FICCION BREVE (veinticuatro)

Varios

Las entregas de fin de mes suelen ser más acotadas, menos abundantes que las que presentamos al inicio del mismo. La explicación hay que buscarla en el hecho de que se produce una inevitable acumulación de material no leído y tampoco es cuestión de despilfarrar ficciones. No obstante, al mismo tiempo, tenemos conocimiento de que existen individuos insaciables, a quienes nunca les alcanza lo servido y reclaman más. Para ésos, para los que pueden hacer un alto en la lectura de ficciones más extensas y desean hincar el diente en un bocadillo tierno y apetitoso, y para los propios autores, que a veces se ven asaltados por la ansiedad, aquí va esta nueva selección de ficciones breves. Esperamos que les proporcionen una satisfactoria y placentera lectura.

Pasen y lean.

SENTIDOS

Carlos Daniel Joaquín Vázquez - Argentina


Primero fue el hedor. Parecía llegar desde la locomotora, a mis espaldas: algo nauseabundo y penetrante que sacó tantas lágrimas de mis ojos que cambiarme de asiento fue una necesidad imperiosa. Luego oí un leve gorgoteo, como si algo húmedo y viscoso se escurriera bajo las tablas del piso. Fue espeluznante cuando vi su sombra, un breve atisbo con el rabillo del ojo y no más que una mancha a través del ojo de la puerta.

Me abstuve de volver a mirar, pero no pude aguantar la horrible sensación de creer que esoestaba allí. Lo imaginé un sueño, aún a pesar de mis ojos abiertos. Le eché la culpa a la penumbra, al cansancio de viajar de noche y solo, al aburrimiento. Mi mente, acostumbrada a rechazar todo aquello que no pudiera confirmarse por la ciencia, se negaba a creer. Mi corazón, en cambio, aceleró casi hasta el paroxismo, porque hay sensaciones que ninguna ciencia puede justificar. Temí no poder soportarlo, así que me levanté y caminé a lo largo del pasillo hasta llegar al fondo del vagón. Allí me senté en el último asiento, al lado de la puerta corrediza.

El hedor me siguió. Más fuerte. Igual que los ruidos. Y aunque no veía nada sabía que eso estaba cada vez más cerca. Un sabor a hiel me llenó la garganta.

Huí. Sí, huí. Aunque me avergüence decirlo abrí la puerta y avancé al siguiente y último vagón. Tuve la vaga esperanza de encontrarme con otro pasajero, pero sabía por experiencia que nadie viaja a estas horas por estos confines, más allá del maquinista y de mí mismo. Trabé la puerta con el pestillo, ingenuamente, y avancé hasta el final, como si esos ochenta y cuatro asientos de distancia fuesen suficientes para separarnos definitivamente.


Ahora estoy acurrucado al final del tren. Entre lo que acaba de vencer la cerradura y el abismo oscuro donde desaparecen las cintas de acero que ya dejamos atrás, junto a todo nuestro pasado.

Cerré los ojos para no verlo. Me tapé los oídos con los índices. Cubrí mi boca y la nariz con el cuello perfumado de mi abrigo.

Fue entonces que descubrí lo fútil de mis esfuerzos. Que cuando eso llegara a mí no habría salida, que había un sentido que no podría anular. Que, después de todo, no podría evitar su toque.


Ya hemos tratado de explicar quién es Carlos Daniel Joaquín Vázquez, Axxonita, en sus anteriores apariciones. Así que esta vez nos limitaremos a consignar la lista de sus cuentos publicados en Axxón: "Jugar con fuego" (15), "Su amor del tren" (25), "Breve historia de un naufragio" (37), "Repuestos, repuestos" (44), "Madre" (56), "Cruzado" (57), "Sin título" (64), "Rey al reír" (69), "Cinco flores para Alicia" (83), "Fábula (con amor)" (148), "Historias antes del fin" (149), "La Picazón" (153), "Alienígenzoos" (154) y "Clavius, Uclo y el factor indeseado" (159). ¿Les parece poco?



EDÉN ETERNO™

Iñigo Fernández - México


Anuncio publicado en el El Diario de Los Ángeles, el 30 de noviembre de 2094:

¿Sabía usted que, según datos proporcionados por la Iglesia Absoluta, cometemos más de un millón de pecados a lo largo de la vida? ¿Que el 70% de éstos tienen lugar entre los 25 y los 60 años? ¿Que basta con menos del 1% del total para condenar irremediablemente nuestras almas al fuego eterno? Los métodos salvíficos tradicionales han demostrado ser poco efectivos. Del total de personas que recurren a ellos, sólo el 5,2% logran salvarse por medio de la penitencia, el 3,1% con la abstinencia y apenas un 0,9% por la vía de la continencia.

En Trans-Ánima™ sabemos que la mayor preocupación de nuestros clientes es la salvación de sus almas como las de sus seres queridos. Por ello, tenemos el gusto de ofrecer "Edén Eterno" ™, el único servicio en el mercado que garantiza el acceso inmediato del alma al empíreo sin importar los valores cualitativos ni cuantitativos de los pecados y de las omisiones cometidos en vida.

Al contratar "Edén Eterno" ™ usted podrá diseñar el paraíso en el que descansará a perpetuidad. Por si ello fuera poco, el funcionamiento es sencillo. Basta conectar su cuerpo al Transmigratón™ para que sea saturado con Bellmoris, nuestra sustancia exclusiva que provoca una intensa y beatífica sensación de placer celestial al tiempo que suspende, poco a poco, las funciones cerebrales. Cuando el alma logra liberarse, es aprehendida en un campo energético que la transforma en impulsos eléctricos, los que son almacenados en nuestros potentes servidores para que usted empiece a disfrutar su vida eterna.

¡No corra riesgos y visítenos! Nuestros ejecutivos lo atenderán con gusto. Y recuerde que el lema de Trans-Ánima™ es: "A Dios honrando y la salvación comprando".


Iñigo Fernández vive en la ciudad de México con su esposa e hija. Es historiador, escritor y cocinero, más por vicio que por vocación; admirador entusiasta de la comida griega y viajero deseoso de poder cumplir un sólo sueño: pasar el resto de sus días en Delfos comiendo, bebiendo y escribiendo. Ha publicado cuentos en Alfa Erdiani y Necronomicón y una novela llamada Camino de Talamanten El Serial de El Sitio de Ciencia Ficción.



NATALIA

Luxx - Argentina


Serena y un poco dormida, Natalia mira por su ventana. No ve demasiado ya que tiene los ojos cerrados, detalle que sólo percibe al estrellar su nariz contra el frío cristal. Azorada, abre los ojos y ahora sí, ve, ve la ciudad bajo su ventana; el calor de las calles se alza en forma de vapor y asciende lentamente tiñendo de blanco la gélida mañana. A lo lejos, el mar se arremolina sobre sí mismo y parece querer engullir a la ciudad entera. Natalia abre la ventana, da un paso más y, sin pensarlo dos veces, se larga de cabeza al vacío.

Volar sobre los edificios de la gris urbe es su pasatiempo favorito, la vista que desde allí arriba se le ofrece no tiene rival, por algo vive en ese lugar. Pensar que cuando a su madre le ofrecieron mudarse a esa casita tan acogedora en la playa, fue ella la que con fuerza declinó la oferta, sabiendo que le costaría la pérdida de sus vuelos diarios sobre el vecindario. Tampoco da para venir volando desde tan lejos, y el aire de mar no le hace bien a Natalia, le da un nosequé.

No es un día como los demás, ningún día es como los demás, pero así es la vida, y está bien que así sea. De pronto detecta algo extraño, algo que la lleva a volar más bajo, rozando peligrosamente una antena de televisión, de esas con forma de T. Sobre un árbol muy alto, de los que crecen con la mera motivación de ser mas alto que cualquier cosa que los rodee, descansa un pato. Una vista tan poco frecuente despierta gran curiosidad en la muchacha, quien se acerca al animal y, en lo que sería la envidia de cualquier helicóptero moderno, permanece a su lado, flotando en el aire tenue de la mañana. Conversar con él sería inútil —reflexiona Natalia—, los patos no hablan, eso es sabido por todos.

—Hola —dice el pato súbitamente, mientras se acomoda una pluma rebelde.

Natalia no cree en lo que escucha, con los ojos desorbitados responde:

—Pero... ¿Vos sos un pato, no? ¡Los patos no hablan!

—Ajá —murmura el pato, notoriamente aburrido—, ¿y a vos no te han dicho que los humanos no vuelan?

—Sí... Bueno, pero es que no sé, no puedo evitarlo, ¿te parece que está mal?

—Para nada, yo lo hago muy a menudo. Pero me gusta más hablar que volar.

—¿Será porque es algo que no deberías hacer? —pregunta ella picarona, guiñando un ojo.

—No creo, me gusta más hablar que volar porque requiere menos esfuerzo, ¿entendés? Yo soy muy vago, un pato muy, pero muy vago.

—Yo una vez comí pato, a la naranja —exclama Natalia, queriendo cambiar el tema de conversación—, lo hizo mi tía Chona.

—¿Y te gustó? —ataca él con un dejo de repugnancia.

—Pues, a decir verdad, sí, estaba muy sabroso —asiente con la cabeza confirmando que no se arrepiente.

—Yo nunca he comido humano y tampoco pienso hacerlo.

—JaJa —ríe estruendosamente Natalia—, vos no podrías comerte un humano, no tenés dientes; aparte creo que los patos son vegetarianos.

—De ninguna manera, tengo un amigo que ha puesto una hamburguesería por aquí cerca.

—¿Un amigo pato? ¿Vende hamburguesas?

—Sip.

—¿Hamburguesas de qué?

—De vaca claro, bueno tiene de pescado también, pero esas no salen mucho.

—Muy interesante, bueno voy a dejarte, tengo que ir a ayudar a mi madre con el almuerzo.

—OK, buen viaje —contesta el pato volviendo a la tarea de arreglar sus plumas.

—Adiós —se despide Natalia y emprende el vuelo de regreso a casa.


—Nena, ¿adónde te habías metido? ¡Necesito que peles las papas y prepares los mariscos!

—Perdón mamá estaba charlando con un pat... estemm, con Patricio estaba charlando, me contaba que ha puesto una hamburguesería por aquí cerca.

—Bueno nena, esta tarde a la vuelta de tu sesión con el doctor Caronchi podemos pasar a probarlas si querés.

—No mamá, vos sabés que después de esas sesiones quedo agotada, aparte con las porquerías que me da el doctor no me queda hambre.

—M'hijita, vos sabés que esos remedios son muy importantes para tu recuperación, y que si no los tomás te imaginás cosas raras...

—Ya sé mamá, ya sé.


Luxx es el nombre literario de Luciano Rodríguez, argentino, nacido en Mendoza hace 27 años. Trabaja desde octubre pasado en el Oservatorio Real de Bélgica, en Bruselas, estudiando el Sol y el clima espacial. Lector desde siempre de ciencia ficción, literatura fantástica en general, y cualquier cosa que caiga en sus manos, empezó a escribir cuando descubrió Axxón y su mundo relacionado, hace alrededor de un año. Este es el primer cuento que va a trascender más allá de su disco rígido, pero parece que tiene otros y nos amenaza con enviarlos.



REFLEJOS

Fabián Casas - Argentina


El mar allá abajo refleja el sol de la mañana. Taon Poro se viste y sale de la cueva. Necesita anzuelos y algo de comida, para descansar de la dieta de algas. Baja del acantilado y camina por la playa, hacia la casa de Kurtis Fran, su vecino. Kurtis, el vecino de Taon Poro, ahora explota un mercadito en la playa. Pero durante los terribles años de la dictadura, Kurtis fue un activo colaborador de los perseguidores. Delató a los Jedis de la comarca y nunca se supo qué sucedió con ellos, cuando se los llevaron en los tópteros de batalla. Hoy Kurtis luce extraño. No parece ya el vecino servicial que se desvive por abrirle la puerta al respetable caballero.

Kurtis espera cruzado de brazos, parado sobre el tablado.

Sonríe, y sus dientes de oro mastican un rayo de sol hasta devorarlo. Se oye la radio del local: "Comunicado número uno..." Taon Poro extrae entonces su sable. Lo enciende. Y corta por la mitad a Kurtis Fran, cuyo cuerpo cae como ropa sucia sobre las tablas deslustradas.

Taon Poro se sirve unos anzuelos y un pan. Y emprende el regreso al acantilado. Tiene mucho por hacer antes de que lleguen los tópteros.



Fabián César Casas nació en 1964 en Berazategui, Argentina. Fue bautizado y ahí mismo abandonó la que pudo haber sido una promisoria carrera sacerdotal. Fue boy scout, ascendió a obrero de frigorífico, estudió y se recibió de profesor de química y física, lo que le permitió formular y fabricar tintas para impresoras; fue corresponsal de revistas subte, pilotea aviones, bucea e intenta vivir acorde al kung fu; se divierte haciendo programas radiales y sobrevive con la informática. No es poeta ni periodista, pero escribe para su hija, sus sobrinos y los amigos, Axxón y sus dentritas incluidas. Dice que usa el universo de star wars como excusa para llegar al piberío y porque le gusta, pero admite que no trata de ser fiel al espíritu de la saga. Nadie es perfecto.



INVOCACIÓN

Ricardo Manzanaro - España


La médium comenzó a recitar la letanía indicada para el objetivo de la sesión. El invocado era un espectro mítico en la comarca. La leyenda contaba que hace casi tres siglos, un adinerado médico organizaba ceremonias satánicas y orgías en las que se sodomizaban niños y animales. Los habitantes de la comarca, hartos de aquellos degenerados, asaltaron la mansión del médico. Apalearon y lincharon a todos los miembros del grupo, haciéndolo con especial mimo con el líder. Desde entonces eran habituales los rumores y leyendas que relataban supuestas apariciones del espectro del médico, horriblemente mutilado, preguntando por las moradas de sus agresores y clamando venganza.

La médium continuaba con la cantinela, animando al fantasma a que apareciera ante ellos. Todos los presentes mostraban parecido semblante de concentración, a excepción de uno de ellos, que echaba disimulados vistazos a los demás, con cara de escepticismo y de estar pensando "estos tíos están pirados".

Y fue precisamente esta persona la primera que se apercibió de que lenguas de humo iban surgiendo en el centro de la estancia, extendiéndose y engrosándose posteriormente hasta alcanzar forma y dimensiones humanas. Con semejante cadencia, la nube fue definiéndose, llegando a conformar un individuo identificable. Bueno, si a aquello se le podría llamar "individuo". Sobre el esqueleto como base, se combinaban trozos putrefactos de carne, restos ensangrentados de ropa y vísceras apachurradas de las que goteaban fluidos varios. La cabeza era un collage de huesos, sesos, órbitas, epitelios, sebos y sangre coagulada.

El tipo que antes miraba desconfiado, el único del grupo que vestía traje y corbata, ahora observaba con interés y sin expresar excesivo pánico o miedo en su rostro.

El monstruo anunció con voz potente y profunda quién era, y contó brevemente su historia. Seguidamente preguntó que querían de él, y la médium contestó:

—El señor de mi derecha —era el individuo trajeado— te solicita un favor.

—Por supuesto —contestó el espectro, alzando las manos de las que se desprendieron algunos de grumos de carne y sangre—. Puedo aterrorizar al amante de su esposa o acosar al empleado que le sisa el dinero. Con mis apariciones soy capaz de conseguir la ruina del comercio que le está haciendo la competencia al suyo o la huida de esos gamberros que la han tomado con usted. O incluso —el fantasma esbozó algo parecido a una sonrisa —matar a base de sustos a ese anciano familiar, tras cuyo fallecimiento usted heredará una fortuna. ¿Cuál de estos servicios desea que le preste? —y seguidamente se inclinó haciendo una reverencia.

—Sí, veamos —comenzó a hablar el "cliente"—. Mi caso creo que es sustancialmente diferente de los supuestos que usted plantea. Realmente no he venido aquí para pedirle un favor por su parte. Mi intención es plantearle una... digamos oferta de trabajo. Vamos a ver... eh... ¿sabe usted lo que es un parque temático?


—Pero... ¿cómo?... ¿La Casa del Terror está cerrada?

—Sí, ¿no te habías enterado?

—No. Ni flores. Pero... no lo entiendo. Si iba muchísima gente...

—Ya, todos los fines de semana estaba atestado de visitantes. Venía mucha gente de fuera únicamente para entrar allí.

—Es que era una pasada. Los espectros, los monstruos, los zombies estaban superlogrados. De verdad que te cagabas de miedo

—Jode, yo he estado dentro varias veces y en todas me he pillado unos sustos al verlos...

—Entonces, ¿cómo es que han cerrado? Tenía que recaudar mogollón de dinero.

—Es que no ha sido por quiebra o dificultades económicas. Está clausurado por orden judicial

—¿Y por qué...?

—Según me han contado, les hicieron una inspección fiscal rutinaria, y aunque todo estaba aparentemente bien, los agentes sospecharon algo raro. Consiguieron una autorización judicial y requisaron las cuentas y los ordenadores. ¿Y sabes qué descubrieron? Que no gastaban ni un euro en personal. Nada. Absolutamente nada.

—¿Cómo?

—Sí, en todos los balances privados que tenían, el capítulo de gastos de personal siempre marcaba cero euros.

—Y entonces, ¿qué pasaba?, ¿utilizaban a inmigrantes ilegales?

—Es lo que ellos suponen. Pero hasta que lo confirmen han intervenido las cuentas y han clausurado el parque. ¿Tú te lo imaginas? ¡Cero euros en gasto de personal! Ja, ja, ja. ¡Ni que hubieran contratado a fantasmas de verdad!


Ricardo Manzanaro tiene 39 años. Nació en San Sebastián, España, es médico y se ha dedicado a la estética. Actualmente administra los Premios Ignotus. Es asistente habitual —desde su fundación hace trece años— a la Tertulia de cf de Bilbao. Mantiene un blog de noticias sobre cf (notcf.blogspot.com) y hasta ahora ha publicado siete relatos, algunos impresos y otros en webs.



LADRON

Sergio Gaut vel Hartman - Argentina


—Es cierto, se los robé; no logré resistir el impulso de arrebatárselos. El brillo azul me encandilaba; me hubiera vuelto loco si no lo hacía.

—¡Le arrancaste los ojos, hijo de puta! —El coronel Asimov lo aferró de los cabellos, lo alzó en vilo y lo hizo girar como las aspas de un helicóptero. Ellison se quedó atónito, quieto, con los brazos pegados al cuerpo, rezando para que no lo soltara. Pero Asimov lo soltó y él salió despedido y se deslizó por el aire diáfano y transparente, etéreo, apacible. Cruzó el espacio y cayó de cabeza en la Luna.

Nunca había sido una persona exitosa y tenaz, por lo que no se explicó cómo había logrado efectuar semejante viaje. Pero seguramente Asimov había resuelto, con su aguda inteligencia, una serie de problemas prácticos que a él se le escapaban, y en definitiva, si nunca se enteraba, quedaría como un misterio más, uno entre tantos, imposible de resolver. Se incorporó y se frotó la cabeza; después respiró una larga bocanada de aire lunar; olía a queso y azafrán, dos olores que le resultaban tan poco atractivos como el hedor del pescado podrido.

—Bien —dijo en voz alta y alzando un puño hacia la Tierra, en cuarto menguante; en el puño apretaba los ojos azules de Octavia—, ya que esta es la condena, obraré en consecuencia y le sacaré el jugo a mi desgracia.

Tenía parientes en la Luna, pero no se trataban desde hacía años por culpa de una confusa discusión acerca de Marx y sus secuaces. Por otra parte, lo último que deseaba era pedir asilo político al corrupto gobierno lunar. Metió la mano en el bolsillo y guardó allí los ojos que atesoraba desde que los arrancara del rostro de Octavia. ¡Ah, Octavia! —No pensé que pudiera herirte tanto al arrancarte los ojos —dijo en voz alta—. El cariño torna suspicaz a las mujeres —agregó—, y yo poseo el raro privilegio de enamorarme de casi todas.

Una bandada de pingüinos lunares aplaudió sacudiendo las aletas. Se sabía desde tiempos remotos que la Luna había sido colonizada por los pingüinos, pero los gobiernos habían mantenido el asunto en secreto por las mismas espurias razones de siempre.

—¿Otro exiliado politico? —dijo el pingüino más alto señalando la Tierra con muy poca gracia.

—No señor —dijo Ellison—, soy ladrón, mire. —Volvió a meter la mano en el bolsillo y al abrir el puño dejó que las dos gemas azules rodaran por la palma de la mano, pero antes de que el fulgor engalanara la noche cerró el puño y lo blandió, amenazador. Los pingüinos retrocedieron—. Soy ladrón, pero podría convertirme en un asesino, un despiadado asesino serial, de ser necesario. Ustedes no saben con quien se meten, si se meten conmigo.

—Nunca diga no beberé esta sopa porque huele a pescado podrido —dijo el pingüino más pequeño—, especialmente si está usted en la Luna, señor.

—¡Qué pingüino más respetuoso! —dijo Ellison—. ¿Se puede saber dónde has estudiado, pequeño?

—En Harvard, señor —dijo el pingüino.

—Se nota, sin lugar a dudas. —Ellison se abrió paso entre los pingüinos, algunos de los cuales cayeron hacia atrás como maniquíes, pero no todos; los más fuertes reaccionaron agresivamente y golpearon a Ellison con todas sus fuerzas, utilizando las aletas como puños.

—¿Por qué hicieron esto? —dijo Ellison cuando logró recuperarse, sangrando de múltiples heridas. Los pingüinos, en lugar de responder como hubiera hecho cualquier criatura inteligente del universo, hicieron la cosa más absurda e inesperada que sea posible imaginar: lo golpearon de nuevo en los mismos lugares y provocaron la profundización de las heridas del ladrón. Esta vez los ojos azules de Octavia cayeron del puño cerrado de Ellison y rodaron por el polvo lunar.

Ellison gateó desesperado y persiguió las gemas que se hundieron más y más en el interior de la Luna. Los rastros de sangre que dejaba su cuerpo en la superficie fueron conservados por los pingüinos y hoy maravillan a los turistas de cualquier rincón de la galaxia que visitan el satélite.

Pero en aquel momento los pingüinos no se sintieron impresionados por el drama de Ellison. Esperaron pacientemente a que muriera y luego lo despedazaron a conciencia y vendieron las partes en el mercado clandestino de órganos y miembros. Cuando el coronel Asimov pasó por la Luna, muchos años después, y le reclamó a los pingüinos el cadáver embalsamado de Ellison, éstos se encogieron de hombros y se dispersaron sin hacer comentarios. El coronel se enfureció de un modo que no me siento capacitado para describir; estaba tan ofuscado que no se le ocurrió revolear a los pingüinos y enviarlos por el espacio turbulento y opaco rumbo a Vesta, a Ceres o a cualquier cometa que atinara a pasar por esta región del universo. Sólo pudo masticar y tragar su impotencia como si se tratara de un par de ojos azules, las gemas que alguna vez engalanaron el rostro de Octavia, una hembra de la que él también había estado secretamente enamorado. Todas las historias, a fin de cuentas, son historias de amor.


Sergio Gaut vel Hartman nació el 28 de septiembre de 1947 en la ciudad de Buenos Aires, donde vive actualmente. Ha publicado en Axxón: "Náufrago de sí mismo" (60), "Atrapando ovejas en la red interactiva" (67), "El hombre que conoce a todo el mundo" (67), "El moribundo y Lencia" (67), "Hacia abajo" (67), "El deudor" (67), "Ardilla", con Graciela Parini (67), "Crías de esturión" (69), "Encubridor" (81), Disfraz (123), "Muñecas rusas" (129), "Expediente de uno que no existe" (134), "El destino no es ciego" (135), "Correcciones en la trama del tiempo (139), "Receta: hombre frito" (148), "El mundo real" (150), "Oferta y demanda" (152), "Cabalah" (155).




Axxón 160 - marzo de 2006
Cuentos de autores de habla hispana (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Fantasía: Varios países).

            

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