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El Gaucho de los Anillos

La comunidá del anillo
Capítulo 16

Al fin dejaron los botes
en la orilla descampada
y ya a la tierra embrujada
la podían distinguir,
pero aquello al Boromir
no le había gustao pa’ nada.

“Vamos pa’ Minas Tirí”,
le propuso a la partida.
“Que llegamos enseguida
hasta si vamos a pata,
y siguro que mi tata
nos da flor de bienvenida.”

“El que insista en la frontera
pa’ mí que lo empina al codo,
que si p’allá vamos todos
a la fija caemos presos.”
Le contestó el Trancos: “Eso
tiene que decirlo el Frodo.”

No le gustó eso al petiso,
porque no es asunto e’ broma
cuando la sombra se asoma
decir uno lo que es güeno,
y subió solo a una loma
pa’ pensarlo más sereno.

La decisión era suya
porque él era el portador.
¿Había que dir pa’ Gondor
y cubijarse en el juerte?
¿O mejor tantiar la suerte
a lo oscuro de Mordor?

Ahí le cayó el Boromir
después nomás de un ratito.
“¡Si es mi amigo el chiquitito!
¡Pero qué casualidá
venir a encontrarte acá!”,
lo pegó de verlo al grito.

“Ya que estoy, ¿no precisás
ayuda, por un casual?
Yo soy un gaucho cabal
y no viá hacerme el dormido
con un amigo metido
en este merenjenal.”

“No como otros”, cabeció
p’ande estaban los demás.
“Más que nada el montaraz,
que quiere que un angelito
vaya a meterse él solito
diande no va a salir más.”

El petiso respondió:
“Ya sé que no va a ser robo
meterse en la boca ’el lobo
con este coso y tirarlo,
teniendo yo que llevarlo
y aguantarle los corcovos.”

“Pero más pior puede ser
si nosotros lo guardamos
y viene a buscarlo el amo.
Y yo solo no viá estar,
que el Trancos me va a cuidar
cuando a lo oscuro vayamos.”

“¡No me hagas rair!”, dijo el otro.
“Ese baquiano mugroso
siguro que anda e’ vicioso
pegandolé un beso al tinto.
¡Pero mirá qué distinto
este gaucho tan lustroso!”

Ahí vio el Frodo que el paisano
estaba como chupao:
con los ojos coloraos
lo mesmo que dos ladrillos
buscaba espiarle el anillo
y hablaba medio achispao.

“Vamos, no pensés más,
hacé como yo te digo:
venite a Gondor conmigo
y dejate de embromar,
que el anillo vamo’ a usar
pa’ ganarle al enemigo.”

Le contestó: “Yo no creo
que eso vaya a resultar”,
y le dentró a recular
maliciándolo al amaño,
“que este coso circular
nomás sirve pa’ hacer daño.”

“¡Pero petiso endiablao!”
al otro le dio un ataque.
“¡No sabés con ese empaque
lo cansao que me tenés!
¡Dameló si no querés
que a la juerza te lo saque!”

Y ahí nomás dentró a correrlo
revoleandoló al cuchillo.
El chiquito se hizo ovillo,
pero pa’ a salvo ponerse
no tuvo otra que humo hacerse
calzandoseló al anillo.

El grandote, hecho una juria,
se hizo más loco entuavía
viendo que ya no lo vía.
“¡Esto es cosa de no crer!
¡No, si yo ya sabía
que nos ibas a vender!”

“¡Habías estao esperando
que miremos pa’ otro lao
pa’ correr del disgraciao
y el anillo darle e’ nuevo!
¡Andá a saber cuánto sebo
en la mano te habrá untao!”

Corría de acá p’allá
montado entuavía al picazo,
se trompezó al dar un paso
y al suelo se jue de boca;
de semejante porrazo
se le jue toda la loca.

“¡Me agarró un ataque e’ rabia,
pero ya se me pasó!”,
de todo se arrepintió
tirao en el pasto blando
y lo llamaba llorando,
pero el Frodo no golvió.

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