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12/Ago/05

Personas con daño cerebral podrían tomar decisiones económicas más ventajosas

Lo sostiene un nuevo estudio que relaciona el mundo de las inversiones con las emociones, basado en una nueva disciplina llamada neuroeconomía.

(Clarín) - Según Antoine Bechara, profesor de neurología de la Universidad de Iowa, un daño en la capacidad de experimentar emociones que nuble la razón puede abolir, por ejemplo, el miedo al riesgo. "Hemos estudiado un caso específico en el cual la emoción desempeñó un papel negativo", explicó Bechara desde los EE.UU.

El estudio de Bechara —publicado en el boletín Psychological Science— fue llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon , la Escuela de Graduados de Standford y la Universidad de Iowa. La tesis es que, bajo ciertas circunstancias, aquellos que tienen dañada su capacidad para experimentar emociones podrían tomar mejores decisiones financieras que personas sanas. Sin embargo, Bechara se ocupa de dejar las cosas claras: "Los pacientes con los mejores resultados estaban realmente quebrados y en ruina financiera en la vida real porque permitieron que la gente se aprovechara de ellos, y también realizaron algunas inversiones absurdas (contra el consejo de parientes y amigos) que condujo a consecuencias negativas, todas debido a su carencia de emociones".

Investigaciones como la de Bechara forman parte de la neuroeconomía, una disciplina todavía en pañales que explica, por ejemplo, la influencia de la química cerebral en fenómenos de mercado, como la manía por las burbujas financieras o el pánico de los inversionistas. En síntesis, resulta de la cruza de especialidades tan diferente como neurología, economía y psicología .

"La neuroeconomía usa técnicas cognitivas y de imágenes para entender qué pasa con la emoción y el cerebro en la toma de decisión económica. Los economistas dicen que es un proceso racional. Nosotros decimos que la emoción juega un rol importante", explica Facundo Manes profesor de Neurociencias Cognitivas de la Universidad Católica Argentina UCA.

Los investigadores propusieron un juego bursátil a 15 personas, todas con algún daño cerebral, todas con coeficiente intelectual normal, todas con las áreas de sus cerebros responsables de la lógica y el razonamiento cognitivo intactas. Y ahí está la clave, porque la lesión estaba ubicada en la región del cerebro que controla las emociones o la posibilidad de experimentar sentimientos como el temor o la ansiedad.

Manes defiende la tesis de Bechara. "Si tenemos que racionalizar cada toma de decisión tardaríamos una vida. Cuando se toma una decisión, no hay tiempo de racionalizar cada opción. Se decide en base a experiencias y emociones previas. La experiencia crea marcas somáticas, emocionales. Y en base a eso, uno decide sin racionalizar, decide por la emoción", dice el especialista argentino, que en pocos meses abrirá su propio Instituto de Neurología cognitiva.

Como vimos, la falta de respuesta emocional dio ventajas a la hora de contar billetes en el juego de inversiones, pero Bechara no menosprecia la emoción como parte del proceso. Para él, un tema crucial de la investigación es reconocer cuándo las emociones son buenas y cuándo malas. No se trata de confiar o no en ellas como árbitro necesario de buenas y malas decisiones, sino de descubrir en qué circunstancias las emociones pueden ser útiles o no, y usar la relación entre las circunstancias y emociones como guía para el comportamiento humano.

"La teoría de los brokers es que cuando van perdiendo siguen apostando, mientras que la gente normal se asusta. Aún en la adversidad, ellos creen que hay que seguir apostando para ganar. No tienen miedo y, al final, ganan", explicó Manes, quien sigue de cerca el trabajo de Bechara.

Aunque la neuroeconomía es una disciplina en desarrollo, hay varios estudios que demuestran la influencia del componente emocional en la toma de una decisión de negocios. La neuroeconomía tiene su antecedente en la "economía del comportamiento" y acá hablamos de palabras mayores porque esta tendencia ya tiene un par de premios Nobel en su haber como Daniel Kahneman o Gary Becker.

Kahneman, que ganó el Nobel de Economía en 2002, trabajó con neurocientíficos como Peter Shizgal en la Universidad de Concordia, Montreal. En uno de los estudios utilizaron juegos de apuestas y técnicas de imagen cerebral para observar qué partes del cerebro se activaban cuando las personas anticipaban una ganancia. Ellos encontraron que las recompensas económicas desataban la misma actividad cerebral que un sabor agradable, música placentera o incluso drogas adictivas.

Aunque los neurólogos y los economistas ya comenzaron a acumular evidencia, los psicólogos argentinos no suman optimismo con esta línea de investigación.

Algunos ejemplos: Pablo Slemenson, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Apdeba), dijo: "Estos estudios parten del supuesto equivocado de que todas las personas tienen acceso a la misma información y su distribución no es homogénea. Por otro lado, las decisiones están condicionadas por la historia personal y eso tampoco es tenido en cuenta".

Por su parte, Hugo Pisanelli, presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA), agregó que "las decisiones son la puesta en acto de ideas, que pueden producir emociones pero la falta de éstas es igualmente peligrosa. No es una ventaja la falta de emociones para tomar decisiones".

Para terminar, Juan Manuel Bulacio, director de ICCAP, mostró cierta cautela al decir que "si la escala de valores estuviera lo suficientemente alterada para poder tomar decisiones económicamente favorables a cualquier costo, eso sí sería una 'psicopatía funcional'. Esto es posible que esté muy difundido cuando la cultura lo permite".

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