba y me di cuenta de que le faltaba mucho, no tengo plazo para terminarla.

Entrevista: Alejandro Alonso para Axxón y Garrafex News.

Más información:
Libros recibidos: Plop, de Rafael Pinedo


            

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