BUCLE EN EL ESPACIO-TIEMPO

Carmen Quirós

España

Creamos Axxón, una revista de ciencia ficción y literatura conjetural, con unos criterios y objetivos muy claros. Le dedicamos muchas horas, dejamos un buen pedazo de nuestra vida leyendo, seleccionando, maquetando textos...

Es obvio que la naturaleza humana tiende a ese punto de insatisfacción del crítico que delata los defectos de la obra. No somos una excepción, por fortuna: eso nos ha permitido mejorar con el paso de los años y crear un producto reputado y respetado en el ámbito del género fantástico del que estamos orgullosos, aunque nunca satisfechos.

Una de nuestras inquietudes es incorporar autores. La Red nos ayuda y nosotros buscamos en ella sin descanso valores nuevos. Esa búsqueda es el origen de la crisis que sufrimos.

Hace unos años, descubrimos un relato que nos llamó la atención en un sitio poco frecuentado de la Web; nos pusimos en contacto con la escritora, publicamos aquel relato, nos envió otro. Todo normal.

Habíamos tanteado las posibilidades de que nos enviara un texto más extenso porque queríamos empezar a publicar novelas. No pareció rechazar el proyecto. Pasado un tiempo, le enviamos un e-mail para formalizar el compromiso y ver la posibilidad de que fuera enviándonos capítulos. No respondió. Su Messenger nunca estaba conectado. Tal vez había decidido apostar fuerte por el mundo real. Tampoco aparecía por la Web en la que escribía de forma habitual, señal inequívoca de que había abandonado los ámbitos virtuales. Desistimos y olvidamos el asunto.

De pronto supimos de ella. Recibimos un mensaje de alguien que decía ser su marido. Nos pusimos en contacto con él y nos sentimos muy afectados. Carmen había sido siempre una mujer activa, afectuosa, cumplidora de sus deberes hasta el punto de que cultivaba sus aficiones robando horas al sueño para que no interfirieran en sus quehaceres.

Parece que el problema empezó cuando publicamos su cuento. Fue entonces cuando nos descubrió y empezó a visitarnos. Al principio todo era normal: el "Sumario del Zapping" era su página favorita, cosa natural —nos dijo su marido cuando pedimos más información—, porque pese a su formación humanística, era lectora asidua de Investigación y Ciencia y otras revistas de divulgación científica. Leía los cuentos, los que le gustaban, con criterio selectivo. Todo normal, como digo.


Ilustración: Duende

Un día optó por pinchar la sección "Un cuento al azar". Algo sucedió en su mente esa noche. Los especialistas: (psiquiatras, psicólogos, neurólogos, etc.) que la visitaron no fueron capaces de determinar la naturaleza de su síndrome. Lo único que se sabe es que un día pinchó esa sección, leyó el relato que salió, dio "atrás" en la barra del navegador, pinchó la sección y siguió leyendo. No se acostó esa noche. La encontraron a la mañana siguiente con los ojos enrojecidos, la mano en el ratón, repitiendo una y otra vez el iter para obtener un cuento nuevo.

Tienen que servirle la comida en su mesa, para que se alimente. Sólo se separa de ella por voluntad propia —salvo las inevitables necesidades fisiológicas— a las ocho y media de la mañana. Es el único acto de su rutina habitual que mantiene; pero también está teñido por su obsesión. A las ocho y media de la mañana se levanta de su asiento; pero no va a su baño, sino que usa uno muy pequeño que está junto a su salita de trabajo doméstica. Se ducha con rapidez, procura no desperdiciar ni un instante y vuelve ante la pantalla.

Ha abandonado su trabajo, no ha vuelto a acostarse; cuando la vence el agotamiento aparta el teclado, pliega los brazos sobre la mesa y duerme. Era fumadora; pero el día que se le terminó el tabaco, dejó el hábito. Quisieron forzarla a separarse de la pantalla negándose a comprarle cigarrillos, suponiendo que iría a buscarlos. No lo hizo. Se encogió de hombros, pinchó "atrás", "Un Cuento al Azar" y siguió leyendo.

Intentaron todo: el primer paso fue cortar la corriente eléctrica, fingir una avería para que saliera de allí. Se quedó mirando la pantalla del monitor, inmóvil, sin responder a ningún estímulo. Cuando se dieron por vencidos y restablecieron la corriente eléctrica, volvió a su rutina.

Lleva así más de un año. Apenas come lo necesario para sobrevivir, se está quedando inválida por la inmovilidad continuada, ha dejado de escribir, sólo lee los cuentos. No asiste a ningún espectáculo; se niega a ir de vacaciones. Es imposible separarla de su ordenador.

Decidimos hacer un seguimiento, modificamos lo preciso para ver si leía cuentos ya leídos y descubrimos algo sorprendente: La Web recibe y edita cuentos que nadie ha colgado. Llegan por una vía ignorada, se instalan varios cada día. No se reciben en el correo, no pasan por nuestras manos.

Tras revolver hasta el más recóndito de los rincones de Axxón tenemos una cosa clara. A primera vista se diría que la propia revista escribe cuentos para nutrir la sed insaciable de su lectora permanente. Tras una reunión y muchas cábalas, dado que es imposible, tuvimos que instalar un programa para ver el origen.

Los relatos van llegando poco a poco en frases sueltas. Hay un hecho sorprendente añadido: vemos que la hora de máxima afluencia corresponde con las ocho treinta horas (horario de Greenwich). Pedimos datos exactos de su actividad y nos los han remitido: en los intervalos en los que come, va al baño, o se levanta un momento para regar las plantas de la ventana, llegan bloques de relato.

Todo apunta a un origen casi evidente: ella transfiere relatos. Ni siquiera los escribe; de algún modo que no se puede determinar, estableció una suerte de vínculo mental con la revista; parte de su mente está creando relatos en todo momento y esa actividad se incrementa cuando la parte de su mente que se encarga de leer, interrumpe su actividad. De este modo, tiene siempre material de lectura nuevo y nosotros, pese a que hacemos lo imposible para ayudarla, somos impotentes.


Ilustración: Fraga

Todos nuestros intentos; incluso la decisión de dejar de publicar para que la paralización de nuestra actividad la devolviera a la realidad, fue vana. El "Sumario del Zapping" siguió nutriéndose de noticias científicas, referenciadas del modo acostumbrado, con una única diferencia: no aparece el nombre de los encargados de elaborarlas. Todas las secciones se cubrieron con normalidad. Con o sin nuestra participación, Axxón se edita mes a mes.

Los intentos de introducir modificaciones en el hardware de la Web son vanos. Se diría que Axxón tiene vida propia, mecanismos que le permiten autoeditarse al margen de nosotros. No podemos detener su andadura, ni cambiar nada, si "ella" no está de acuerdo. La cuestión es si es la mente de Carmen la que controla Axxón, o si es la propia Web la que ha encontrado una vía para atrapar su mente y servirse de ella para fines propios.

Tememos que no se pueda desentrañar ese misterio. No hasta que la enfermedad o la muerte aparten a Carmen de la pantalla. Entonces veremos si es posible recuperar el control, o sigue manteniendo esa autosuficiencia. Confiamos en que el día que Carmen se "desconecte", desaparezcan las anomalías. Si no es así, nos sumiremos todos en una crisis de consecuencias incalculables. Pensar que hemos creado un producto capaz de "abducir" mentes, resulta enloquecedor. ¡Qué Dios nos ampare a todos!



Algunas veces los escritores de Axxón se inspiran en Axxón... Podría citar ejemplos, pero es mejor que los textos hablen por sí mismos. Y como se supone que esto se lee al final, acaban de asistir a uno de esos casos. Carmen Quirós vive en Oviedo, en Asturias, España y hasta donde sabemos no está atacada por el síndrome que describe. El mes pasado le publicamos "El hombre que guiaba escritores perdidos" y tenemos más cuentos de ella en cartera.


Axxón 152 - Julio de 2005
Cuento de autor europeo (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: España: Español).

            

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