DIVULGACIÓN: ¿Por qué desapareció la civilización cretense?

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El bramido del Minotauro
por Marcelo Dos Santos y Alejandro Moia (especial para Axxón)
www.mcds.com.ar - alejandromoia.blogspot.com

Los reyes del Mediterráneo

Posiblemente una de las culturas más ricas, interesantes y trascendentes de la Antigüedad, y también una de las menos estudiadas y comprendidas, sea la civilización minoica, así llamada por el mítico rey Minos, aquel célebre propietario del laberinto donde acechaba el Minotauro.


Tablilla y sello escritos en minoico Lineal A

Los minoicos florecieron en la isla de Creta desde alrededor de 3000 a.C., y hoy se los considera representantes de uno de los estadios de la Civilización Egea.

Con toda seguridad, debemos la mayor parte de nuestro conocimiento de los minoicos al arqueólogo británico Arthur Evans, que, entre otros logros, dividió para su estudio a la cultura minoica en tres períodos: Minoico Temprano (de 3000 a 2200 a.C), Minoico Medio (de 2200 a 1500 a.C.) y Minoico Tardío (de 1500 a 1000 a.C.). Los tres períodos abarcan de principio a fin la Edad de Bronce completa en el Mediterráneo.

Como toda gran civilización, la minoica dependió tanto de sus comerciantes como de sus estadistas y guerreros; el lento ascenso de su cultura desde el Neolítico hasta el esplendor de Minos se debió a la oportuna importación de metales en un precoz estado del desarrollo de su sociedad: en efecto, parece ser que los minoicos fueron los primeros mediterráneos en pasar de la cultura lítica a una avanzada metalurgia del bronce. A este desarrollo se sumó la aparición de un sistema de escritura jeroglífica, seguido,ya en el Minoico Medio, por otro denominado el Minoico Lineal A, de naturaleza pictográfica.

Así, antes de 2000 a.C. los cretenses disponían ya de todo lo que necesitaban para medrar y florecer: una importante industria metalúrgica mientras sus vecinos vivían prácticamente en la Edad de Piedra; un lenguaje escrito cuando sólo sumerios y egipcios habían desarrollado semejante cosa; grandes palacios en sus ciudades de Cnossos y Festos, cerámicas, tallas del marfil y la madera, y el talento de sus navegantes comerciales. Con todo ello, el poder minoico comenzó a extenderse y a dominar el Mediterráneo.

Al pasar el tiempo, un nuevo sistema de escritura, el Lineal B, apareció en Cnossos. Este lenguaje parece mostrar influencias de los griegos micénicos.


Evans, el elegido


Sir Arthur y los tesoros de Creta

El arqueólogo que nos ha legado Creta para lo posteridad, Sir Arthur John Evans, nació en Inglaterra en 1851. Era hijo del célebre arqueólogo Sir John, y se graduó en las universidades de Oxford y Göttingen con honores.

La relación de Evans con Creta comenzó cuando una mano anónima donó siete sellos de piedra al Museo Ashmoleano de Londres, del cual Sir Arthur era curador. Los artefactos fascinaron al experto de tal modo, que viajó a Atenas en 1893 para comprar más.

Muchos de aquellos sellos estaban cubiertos de escritura (la que más tarde se llamó "Lineal A" y "Lineal B" ) y no provenían de Grecia sino de Creta. Evans llegó a Creta al año siguiente, y comenzó a coleccionar seriamente los sellos cretenses.

Hasta este momento, se creía que no había habido ninguna civilización indígena en la isla, y que los habitantes habían sido simplemente miembros de la cultura egea aposentados allí.

En 1899, Sir Arthur se compró una gran casa en Creta, y fue a vivir allí. Ciertos indicios sugirieron a sus ojos de arqueólogo que había estructuras enterradas en su propiedad, y el inglés pasó los siguientes ocho años de su vida excavando en su propia casa.

Los primeros descubrimientos lo abrumaron: bajo su domicilio descubrió un inmenso y lujoso palacio de la Edad de Bronce, repleto de tablillas de arcilla escrital en Lineal A y B. Menudeaban por allí los impresionantes frescos y las cerámicas (muchas de ellas intactas) y en ese momento Evans se dio cuenta de que las teorías anteriores estaban equivocadas: en una época en que los griegos vivían en chozas (excepto en Micenas), los cretenses poseían una avanzada y refinada cultura palaciega.

Evans bautizó a esta civilización "minoica" y dedicó, prácticamente, el resto de su vida a investigarla. Regresó a Creta en 1926 y 1931 y continuó excavando. Los estudios de Evans sobre Creta y los minoicos nunca se detuvieron, y siguió escribiendo libros y artículos sobre el tema hasta su muerte en 1941, a la avanzada edad de 90 años.

No sólo se lo considera el descubridor de la cultura cretenese, sino de la naturaleza pictográfica del sistema de escritura minoico.

Pero lo que más nos interesa es su célebre teoría sobre la caída de esta increíble civilización.



Retrato de Arthur Evans

La destrucción y el misterio

Hacia el final de período medio, Cnossos fue destruida por primera vez, y todos sus lujosos palacios, así como los de Gurnia y Cidonia (actual Khánia), fueron arrasados y desparramados por los fértiles campos.

El Minoico Tardío presenció de nuevo la destrucción de Cnossos, posiblemente a través de una invasión proveniente de la Grecia continental (acaso Micenas decidió concluir con sus competidores mercantiles y militares), que finalizó con el saqueo y la destrucción total del palacio del rey Minos. Pero recién una tercera y definitiva catástrofe barrió a los cretenses de su isla hasta el punto de ser casi exterminados por completo.

De esta manera, el Minoico Tardío concluyó en la pobreza y la oscuridad, mientras el foco cultural del Mediterráneo se desplazaba a la península helénica.


¿De dónde provenían los minoicos? Lamentablemente no los tenemos por aquí para preguntarles, pero sí disponemos de sus artefactos. Contrariamente a lo que muchos piensan, las cerámicas y objetos cretenses primitivos no muestran ninguna relación apreciable con los de la Grecia peninsular. Por el contrario, se asemejan a los del Egipto, la Libia y la Siria primitivos.


Vaso cretense de 2200 a.C.

¿Por qué Creta? Pues sencillamente porque se trata de la isla más grande del Egeo, la más fértil, y la que por casualidad se encuentra en lo que era la intersección de las rutas marinas de Asia, Europa y el norte del África.

Muchos aspectos de estos hombres y su cultura se nos ocultan, aún hoy en día. Sabemos, por ejemplo, que "Creta" no era el nombre con que los cretenses conocían a su isla, y naturalmente "cretenses" no es tampoco el nombre que se daban a sí mismos. Llamamos a la isla Creta y a sus habitantes cretenses sólo porque esos son los nombres que les da Homero en sus poemas. Más cercanos a la realidad, la isla pudo haberse llamado Keftí o Keftiú, porque así se la nombra en unas inscripciones del templo de Tuthmosis III, en los que se da cuenta de la llegada a Egipto de unos embajadores del rey de la isla egea.



Tres documentos minoicos en Lineal A (los dos de arriba) y Lineal B

Los cantos de Homero protagonizados por cretenses se consideraron míticos y legendarios hasta principios del siglo XX: algo parecido ocurrió, como se sabe, con Troya hasta que Schliemann la descubrió en Turquía.

Unas excavaciones sacaron a la luz en el último año del siglo XIX, para sorpresa de todos excepto de unos pocos, grandes palacios y viviendas, frescos, joyas, cerámicas y tablillas cubiertas de los tres tipos de escritura que acabamos de mencionar. Estos descubrimientos son comúnmente considerados el máximo logro de la arqueología contemporánea, porque no debe olvidarse que nadie creía que lo que Homero cantaba fuese más que un mito.

Los especialistas comenzaron entonces a leer a Homero con más profundidad, y descubrieron que lo que las excavaciones dejaban a la vista se correspondía exactamente con las descripciones del bardo ciego: una isla enorme y fértil, hermosa, muy poblada y llena de soberbias ciudades. Pudiendo verla ahora, se comprendía que una civilización muy importante se había desarrollado en ella.


Pequeñas joyas de oro en forma de hacha, arte cretense

En tiempos de Homero, sin embargo, la civilización cretense era ya menos que un lejano recuerdo; sin embargo, los mitos helénicos guardaban aún los ecos del antiguo poderío de Cnossos y su rey Minos.

Sólo quedaba descifrar la escritura cretense: por desgracia, cuando esto comenzó a lograrse —el Lineal B, en 1953— se comprobó que casi ninguna de las tablillas contenía textos de naturaleza histórica o política. Los minoicos nos han legado muy poco más allá de listas de compras, padrones de personas, recuento de ofrendas, etc. Ni una palabra sobre ellos mismos, su gobierno, su patria ni su cultura. Ni siquiera estamos seguros de si "Minos" fue en realidad el nombre verdadero de algún rey o si se trataba de un título de nobleza o una categoría militar.

La guerra y la muerte

De algún modo sospechamos que los señores de la isla debían ser quienes reinaban sobre las ciudades de Cnossos, Festos y Malliá, pero que por motivos desconocidos todo el poder terminó concentrándose en manos de quien gobernaba la primera de ellas.

Durante el Minoico Medio, Cnossos se convirtió en la urbe más grande de todo el Mediterráneo: nunca tuvo, durante este período, una población inferior a 100.000 habitantes.


Impresionante jarra cretense

Pero luego, todo cambió. Los mercaderes cretenses tomaron contacto con las poblaciones de la Grecia continental, particularmente la de la más tarde grande y poderosa Micenas, y comenzaron a comerciar con ellas. Los cretenses exportaban telas, joyas, armas, cerámicas y objetos metálicos a Egipto, Siria, Asia Menor, Sicilia e incluso a la costa occidental de la Italia meridional.

Hasta que en 1450 a.C., un pequeñísimo grupo de griegos consiguió desembarcar en Cnossos, a despecho de la gran flota cretense que defendía la isla por los cuatro lados. Estos invasores tomaron la ciudad y la dominaron de inmediato, aunque otras ciudades consiguieron mantener su independencia por un tiempo. Medio siglo más tarde, Cnossos fue arrasada en forma completa, y poco después el resto de las poblaciones cretenses la siguió a la destrucción. Aunque poco sabemos de los autores y las causas de este espantoso genocidio de una cultura entera, durante muchos años los autores han sostenido dos hipótesis: que el pueblo cretense se rebeló contra los poderosos gobernantes —ahora extranjeros— de Cnossos, o que una nueva invasión de los griegos del continente acabó con Creta.

La realidad es triste pero ineludible: no lo sabemos.

¿O sí?

Los cretenses nos hablan

Pero, por desgracia, en un idioma que no podemos comprender. Fácil es imaginar que, si nada sabemos acerca de ellos, menos aún podemos aventurar acerca de su lengua.


El famoso fresco de los delfines, en Cnossos

Casi todo lo que sabemos de su cultura proviene de sus ruinas, pero esto no nos impide especular sobre su idioma. No se trataba de ninguna lengua relacionada con el griego, porque el minoico Lineal B, hoy descifrado, nos permite saber, por autores griegos, que "se utilizaba para traducir algunos dialectos griegos". Si los historiadores hablan de "traducción", es evidente que el griego no era la lengua original de los minoicos.


Tableta en Lineal B, que ya ha rendido sus secretos

Es más que probable —casi seguro— que su idioma ni siquiera haya sido de la familia indoeuropea: los mismos autores llaman al minoico "dialecto bárbaro", y es sabido que el concepto de bárbaro o helénico era, para los griegos, fundamentalmente una consideración lingüística y no cultural o étnica. En griego, "bárbaro" significa simplemente "que no habla ningún dialecto griego". Una vez más, el "racismo" lingüístico de los griegos era tal, que aceptaban como "griegos" a todos los lenguajes relacionados con él —los indoeuropeos—, por lo que suena lógico decir que el "dialecto bárbaro" de los cretenses era no indoeuropeo, como el vascuence o euskera.

De este modo, sabemos que los cretenses nos hablan, pero no podemos escucharlos, o, lo que es lo mismo, sus voces se han perdido para nosotros. No escuchamos lo que dicen y no podemos leer lo que escribieron, porque tanto el cretense jeroglífico como el minoico Lineal A permanecen aún indescifrados.

Si la lengua de los cretenses no era indoeuropea, posiblemente hayan llegado desde el Asia Menor. Homero, que escribe unos 800 años después de la desaparición de la Creta minoica, detalla en el Libro IX de la Odisea una lista de los pueblos que habitaban en Creta. Menciona allí a un extraño grupo étnico nunca registrado en ninguna otra parte: los "eteocretenses" ("cretenses verdaderos"). ¿Son estos eteocretenses los pobladores originales de la Gran Isla? El nombre que les da la poesía homérica parece sugerirlo. Los eteocretenses persistieron como grupo étnicolingüístico hasta 140 a.C.; su idioma fue, probablemente, un pariente cercano del minoico original. Lo irónico y triste de todo esto es que tan luego ellos, los cretenses, los fundadores de las culturas palaciegas del Mediterráneo —y por lo tanto ancestros remotos del esplendor griego- pasaron a ser, para sus herederos, simplemente un "pueblo bárbaro" más—.


El "socio gerente" de Creta

Toda la evidencia arqueológica (y especialmente los escritos descifrados hasta hoy) dan a entender que nadie mejor que los cretenses estructuró en la Antigüedad una monarquía burocrática.

Si bien los frescos y pinturas demuestran que la religión tenía una gran importancia en su sociedad e incluso participaba del gobierno, algunas tablillas de arcilla sugieren que el rey (¿o "minos"?) cumplía el rol fundamental de "empresario en jefe" o, mejor aún, "gerente comercial" del estado minoico.

No existe duda alguna acerca de que, al igual que los fenicios, los cretenses manejaban su estado al modo de una empresa comercial, dominada por los yuppies y los entrepeneurs de aquellos tiempos.


Danza religiosa en un fresco minoico

Al mismo tiempo que el pueblo vil disfrutaba de un bienestar económico notable para la Edad de Bronce, es indudable que las políticas comerciales se dirigían directamente desde el trono. Por debajo de él pululaba una inmensa legión de contadores, abogados, escribas, funcionarios y burócratas, que nos han dejado interminables listas de productos ordenados de modo increíblemente prolijo, informes de producción y exportaciones, etc., lo que demuestra que ejercían un muy minucioso control de la economía de su país. Y se comprende: por rica que fuera Creta en comparación con Grecia —apenas un triste desierto rocoso— no era ni Estados Unidos con su tecnología ni la Argentina con sus recursos naturales infinitos. Es claro que para mantener semejante nivel de riqueza, aquellos increíbles palacios, millones de habitantes y miles de talleres de metalurgia y joyería, debe haberles resultado imprescindible controlar las variables económicas al milímetro.


La armada del Minotauro

Si querían ser ricos, tenían que comerciar. Si querían florecer como mercaderes, debían mantener sus rutas abiertas, independientes de la política. Si querían proteger sus productos, debían rodear sus mercantes de una flota militar jamás vista en aquellos tiempos. Hicieron todo esto, y más. Creta fue una talasocracia, es decir, una potencia naval, sostenida por miles y miles de buques comerciales y protegida por una gran armada.

Su comercio fue fabuloso: las pinturas egipcias a menudo muestran a egipcios sosteniendo o utilizando productos minoicos, y el mismo arte faraónico muestra una fuerte influencia cultural egea. Los artefactos minoicos cubren las ruinas de toda Asia Menor, e incluso las de sus parientes griegos de Micenas y más allá.


Retrato del Minotauro: célebre cabeza de toro minoica

Producían mercadería de primera calidad, y no tuvieron competidores de importancia, lo que explica el monopolio de que disfrutaron y los ingentes recursos que manejaron.

Por dar un ejemplo: la civilización minoica es la única del mundo antiguo que pudo permitirse construir casas de muchas habitaciones para el completo 100% de su población, un lujo que ni el Egipto de Ramsés, ni la Roma imperial, ni la Caldea de Nabopolassar y ciertamente no los pauperizados y famélicos griegos pudieron ni soñar jamás. Hasta el más pobre labrador cretense tenía cañerías de agua en su casa, y posiblemente incluso agua caliente. Estos dos rasgos, la casa multiambiente y la instalación de plomería, fueron olvidados en todo el mundo luego del derrumbe de los cretominoicos. De hecho, el general del pueblo europeo occidental siguió viviendo en casas de una sola habitación hasta bien entrado el siglo XV d.C.


El altar de un templo

Esta verdadera "sociedad de bienestar" al estilo de los siglos XIX y XX d.C. se basaba, obviamente, en los grandes buques mercantes que navegaban el Mar Mediterráneo bajo la ceñuda enseña del Toro.


Torneos y competencias

Dada la riqueza que fluía libremente por las calles de Festos y de Cnossos, no es sorprendente que los cretenses hayan configurado también la primera sociedad que orientó a sus jóvenes hacia la salud y la diversión de los deportes —aunque nuestros amigos los griegos, muy posteriores, pretendan hasta hoy arrogarse tal honor—.

Una sociedad de bienestar representa, por definición, una sociedad con mucho tiempo libre, y ello inevitablemente conduce al ocio.

Los cretenses utilizaron el ocio en su aspecto más positivo: la creatividad, el arte, y, por supuesto, el deporte.

Para decirlo más claro: los cretenses fueron deporteadictos como nuestras sociedades de hoy: de cien frescos o pinturas halladas en las ruinas, treinta o cuarenta muestran a cretenses en actividades deportivas. El boxeo —una vez más, adelantándose por siglos al pugilato heleno— y las corridas de toros fueron los más populares. Las corridas parecen haber sido incruentas, en las que no se intentaba matar al toro sino saltarlo, en una compleja —y peligrosa— combinación de salto en largo, salto en alto, gimnasia deportiva y acrobacia artística.


El salto del toro: fresco cretense en las ruinas del palacio de Minos

Los minoicos fueron, asimismo, pioneros en los conceptos de igualdad sexual: al menos en las pinturas que representan atletas en sus juegos, pueden verse tantas participantes femeninas como masculinas. Y también en las escenas de trabajo: hay tantas operarias, artesanas o campesinas como obreros varones.


Un torero moderno imitando a los minoicos

Justicia social en la Edad de Bronce

Semejante concentración de riqueza en una sociedad tan pequeña condujo muy pronto a una explosión de la vivienda urbana. La mayor parte (si no todos) los minoicos debieron irse a vivir a las ciudades.

Cuando una sociedad se ve obligada a cambiar su estilo de vida feudal y rural por una estructura urbana y descentralizada, este movimiento suele ser muy traumático y productor de injusticias y diferencias. La sociedad feudal campesina se estructura en vasallos y señores, y nada más. Sin embargo, la ciudad organizada está dividida en clases, es decir, en capas sucesivas de personas que se jerarquizan por su funcionalidad económica.

Esto, como bien sabemos hoy, siempre supone un gran inequidad, ya que deja en la cumbre de la pirámide a los magnates, los ejecutivos y los burócratas, y al 90% restante en una situación de pobreza y marginalidad que hubiera provocado lágrimas de ternura en los "explotados" campesinos vasallos de la Antigüedad.


Las impresionantes ruinas del palacio de Cnossos. Al fondo, de blanco y con la mano a la cintura, Evans

Pero sí, lo ha adivinado: ¡eso no ocurrió entre los minoicos! La riqueza parece haber sido repartida entre las distintas capas sociales con una ecuánime liberalidad.

En las excavaciones de los núcleos urbanos cretenses, Evans pudo identificar perfectamente los barrios "ricos" y los "pobres" de aquellas grandes ciudades: las peores viviendas, las más "precarias", tenían entre cuatro y seis habitaciones, verdaderas y fastuosas mansiones en el Asia Menor y el Egipto contemporáneos (por no hablar del África o la América Latina del siglo XXI).

Igualdad sexual, igualdad en la distribución de la riqueza, igualdad de oportunidades, justicia social en plena Edad del Bronce... Una pequeña muestra de esta inexplicable, grandiosa y espléndida civilización que floreció en medio del mar durante un milenio y medio y que luego, misteriosamente, desapareció sin dejar rastros... para siempre.


Visión moderna de dos ánforas cretenses

¡Artistas! Y encima... ¡pacifistas!

El gran poder económico y la tranquilidad de que disfrutó la sociedad cretense mientras duró, se evidencia también en otras dos circunstancias.

Primero: la sociedad minoica tuvo que tener una proporción de artistas y creativos absolutamente desusada para las culturas de su época. La verdadera explosión de artes visuales que debió sufrir Creta se evidencia echando una sola mirada a las magníficas ruinas de sus grandes edificios. Apenas se puede encontrar un rincón sin frescos, una fila de ladrillos sin tallas o un frontis sin bajorrelieves. Y lo más interesante es que se trata de arte puro. El sentido de nuestra afirmación anterior es que la inmensa mayoría de las obras cretenses de arte visual no cumplen ninguna otra función aparte de agradar al ojo y a las almas, esto es, no se trata de pinturas políticas, religiosas o utilitarias.

Segundo, y tal vez más importante, es que las ciudades, pueblos y palacios minoicos no muestran evidencia alguna de obras de ingeniería militar, fenómeno completamente ajeno al resto de sus contemporáneos. No hay obras defensivas, torreones de observación, almenas para arqueros, trincheras, cuarteles... ni nada.


El famoso "príncipe-sacerdote" de Cnossos

Creta no estuvo en guerra con nadie ni temió a pueblo alguno durante la inmensa mayoría de su historia. Aunque algunos ataques ocurrieron en forma esporádica, la política exterior minoica fue pacífica y diplomática durante siglos enteros.

Esta observación explica el aspecto básico del bienestar cretense: una sociedad que no desperdicia recursos en la guerra o en las preparaciones para ella, puede concentrarse en los negocios, el comercio, el arte o el desarrollo tecnológico.

Así eran los cretenses, y es posible que este modo de buen hacer haya abierto el camino de su ruina.


Evans excava Creta

El principal problema de los arqueólogos del siglo XX —y especialmente de Sir Arthur Evans, que se había obsesionado con la historia de Schliemann y Troya— era determinar cómo había sido posible que una civilización tan esplendorosa y potente hubiese caído en ruinas ante la sola dificultad de una pequeña invasión o una simple revuelta popular.

El asunto es que ninguna de estas dos hipótesis justificaba el extremo grado de destrucción total que se observa en las ruinas. No queda, prácticamente, piedra sobre piedra: las grandes ciudades cretenses fueron arrasadas literalmente hasta el nivel del suelo. ¿Qué feroz enemigo podría haber mostrado semejante ensañamiento? Y, además ¿para qué? ¿De qué sirve conquistar un país del cual la conquista no ha dejado nada, pero nada... nada? ¿Destruir para luego reconstruir? No tenía demasiado sentido para Evans. Luego de varios meses de excavaciones, retornó a Gran Bretaña con el misterio insatisfecho y el alma contrita. Pero se juró que regresaría.


Salón del trono en el palacio del rey Minos

Y, por supuesto, lo hizo. Años más tarde, con nuevas ideas, más conocimiento y el espíritu renovado, estaba dispuesto a enfrentarse a los interrogantes que había dejado atrás. En su cabeza resonaba aún la teoría sobre una invasión por los mares, y prácticamente todos eran sospechosos: los aqueos procedentes del norte, de los países del Danubio; los habitantes de la Rusia meridional; los pueblos bárbaros y hasta los mismos griegos continentales. Pero analizó detenidamente los restos del Palacio de Cnossos y llegó a una ineludible conclusión: nadie más que las fuerzas de la naturaleza podían haber propiciado aquella destrucción.

Recordó Pompeya. Encontró, en analogía con ese caso, que la muerte había sorprendido a la gente de los palacios en plena vida, como los que por primera vez vieran D'Elboeuf y Venuti al pie del Vesubio: instrumentos de trabajo abandonados cerca de la mano del operario, ejemplares de trabajo manual y obras de arte suspendidas repentinamente en plena ejecución, quehaceres domésticos interrumpidos violentamente, etc.


El palacio del rey Minos

Y fue entonces, mientras su idea estaba madurando y tomando forma en su cabeza cuando llegó la prueba empírica. El 26 de junio de 1926, a las diez menos cuarto de la noche, Evans se encontraba en su cama leyendo sus notas cuando lo sorprendió un fuerte movimiento. El brusco sismo casi lo arroja de la cama. Las paredes de la casa temblaban estrepitosamente, los objetos caían al suelo, un balde de agua se derramaba, la tierra se quebraba y finalmente escuchó el bramido del Minotauro que volvía a la vida. La sacudida no duró mucho. Una vez que hubo finalizado, Evans salió de la casa rápidamente y se dirigió directo al palacio. Las obras expuestas al descubierto habían quedado intactas. Hacía años que se habían colocado refuerzos de acero para proteger a los ya de por sí vacilantes muros. Pero en los pueblos de alrededor y en la actual capital, Candía, la suerte no fue la misma: el terremoto había producido graves estragos.


Extraordinario fresco de tres mujeres

Esta experiencia cerró el círculo que rodeaba su teoría, basada en el hecho de que Creta era una de las zonas de movimientos sísmicos más agudos de Europa. Sólo la potencia e intensidad de un monstruoso terremoto o una erupción volcánica que sacudió la tierra, la agrietó y devoró a los desprevenidos hombres y su obra, podía haber destruido el palacio del rey Minos, de manera que sobre sus ruinas no pudiera construirse más que unas chozas miserables.


El Arco del Egeo

La primera pregunta a responder era: ¿qué volcán? Hay muchos por allí.

La zona sur del Egeo es una de las zonas tectónicamente más activas de nuestro planeta: el así llamado Arco Volcánico del Egeo Sur mide más de 500 kilómetros de largo y entre 20 y 40 km de ancho, y se extiende desde la Grecia continental en una amplia curva que pasa a través de los grupos de islas de Egina, Metana, Poros, Milos, Santorini, Kos, Yali, Nisyros y termina en la península del Bodro, en Turquía.


Cráter (actual) del volcán de Santorini, en la isla Nea Kameni ("la tierra neoformada")

El Arco del Egeo se ve sacudido en forma permanente por fuertes terremotos cuyos epicentros se encuentran a profundidades de 150 ó 170 km por debajo del fondo del mar. ¿Por qué?

Porque esa región del Mediterráneo representa la zona de subducción, es decir, el lugar donde chocan dos placas continentales y una de ellas, la africana, se hunde por debajo de la otra, la eurasiática, hasta llegar al magma y fundirse con él.

Por debajo de Creta, dos continentes colisionan. El espesor de estas placas es radicalmente distinto: mientras la africana presenta espesores de 20 a 32km, el promedio de la euroasiática es de al menos 50km lo que le brinda una dureza muy superior. Y sobre esta está situada Creta. Pero como se sabe, siempre es preferible ser flexible, para que "se doble pero no se rompa". Tristemente, este no fue el caso del hogar de los minoicos.<9>


Volcanes asesinos

La zona de fallas alrededor de Creta está orientada al noreste, en la forma de cinco alineamientos que corresponden a zonas de ruptura de la litosfera profunda. Estas roturas o desgarramientos de la corteza terrestre permiten que el magma ascienda a la superficie.

Y, como se nos ha enseñado, el lugar donde el magma sale a la superficie es nada más ni nada menos que un volcán.

Evans estudió este fenómeno minuciosamente, y averiguó que las Cícladas son una región metamórficamente compleja, formada entre el Triásico y el Terciario. Mucho más tarde, hace unos 60 millones de años, el Plegamiento Alpino metamorfoseó y retorció a las Cícladas, tierra torturada que dejó de ser en ese momento una masa coherente al comenzar la subducción. La masa terrestre se desintegró; algunas partes se hundieron y otras se elevaron, y de este modo, donde había antes una gran planicie, quedó formado un profundo mar —el Egeo— salpicado de cientos de islas —las Cícladas—. A fines del Mioceno, esa parte del Egeo mostraba ya su configuración actual.

El vulcanismo del Egeo comenzó hace 4 millones de años y nunca se ha detenido, excepto en la isla de Kos, donde los geólogos han descubierto evidencia de erupciones en épocas tan precoces como 11 millones de años atrás.

Pero esto no respondía a la pregunta principal: ¿Qué erupción de qué volcán pudo haber borrado a los cretenses de la faz de la Tierra?


El principal sospechoso

Había que mirar la zona más activa geológicamente del campo sur del Egeo. Esa zona es, claramente, el campo volcánico de Santorini, y los geólogos no tenían motivos para pensar que en el pasado había sido diferente.

El campo de Santorini se compone de la isla de ese nombre, las islas Cristianía —20 km al sudoeste— y el volcán sumergido Colombo, a 7 km al noreste.

Los perfiles sísmicos de la zona muestran la falla sobre la que están situadas todas estas estructuras, la grieta que permite la salida del magma al mar o al aire.

Santorini, como el resto de la zona, no fue volcánica en el principio de los tiempos: la parte noreste de la isla muestra rocas prevolcánicas que formaron parte de la placa euroasiática.


Santorini

La isla se encuentra a sólo 120 km al norte de Creta, y es hoy un grupo de islas quebradas y fraccionadas por la fuerza del vulcanismo. Su nombre oficial es Thera, y consiste en la actualidad de la isla de Santorini (de 76 km2 y 7.000 habitantes), y de los islotes de Therasia (9,3 km2, 250 habitantes) y Palea Kameni (0,5 km2, 1 habitante). Completan el pequeño archipiélago los islotes deshabitados de Nea Kameni y Aspronisi.

Thera tiene la forma de un arco abierto hacia el oeste, con Therasia al oeste y las demás islas en su centro. Todas las costas de las islas están formadas por rocas volcánicas, principalmente piedra pómez. Thera y sus hermanas se componen de los materiales vomitados por el volcán durante los últimos 2 millones de años, y las islas de Palea y Nea Kameni no existían antes de la destrucción de Cnossos.

¿Casualidad? De ningún modo.


Aterradora cercanía entre Cnossos y el volcán

Muchos de los eventos que formaron la piedra pómez no fueron erupciones en sí, sino fenómenos de formación de calderas. La caldera es la cámara hueca, llena de magma, que subyace bajo la boca del volcan. Las monstruosas fuerzas a las que se encuentran sometidas las calderas a menudo las hacen derrumbarse, y ya sabemos lo que ocurre en esos casos. Evans pensaba en Pompeya. Nosotros y usted podemos acordarnos de Krakatoa.

Aunque Thera hoy parece dormido, Nea Kameni continúa activo. Su última erupción se produjo en 1950.


¿No fue un terremoto?

La teoría de Evans trajo controversias. Tuvo varios adeptos, que vieron cierta lógica en sus ideas, y otros que encontraron la lógica contraria en la refutación de las mismas. Y ambas partes, de cierto modo, tenían razón. Tal es el caso de John Devitt Stringfellow Pendlebury, quien excavó junto a Evans en los primeros años de la década del 30. A finales de esta, en 1939, publicó su libro "Arqueología de Creta" donde rechazaba por completo la idea de la destrucción final del pueblo minoico a manos de un terremoto.

En los meses que compartió el trabajo de Evans llegó a la justa conclusión que este ya suponía desde hacía un tiempo: había pruebas irrefutables que la gran mayoría de las ciudades en ruinas habían sufrido incendios. "Un terremoto no causa incendios" sentenció, sabiamente. Hoy en día los incendios causados por los terremotos se deben a descargas eléctricas y fugas de gas, pero en aquella época esto era algo impensable. Pendlebury acepta que las dos primeras destrucciones del Palacio y otros sitios se debieron a movimientos sísmicos, pero claramente en ninguna de ellas había habido un incendio. Algo más tenía que haber pasado. Y vuelve a la teoría de una conquista.


Turistas en unas ruinas minoicas

Propone varios ejecutores de la misma, pero se centra en los griegos continentales. La influencia y poderío de Creta eran irrefutables, ganándose de esta manera muchos enemigos. Y quizá la respuesta estaba en la mitología. Primero recuerda el viaje de Jasón —un príncipe griego— al Mar Negro, quizá en busca de nuevos mercados ya que el más rico del mundo estaba controlado por el pueblo minoico. Luego recuerda a Teseo y la destrucción del Minotauro. Todo comenzó cuando Minos, rey de Creta, envió a su hijo Andrógeno a participar en los juegos de Atenas. Fue el más fuerte de todos y se coronó como Gran Campeón, lo que despertó la ira del rey de Atenas, Egeo, que lo mató a sangre fría. Cuando estos hechos llegaron a oídos de Minos, organizó una invasión que resultó terriblemente victoriosa. Y para no olvidar el error de Egeo, cada nueve años los atenienses debían enviar los siete jóvenes más fuertes y las siete doncellas más hermosas para ser sacrificados por el Minotauro. Pero cuando el espantoso ritual se llevaba a cabo por tercera vez, Teseo, hijo de Egeo, se ofreció para ir a Creta a matar al terrible monstruo. Y así lo hizo. Pendlebury propone que Teseo, y quizá Egeo, organizaron una conquista para vengar la invasión cretense y hacerse con el poder de todo el Mediterráneo. El mito de Teseo dice que partió de Atenas con un barco de negras velas. Anunció que si salía victorioso regresaría con velas blancas. Una vez derrotado el Minotauro, tal fue la emoción y la alegría que olvidó cambiar las velas y así regresó a su país. Egeo, desesperado al ver que regresaba un barco de velas negras, se arrojó al Eterno Mar.


Thera, verdugo de Creta

De nuevo la cabeza de Evans comenzaba a dilucidar el verdadero motivo de la destrucción de Creta. Encontró un débil vínculo con Thera al leer un artículo de L. Renaudin sobre la cerámica hallada en esta isla en 1860. Pero no fue hasta 1939, con la publicación de un artículo titulado "La destrucción volcánica de la Creta minoica" del renombrado arqueólogo griego Spyridon Marinatos, que se llegó a relacionar fehacientemente ambos sucesos. Marinatos recordaba en su escrito el evento de Krakatoa.

El 20 de mayo de 1883 el volcán Krakatoa, en Indonesia, comenzó a mostrar claros signos de intensa actividad. El 19 de junio la actividad volvió con más fuerza, y fue incrementándose hasta el 26 de agosto. Ese día, a las 13 en punto, tuvo lugar la primera gran erupción. Las erupciones continuaron hasta las 10 de la mañana del día siguiente cuando sobrevino la Gran Explosión, creando una nube de polvo de 80.000 metros de altura. Luego, la actividad fue disminuyendo y para el 28 de agosto había cesado por completo.


Bajo Santorini se oculta el monstruo

Se pueden distinguir claramente dos fases en el proceso, y es muy probable que haya sucedido lo mismo en la antigua Thera. La primera fase, de actividad media y corta duración, que en Krakatoa comenzó el 28 de mayo, puede encontrarse de la misma manera en Thera. Hay evidencias de que los habitantes de aquella isla la abandonaron organizadamente, previsiblemente por dichos movimientos que alertaban acerca de una posible catástrofe. No se encontraron restos de ganado, riquezas, herramientas ni personas en Thera, que -bien se sabe- estaba muy poblada y en la cual proliferaba una gran cultura. La segunda fase corresponde a la actividad más intensa, del 19 de junio al 28 de agosto en Krakatoa, y que puede compararse con la gran explosión que devastó la isla de Thera. Y esta explosión debe haber sido mucho más intensa que la del Krakatoa, porque según muchos estudios, la caldera debajo del volcán de Thera era de cuatro a cinco veces más grande que la que estalló en 1883 en Indonesia.


A pesar de ello, no todos fueron aplausos para Marinatos. Desde el principio encontró grandes opositores a su idea. Sin ir más lejos, los mismos editores de Antique, el diario donde se había publicado su artículo, demostraron un alto nivel de escepticismo. El punto más débil de la teoría es la discrepancia temporal de los eventos: la erupción de Thera está fechada en el comienzo de la era Minoica Tardía IA, mientras que la destrucción final de Creta está datada en el final de la era Minoica Tardía IB. Por entonces muchos creyeron, incluso Marinatos, que ambos períodos habían sido contemporáneos. Sin embargo, Evans los separó claramente y excavaciones posteriores a la Segunda Guerra confirmaron su versión.

Se acepta generalmente que la masiva destrucción de la mayoría de los asentamientos cretenses, excepto Cnossos, se dieron en el final del período Minoico Tardío IB, cerca de 1450 a.C. Los eruditos que relacionan la destrucción de Creta con la explosión del volcán vecino proponen que la erupción ocurrió tiempo después de la destrucción y abandono de las ciudades. Con pequeños ajustes, esta teoría es aceptada por Marinatos, Page, Platon, Luce y Warren. De acuerdo con ellos, la destrucción de Creta se debió a terremotos, y luego la erupción volcánica y la desolación causada por sus cenizas.


Área donde cayó la mayor cantidad de cenizas de Thera

Algunos interponen varias décadas entre estos sucesos.

Que una erupción de Thera vino justo antes de la destrucción de Creta puede probarse: se han descubierto capas de piedra pómez en lugares sagrados dedicados a rituales. Se cree que dicha piedra llegó a las costas de Creta por vía marítima y fue puesta en receptáculos y ofrecida en la liturgias como ofrenda para apaciguar la ira de los dioses. Esto demuestra claramente un margen de tiempo entre una primera actividad volcánica y la destructiva explosión final.

Otro punto a discutir es el tsunami generado por la explosión y el subsecuente colapso de la caldera de Thera. Aquí los arqueólogos no se ponen de acuerdo. Algunos dicen que las olas apenas tuvieron alturas de 8 o 10 metros, mientras otros afirman que llegaban a los 200. En todo caso, este efecto destructivo estuvo sólo acotado a las costas del norte de la isla, y si bien hay un par de excepciones, no hay muchas pruebas arqueológicas que lo soporten. También se afirmó que estas olas destruyeron por completo la gran flota minoica, pero es extremadamente improbable que todas las naves estuvieran de un solo lado de la isla, permitiendo de esta manera su erradicación total. Igualmente, sin duda los tsunamis generaron una cantidad significativa de bajas.

Marinatos pone mucho énfasis en un particular hecho de su teoría, y es que las cenizas volcánicas jugaron un papel fundamental. Este punto de vista tuvo mucho más soporte luego de que dos científicos estadounidenses descubrieran, en el fondo del Egeo, depósitos de ceniza volcánica contemporáneos a la destrucción de Thera. Luego de dichos estudios de las profundidades marítimas, llegaron a la conclusión de que gases, vapores, polvos y cenizas originadas en la erupción de Thera debieron cubrir por completo Creta, parte del Peloponeso y del Asia Menor. Y no sólo cenizas, sino también las tristemente célebres explosiones piroclásticas, vapores tóxicos a más de 500°C que se desplazan a cerca de 120 km/h. Estos dos elementos sumados a una posible lluvia de magma pudieron haber causado, sin lugar a duda, los incendios mencionados por Pendlebury.

Luego de esto, se realizaron varios estudios del posible efecto que pudo haber tenido la ceniza sobre la isla de Creta, con conclusiones encontradas. Algunos afirman con certeza que sólo la parte oeste de la isla fue afectada por la ceniza y que a lo sumo llegó a tener 10 cm de espesor, lo que no generaría tantos problemas como se pensaba originalmente.


El risco es lo que queda hoy de la pared de la caldera

A la dudosa acción del tsunami y las cenizas volcánicas se suma el hecho de que los terremotos generados por las erupciones volcánicas no son lo suficientemente fuertes para causar una desolación definitiva. Estos suelen ser más bien débiles y se limitan a las cercanías del volcán. Una posibilidad es que la actividad volcánica de Thera haya desestabilizado las ya de por sí inestables placas tectónicas de la región. En este punto algunos estudiosos comienzan a disociar la idea de que la destrucción de Creta fue exclusiva de Thera. Vuelven las teorías de invasiones, remarcando los principales sospechosos: los griegos continentales. Estos pudieron haber aprovechado una situación desfavorable de la isla después de los terremotos, tsunamis y caídas de cenizas volcánicas, que acaso no hayan acabado con todos los cretenses. Luego, los griegos conquistaron a este enemigo debilitado, destruyendo la mayoría de las ciudades a excepción de Cnossos, que es de las que se encuentran más intactas. Pero pese a estas posibles falencias, la teoría con mayor aceptación sigue siendo la de Marinatos: la erupción de Thera y su posterior explosión y colapso fueron los desencadenantes definitivos de la destrucción del pueblo minoico.


¿Thera registrada en la Biblia?

La mortífera acción de Thera no se limitó solamente a Creta. Se han encontrado claras evidencias de presencia de ceniza volcánica en Tel Aviv, la costa de Siria y Rodas, en Turquía. Todas ellas también fueron alcanzadas por el tsunami.

A partir de la teoría de Marinatos, diversos historiadores comenzaron a reinterpretar distintos mitos de varias civilizaciones. N. Platon, profesor de arqueología de la Universidad de Tesalónica, está releyendo y asociando citas bíblicas y del Egipto antiguo. Algunos textos posteriores a la XVIII Dinastía de Egipto dicen:

...Durante nueve días no se pudo salir del palacio y nadie de los presentes podía ver la cara de su compañero...

...Es inconcebible lo que ocurrió, con toda aquella confusión y el terrible sonido del tumulto: la tierra se quebró en un ruido ensordecedor... las ciudades fueron destruidas... el Alto Egipto sufre desolación... sangre por todos lados... la pestilencia recorre todo el país...

...Los hombres no pudieron navegar hacia Byblos. ¿Qué haremos para terminar nuestras momias? ¿Ir a la ciudad de Kefty en busca de aceites para que los embalsamadores terminen su trabajo?

...El Sol se cubrió y no resplandeció más para el hombre. La vida no es posible mientras el Sol se oculte detrás de las impenetrables nubes. Ra ha retirado su rostro de la Humanidad. ¡Si tan solo pudiera resplandecer por una hora! Nadie sabe cuándo es mediodía. Las sombras nos han abandonado.

Recuérdese, en referencia a los versos anteriores, que "Kefty" era el nombre que los egipcios dan a Creta en sus escritos.

Entre los testimonios bíblicos de la explosión de Thera destacan el profeta Jeremías y el profeta menor Sofonías.

Dice el primero de ellos en su libro (Jer 47:2-5):

He aquí que suben las aguas del norte y se hacen torrente que inunda, que inunda la tierra y cuanto ella contiene, la ciudad y los que en ella habitan; los hombres gritan y gimen, todos los que habitan el país. Al estrépito del galopar de los cascos de sus caballos, al estruendo de sus carros, al retumbar de sus ruedas, los padres se vuelven hacia los hijos: ¡tan desfallecidos tienen los brazos!

Porque llega el día de aniquilar a todos los filisteos, de exterminar a Tiro y a Sidón, a los únicos aliados que les quedan, porque Yahvé va a aniquilar a los filisteos, los residuos, la cola de Kaftor.

Gaza ha sido arrasada, Asqalón ha enmudecido, y tú, resto de los hanaquim, ¿hasta cuándo te harás incisiones?

Jeremías, profeta mayor en las Escrituras, nació en 650 a.C. y predicó hasta 580. Fue contemporáneo de Sofonías, por lo tanto. Cuando habla de los filisteos se refiere al pueblo al que hoy llamamos palestinos, mientras que Sidón y Tiro eran las dos grandes ciudades de Fenicia, hoy, al igual que Gaza, en territorio israelí. ¿Es que llegó "el torrente que inunda" desde Santorini hasta Palestina?


La boca del cráter, hoy ubicada en Nea Kameni

El escritor bíblico Sofonías, que predicó antes de 622 a.C y fue ancestro del rey judío Ezequías, es aún más explícito que Jeremías, ya que llama a las víctimas principales por su verdadero nombre:

Voy a suprimir todo lo que hay sobre la tierra, oráculo de Yahvé. Suprimiré hombre y animales, exterminaré las aves del cielo y los peces del mar. Habrá en aquel día, oráculo de Yahvé, un clamor ardiente del lado de la puerta de los peces y un griterío del lado de la ciudad nueva y un gran estruendo del lado de las colinas.

Día de ira es aquel, día de angustia y de congoja, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y de nubes, día de tempestad y grito de alarma, contra las ciudades fortificadas y contra las torres angulosas.

Pondré en aprietos a los hombres, caminarán como ciegos porque han pecado contra Yahvé, su sangre será derramada como polvo y su carne como excrementos.

¡Ay de los habitantes de la costa del mar, el pueblo de los kereteos!

El cronista antiguo se refiere a los cretenses con el nombre de "kereteos". Se trataba de un antiguo pueblo que posteriormente vivió sobre las costas de Palestina meridional. Viajaron de Creta a la costa asiática, y allí se establecieron.


La verdad científica

Si bien no podemos probar más allá de todo asomo de duda que Thera fue el causante de la destrucción de la civilización minoica y su consiguiente salida de la historia humana para siempre, hay algunos hechos científicos que apoyan la teoría de Marinatos y que descorren el velo sobre las supuestas "leyendas" de los escritores antiguos.

Sabemos que entre 1650 y 1450 a.C. aproximadamente, el volcán de Santorini sufrió una espantosa erupción que fragmentó la isla y hundió su caldera en el mar. Ya hemos visto lo que sucede cuando el agua del mar ingresa en una caldera volcánica y se vaporizan millones de litros cúbicos en una fracción de segundo. La presión del vapor origina una explosión cataclísmica.

Sabemos que esa explosión (conocida por los geólogos —y no por casualidad— como "Erupción Minoica") fue una explosión de tipo Plinio (por el historiador y naturalista antiguo que las describió por primera vez). La explosión del Vesubio que arrasó Pompeya fue de este tipo, como la de Krakatoa y también la mortífera erupción del volcán Santa Elena en Alaska, hace pocos años.

Sabemos que la explosión de Santorini fue una de las 6 más grandes ocurridas en el mundo en los últimos 10.000 años.

Sabemos que Thera arrojó aquel nefasto día más de 30 kilómetros cúbicos de magma.

Sabemos que la columna de humo, gases venenosos, ceniza y escombros arrojada por el volcán en la primera fase de su erupción se elevó a más de 36.000 metros de altura. Los materiales contenidos en esa nube cayeron en parte sobre los desasosegados habitantes de las islas vecinas, pero muchos otros —los más livianos— quedaron suspendidos en el aire. La noche nuclear subsiguiente tiene que haber durado días enteros.

Sabemos que la fuerza de la explosión hizo colapsar la caldera de Thera, que el mar se precipitó en su interior y que esa enorme masa líquida tiene que haberse evaporado. La explosión consecuente sólo podemos imaginarla entre rechinar de dientes.

Sabemos que durante semanas después de la explosión, millones de toneladas de cenizas cayeron sobre Turquía y todo el Mediterráneo oriental. Las capas de cenizas siguen allí, para que cualquiera pueda verlas.


El satélite muestra el contorno de la boca del volcán. La destrucción de la isla es claramente visible, y se adivina su forma original

No sólo Cnossos, por supuesto, sufrió la furia de la fragua de Vulcano. Los minoicos tenían en la mismísima Thera una colonia, Akroteri, que albergaba 35.000 habitantes el día de la catástrofe. La ciudad está siendo excavada en la actualidad, y revela también fastuosos palacios, parques y jardines, pero ningún cuerpo. Esto demuestra que Thera dio múltiples avisos antes de estallar, que los habitantes tuvieron tiempo de prevenirse y que, con inteligencia y rapidez, consiguieron evacuar la ciudad antes de que el desastre comenzara. Se llevaron sus objetos personales (que no han sido hallados en Akroteri). Si la erupción los sorprendió en el mar, tienen grandes probabilidades de haber sobrevivido al tsunami posterior.


Adiós a los cretenses

Es casi seguro que Thera no fue la única causa de la caída de los cretenses, pero sí la principal.

Los geólogos han calculado que la explosión de Thera fue cinco veces más grande que la del volcán Krakatoa en 1883.

La erupción quebró la isla como si fuese cristal, generó nuevas calderas, otras islas e hizo elevar el fondo oceánico a niveles nunca vistos, para volver a caer luego del colapso de la caldera. Ha de haber sido un espectáculo apocalíptico.

Habiendo medido cuidadosamente el tamaño de la caldera destruida, se ha podido calcular la potencia de la explosión: hoy sabemos que equivalió a 700 toneladas de TNT (o sea, igual a una bomba atómica de 700 kilotones). Si el tsunami de Krakatoa mató a miles de personas en Valparaíso, fácil es imaginar los devastadores efectos que deben haber tenido CINCO Krakatoas simultáneos en un mar cerrado como el Mediterráneo. Cnossos, las ciudades minoicas de las islas y por supuesto las de Thera fueron arrasadas hasta el nivel del suelo. Quienes no pudieron escapar murieron sin dudas. El arqueólogo Ceram va más allá y afirma que se encuentran vacíos históricos en todas las civilizaciones mediterráneas en los tiempos cercanos a la explosión de Thera. Él concluye que Thera no sólo mató a los cretenses, sino que borró todo rastro de vida en las costas mediterráneas. De ahí los huecos en los anales.


Impresionante testimonio de la erupción: la costa de Santorini. La capa superior, de piedra más clara, es el depósito de ceniza y piedra pómez de la explosión minoica

La costa norte de Creta sufrió los embates de las gigantescas olas, en medio de un paisaje devastado dominado por la noche y el invierno nucleares, porque la luz del Sol no pudo traspasar las capas de escombros suspendidas en el aire. Y luego, la convulsión de la atmósfera provoca la tempestad y el diluvio, que cae sobre las cenizas y las convierte en cemento. No hace falta ser teólogo para adivinar a Thera tras las palabras de Sofonías:


...día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y de nubes, día de tempestad y grito de alarma...


Luego del desastre, con los cretenses exiliados al escapar de su volcán o directamente muertos, las nubes por fin se despejaron, la lluvia dejó de caer y el mar calmó su bravo oleaje. ¿No habría sido este el momento ideal para que los griegos continentales, los micénicos, rivales comerciales del rey Minos, enviaran algunas naves para ver qué había sucedido en Cnossos? No hay nadie, nada queda en pie, la isla está desierta. El momento ideal para invadir y hacerla suya.

Tal vez, como piensan Evans, Ceram y Marinatos, la razón de la helenización de Creta no haya sido la guerra, la diplomacia ni tampoco una sublevación.

Quizá los cretenses cayeron en manos de los reyes de Micenas porque, si bien desafiaron con éxito a sus enemigos, controlaron a sus proveedores, se ganaron sus clientes, propusieron la paz y la obtuvieron, edificaron una cultura magnífica en una pequeña tierra en medio del mar, tal vez, a pesar de todos sus grandes y trascendentales logros, no pudieron protegerse cuando el fuego y el golpe de la maza de la fragua de Hefaistos, el poderoso Vulcano, decidieron abatirse sobre ellos.


Lugar exacto donde se encontraba la cámara del volcán hace casi 4000 años. El aspecto de las islas es el actual

Este fue el repentino y devastador fin de esta civilización insular de inigualable riqueza cultural y artística, estructurada como una sociedad justa y avanzada, dominadora de los mares y sin competencia en ningún aspecto. ¿Un tal Platón no describió una situación similar? Quizá tengamos bajo nuestras narices la respuesta y las pruebas de uno de los mayores misterios de la historia.



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