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El Gaucho de los Anillos

La yunta e’ torres
Capítulo 10

Dormía el Frodo guardando
debajo ’el poncho el anillo,
y un tirón del calzoncillo
lo despertó redepente;
al Faramir vio patente
en medio ’el canto de los grillos.

“Tenés que venir conmigo”,
le vino a decir don Fara.
“Ya sé que entuavía no aclara,
pero tenemos visita
y puede ser, me palpita,
que le conozcas la cara.”

Se asomó donde decía
y casi suelta un “¡ahijuna!”.
Allá abajo, en la laguna,
echado a la orilla estaba
el Golum, que lo alumbraba
la poquita luz de luna.

“¿No venía con ustedes
aquel animal rastrero?
Lo vamo’ a enllenar de aujeros
por venirnos a aguaitar.
Acá no se puede estar
haciendo ansí de bombero.”

Manotiaba un pejerrey
ahí nomás dende la orilla.
No lo echaba a la parrilla
ni las tripas le sacaba:
al buche se lo mandaba
con todo el barro y la arcilla.

Con el asco que le daba
quiso decir: “¡Tirenlé
y por mí aujereenlé
ese poquito de pulpa!”
Pero le dentró la culpa
de que lo hicieran puré.

“Pero qué va a andar gastando
pólvora en ese abombao.
Es un pobre disgraciao,
más vale dejarlo en paz.
¡Miremeló, si nomás
anda buscando pescao!”

Le contestó el Faramir:
“Si vos lo querés salvar,
lo tenemos que agarrar
y que nos diga él qué busca.
¡No sea cosa que conduzca
a algún otro a este lugar!”

Lo mandó al Frodo a buscarlo
al de ojos de cocuyo.
“Y no hagás ningún chanchullo
que estamos con los jusiles.
Solamente andá y decile
que traiga acá sus murmullos.”

¡Lo que tenía que hacer
por no querer dijuntiarlo!
Se abajó y dentró a llamarlo:
“Vení conmigo, Esmeagol”.
Lo mesmo que un girasol
se dio güelta pa’ mirarlo.

“Mirá vó, ’cá ’tá el patshón”,
se decía solo el flaco.
Gruñia como verraco
y echado sobre la panza
se enrollaba e’ desconfianza
como quirquincho mataco.

Pero el otro le insistió:
“Vamos, conmigo venite.”
Al fin le quiso el envite,
pero ahí la soldadesca
salió toda e’ su escondite
y se armó tremenda gresca.

“¡Mucho tiento con la cosa,
que hay que agarrarla viva!”
Como gato panza arriba
se defendía la fiera,
pero acabó en la arpillera
como grano pa’ la estiba.

Lo llevaron entre varios
enfrente del Faramir.
“Ahura nos vas a decir
qué andabas buscando, maula”,
y lo metió en una jaula
pa’ que no pudiera juir.

Les dijo endijpué a los hobbits:
“Este bicho no es muy claro.
Me repite algo muy raro
todo el rato como loro.
¿Qué es esa cosa e’ un tesoro
que dice que le robaron?”

Y justo pa’ contestarle
tuvo que salirle el pión.
“Ya pare e’ insistirnos, don,
no quiera que le digamos
que pa’ jundirla llevamos
la sortija del Saurón.”

El otro se puso blanco
y al fin gritó: “¡Amalaya!
¡La sortija del canalla
que se creía estraviada!
¡Ésa sí es carga pesada
y fiera donde las haya!”

Se la imaginó en el dedo
de su tata el Denetor.
¡Qué gran poder pa’ Gondor
tenerla en la capital!
Pero aquello a la final
diba a ser mucho más pior.

“Se me hacen humo cuantiantes
con su sortija y su bicho,
que yo viá dejarles dicho
a los soldaos que los dejen.
¡Salganmé con los manejes
de este coso y sus gualichos!”

Y se jueron los dos hobbits
antes que saliera el sol
llevándose al Esmeagol
ligerito a la carrera
pa’ cruzar la cordillera
por el paso e’ Ciriungol.

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