EL PODER SALVADOR

Luke Jackson

EEUU

El aspecto de las cosas que son más importantes para nosotros
está escondido por su simpleza y familiaridad. (Uno es incapaz
de notar algo porque siempre está delante de los ojos.)
El verdadero fundamento de la investigación no se
le ocurre a un hombre en absoluto. - Wittgenstein


Las ideas zumbaban alrededor de su cabeza como abejas airadas. Apretujaba las páginas que garabateaba con su mano derecha, tratando de captarlas a todas antes de que se disiparan. Por fin había postulado un sólido marco teórico sobre la obra de Martin Heidegger, pero que también revelaba algunos defectos que había encontrado en el trabajo del gran filósofo: en detalle, rechazaba la dualidad mente-cuerpo, igual que Heidegger, pero había logrado evitar algo del reduccionismo inherente en el concepto de Estar-en-el-mundo. También había desarrollado con profundidad la ontología de Heidegger más allá de la distinción ontológica-éntica.

Su esposa Althea lo había abandonado esa misma tarde. Era probable que fuera mejor de esa manera. Ella no comprendía la importancia de su trabajo.

—Te pasas todo el día escribiendo Dios-sabe-qué —le dijo cuando él estaba tomando notas sobre su nueva ontología. Qué casualidad que ella hablara de referentes divinos cuando no era creyente.

En los últimos tiempos, su voz se había convertido en un estridente ruido de fondo, una distracción. Trató de no mirar su pálido semblante, arrugado por la preocupación y el descontento. Ella lo observaba debajo de su corto pelo negro.

—Este trabajo es muy importante, no tienes idea —le respondió, dejando a un lado su libreta y pasándose las manos por su largo cabello.

—Más importante que yo —afirmó ella, y lo obligó a reconocer en silencio que era verdad. Ella era sólo una persona; su trabajo lo abarcaba todo—. Un libro que ninguna editorial sensata publicaría —agregó, tratando de detenerlo.

—Quizás —dijo él, rascándose la barba de semanas—. La mayoría de las personas piensan que la filosofía está en agonía, o que ha muerto. El postmodernismo afirma que todo está en la lengua y la subjetividad del lector. ¡Por eso este libro es tan importante! Estoy elaborando un modelo filosófico, nuevo por completo, superando a los maestros...

—Espero que, en cierto nivel, te des cuenta de que lo has perdido —dijo ella, llevando su maltratado bolso marinero en una mano mientras cerraba la puerta con un golpe.

Ahora le estaba poniendo los toques finales al prefacio de su tratado, Hacia una nueva ontología:

Por lo tanto, vemos el resultado final de las "nuevas" filosofías. Primero fue necesario desplazar los sistemas teológicos que pesaban tanto sobre la mente humana, llevado a cabo con habilidad por Schopenhauer y Nietzsche. Martin Heidegger empezó la tarea de desarrollar un nuevo modelo ontológico, resumiendo el camino desde el Ser "lanzado" en el mundo a través de su inevitable Esencia-hacia-la-muerte, pero por desgracia su obra estaba teñida de asociaciones con el nazismo. Ahora, la mayoría ve a la filosofía fracturada y muerta, dividida entre el primitivo pragmatismo de Rorty1 y los estadounidenses, y los abstractos modelos obsesivos-de-la-lengua perfeccionados por los franceses. La filosofía moderna se quemó a sí misma en efigie.

No necesita ser así. En efecto, todos vivimos de acuerdo con un modelo filosófico, por lo general obtenido de la cultura dominante. Todos sabemos que en los EE.UU. se valora el individualismo y el materialismo. Lo que propongo es un nuevo camino, una nueva ontología.


Empujó la silla hacia atrás y se inclinó sobre lo que había escrito; luego salió a su destartalado balcón de hierro para fumar un American Spirit. La noche de Nueva Orleáns estaba manchada de tinieblas pantanosas, cortadas allá abajo de manera ocasional por los faros del tráfico. Aspiró profundamente y observó que el humo subía como un rizo alrededor de su nariz y ojos, y sintió la cabeza en llamas. Una punzada de auto aborrecimiento mezclada con la ráfaga de nicotina; Althea lo tenía bien amaestrado y había escondido sus pitillos por meses. Ya no más.

Se quedó mirando el rescoldo del cigarrillo; pensó qué americano era haber robado las hierbas naturales que fumaban en las ceremonias de paz para luego intensificarlas y producirlas en serie como una droga poderosamente adictiva y cancerígena. Era extraño; cuando las cosas se reducían a su esencia absoluta perdían todo significado real. Platón estaba equivocado, y los indígenas que se negaban a ser fotografiados tenían razón; de algún modo, habían visto el porvenir sin alma de una reality TV y del simulacro2 de Las Vegas.

Era absurdo que Althea lo hubiese dejado así. Él estaba proponiendo una alteración radical en la conciencia humana. Ella vivía absorbida por cuentas y cheques, el epifenómeno trivial de la existencia capitalista. ¿Cómo podía ser que no se diera cuenta de que sus intereses eran sólo conceptos mentales impuestos por la ideología dominante?

Tomó su cigarrillo del rebosante cenicero Ratón Mickey de cerámica y soñó con el Capítulo Uno.


* * *


La catacumba de vacíos corredores azulejados se extendía en todas direcciones, con sus lámparas atenuadas hasta ser bandas anaranjadas, para ahorrar electricidad. Su trapeador hacía un sonido fangoso mientras lo movía de un lado al otro, dejando un espumoso rastro amarronado. Ahí abajo su difusa sombra reproducía sus esfuerzos, como si pudiera escapar de ese submundo a través de la perfección de su mímica3.

Mientras repetía los interminables y susurrantes golpes de izquierda a derecha, rodeado por los murmullos de las baterías de computadoras, pensó en Althea. Había conocido a su esposa en un seminario de filosofía oriental, durante una breve fase de fascinación, cuando su ilógica le parecía un misterio inescrutable más que una colección de incongruencias. Ella había hablado de manera muy apasionada y elocuente sobre el pensamiento oriental, libre de los sistemas lógicos Aristotélicos heredados por Occidente. Quedó embelesado por su voz y, se sorprendió al invitarla a tomar un café, más cuando ella dijo que sí y encontró soportable su compañía.

Todo eso antes de que se burlara del programa de esos esclavos y aduladores, muy conformes con interpretar y reinterpretar a los maestros sin producir nada nuevo. Él estaba poderosamente afectado, y herido, por la filosofía: por las oscuras visiones de Schopenhauer de un mundo ateo y gobernado por la voluntad, por el desarrollo de Nietzsche sobre este tema, su exposición de las cadenas mentales que esclavizaban a los hombres, una experiencia de medianía y falsedad. Al final, Heidegger, el último verdadero filósofo del Ser que modificó su conciencia y visión del mundo.

Los otros estudiantes graduados sólo habían memorizado y regurgitado dogmas y teorías, totalmente indiferentes y racionales, pretendiendo que sus conciencias eran las del cogito Cartesiano, desacreditado tiempo atrás. Estos "positivistas" también podrían haber estado memorizando para un examen OCHeM4; no eran nada más que monos entrenados: lo que les hacían a diario a los grandes filósofos era una desgracia y una parodia.

Todo esto fue antes de que su esposa abandonara la filosofía por completo y entrara en el programa de asistente de abogado.

Para distraerse, apoyó el trapeador en la jamba cerca de la computadora principal. Los gráficos y las fórmulas en las pantallas, y las luces intermitentes, eran indescifrables para él, pero sabía que buscaban señales de inteligencia extraterrestre en la inmensidad del espacio.

Había visto las palabras en letras gruesas y tridimensionales en el vestíbulo de mármol: Institución para el Descubrimiento de Especies Extraterrestres Inteligentes.

Una impresora láser cercana murmuraba mientras añadía páginas a su colmada bandeja de salida. Levantó el papel y echó un vistazo al galimatías que copiaba el contenido de la pantalla:

ASTHBRWTYYTJTYUEWRTQWERTHFJDFUAERTAE RGJNK%^&Q%$TWVSDFH RT YRETU

TYU RWTYBWERRGVATRQRWETBVWERYBWRTBWRTYBTR

Echó un vistazo a las páginas, ansiando fumar. Por lo general, siempre que tenía una tarea en estos laboratorios científicos de investigación eran muy estrictos con los cigarrillos en el turno nocturno. Uno no ya podía fumar en cualquier lugar —la tiranía de la mayoría— y todo eso.

Se detuvo en una hoja:

HOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLAHOLA

Las letras que formaba "HOLA" se repetían algunas páginas antes de regresar al galimatías.

Se suponía que estas computadoras debían saber cuándo recibían una secuencia no-aleatoria. Estaba seguro de eso. Y las interminables páginas de "HOLA" parecían no-aleatorias, sin lugar a duda.

Se inclinó y miró la pantalla. Era exactamente el mismo galimatías; la secuencia HOLA había terminado.

Trató de presionar algunas teclas, pero el único resultado fue una furiosa señal sonora del sistema mientras la ristra de galimatías en el monitor se paralizaba por un segundo.

Suspiró, plegó su mensaje extraterrestre y lo puso en el bolsillo de su holgado overol azul de trabajo. Faltaba limpiar los siguientes dos pisos.


* * *


A la mañana siguiente estaba de nuevo en su balcón. El tráfico brillaba pálidamente bajo el frío sol invernal; las ramas desnudas de los árboles asomaban de la niebla, smog, lo que fuera. Un insignificante problema financiero lo había distraído del Capítulo Uno: el fornido arrendador —con manchas de sudor bajando por los costados de su camisa abotonada— le hizo una incómoda visita, sutilmente agresiva. Las cuentas se amontonaban y no tenía idea de cómo pagarlas.

Acarició las arrugadas páginas de repetitivos HOLA con sus dedos manchados por la nicotina. Según lo que sabía, estos HOLA eran el producto de alguna prueba de diagnóstico, y no tenían nada que ver con esa palabra. Eran algo que los científicos y las computadoras podían comprender, no un conserje con alta educación y baja experiencia como él5. Sería estúpido pensar de otra manera.

Abrió sus dedos y dejó que el viento se apropiara de su saludo alienígena: blancas palomas aleteando sobre los automóviles metálicos sin brillo. Un hombre con cara afilada vestido con un traje de piel de tiburón los manoteó, molesto, y por un breve momento miró hacia arriba.

Él también miró hacia arriba, deprisa, para evitar el contacto ocular con aquel traje, y vio un extraño globo naranja de tres partes, con contornos difusos, que colgaba del cielo brumoso.

No tenía idea de qué era, pero parecía inmenso. No seguía la trayectoria lineal de un objeto por el espacio, sino que parecía hincharse, ondular y disminuir de acuerdo con un equilibrio interno.

Se aferró con fuerza a la barandilla de hierro forjado hasta que sus dedos amarillos le dolieron y miró hacia abajo. Si el objeto no obedecía las leyes de la física, entonces no era una criatura de la realidad externa sino de su mente. Y parecía ser así. Las acciones de las personas abajo coincidían con esa conclusión: el hombre enérgico siguió caminando, algunos adolescentes con monopatines reían junto a la acera, los automóviles continuaron rodando.

Todos ignoraban el objeto naranja.

Se quedó mirando la cosa, deseando que dejara de atormentarlo con su existencia. El único resultado fue que aquello asumió una dureza congelada, un aspecto más definido a cada momento que pasaba.

No quería hacerla más real. Entró, trabó las ventanas y cerró las persianas.

Debía ser un castigo por haber tomado cinco tabletas de ácido en ese horrible concierto de Grateful Dead veinte años atrás. Envolvió una manta alrededor de su cabeza, se echó sobre el sofá y trató de conceptualizar la nada.


* * *


La cosa todavía estaba ahí. Había crecido, hasta su brillo salmón ocupaba un tercio del cielo, día y noche.

Nadie parecía ver lo que él veía. Imploró a las personas en la calle que miraran hacia arriba. Pero sólo lo rozaban al pasar, irritadas. Algunas miraron hacia arriba y apenas se encogieron de hombros y continuaron caminando. Unas pocas parecían perdidas o confundidas un momento, pero luego farfullaban algo sobre "extraños fenómenos del clima".

Su pequeño televisor en blanco y negro nunca lo mencionó. Ya ni siquiera podía captar canales locales, y los nacionales de noticias veinticuatro horas sólo estaban interesados en la política electoral y el reciente estallido del conflicto palestino-israelí.

Buscó en Google "mancha naranja" y "globo naranja" en la antigua computadora 486 de Althea, sentado en el rincón sobre un polvoriento taburete. Después de mirar en cientos de páginas de fiestas infantiles o enlaces más desagradables, encontró algo:

"¿LO HA VISTO?", era el título, y había un gráfico animado de la cosa palpitando arriba. La ilustración era más clara que lo que veía en el cielo nocturno por su ventana, y se parecía más a alguna clase de órgano hinchado que a un globo.

Leyó con rapidez la página web, de un tipo llamado Bob Savage, pero ofrecía pocos detalles. Algunas personas podían verla; la mayoría no. Nadie hablaba. El autor creía que existía alguna clase de bloqueo mental que evitaba que la mayoría pudiese verla, o, si la veían, que reconocieran su realidad o su rareza. El autor especulaba que era una repetición de la primera llegada de los europeos a América, cuando los barcos de madera sobre el agua eran tan extraños para la experiencia de los nativos que ni siquiera podían percibirlos.

Un asunto corriente de la teoría de conspiración OVNI... si él mismo no hubiera visto la cosa.

La computadora se congeló de repente. Maldijo y golpeó la tableta y el teclado. Estaba a punto de apagarla, pulsando el botón de encendido, cuando la pantalla se quedó en blanco y empezó a llenarse con un texto repetido:

NONONONONONONONONONONONONONONONONONONO


* * *


Estaba sentado en el afelpado sofá de la "loquera". Finalmente había aceptado la propuesta de Althea... Demasiado tarde, demasiado tarde. Ella lo miraba como un ave curiosa, con unos pequeños y animados ojos sobre su gran nariz. Sabía cómo debía funcionar la cuestión: se suponía que ella le dijera incongruencias y generalidades, expresando su curiosidad, para hacerle hablar y que él se expresara. Estaría calma y evasiva, pero al fin trataría de presionarlo hacia los modos conformistas de socialización6. Las chillonas chucherías que había dispersas por la habitación, y el crucifijo, exhibido en posición destacada, no lo impresionaron.

Empezó a contarle su historia, pasando con rapidez por los detalles poco interesantes de su infancia, las mudanzas, el divorcio de sus padres. Le contó que estaba en proceso de desarrollar una nueva ontología que revolucionaría la sociedad y las interacciones humanas. Por supuesto, ella mantuvo su actitud insulsa y abierta pero distante durante todo su monólogo7.

—Parece que ha estado viviendo una existencia aislada e intelectualizada, disociado de amigos y familia. Ha colocado un amortiguador entre usted y el mundo. Este amortiguador puede ser tranquilizador, pero también constituye un severo obstáculo para llevar una vida completa y humana. ¿Por qué piensa que ha desarrollado este amortiguador? —preguntó finalmente.

—He renunciado a eso para llevar a cabo mi trabajo, pero sólo porque lo encuentro muy importante —mintió, sin decirle que sólo había terminado un boceto preliminar del prefacio—. Muchos grandes pensadores se han aislado para realizar su trabajo. ¿Acaso Nietzsche o van Gogh habrían creado obras maestras si se hubiesen convertido en uno más en el rebaño de ovejas y empezado a tomar Prozac? —Recordó cómo el gran Heidegger había atacado esa sicología reduccionista casi cien años atrás.

—Ya veo, el mito del genio aislado —dijo ella, garabateando en su libreta. Mordió la punta del lápiz durante unos segundos—. Creo que sería provechoso que interrumpiera el trabajo por ahora, que tratara de restablecer los lazos con los seres queridos...

Recordó a Althea, y no quería hacerlo.

—Sólo mire por la ventana junto a mí —dijo.

La loquera se ahogó un poco y mordisqueó con cautela su lápiz.

—Sólo le pido que retire las persianas y mire a través de esa ventana detrás de usted —dijo, señalando—. Mire la maldita cosa ahí afuera. —Se estremeció.

—Señor Jackson, si está sufriendo de alucinaciones, es mejor que lo revele ahora. Es un síntoma de esquizofrenia, que empeorará a menos que la tratemos. Es un asunto muy serio8...

Él se puso de pie de un salto y caminó a las zancadas hacia el escritorio y la ventana que estaba detrás. Ella se encogió, como si fuera a golpearla.

Dio un tirón a la cuerda y una malévola luz carmesí bañó la habitación... la cosa como una manifestación visual del infierno. Ahora parte de ella tenía el aspecto de una cara: las pálidas órbitas se habían convertido en unos desquiciados ojos, ciegos al parecer, y su reja metálica era una hambrienta boca abierta. Se burló de él y lo miró con lascivia, empujando contra la estructura del cielo como si tratara de atravesarlo.

—Dígame lo que ve —farfulló él, con la mirada baja.

Ella parpadeó por la nueva luminosidad. Sus ojos parecían fuera de foco, mirando hacia adentro, y se preguntó si era miope.

—Ya veo —dijo—. Quizás no una alucinación per se, sino más una agnosia, una incapacidad de reconocer objetos familiares... —Hablaba consigo misma y garabateaba.

—¿Por qué no me dice lo que ve? —preguntó con suavidad.

Ella terminó de escribir y mostró lo que parecía una receta.

—Señor Jackson, sabe que sería completamente inapropiado.

Era una de las peores loqueras que había visto; sabía que no se le permitía involucrarse con su mundo, ¿pero no se suponía que debía ser un poco más lenta y sutil con su diagnosis y tratamiento?

—Ahora quiere que tome sus drogas para volverme insensible y manejable —le soltó, a disgusto—. Nunca, Enfermera Ratchet9 —sintiéndose más audaz—. Recuérdelo: nunca. Mi trabajo es mi vida. Mi vida es mi trabajo.

—Mi preocupación es usted, Luke, no su trabajo —respondió.

Abrió la puerta y empezó a caminar, a alejarse de la oficina, antes de que ella llamara a los matones de batas blancas.


* * *


Se desplomó detrás de la puerta de su departamento, jadeó y la cerró con llave, cerrojo de seguridad y cadena. El lugar era un revoltijo sin Althea; las colillas alfombraban el piso del balcón y la comida medio podrida empezaba a atraer a los insectos. Había tratado de correr las varias cuadras desde el hospital, pero sus achicharrados pulmones y su costado le enviaron el claro mensaje de que no estaba en forma para eso. Sin lugar a dudas, la dificultad para correr era un desagradable recordatorio de que su cuerpo era pálido y gomoso y sus órganos secos e ineficientes, como toda su persona. Las bulliciosas calles de ciudad, repleta de automóviles, gente y rascacielos pesaban demasiado sobre él, así que sintió su esencia individual borrada en la multitud10. Al final se desplomó dentro de un taxi, agradecido por escapar, feliz al decirle al conductor la dirección de su departamento.

La loquera pensaba que estaba demente y que sufría alguna discapacidad mental. Necesitaba hablar con otros que supieran para evitar el círculo vicioso heurístico de su propio razonamiento.

Marcó el número de larga distancia que había copiado del sitio web de Bob Savage; algún lugar en el área del código 909, fuera donde fuera.

—Aquí Bob —dijo una voz áspera.

—Vi su sitio web, Bob —dijo; hizo una pausa—. También he visto la cosa.

—¿Quién llama? —dijo Bob con brusquedad.

—Dean Moriarty —mintió—. ¿Puede decirme qué es?

—¿De dónde me llama, Dean?

—Eso no importa. ¿Qué es esa cosa? —preguntó otra vez.

—Una broma —dijo Bob—. Un chiste. Pensé que era obvio. ¿Alguna vez escuchó hablar del Monstruo Volador Espagueti11, de la Sociedad de la Tierra Plana12? Lo mismo. Ya he borrado el sitio web. Olvídelo.

Colocó el teléfono de regreso en su lugar. "Bob" estaba comprometido, y ahora su número iba derecho hacia algún agente militar de operaciones psicológicas. O peor: "Bob" nunca había existido, y el sitio web era un señuelo para rastrear y atrapar a las personas que podían verla... personas como él.

El departamento ya no era seguro. Tomó dos de los textos de Heidegger —Esencia y Tiempo y Obras Básicas— y se lanzó directamente hacia la puerta.

Dejaba atrás su gran obra recién comenzada, Hacia una nueva Ontología, sólo unos dispersos garabatos sobre papel amarillo de computadora. Ya no tendría tiempo de terminarla... le habían robado su oportunidad de alcanzar la inmortalidad.

Mientras abría la puerta principal, vio una botella de Pinot Noir del 73 que había sobrado de su fiesta de bodas. Descansaba polvorienta y abandonada sobre el refrigerador amarillo. La deslizó bajo su brazo y cerró la puerta tras él.


* * *


Luke se sentó sobre un ruinoso banco del parque en los límites del barrio francés, donde unos pocos turistas se aventuraban fuera del carnaval, y terminó el vino Pinot. Las calles íntimas y zigzagueantes eran más mansas ahora, y de algún modo más cálidas en el creciente crepúsculo. Al otro lado de la calle, desde uno de los bares, que llevaba el horrible nombre de Katrina, chillaba y latía sordamente un jazz distorsionado por el ácido, una mala imitación de Brebaje Brujo de Miles Davis.

Mientras la bebida surtía efecto, hacía rodar la botella vacía sobre el banco de madera con una mano y pasaba las páginas de Esencia y Tiempo de Heidegger con la otra. En tiempos de crisis, muchos recurrían a la Biblia; era raro que todos se volvieran hacia ese libro viejo y obsoleto ¡cuando habían ocurrido tantos cambios filosóficos desde que fuera escrito! ¿Acaso ni siquiera conocían el gran marco desarrollado en los siglos posteriores? En todos sus estudios, nadie había elaborado una teoría de Dasein13, o del Ser, para oponer a la de Martin Heidegger.

Era más fácil ignorar la cosa ya que su mente estaba consumida con la densa prosa familiar de Heidegger. Mientras abría en la desgastada página 269 y leía un pasaje subrayado, aquello se había vuelto apenas un distante objeto volador en el borde de su ojo derecho:

Dasein, como constituido por lo revelado, está esencialmente en la verdad. 'Hay' verdad sólo en la medida en que Dasein es y mientras Dasein sea. La esencia es revelada sólo cuando Dasein lo es; y sólo mientras Dasein sea, ella es revelada. Las leyes de Newton, el principio de contradicción, cualquier verdad en absoluto, son verdad sólo mientras Dasein sea. Antes de que hubiera un Dasein, no había verdad; ni habrá ninguna después de que Dasein no exista. Porque en tal caso la verdad descubierta, desnuda, y lo revelado, no puede existir.

De acuerdo con Heidegger, la verdad era un todo revelado subordinado a Dasein, el Ser humano. La verdad era mediada a través de Dasein, y Luke era Dasein14. Saltó más adelante, leyó:

Decir que antes de Newton sus leyes no eran ni verdaderas ni falsas no puede significar que antes de él no hubiera nada como lo descubierto y señalado por esas leyes. A través de Newton las leyes se volvieron verdades y con ellas, las cosas asequibles a Dasein. Una vez descubiertas, se muestran a sí mismas precisamente como esencias que ya lo eran antes. Tal revelación es la clase de Ser que pertenece a la "verdad".

Hizo una pausa. Newton era el catalizador de nuevas verdades que luego descubrieron esencias que siempre habían existido. De manera similar, Luke había descubierto una esencia malévola y desconocida en el cielo, que buscaba invadir y conquistar su mundo. Ahora que estaba descubierta, ¿había existido siempre?

¿Era totalmente culpable del "descubrimiento" de este maniaco demonio del cielo? Como Newton, ¿había operado su Ser singular como un canal para esta manifestación? Si esta entidad actual siempre existió, por medio de su propia actividad, ¿cómo era posible que pudiera revertir su invasión divina?

Levantó la mirada y la cosa se había convertido en apenas un punto naranja en el cielo distante. Por lo que sabía, podía ser Venus, no la maligna entidad que lo había acosado durante los últimos días.

Tenía la sensación de que ella temía el poder del pensamiento de Heidegger. Como un erudito rabínico, regresó a su detenida lectura de los textos sagrados: "Porque esa clase de Ser que es esencial a la verdad es típico de Dasein, toda verdad está relacionada con el Ser de Dasein".

Le parecía que podía destruir su Dasein15, y por lo tanto la verdad de la entidad, regresándola a lo oculto. Según su entender, nadie más era realmente capaz de verla, de modo que al pasársele se volvería a ocultar. La situación era diferente de la de Newton, que había publicado y popularizado sus hallazgos y por lo tanto sacrificó su poder de ocultar y revelar.

Recordó las palabras de Holderlin: "Pero donde está el peligro, también crece el poder salvador"16.

De inmediato supo cuál sería el modo. No seguiría la ruta hacia la muerte, sino que se le abría una tercera dirección, un camino por el que la formulación del Ser de Heidegger ya no podía llevarlo. Cerró el grueso y negro libro y lo sostuvo contra su pecho en esa noche entibiada por el vino.


* * *


El doctor Lugosi puso la película de imagen por resonancia magnética ("MRI") sobre la pantalla iluminada, una brillante representación de la conciencia de Luke en manchas rojas y amarillas. De su investigación en Internet, Luke sabía que la MRI podía producir un modelo tridimensional de su cerebro en el que se analizaban niveles de oxigenación para determinar qué secciones estaban más activas. Recién ahora la tecnología se estaba volviendo lo bastante económica como que se la pudiese usar.

—Hm —dijo el médico a través de la bola de goma masticable en su boca—. Ninguna anomalía grave ni tumores... pero algo muy extraño en su lóbulo temporal medio.

—¿Qué es eso? —preguntó Luke.

—El lóbulo temporal medio es crucial en la formación de la retención de recuerdos, en la retención de hechos. —Lugosi escupió su chicle en un basurero de desechos biológicos—. Podría estar equivocado, pero en realidad se ve como si faltara una sección. ¿Le molesta? —preguntó el médico, y empezó a pasar sus manos enguantadas por el pelo largo y escaso de Luke.

La ducha en el motel donde había pasado la noche no había servido de mucho.

Los dedos del médico tropezaron con una prominencia que dividía en dos la longitud del cráneo de Luke. Sintió dolor e hizo una mueca.

—¿Qué es esto? —dijo Lugosi y se acercó para mirar mejor—. ¿Qué se ha hecho? Tengo que entrar allí y ver qué está ocurriendo —continuó el médico. Tenía una extraña expresión en la cara que Luke no pudo entender17—. Espere aquí mientras encuentro una enfermera y un barbero —y partió.

Luke estaba atemorizado. No quería revelar alguna cosa que estuviese oculta dentro de su cráneo; ya era responsable de la horrible cosa. ¿Qué nuevos horrores se ocultarían en su cráneo; algún tipo de dispositivo implantado, o peor, una forma de vida alienígena capaz controlarlo y manipularlo?

Recordó las palabras de Heidegger: sea lo que sea, no existirá hasta ser descubierto. Mientras el médico estaba ausente, Luke enrolló la película de MRI y se la metió en el bolsillo de su chaqueta.

A lo largo de todo el examen cerebral, Luke se había concentrado en la cosa naranja, visualizándola mentalmente en el cielo. Por lo tanto, el MRI había escaneado qué partes de su conciencia sabían de ella y eran las responsables de revelarla.

Quizás esas partes podían ser extirpadas18.

Por un momento se preguntó si su análisis era del todo desquiciado, si carecía de cualquier base en hechos o realidad. Pero Heidegger lo consoló:

Uno debe buscar una manera de esclarecer la cuestión ontológica fundamental y luego ir por ese camino. Si la única o la correcta manera de decidirlo es sólo después de que uno lo ha tomado.

Luke se fue antes de que regresara el médico.


* * *


Recuperó la conciencia de mala gana, abriendo los nublados ojos en un quirófano repleto de gente que nadaba a su alrededor. Lo rodeaban desconocidos con batas blancas, azules de cirugía y máscaras, hablando en voz alta en una lengua extranjera y tratando de meterle y clavarle sus bisturís a través de la neblina de anestesia. Unos tubos de plástico se entrelazaban y traspasaban sus miembros.

Martin Heidegger estaba sentado cerca de su cama.

—Sr. Heidegger —dijo por lo bajo, harto de las alucinaciones y sin querer que nadie escuchara lo enfermo estaba.

—Sí —respondió Heidegger con un marcado acento alemán, inclinando su mole sobre la cama y espiándolo desde detrás de una prominente nariz y un tupido bigote. Su mirada y sus modales eran fríos.

—¿Por qué está aquí? —susurró Luke, deseando saber si era real, si era la vida después de la muerte, si era demencia.

—La causa de mi presencia es irrelevante —afirmó Heidegger, cortante. Hizo una breve pausa, frotándose el bigote con los dedos—. Parece que ha malinterpretado mi trabajo.

—¿Yo? —preguntó asombrado. De todas las cosas posibles, ésta era la única que no esperaba; pensaba que lo había comprendido mejor que todos sus compañeros en el seminario.

—Que lo haya afectado tan profundamente no significa, a la fuerza, que la comprenda. En efecto, incluso yo mismo he llegado cuestionar lo que he creado, lo que hay que comprender. Se aprende mucho al salir de aquí.

—Si pudiera decirme que hay una vida después de la muerte, resolvería una cuestión filosófica muy importante —dijo Luke, perturbado.

—No resolvería nada. Nunca sabría si soy una mera alucinación. Una de las desventajas de ser una criatura conectada con el mundo a través de aparatos sensoriales —respondió Heidegger.

—Tiene razón —dijo Luke, luego de un momento—. En cuanto empiezo a cuestionar lo que percibo, no puedo aceptar nada. Todo es demencia. Estoy loco. —Luke se sintió forzado a reconocer que la idea tenía cierto atractivo y eso le dio alguna libertad.


Ilustración: Guillermo Vidal

—Quizás —aceptó Heidegger, sobresaltándolo al acercarse y tomar su mano con cautela, para evitar la intravenosa que sobresalía de su espalda—. Pillado en la trampa del solipsismo. Pero si hay algo que quiero que las personas entiendan de mi trabajo es la importancia de Estar-en-el-mundo. La vida vivida en acción, con utilidad, no en el aire enrarecido de una mente aislada. Recuerde: "La resolución, como auténtico Ser-uno-mismo, no separa a Dasein de su mundo, ni tampoco lo aísla tanto que lo convierte en un libre "Yo". Esperaba que al menos lo entendiera de ese modo.

—Sí —respondió Luke, inquieto al ver que el semblante de Heidegger se veía más apagado y transparente a medida que la realidad del equipo del hospital se ponía más sólida—. Pero... —Le resultaba difícil pensar—. Pero si soy simplemente un actor físico y directo en el mundo, ¿no despoja a la filosofía de su significado? Se convierte en una abstracción sin sentido... y también el trabajo19 de mi vida.

Levantó la mirada hacia los pequeños ojos de Heidegger —eran como cuentas—, esperando recoger alguna esperanza o inspiración en ellos.

—Quizás, señor Jackson. Quizás. Pero Camus tenía razón sobre la cuestión del suicidio, ¿sabe? Tanto si está en el mundo por completo, o no.

Heidegger entregó su conocimiento con severa solemnidad; pelo y carne rubicunda chorreaban con lentitud desde su cara y barriga, los ojos más grandes y brillantes. Luke se resignó a más alucinaciones, a una vida de pensamiento entrópico y significado desintegrado, a acabar internado o vagando por las calles, gritando filosofía en callejones mugrosos.

—De todos modos, ha planteado el asunto —dijo Heidegger con una voz débil y distante—. Usted ha decidido extirparme quirúrgicamente —dijo, ahora nada más que un susurro y un fantasma—. Quizás sea mejor de esta manera. —Entonces se esfumó.

Cuando Heidegger desapareció, el equipo quirúrgico alrededor de Luke se materializó de repente como una realidad en lugar de un fondo silencioso. Luke vio algo que parecía ser sangre y que goteaba por el costado de su nariz. Se sentía como si el personal del hospital estuviera trepanando su cráneo; trató de gritar de dolor pero sólo tosió y se ahogó con un tubo de plástico en su boca. Hizo un desesperado contacto ocular con una de las enfermeras a su lado, que al instante empezó a lloriquear de modo ininteligible.

Entonces una jeringa se clavó en su muslo y regresó a la bienvenida oscuridad.


* * *


Se recostó y escuchó los químicos extraños que goteaban dentro de su flujo sanguíneo desde esas bolsas de plástico colgadas. Miró a su alrededor las figuras quebradas y retorcidas, también conectadas a máquinas intravenosas, poblando las camas junto a la suya. Éstas lo miraron con ojos estremecidos e incrustados, mensajes incomprensibles para él.

—Luke —dijo un hombre grande con pelo gris rapado, de pie a su lado.

Miró al hombre extraño. ¿Era "Luke" su nombre? Parecía equivocado, de algún modo.

—Soy yo, Luke —dijo el hombre extraño sentado junto a su cama—. Su amigo viejo, Bob. Bob Savage. —Bob agarró el hombro de Luke y lo miró a los ojos con ojos totalmente diferentes en su cara triste.

—No recuerdo —dijo Luke.

—Tal vez debería llamarle Dean —dijo Bob, y su ceño se convirtió en una pequeña sonrisa, mezquina.

—De acuerdo —dijo Luke.

—¿Recuerda la última cosa de que hablamos, Luke? ¿Por teléfono? Vamos, amigo, sé que puede recordar si trata de refrescar su memoria...

—Hey, Bob —dijo Luke, la lengua pastosa—. Todo se ha ido. Todo. —La cara de Bob era de piedra.

—No se rinda tan fácil —dijo Bob, ahora más calmado. Su mano apretó más el hombro de Luke—. ¿No recuerda lo que vio en el cielo? ¿La cosa? Vayamos afuera un segundo, sólo usted y yo, y echemos un vistazo juntos...

Los latidos de Luke se aceleraron y sus palmas empezaron a sudar. Luke notó estos cambios fisiológicos a la distancia; nunca jamás saldría otra vez.

—Bob —dijo—. Váyase, Bob. Lamento ser descortés, pero tengo que recuperarme. Si usted me hace salir, juro por Dios que voy a gritarle a esa enfermera. —Hizo un gesto con la cabeza hacia la mujer oscura y corpulenta—. Haré una escena, Bob.

—Bien, no querríamos eso —dijo Bob, terminante. Se puso de pie de manera abrupta—. Nadie habla bien en este país olvidado de la mano de Dios, Luke —dijo con tono despectivo. Y se alejó a grandes zancadas para abrir su teléfono celular.

—El filósofo desempleado es seguro —dijo.

Mientras Bob partía, Luke levantó la mirada a la pantalla del pequeño y ruidoso televisor en la esquina superior de la habitación. El programa era familiar, y aunque no podía comprender nada de lo que decían, era uno de sus favoritos. Las personas probaban a dar el número correcto y recibían fabulosos regalos si sus conjeturas eran correctas.

Ahora una mujer había acertado. Saltaba de arriba abajo, con su voluminosa carne bailando sobre sus huesos y su cara roja de júbilo extático. Aplaudía con pasión, con los grandes antebrazos estremeciéndose mientras tocaban las campanas y sonaba la música. El aplauso del público era estruendoso.

Era algo glorioso a la vista.



NOTAS:

1 - Richard McKay Rorty asistió a la Universidad de Chicago y a la Universidad de Yale. Pasó el inicio de su carrera tratando de conciliar sus creencias e intereses personales con la búsqueda platónica de la verdad. En su disertación doctoral, "The concept of Potentiality" y en su primer libro (como editor), "The Linguistic Turn" (1967), prevalecía el modo analítico. Sin embargo, gradualmente se interesó en el movimiento filosófico estadounidense conocido como pragmatismo, particularmente en los escritos de John Dewey, y en el notable trabajo hecho por los filósofos post-analíticos como W.V.O. Quine y Willfrid Sellars, que produjeron un cambio en su pensamiento. (N del T)
2 - Baudrillard sostendría por el contrario que esta nueva "realidad" imitativa era tan "real" como las precursoras. Pero no podría evitar sino pensar que, aunque estrictamente "real", estaba desnuda de cualquier significado verdadero. (N del A)
3 - Su sombra le hizo pensar en la Etapa Espejo de Lacan. El bebé, al ver su reflejo en un espejo, sufría por primera vez el trauma de saberse un ser finito y delimitado, ya no más la identidad abarcante y centro de la existencia. Con esta comprensión de la propia insuficiencia empezaba la desesperada e inútil búsqueda para incorporar y subsumir la realidad externa, empezando con el pezón materno y extendiéndose a través de los variados juguetes del difunto capitalismo. ¿Qué pasaría si, desde su nacimiento, el mundo sólo fueran estos corredores vacíos y su sombra borrosa? En esta moderna cueva de Platón, ¿se convertiría en el borroso doble fantasmal atrapado debajo de él? (N del A)
4 - Organic Chemistry Help eMediately. Un sitio donde se ofrecen recursos electrónicos para los estudiantes de bioquímica. (N del T)
5 - Su aprieto ocupacional le recordaba al filósofo post-marxista Louis Althusser, que desarrollara el modelo del Aparato Estatal Ideológico ("ISA"), es decir, los medios de control estatal a través de la ideología y la propaganda en lugar de la fuerza bruta del ejército y la policía. El ISA "educaría" a los ciudadanos sólo para su preconcebido rol social: los trabajadores sólo necesitaban simples relatos de patriotismo para hacerlos eficientes, mientras que los profesionales y otros recibirían la educación necesaria para prepararlos para su vocación. Tal vez su crisis provenía de la extrema disyuntiva entre su adoctrinamiento académico y la función de mantenimiento que en realidad desempeñaba dentro del capitalismo. (N del A)
6 - Ella parecía ser la perfecta manifestación de la "charla ociosa" de Heidegger -es decir esa conversación que no transmite información racional, sino que simplemente sirve como insípido paliativo para socializar y calmar al animal humano. (N del A)
7 - La psicología, la seudo-ciencia basada en el sistema filosófico de Freud. ¿Cómo había terminado aquí? Estos psicólogos pop sólo regurgitaban los mantras de la psicología sin saber de dónde provenían; era la nueva religión. Recordó al consejero matrimonial con irritación, cómo ella siempre lo regañaba por saltar a abstracciones generalizadas, insistiendo en que se concentrara en las irrelevantes nimiedades diarias. Era más una criatura del Dr. Phil (un psicólogo que tiene un programa en la TV norteamericana) que de Freud o Lacan. Ese proceso podría ser juzgado "beneficioso" sólo en una cultura consumida por lo trivial. (N del A)
8 - No era seguidor de Michel Foucault, pero su Demencia y Civilización había demostrado con habilidad cómo la división entre locura y "razón" era en esencia un concepto social, dirigido a imponer el dominio del racionalismo, no necesariamente basado en ninguna propiedad fisiológica inherente del paciente. La psicología no era ciencia o medicina; los psicólogos no eran médicos. (N del A)
9 - Personaje de Atrapado Sin Salida; la actriz ganó un Oscar por su rol en la película de 1975 basada en la novela del mismo nombre escrita por Ken Kesey. (N del T)
10 - Sabía que la loquera también diría que estaba desarrollando una agorafobia. Pero su entrenamiento filosófico le permitía ver qué estaba sucediendo en realidad -Heidegger escribió sobre la "ansiedad de la individuación", el dolor que siempre resulta cuando un individuo escapa del rebaño para volverse único. (N del A)
11 - El Monstruo Volador Espagueti (también conocido como Espaguedeidad) es la deidad de una religión de parodia denominada La Iglesia del Monstruo Volador Espagueti. La religión fue fundada en 2005 por el físico Bobby Henderson de la Oregon State University para protestar contra la decisión de la junta de educación del Estado de Kansas por exigir la enseñanza del diseño inteligente como una alternativa a la evolución biológica. En una carta abierta enviada a la junta, Henderson declara creer en un creador sobrenatural llamado Monstruo Volador Espagueti que se parece al espagueti con albóndigas. (N del T)
12 - La Sociedad de la Tierra Plana es una organización primero ubicada en Inglaterra y más tarde en Lancaster, California, que defiende la desacreditada hipótesis de la tierra plana. Como expresión "tierra plana", ha entrado en el uso coloquial para describir a los que manifiestan ideas dogmáticas y rechazan los cambios en el consenso científico. (N del T)
13 - Dasein es un concepto forjado por Martin Heidegger en su gran obra Esencia y Tiempo. Deriva de ‘da sein", que literalmente significa estar allí / aquí, aunque Heidegger afirmaba que era una traducción inapropiada de Dasein. En alemán, Dasein es sinónimo de existencia, como en ‘estoy satisfecho con mi existencia" (ich bin mit meinem Dasein zufrieden). Según Heidegger, sin embargo, no debe ser confundido con un sujeto, que es algo objetivamente presente. Más bien es comparable con la anterior separación de "sujeto" y "objeto" en la inmanentista filosofía de Giovanni Gentile. Heidegger era inflexible con respecto a esta diferencia, que continuó con la crítica de Nietzsche sobre el tema. Dasein, como un ser constituido por su temporalidad, ilumina e interpreta el significado de ser en el tiempo. (N del T)
14 - O al menos, una parte de Dasein. (N del A)
15 - Según Heidegger: "Por consiguiente, la muerte se revela como la posibilidad más apropiada, no relacionada e insuperable de Dasein". (N del A)
16 - Vea el ensayo de Heidegger "La Cuestión de la Tecnología" para mayor análisis. (N del A)
17 - El Dr. Lugosi estaba perturbado porque la psicocirugía era un procedimiento poco frecuente y muy controlado. Las primeras lobotomías, donde el médico forzaba un punzón para hielo a través de la órbita ocular de un paciente y al azar "mezclaba" los lóbulos frontales como huevos, se había convertido en conocimiento general y objeto de aversión universal. Ahora, las pocas operaciones de psicocirugía eran hechas sólo por específica solicitud del médico. Además, la psicocirugía moderna utilizaba lo último en tecnología y sólo producía lesiones cerebrales leves y mínimas. (N del A)
18 - Luke era muy consciente de la naturaleza en apariencia contradictoria de su camino. Mientras Heidegger había rechazado el reduccionismo de la psicología, ahora Luke estaba adoptando la mucho más reductiva postura de que su Ser (o Dasein) estaba compuesto por completo de materia gris dentro de su cráneo. Sin embargo, el gran maestro Heidegger, con justicia o no, era visto más como un existencialista que como un metafísico, y en efecto, todas la evidencia empírica parecía sugerir que la conciencia humana estaba compuesta de actividad neuronal en el cerebro en oposición a un "alma" intangible u otro concepto teológico. Lo más importante era que Luke estaba impulsado por una necesidad urgente -no tenía tiempo para oponerse a la horrible cosa a través de un escrutinio de identidad o coros de mantras, teniendo en cuenta la grave amenaza que representaba. (N del A)
19 - Si Luke fuera totalmente sincero consigo mismo, reconocería que sus garabatos tenían una semejanza más íntima con libros de "auto-ayuda" que con una gran obra de filosofía. Por suerte, raramente era sincero consigo mismo. (N del A)


Título original: The Saving Power
Traducido por Graciela Lorenzo Tillard, © 2007



Dice en el blog del autor: «Al nacer, el cráneo macizo de Luke hizo crujir los huesos de su madre. Ella pudo volver a sentarse de nuevo, aunque Luke siguió siendo un dolor más que metafórico en la misma zona durante los años que siguieron. En cuanto a Luke, los críticos sugieren que pudo haber sufrido algún daño cerebral permanente y nunca tuvo oportunidad de ser "normal". (Los críticos son unos necios. A sus 31 años, Luke ha revelado un brillo y perspicacia que exceden largamente las capacidades de los homínidos normales). El trabajo diario de Luke Jackson tiene que ver con las leyes, por lo menos hasta que logre fama y riqueza como escritor de ciencia ficción. Para sostener ambas posiciones obtuvo un Doctorado en Jurisprudencia en la Escuela de Leyes de la UCLA y un Bachillerato en Literatura de la UC Santa Cruz. Vive en Los Ángeles, California, EEUU, con su esposa Padma y su hijo de 4 años, Dylan Siddhartha». En Axxón hemos publicado el cuento "La intelectualidad liberal" (168). El cuento que presentamos aquí fue publicado, también, en el número de Octubre-Noviembre de 2007 de ADBUSTERS.


Este cuento se vincula temáticamente con "EL JARDINERO DEL CIELO", de Sergio Mars (118) y "CHARLA CON UN ANCIANO EN UNA PLAZOLETA", de Ezequiel Gaut vel Hartman (142).


Axxón 179 - noviembre de 2007
Cuento de autor norteamericano (Cuentos: Fantástico: Filosofía: Visiones: Conspiración : Estados Unidos: Estadounidense).

            

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