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22/Abr/07



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Publicaciones recibidas: "La máquina diferencial", de Gibson y Sterling

Un clásico del steampunk, que nació de la minuciosa colaboración entre William Gibson y Bruce Sterling, y que ahora puede ser leído en español.

Título: La máquina diferencial
Título original: The Difference Engine
Autores: William Gibson y Bruce Sterling
Traducción: Carlos Lacasa Martín
Editorial: La Factoría de Ideas
Colección: Solares Ficción n°84
Madrid, 2006
Páginas: 344

La Ucronía es un subgénero que puede caber tanto en el espacio delimitado por la ficción especulativa y la ciencia ficción, como en el marco de la novela histórica (postulándose como historia alternativa). Se caracteriza por un punto de divergencia, el proverbial ¿Qué hubiera pasado si…? (…Hitler hubiera ganado la guerra, Napoleón no hubiera invadido Rusia, etcétera).

El Steampunk es un movimiento "retro" que nació en la década de 1980, y cuyos frutos han trascendido a la historieta, el cine y la literatura. En este último campo, comenzó con obras de Kevin W. Jeter (probablemente quien acuñó el nombre: steampunk o punk a vapor), James P. Blaylock y Tim Powers. En el steampunk es el vapor (como fuente de energía) y los artilugios mecánicos los que predominan por sobre la electricidad y los dispositivos electrónicos (primero valvulares, luego a transistores). El steampunk usa el recurso de la ucronía para plantear universos de CF y fantasía realmente apasionantes, que mezclan realidades vitorianas con concepciones exóticas y un poco más modernas.

Ejemplo acabado de este movimiento y de aquel subgénero es la obra (a esta altura el clásico) que nos ocupa: La máquina diferencial. El punto de partida es: ¿Qué hubiera pasado si la máquina diferencial de Charles Babbage (1791-1871) —o más precisamente su máquina analítica— hubiera sido construida y distribuida de manera generalizada en la sociedad inglesa de las primeras décadas del siglo XIX? El resultado es una temprana era de la información en los tiempos del vapor.

William Gibson y Bruce Sterling se toman muy en serio el desafío, planteando las consecuencias de esta divergencia histórica en múltiples planos, todos ellos de gran complejidad. En 1855, cuando virtualmente da comienzo el argumento de la novela, Inglaterra es una meritocracia cientìfica —el gobierno está en manos del partido Radical, y el longevo Lord Byron es el Primer Ministro— y los Estados Unidos no existen como tales —son más bien pequeñas repúblicas en permanente guerra, así que, de "unidos", nada—. En 1855, la policía británica tiene un completo archivo informático de cada ciudadano y los diestros programadores (los "clackers" o chasqueadores, según la traducción al español) procuran optimizar el código perforado en las tarjetas de cartulina o hacer más bellas sus presentaciones quinotrópicas (pantallas digitales mecánicas, cuyas animaciones tienen bastante en común con nuestro moderno Powerpoint).

En este contexto, extraordinariamente detallado, en el que conviven personajes de ficción con otros de raigambre historica, Gibson y Sterling plantean una intriga político-informática de bastas proporciones, a la que el lector va arribando en sucesivas barridas o iteraciones. Cada una de estas iteraciones -relatadas en tercera persona, pero férreamente ajustadas al punto de vista un personaje en particular- permite conocer las distintas aristas de la intriga, si bien quien más permanece en escena es el explorador y paleontólogo Edward "Leviatán" Mallory. Es precisamente Mallory quien recibe las misteriosas tarjetas perforadas que pondrán en peligro no sólo su vida, sino la misma esencia de esa sociedad meritocrática y científica, en la que —como cabe esperar— no todo es color de rosa.

Entre las virtudes de la novela, sin duda está la de transportarnos a un universo complejo y atractivo. Quien conozca Historia podrá disfrutar del inevitable diálogo entre ambas vertientes (la real y la propuesta por esta ucronía), y quien no, quedará atraído por este paisaje -social, político, tecnológico- tan poco común.

Las iteraciones descritas por la narración son, alternativamente, un recurso que hace avanzar la novela y un lastre para su lectura. No es una novela fácil, no se da nada predigerido. El rompecabezas debe ser armado por el lector, trasponiendo piezas e incluso evocando asociaciones para obtener cierto placer emotivo o estético.

Este "trabajo" del lector aumenta en la medida que avanza el relato y se agudiza en el último cuarto de novela, cuando la tensión argumental comienza a vacilar y aflojarse, hasta desmadejarse por completo. El final, de hecho, es un conjunto de piezas sueltas, de las que el lector tomará lo que más le aproveche. No parece una forma "literaria" de terminar una novela, pero hay que reconocer que es una apuesta osada a la inteligencia del lector.

Soy de los que creen que esta novela tiene méritos sobrados para figurar en cualquier biblioteca personal de CF. Pero es igualmente cierto que esto, como todo, dependerá de la vara con que se la mida.

Alejandro Alonso para Axxón y garrafex News.

Más información:
La máquina diferencial en Distrimagen
La Factoría presenta "La máquina diferencial" de William Gibson y Bruce Sterling
Publicaciones recibidas: "El Consejo de Hierro", de China Miéville

            

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