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17/May/08

El secreto de la bacteria gigante

Una bacteria de más de medio milímetro de tamaño y que vive en el interior del pez cirujano posee centenares de copias de su propio genoma

Ejemplar de Epulopiscium junto a un protozoo (paramecio) y una bacteria E. coli (punto negro).

Las bacterias son los seres vivos autónomos más pequeños y simples que existen. Son los que más éxito han tenido en el mundo biológico y de los más antiguos en la historia evolutiva de este planeta. Son procariotas, no tienen núcleo diferenciado y son estructuralmente simples. Estos microorganismos están en todas partes, incluso muchos de ellos viven dentro de nosotros. El cuerpo humano posee mayor número de bacterias que de células somáticas. Nos ayudan en el tracto digestivo, cumplen otras funciones y, a veces, nos invaden y matan.

Una especie de pez tropical de la barrera de coral australiana posee en su interior una especie de bacteria especial: Epulopiscium spp. Es una de las excepciones a lo mencionado antes en cuanto a tamaño se refiere. Son bacterias realmente gigantes, miles de veces más grandes que las bacterias normales o incluso mayores que los protozoos corrientes. Son lo bastante grandes para ser visibles a simple vista. Lo fascinante es que estructuralmente siguen siendo bacterias como las demás.

Una reciente investigación, realizada por científicos de la Universidad de Cornell y dirigida por Esther Angert, ha desvelado que esta bacteria se puede permitir este tamaño porque es capaz de copiar miles de veces su genoma, mostrando que una simple modificación genética del diseño básico bacteriano permite este crecimiento desmesurado.

Epulopiscium vive en un sitio especial: el tracto digestivo del pez cirujano. Entre esta bacteria y el pez ha evolucionado una relación simbiótica que beneficia a ambos seres. Cuando este microorganismo flagelado fue descubierto se le clasificó como un protista debido a su gran tamaño, pero el análisis ulterior demostró su naturaleza bacteriana. Mide unas 700 micras, es decir más de medio milímetro. Si una E. coli mide una micra se puede calcular fácilmente que cabrían millones de E. coli dentro de una Epulopiscium.

Aunque ya se conocía que otras bacterias eran capaces de copiar muchas veces su genoma (a lo sumo un centenar de veces, como en el caso de Buchnera aphidicola que vive dentro de áfidos y tiene 120 genomas), ninguna otra lo copia 100.000 veces como en este caso.

Las bacterias son pequeñas por ser estructuralmente simples. Carecen de los orgánulos especializados de los eucariotas. Éstos cumplen funciones especializadas como la asimilación de nutrientes, organización de funciones celulares, almacenamiento del ADN, fotosíntesis, producción de energía, etc. Para que todos ellos quepan en la célula eucariota, dicha célula debe de ser grande, y como algunos cumplen la función de mecanismo de transporte interno se lo pueden permitir. Las bacterias, por otro lado, simplemente dejan pasar productos a través de la membrana celular por difusión para obtener así los nutrientes. Como no pueden moverlos activamente a través de su interior, deben de ser pequeñas para que la difusión funcione bien. Una bacteria grande, con una ratio superficie / volumen menor, simplemente moriría de hambre.

Pero si se copia el genoma miles de veces de tal modo que se disponga de todo lo necesario justo detrás de la membrana y cerca de la superficie, el ADN y toda la maquinaria bioquímica puede responder rápidamente de manera local a los estímulos externos, produciendo las proteínas necesarias según las necesidades locales. Esto es precisamente lo que hace esta bacteria.

De este modo al disponer también de ADN periférico cerca del ambiente exterior, la bacteria puede reaccionar inmediatamente si algo entra en contacto con la pared celular.

¿Pero qué ventaja tiene ser tan grande? Una bacteria de ese tamaño es más móvil que cualquier otra y tan grande que casi ningún protozoo la puede ingerir. El tracto digestivo del pez en cuestión es un ecosistema poblado por muchos seres, incluyendo varias especies de protozoos que eventualmente pueden ser sus enemigos. Pero con ese tamaño solamente el ciliado Balantidium jocularum es capaz de depredar esta bacteria.

El precio a pagar por este tamaño es una mayor inversión en energía para mantener todos estos genomas, pero el ambiente generoso del aparato digestivo de pez cirujano lo puede proporcionar.

Esta bacteria no es la mayor bacteria conocida. Thiomargarita namibiensis, de forma esférica, mide 800 micras, pero en este caso el microorganismo no contiene miles de genomas, sino una vacuola central (una simple bolsa inactiva), que representa el 98% de su volumen, y que empuja el citoplasma a la cercanía de la pared celular. En contraste, la parte central de Epulopiscium está activa y consume nutrientes.

Para su reproducción Epulopiscium no se divide sin más en dos individuos como otras bacterias, sino que produce descendencia en su interior, normalmente dos ejemplares en forma de cigarro puro que crecen dentro del citoplasma hasta que la célula madre, muriendo en el proceso, revienta y los deja libres.

Fuente: NeoFronteras. Aportado por Graciela Lorenzo Tillard

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