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"1984" y el poder despótico

por Antonio Mora Vélez

 


A Raymundo Berrocal Escobar*

Leer "1984" de George Orwell (1903-1950) nos conduce a mirar, indefectiblemente, hacia el estalinismo soviético y el nazismo alemán, con todas sus aberraciones. La novela, publicada en Inglaterra en 1939, es la historia de rebeldía de un miembro del partido, de nombre Winston Smith, quien se enfrenta, infructuosamente, contra el despotismo del Gran Hermano y del "Ingsoc" (socialismo inglés) imperantes en Oceanía, y falla en su intento de hacer parte de una secta secreta que cuestionaba las bases de esa sociedad. Oceanía, uno de los tres grandes Estados en que se encuentra dividido el mundo, está en guerra permanente con los otros, Eurasia y Asia Oriental, gobernados, respectivamente, por el Neo-bolchevismo y por una ideología que se define en chino con una palabra que traduce "desaparición del yo".

Orwell, a diferencia de lo que se cree, no era un hombre de derecha, un defensor a ultranza del capitalismo; todo lo contrario. Fue militante izquierdista durante la guerra civil española, y en varios de sus escritos periodísticos dejó bien clara su posición crítica frente a la sociedad inglesa de su tiempo y frente a las posiciones del Partido Laborista, partido que —según él— bajo supuestos principios socialistas, adoptaba medidas en contra de los trabajadores, y que tenía en su seno tendencias fascistas, deducibles, tal vez, del apoyo a Hitler en 1939. Pero tampoco simpatizaba con el comunismo ruso; se quejaba de que los izquierdistas europeos lo consideraran "socialismo" cuando, en su opinión, pisoteaba los principios socialistas y acababa con la libertad en nombre de la "democracia proletaria". Orwell fue un socialista democrático y un defensor de la independencia crítica del escritor frente a la sociedad y el Estado. Sólo desde esta perspectiva es posible hacer una lectura de "1984" que no caiga en el facilismo de considerarla solamente como literatura de combate contra el comunismo, lo que ocurrió por los tiempos de su publicación en los Estados Unidos (1949), en plena era del "macartismo".

El Poder

El Poder es el tema central de la obra. Más exactamente: la alienación del Poder en manos de "Ingsoc" y el Gran Hermano. Para O’Bryen, el policía que captura y tortura a Smith, "...el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás, sólo nos interesa el poder". A diferencia de los regímenes anteriores, el nazi alemán y el comunista ruso, quienes tomaron el poder para realizar ideales políticos y de justicia, el poder del "Gran Hermano" era un fin en sí mismo. "No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace una revolución para establecer una dictadura", dice O’Bryen. Pero el poder es colectivo. "El individuo sólo detenta el poder en tanto deja de ser individuo", agrega.

La "Neolengua"

Para mantener ese poder, el "partido interior" (que se confunde con el Estado) apela a la "Neolengua", idioma oficial de Oceanía que contiene palabras que significan lo contrario de lo que parecen indicar (El Minipax —Ministerio de la Paz— hace la guerra, por ejemplo) y con el cual aspiraba a evitar que los hombres pensaran por sí mismos y toda desviación respecto del pensamiento colectivo del partido, que siempre dice la verdad. Pero, a diferencia del lavado de cerebro que hacían los comunistas rusos con la ideología, éste de "1984" con el lenguaje no dejaba huella alguna. El disidente soviético se iba a la tumba con su inconformidad y su odio; el de Oceanía era convencido de su error y moría jurando fidelidad sincera al partido, al "Gran Hermano" y al régimen, como le ocurrió a Winston Smith.

Los "proles"

Por fuera del poder están los "proles", quienes eran considerados inferiores aunque podían tener vida privada y gozar de ciertas libertades vedadas a los miembros del partido. No eran vigilados por las telepantallas y la policía del pensamiento no se interesaba en ellos sino cuando tenía que eliminar "a los pocos considerados capaces de convertirse en peligrosos". Sólo eran tenidos en cuenta para exigirles cuotas extras de trabajo o soldados en el frente de batalla. Winston Smith piensa en los "proles" como fuerza para derrotar la dictadura del partido, pero al final se convence de que nada se puede esperar de ellos si "El duro trabajo físico, el cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos, el cine, el fútbol, la cerveza y sobre todo, el juego, llenaban su horizonte mental".

La Historia

Hay, en esta sociedad de "1984", un equipo de miembros que tiene como misión el cambio de la historia en los textos y documentos. Winston Smith hacía parte de él. Era una tarea indispensable para evitar la inconformidad de los "proles" (que no tendrían otra realidad con que comparar la suya) y mantener la unidad del partido. Esta tarea la realizaba el Ministerio de la Verdad, cuya acción no se limitaba a los documentos históricos, como en las sociedades totalitarias anteriores, sino que incluía el pensamiento. Había que borrar ese pasado del recuerdo para evitar que los hombres, incluso los del partido, pensaran en que alguna vez fue diferente; y la razón es que el partido "se halla en posesión de la verdad absoluta y, naturalmente, lo absoluto no puede haber sido diferente de lo que es ahora".

Obra de Anticipación

La sociedad descrita en "1984" es posterior al fracaso del laborismo inglés, del liberalismo norteamericano y del comunismo ruso, imaginado por Orwell. Si bien hay en su caracterización muchas semejanzas con el régimen soviético, la exclusión de la propiedad y la familia para los miembros del partido, la distancia (ideológica y física) entre éste y el proletariado, la concepción diferente del partido y de las clases, colocan esta obra como anticipatoria de una sociedad global post-nuclear que, desde luego, no existió en 1984 ni existe aún, pero que, en la perspectiva orweliana, es la lógica consecuencia de sus antecesoras.

Orwell nos quiso prevenir de esa sociedad en la que el Estado se apodera de todo y convierte al individuo en una pieza de un engranaje monstruoso al servicio de la guerra, convertida en interminable y necesaria para la estabilidad del sistema. "El objeto de la guerra no es conquistar territorios ni defenderlos, sino mantener intacta la estructura de la sociedad", dice Enmanuel Goldstein, el ideólogo de la secta secreta. No se requiere mucha imaginación para ver que algunos rasgos de Oceanía —integrada por América, Gran Bretaña, África meridional y Australasia, según Orwell—, se perfilan en las grandes potencias de hoy.

La guerra —para satisfacer los negocios de la industria armamentista y obtener fuentes de materias primas—, la persecución y muerte a los disidentes, el bombardeo permanente de desinformación en los medios de comunicación, la demagogia de los discursos oficiales para hacerle ver a los "proles" una cosa y hacer otra, la supresión de las garantías individuales y la degradación de la Justicia por parte de los organismos judiciales, definen no sólo a la "Oceanía" de Orwell y al comunismo soviético sino a varios países del capitalismo contemporáneo.

El Mensaje

En lo esencial la obra apunta a señalar que allí donde el Estado constriñe el papel del individuo y se autoerige en representante único de la sociedad, pretendiendo brindarle felicidad a la población a cambio de su libertad, la tendencia al despotismo, que le es intrínseca, aflora y convierte al hombre en un ser unidimensional y a la población en un conglomerado de seres anodinos que se limitan a pensar con las ideas del Establecimiento.

"1984" es un llamado a la lucha en favor de la persona humana, que es anterior y por lo tanto más importante que el Estado, y en favor de la vida y la libertad de conciencia, que son los más importantes valores de la modernidad, y que ningún Estado tiene el derecho de conculcarle a sus asociados. Y es también una advertencia sobre los peligros del necesario desenlace fascista del poder en naciones con una sociedad civil débil, incapaz de frenar las ambiciones desmedidas de los gobernantes y de los grandes propietarios.

Nunca antes una obra de ciencia ficción había adquirido tal importancia por su carácter premonitorio como ésta de Orwell, en estos tiempos de incertidumbre en los cuales la prepotencia del poder se encubre con frases de aparente tributo a la democracia y a la individualidad, la guerra se convierte en parte de las necesidades de supervivencia del sistema y se hace en nombre de la libertad, y en donde ya hay más de un gobernante esquizofrénico con aspiraciones serias de llegar a ser el "Gran Hermano" de "1984".

* Intelectual, abogado y lector infatigable de Montería (Colombia), quien me solicitó la escritura de este artículo hace quince años, promesa que hasta hoy le cumplo.

Sincelejo, septiembre 20 de 2003


 
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