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ZAPPING 0198, 04-dic-2003
Aunque la mona se vista de seda...

Panbanisha es una chimpancé (Pan troglodytes) que, en los últimos años, se ha convertido en algo así como la estrella de los investigadores del lenguaje animal. Según los científicos del Centro de Investigación del Lenguaje de Atlanta, Georgia, Panbanisha es perfectamente capaz de utilizar con éxito un teclado de los que se usan para enseñarles a comunicarse a varios niños con severos retardos mentales.
      Panbanisha parece referirse a Austin, otro de los chimpancés del Centro, oprimiendo repetidamente y en varias combinaciones las teclas que simbolizan "pelear", "enojado" y "Austin".
      "¿Hubo una pelea en la jaula de Austin?", pregunta la doctora Sue Savage-Rumbaugh, uno de los entrenadores de Pambanisha. Y el animal responde "¡Waa, waa, waa!", una "frase" que la científica interpreta como una afirmación.
      Sue corre a la jaula y descubre que dos de los chimpancés allí alojados —madre e hijo— se han peleado para definir quién jugaba con una computadora y un joystick. El cachorro había mordido a la madre y, a juicio de Rumbaugh, ése era el ruido que Panbanisha había oído desde su alojamiento, a 70 metros de distancia, y era lo que estaba reportando en forma urgente a través de su teclado.

Panbanisha y la doctora Rumbaugh
      Luego de quince años en los que fueron desacreditados los informes de los investigadores del lenguaje acerca de los chimpancés, provocando repetidas desilusiones a sus entusiastas, Savage-Rumbaugh informa hoy que sus chimpancés pueden manifestar la comprensión rudimentaria de un niño de dos años y medio, cifra que Eduardo Schurzbok (Zapping 141), se reduce a dos años. De acuerdo con la documentación más reciente, los bonobos (chimpancés pigmeos) son más humanos e inteligentes que los chimpancés comunes estudiados anteriormente, al haber aprendido a comprender oraciones complejas y a usar el lenguaje simbólico para comunicarse espontáneamente con el mundo circundante.
      "[La chimpancé] nunca había puesto esos tres lexigramas juntos", afirma Rumbaugh, refiriéndose a los símbolos de las teclas con las que entrena a los animales. Encontró particularmente gratificante el incidente (acaecido el mes pasado) porque la chimpancé parece no estar utilizando los teclados para exigir comida, lo cual es normalmente el caso en estos experimentos, sino para "hablar".
      En un libro llamado "Los grandes monos, el lenguaje y la mente humana: Primatología Filosófica", la Dra. Savage-Rumbaugh y sus coautores, el Dr. Stuart Shanker, filósofo de la Universidad de York (Ontario) y Talbot Taylor, un lingüista del Colegio William and Mary en Virginia, arguyen que los logros de los chimpancés del Centro son tan impresionantes que los científicos ahora deben volver a evaluar algunas de sus ideas más básicas acerca de la naturaleza misma del lenguaje.
      La mayor parte de los expertos en lenguajes desmerecen los experimentos como el de Panbanisha, diciendo que son muestras de "pensamiento de deseo" por parte de los investigadores. "Pienso que este tipo de investigación se parece más a los osos del circo de Moscú, a los que se puede entrenar para que anden en uniciclos", nos dice el Dr. Steven Pinker, psicólogo cognitivo del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) que estudia la adquisición del lenguaje en los niños humanos. "Usted puede entrenar a los animales para hacer todo tipo de cosas sorprendentes".
      No está convencido de que los chimpancés hayan aprendido a hacer nada más sofisticado que a apretar los botones correctos para que los monos sin pelo del otro lado de la consola les den sus M&Ms, sus bananas y el resto de su comida.
      El Dr. Noam Chomsky, el lingüista cuya teoría forma y constituye la infraestructura básica de la ciencia lingüística (su teoría afirma que el lenguaje es innato y único en el ser humano), dice que intentar enseñar capacidades lingüísticas a los animales es tan irracional como tratar de enseñar a la gente que despliegue los brazos y levante vuelo.
      "Los humanos podemos volar unos once metros. Lo hacemos en todas las Olimpíadas. ¿Es eso 'volar'?". La pregunta no tiene sentido, pero, de hecho, la analogía con volar no es tan errónea, porque cuando los hombres vuelan once metros, los órganos que usan para ello son homólogos con los que usan los pollos y las águilas. "Los brazos y las alas, en otras palabras, provienen de la misma rama del árbol de la evolución", manifiesta Chomsky. No hay evidencia de que los "logros" del chimpancé surjan de nada similar al "órgano del lenguaje", que el Dr. Chomsky cree que sólo reside en el cerebro humano. Se dice que la estructura neuronal es la fuente de la gramática universal que une a todas las lenguas.
      Pero algunos filósofos, como Shanker, se quejan de que los lingüistas aplican un doble standard: descartan logros de un mono, como poner juntos un sustantivo y un verbo para formar una frase de dos palabras, pero consideran al mismo hecho el nacimiento de la capacidad lingüística en un niño pequeño.
      "Los lingüistas elevan cada vez más sus niveles de demanda", dijo Shanker, "y Sue los alcanza todos, pero los lingüistas siguen corriendo el blanco cada vez más lejos".
      Siguiendo a Chomsky, la mayoría de los lingüistas opinan que los circuitos cerebrales necesarios para desarrollar un lenguaje evolucionaron después de que los ancestros del hombre se separaron de los del chimpancé, hace millones de años. Como evidencia muestran cuán rápidamente los niños (y no los chimpancés) van ensamblando locuciones de dos palabras para desarrollar, sin esfuerzo, oraciones muy complejas, con frases anidadas dentro de frases como las muñecas rusas. Pero Shanker y sus colegas insisten en que no hay un abismo infranqueable entre el hombre y el resto de los animales, como creen los lingüistas ortodoxos, sino diferentes grados de capacidad lingüística.
      En un libro de próxima aparición, "El motor de la razón, el asiento del alma: un viaje filosófico al interior del cerebro" (MIT Press), el Dr. Paul Churchland, un filósofo y científico cognitivo de la Universidad de California en San Diego, dice que los lingüistas debieran tomar los experimentos de Savage-Rimbaugh como un desafío. Argumenta que el jurado aún no ha regresado a la sala del tribunal: las reglas para construir frases pueden demostrar no ser tan dependientes de circuitos complejos sino resultado, más bien, del aprendizaje, tanto por parte de los humanos como de sus parientes chimpancés.

Washoe
      La investigación del lenguaje animal perdió toda su reputación a fines de los 70, cuando fueron investigados un par de chimpancés "parlantes", uno de ellos bautizado Washoe y el otro provocadoramente llamado Nim Chimpsky, y se demostró que eran fraudes no intencionales. Como los chimpancés carecen del aparato vocal necesario para modular una variedad de sonidos, se les enseñó el vocabulario de signos manuales, una aproximación sugerida ya en el siglo XVIII por el médico francés Julien Offray de La Mettrie. En sus apariciones televisivas, los entrenadores de los chimpancés aseguraban que los monos podían armar frases de varias palabras. Sin embargo, bajo un estudio más serio, los científicos encontraron evidencia de que los antropoides sólo habían aprendido que contorsionar sus manos de determinadas maneras, en configuraciones fijas, complacía a sus maestros. Los humanos, por su parte, ansiosos por encontrar en sus movimientos señales de comunicación lingüística, pensaron que veían palabras en esos gestos, tal como los niños creen ver formas concretas en las nubes. Schurzbok, por su parte, sostiene que el aprendizaje del lenguaje de signos por los monos es sólo parcial, y allí hay otra enorme diferencia con los niños sordos, que lo dominan rápidamente en su totalidad.
      En un documento ampliamente citado en la publicación Science, "¿Pueden los grandes monos crear una frase?", el entrenador de Nim Chimpsky, el doctor Herbert Terrace, psicólogo de la Universidad de Columbia, reconoció al fin, a disgusto, que la respuesta era no.
      Un chimpancé puede aprender a conectar un gesto de la mano con la entrega de una porción de comida, afirman los escépticos, pero esto puede ser una simple cuestión de condicionamiento, como el perro de Pavlov aprendió a salivar al sonido de una campanilla. Más aún, no hay evidencia de que los chimpancés puedan adquirir una gramática generativa (la habilidad de encadenar palabras unas con otras en frases de tamaño y complejidad arbitrarios).
      Como joven veterana en experimentos originales sobre el lenguaje animal, la doctora Savage-Rumbaugh decidió intentar una aproximación diferente. Para eliminar la ambigüedad de los signos de las manos, utilizó un teclado con docenas de teclas marcadas con símbolos geométricos.
      En elaborados ejercicios que comenzaron a mediados de los 70, ella y sus colegas enseñaron a algunos bonobos y chimpancés comunes a asociar los símbolos con una variedad de cosas, gente y lugares dentro y cerca del laboratorio. Los alumnos más inteligentes incluso parecían aprender a diferenciar categorías abstractas, identificando imágenes de objetos como herramientas o comida. La doctora Rumbaugh informó que dos de los chimpancés aprendieron a usar los símbolos para comunicarse entre ellos. Sentados frente al teclado, uno de ellos le habría dicho al otro dónde encontrar una llave que liberaba una banana.

Kanzi en el laboratorio
      Lo más impresionante de todo fue lo hecho por un bonobo llamado Kanzi. Luego de tratar, sin éxito, de enseñarle a la madre de Kanzi a utilizar el teclado, los investigadores encontraron que el bebé de 2 años y medio, que aparentemente sólo había estado dando vueltas por allí, había desarrollado un impresionante vocabulario propio. Kanzi fue enseñado no en clases estructuradas con gran esfuerzo, sino en largos paseos a través de los 50 acres de bosque que rodean al Centro de Lenguajes. A los seis años, Kanzi había adquirido un vocabulario de 200 símbolos y estaba construyendo lo que podría tomarse como frases rudimentarias, consistentes en una palabra combinada con un gesto, u ocasionalmente dos o tres palabras. Rumbaugh se convenció de que la exposición al lenguaje debía comenzar antes y que las lecciones debían ser gobernadas en base a la curiosidad de los animales.
      Comparadas con las de otros chimpancés, las "declaraciones" de Kanzi son sorprendentes, pero siguen estando lejos de la capacidad humana. Kanzi es mucho mejor respondiendo a órdenes vocales como "quítale a Sue el zapato". En una hazaña particularmente espectacular (registrada en vídeo) se le dijo a Kanzi: "dale una inyección al perro". El chimpancé tomó una jeringa colocada en el piso frente a él, quitó el capuchón de la aguja y le dio la inyección a un perrito de peluche.
      Los críticos de la doctora Rumbaugh dicen que no hay nada de sorprendente en que los chimpancés (o incluso los perros y los loros) asocien sonidos vocales con objetos. Kanzi ha sido entrenado para que asocie los sonidos "perro" con la cosa peluda frente a él, y ha sido programado para llevar a cabo una estilizada rutina cuando oye "inyección". Pero ¿comprende realmente el chimpancé lo que está haciendo?
      Savage-Rumbaugh insiste en que los experimentos utilizando palabras en contextos nuevos muestran que Kanzi no sólo responde a los sonidos en forma automática. Es verdad, dice ella, que el mono fue ayudado inicialmente con inflexiones vocales, gestos de las manos, expresiones faciales y otras pistas contextuales. Pero una vez que dominó el vocabulario, el bonobo pudo responder apropiadamente a un 70% de frases que no le eran familiares, dichas por un entrenador con la cara tapada.
      Ninguno de estos argumentos puede convencer a los lingüistas, para los cuales la ácida prueba del lenguaje no es la comprensión sino la ejecución, la capacidad de usar la gramática para generar frases cada vez más complejas.
      El doctor Terrace dice que Kanzi, como el decepcionante Nim Chimpsky, simplemente está "yendo a través de un repertorio de trucos destinados a obtener cosas". No está en absoluto impresionado por las comparaciones con los niños humanos. "Si un chico consiguiera hacer exactamente lo que hace ese mono, de inmediato lo catalogaríamos como retrasado", dijo Terrace.
      Los científicos del Centro están "estudiando algunos procesos cognitivos muy complicados en los chimpancés", ha dicho Terrace. "Eso dice mucho acerca de la evolución de la inteligencia. ¿Cómo hacen los chimpancés para pensar sin un lenguaje? ¿Cómo recuerdan, si no tienen lenguaje? Estas son cuestiones mucho más importantes que tratar de que un chimpancé reproduzca unos fragmentos de lenguaje tratando de obtener su recompensa". Los hechos parecen apoyar esta postura: seis años de investigación por parte del matrimonio Gardner, los pioneros en lenguaje animal, sólo produjo un vocabulario de cuatro palabras en el más brillante de sus chimpancés.
      Intentando desplazar el eje del debate sobre producción versus comprensión, Rumbaugh asegura que los lingüistas tienen las cosas al revés: "La comprensión es el camino al lenguaje", dice. Desde su punto de vista, es más fácil tomar una idea que ya estaba en nuestra mente y traducirla a una cadena gramatical de palabras, que descifrar una oración dicha por alguien cuyas intenciones desconocemos.
      Shanker, el filósofo de York, cree que las objeciones de los lingüistas revelan una visión ingenua de cómo funcionan las lenguas. Cuando Kanzi inyectó al perrito, muy bien pudo estar apoyándose en toda clase de indicios contextuales y sutiles gestos de los humanos presentes, pero eso, arguye Shanker, es lo que la gente hace todo el tiempo.
      Siguiendo las ideas del filósofo Ludwig Wittgenstein, dice que el lenguaje no consiste solamente en codificar y decodificar encadenamientos de símbolos arbitrarios. Es un acto social que siempre está enmarcado en una determinada situación.
      Pero resucitar a Wittgenstein y su filosofía a menudo oscura no es más que una manera de mostrar una salida a los lingüistas. "Si los monos superiores fueran incapaces de nada mejor que las trivialidades que muestran esos experimentos, se habrían extinguido hace millones de años", ha dicho Chomsky. "Si usted quiere investigar acerca de un organismo, estudia las cosas en las cuales es bueno. Si usted quiere saber sobre las palomas, estudia sus instintos migratorios. Si usted quiere investigar a los humanos, estudia su lenguaje. Todos los biólogos saben esto. Esta investigación es solamente una forma de fanatismo".

Koko pintando
      Los estudios críticos sobre Washoe, Koko (la "estrella" de la "pintura" antropoide, que supuestamente también conoce el Lenguaje Americano de Signos) y Nim Chimsky efectuados por los británicos Paul Baker y Tony McEnery, del Departamento de Lingüística de la Universidad de Lancaster, apoyan visiblemente la postura antiantropoide: "Las combinaciones de dos palabras de Washoe no tienen orden alguno, a pesar de que los signos tempranos mostraban el mismo juego restringido de relaciones semánticas que en el nivel de dos palabras de los niños humanos; el trabajo con Washoe no ha sido suficientemente reportado; los chimpancés que aprenden el lenguaje de señas repiten signos continuamente, haciendo que sus comunicaciones sean redundantes, mientras que los niños que aprenden a usar el lenguaje son sumamente económicos en su discurso; la 'capacidad' lingüística de Washoe puede ser explicada como un reflejo directo de las técnicas que se usaron para enseñarle los signos para ciertos conceptos; es posible que los investigadores sobrevaloren las habilidades de sus monos, al igual que los padres orgullosos piensan que sus niños son más inteligentes que lo que son en realidad. Por ejemplo, Koko 'generaliza' el término 'árbol' para usarlo en cualquier objeto de color verde y especialmente en los espárragos. Su entrenadora afirma que usa el signo 'árbol' para significar 'objetos largos y verdes presentados en forma vertical', pero esto parece sólo un error. Finalmente, Nim produce la mayoría de sus declaraciones al ser preguntado en forma directa por una declaración de su maestro. Nim interrumpe con más frecuencia que los niños y los cambios producidos en la longitud de sus declaraciones son muy diferentes de los cambios que producen los niños". Otros investigadores coinciden con Baker y McEnery.
      Algunos lingüistas y científicos cognoscitivos sospechan que los experimentos sobre el lenguaje animal están tan motivados por objetivos ideológicos como científicos: por la convicción de que el comportamiento inteligente no es producto de circuitos sino del aprendizaje, por el deseo de bajar a la gente de sus tronos autoadquiridos y de defender los derechos de los animales despreciados por el antropocentrismo.
      "Yo sé lo que es eso", afirma Terrace. "A mí me picó el mismo bichito, una vez. Verdaderamente quería comunicarme con un chimpancé y averiguar cómo se veía el mundo desde su punto de vista".

Más datos:

  • Criticism of sign language studies
  • Are nonhuman species capable of language acquisition?/A>
  • Can apes really speak?
  • Sign language for nonverbal children and adults
  • (Traducido, adaptado y ampliado por Marcelo Dos Santos (www.mcds.com.ar) del artículo de George Johnson Is it really language?, publicado por The New York Times, y de diferentes sitios de Internet)


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