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Fuente: Aportado por Eduardo J. Carletti

Los cometas están formados por hielo y son frágiles. Suelen pasar gran parte del tiempo orbitando las oscuras lejanías del Sistema Solar, a salvo de los rayos destructivos de la potente luz solar. El frío más intenso es su hábitat natural

El pasado mes de noviembre, el astrónomo aficionado Terry Lovejoy descubrió un tipo diferente de cometa. La bola suave de hielo que observó en el cielo, desde el observatorio de su patio trasero en Australia, se dirigía casi directamente hacia el Sol. El 16 de diciembre, menos de tres semanas después de ser encontrado, el cometa Lovejoy se escabulló a través de la atmósfera del Sol a sólo 120.000 km por encima de la superficie estelar.

Los astrónomos pronto se dieron cuenta del hecho sorprendente: Al cometa Lovejoy le gusta lo caliente.

“Terry encontró un cometa rasante del Sol”, dice Karl Battams del Laboratorio de Investigaciones Navales (Naval Research Lab, en idioma inglés), ubicado en Washington DC. “Estimamos que su núcleo tenía una extensión de aproximadamente dos canchas de fútbol (el cometa más grande de su tipo en cerca de 40 años)”.

Los cometas rasantes del Sol (sungrazers, en idioma inglés) no son algo nuevo. De hecho, cada pocos días, el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO, por su sigla en idioma inglés), que se encuentra en órbita, observa una caída hacia el Sol y su posterior evaporación. Estos cometas kamikaze son frecuentes y se los conoce como los “cometas rasantes del Sol de tipo Kreutz” (Kreutz sungrazers, en idioma inglés); se piensa que son pedazos de un cometa gigante que se partió hace cientos de años. Generalmente miden cerca de 10 metros de diámetro, y son pequeños, frágiles y fáciles de evaporar por el calor solar.

Tomando como base su órbita, el cometa Lovejoy era seguramente un miembro de la misma familia, excepto que tenía más de 200 metros de extensión en lugar de los usuales 10 metros. Los astrónomos estaban ansiosos por ver la desintegración de ese “gordito”. Incluso con su peso extra, no había dudas de que sería destruido.

De todos modos, cuando llegó el 16 de diciembre, “El cometa Lovejoy nos impresionó a todos”, dice Battams. Sobrevivió, e incluso prosperó.

Imágenes proporcionadas por el Observatorio de Dinámica Solar (Solar Dynamics Observatory, en idioma inglés), de la NASA, mostraron al cometa evaporándose furiosamente conforme ingresaba en la atmósfera del Sol (aparentemente, al filo de la destrucción). No obstante, el cometa Lovejoy permaneció intacto al salir por el otro lado. El cometa perdió su cola durante el rudo tránsito, lo que constituyó un contratiempo temporario. En el transcurso de algunas horas, la cola le creció de nuevo, más grande y brillante que antes.

“Es honesto decir que estábamos atónitos”, dice Matthew Knight, quien trabaja para el Observatorio Lowell (Lowell Observatory, en idioma inglés), y también para el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (Johns Hopkins Applied Physics Lab, en idioma inglés). “El cometa Lovejoy debió de haber sido mucho más grande de lo que pensábamos; tal vez de unos 500 metros de ancho”.

Esto lo convertiría en el más grande de los cometas rasantes del Sol desde que se observó al cometa Ikeya-Seka, hace casi 40 años. Con una cola que se extendía a través de la mitad del cielo, Ikeya-Seka en verdad fue visible a plena luz del día, justo después de pasar a través de la atmósfera del Sol, en octubre de 1965. En Japón, donde los observadores descubrieron al sobrecalentado cometa a sólo 1/2 grado del Sol, lo describieron como 10 veces más brillante que la Luna llena.

El cometa Lovejoy no fue tan brillante, pero aun así fue impresionante. Sólo algunos días después de dejar el Sol, el cometa se pudo ver en el cielo matutino del hemisferio sur. Los observadores en Australia, América del Sur, Sudáfrica y Nueva Zelanda lo compararon con un reflector que brillaba desde el Este poco antes de amanecer. La cola se alineaba paralela a la Vía Láctea y, por unos pocos días, pareció que vivíamos en una galaxia de doble piso.

Los astronautas que se encontraban a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI, por su sigla en idioma español) también presenciaron el avistamiento del cometa. El comandante de la EEI, Dan Burbank, quien ha visto muchas maravillas (una vez voló directamente a través de la aurora boreal a bordo del transbordador espacial), declaró sobre el cometa Lovejoy: “Es la cosa más impresionante que he visto en el espacio”.

Un ejército de sondas espaciales (que incluyen a: SOHO, el Observatorio de Dinámica Solar, las sondas gemelas STEREO, de la NASA, la sonda espacial Hinode, de Japón y el microsatélite europeo Proba2) grabó el histórico evento.

“Hemos recolectado una montaña de datos”, dice Knight. “Pero hay algunas cosas que todavía resultan difíciles de explicar”.

Por ejemplo, ¿Qué hizo que la cola del cometa Lovejoy se moviera tan enérgicamente cuando ingresó en la corona solar? Tal vez se encontraba a merced del potente campo magnético del Sol.

¿Qué provocó que el cometa Lovejoy perdiera su cola adentro de la atmósfera del Sol; y que después la recuperara? “Este es uno de los grandes misterios para mí”, dice Battams.
Y luego tenemos el enigma existencial final: ¿Cómo pudo sobrevivir el cometa Lovejoy?

En el transcurso del mes de enero, el “cometa al que le gusta lo caliente” está regresando a las afueras del Sistema Solar, todavía intacto, y deja muchos misterios detrás. “Regresará en unos 600 años”, dice Knight. “Tal vez para entonces tendremos las respuestas”.

Créditos y Contactos:
Autor: Dr. Tony Phillips
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Juana Leticia Rivera
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Juana Leticia Rivera

Fuente: NASA. Aportado por Eduardo J. Carletti


Más información:

Utilizando datos proporcionados por la misión de la sonda Kepler de la NASA, los astrónomos han descubierto los tres planetas más pequeños jamás detectados en orbita alrededor de una estrella más allá de nuestro Sol. Los planetas orbitan una estrella solitaria llamada KOI-961 y poseen, en longitud, radios de 0,78, de 0,73 y de 0,57 veces el radio de la Tierra. El más pequeño tiene aproximadamente el tamaño de Marte

“Se trata del sistema solar más pequeño que se ha encontrado hasta el día de hoy”, comentó John Johnson, quien es el líder del equipo de investigación del Instituto de Ciencia Exoplanetaria (Exoplanet Science Institute, en idioma inglés), de la NASA, y que forma parte del Instituto Tecnológico de California, ubicado en Pasadena. “De hecho, respecto del tamaño, el sistema es más parecido a Júpiter y a sus lunas que a cualquier otro sistema planetario conocido. En sí mismo, el descubrimiento representa una prueba más de la diversidad de sistemas planetarios que existen en nuestra galaxia”.

Se cree que los tres planetas son de tipo rocoso (como la Tierra), pero con órbitas muy cercanas a su estrella. Eso los hace demasiado calientes como para que se encuentren dentro de la zona habitable, que es la región en donde el agua en estado líquido podría existir. De los más de 700 planetas confirmados en órbita alrededor de otras estrellas (conocidos como exoplanetas), se sabe que solamente un puñado son de tipo rocoso.

“Los astrónomos apenas están comenzando a confirmar su existencia entre los miles de candidatos a ser considerados planetas que la misión Kepler ha develado”, comentó Doug Hudgins, quien es el científico del programa Kepler, en las oficinas centrales de la NASA, localizadas en Washington. “Encontrar uno tan pequeño como Marte es increíble y, de hecho, hay pistas de que podría existir una cantidad generosa de planetas rocosos a nuestro alrededor”.

La sonda Kepler busca planetas a través de la continua monitorización de más de 150.000 estrellas; específicamente, busca disminuciones (indicadores) en el brillo de las estrellas provocadas por el cruce, o tránsito, de planetas. Se requieren al menos tres tránsitos para que se declare que una señal proviene de un planeta. Posteriormente, es necesario llevar a cabo observaciones de seguimiento con telescopios ubicados en la Tierra para confirmar los descubrimientos.

El descubrimiento más reciente lo hizo un equipo liderado por astrónomos del Instituto Tecnológico de California, en Pasadena. El equipo utilizó datos dados a conocer públicamente por la misión Kepler y también observaciones de seguimiento provistas por el Observatorio Palomar, ubicado en las cercanías de San Diego, y por el Observatorio W. M. Keck, en la cima el monte Mauna Kea, en Hawai. Sus mediciones, en cuanto al tamaño de los planetas, se modificaron de manera significativa respecto de las estimaciones originales.

Los tres planetas se encuentran muy cerca de su estrella y completan sus órbitas en menos de dos días. KOI-961 es una estrella enana roja, con un diámetro que mide la sexta parte del de nuestro Sol; esto hace que sea apenas un 70 por ciento más grande que Júpiter.

Las enanas rojas son el tipo más común de estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea. El descubrimiento de tres planetas rocosos alrededor de una enana roja sugiere que la galaxia podría estar plagada de planetas rocosos similares.

“Este tipo de sistemas podría ser muy común en el universo”, comentó Phil Muirhead, quien es el autor principal del nuevo estudio llevado a cabo por el Instituto Tecnológico de California. “Ésta es una era muy excitante para los cazadores de planetas”.

Para obtener más información acerca de la misión Kepler, visite: http://www.nasa.gov/kepler.
Créditos y Contactos:
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Rodrigo Gamboa Goñi
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Rodrigo Gamboa Goñi

El descubrimiento del cual se informa en la presente historia encabeza un listado de recientes hitos para la misión Kepler. En diciembre de 2011, los científicos de la misión anunciaron el descubrimiento del primer planeta ubicado dentro de la zona habitable de una estrella como nuestro Sol. Se trata de un planeta que mide 2,4 veces el tamaño de la Tierra, llamado Kepler-22b. Hacia finales del mismo mes, el equipo anunció el descubrimiento de los primeros planetas de tamaño similar a la Tierra que orbitan una estrella del tipo de nuestro Sol, llamados Kepler-20e y Kepler-20f, y que se encuentran ubicados fuera de nuestro sistema solar.

Para el más reciente descubrimiento, el equipo obtuvo el tamaño de tres planetas, denominados KOI-961.01, KOI-961.02 y KOI-961.03, con la ayuda de una estrella gemela (bien estudiada) de KOI-961, o estrella de Barnard. A través del mejor entendimiento de la estrella KOI-961, los científicos pudieron determinar cuán grandes deberían ser los planetas para causar las variaciones observadas en el brillo de la estrella. Además de las observaciones llevadas a cabo por la sonda Kepler y de las mediciones realizadas mediante telescopios ubicados en la Tierra, el equipo utilizó técnicas de modelado para confirmar el descubrimiento.

Antes de la confirmación de estos planetas, sólo se habían confirmado otros seis planetas a través del uso de la base de datos pública de la misión Kepler.

Créditos: El Centro de Investigaciones Ames (Ames Research Center, en idioma inglés), de la NASA, administra el desarrollo del sistema de la misión Kepler en la Tierra, así como las operaciones de la misión y el análisis de los datos científicos. El Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, por su sigla en idioma inglés), de la NASA, ubicado en Pasadena, California, es la entidad que manejó el desarrollo de la misión Kepler. La firma Ball Aerospace and Technologies, de Boulder, Colorado, desarrolló el sistema de vuelo de Kepler y brinda apoyo durante las operaciones de la misión junto con el Laboratorio para la Física Espacial y Atmosférica (Laboratory for Atmospheric and Space Physics, en idioma inglés), de la Universidad de Colorado, en Boulder. El Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (Space Telescope Science Institute, en idioma inglés), en los archivos de Baltimore, reúne y distribuye los datos científicos de la misión Kepler. Además, Kepler es la décima Misión de Descubrimiento de la NASA y está patrocinada por el Directorio de Misiones Científicas de la NASA, en las oficinas centrales de dicha entidad.

Fuente: http://ciencia.nasa.gov/. Aportado por Eduardo J. Carletti


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