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ZAPPING 0252, 15-ene-2005
El decapitador nocturno
por Marcelo Dos Santos

Las Islas Hébridas se encuentran en el mar de su nombre, al oeste de Escocia y casi al norte de Irlanda.


Las Hébridas. Al centro a la izquierda, Rum

En el grupo llamado Islas Interiores (las más cercanas a la costa escocesa), está la Isla de Rum (a menudo mal denominada "Rhum" ). El nombre no se refiere a la bebida, sino que significa, en el idioma del lugar, "la cresta de la colina".


En la lejanía, Rum (vista desde la vecina Skye)

Las Hébridas fueron ocupadas por el hombre desde la más remota antigüedad: sus campos ya se cultivaban en fecha tan temprana como 4.000 a.C. En muchas de ellas se observan dólmenes y monolitos prehistóricos, a menudo acompañados por tumbas de la Edad de Bronce.

Rum no tiene muchos sitios arqueológicos, por la sencilla razón de que nunca estuvo muy poblada. Antiguamente toda Rum pertenecía al Clan Ranald (rama de los McDonald), una de las familias más poderosas de Escocia. En su apogeo, la isla entera llegó a poseer 400 habitantes. Más tarde, la isla fue vendida al clan McLean quienes, en 1826, decidieron convertirla en una gigantesca estancia ovejera.


Monumentos megalíticos de la Hébridas

Todos los pobladores fueron llevados a otra isla, y sólo una familia permaneció en Rum. En 1845 fue convertida en coto de caza (acaso introduciendo animales para ello) y, por fin, en 1885 fue comprada por el millonario y empresario textil Sir John Bullogh. De él provienen dos de los mayores atractivos de la isla: su castillo y la cripta funeraria de la familia (un increíble templo griego al otro lado de Rum).

El Castillo de Kinloch fue construido por Bullogh en tres años. Aunque la Isla de Rum está constituida por granito, Kinloch fue realizado íntegramente en arenisca roja traída desde el continente. Su nombre significa "cabeza del lago", porque fue edificado en uno de los extremos del Loch Scresort, al noreste de la isla.


Impresionante formación de menhires

Kinloch era ya sumamente excéntrico en su época: es un trozo del pasado eduardiano de Escocia perfectamente conservado, donde aún se lustran los pisos de madera todos los días y se corta el cuidado césped.

El Castillo de Kinloch
El castillo funciona hoy como lujoso hotel con capacidad para 45 personas, y toda la isla pertenece al Consejo de Conservación Natural escocés (ahora rebautizado "Herencia Natural Escocesa" ). Rum y su contenido han sido elevados al rango de Reserva Natural y de Vida Silvestre, y son un codiciado destino turístico.

El castillo está prácticamente en el mismo estado en que Bullogh y su familia lo dejaron: luego de haber invertido una fortuna en construirlo, lo visitaron sólo una vez. O bien se aburrieron en ese primer viaje, o algo extraño sucedió, ya que lo abandonaron de inmediato. Cerraron las puertas, se fueron y no regresaron jamás, dejando en su interior los instrumentos musicales, las partituras sobre los atriles y los mejores vinos guardados en las amplias bodegas.


Kinloch: dormitorio de Lady Bullogh

La isla presenta cuatro impresionantes colinas (Rum Cuilins) de 800 metros de altura, que aún conservan sus nombres noruegos originales, que datan de los tiempos en que los antiguos vikingos se aposentaron en el archipiélago. Se llaman Askival, Hellival, Trollval y Orval, y sus remates —las crestas— dan a Rum su nombre. Las montañas son los restos de un antiquísimo volcán, que otorgan a la isla un alucinante aire de misterio, incrementado por su nombre más antiguo conocido: "La Isla Prohibida", que es como la llamaban los primitivos celtas.



Colonia de focas en la isla

La vida silvestre de Rum es maravillosa: se trata del primer lugar de las Islas Británicas donde se reintrodujeron águilas marinas en libertad. También existen colonias de focas, cabras silvestres (acaso descendientes de las traídas por los primeros pobladores en la Edad del Bronce), nutrias, y multitud de pájaros.

Actualmente la Isla de Rum tiene una población de tan sólo 27 personas, pero habitan en ella más de 2000 ciervos colorados (¿remanentes de su antigua función como coto de caza privado?). Este ciervo rojo, Cervus elaphus, está muy extendido geográficamente. Es prácticamente el mismo ciervo español (subespecie hispanicus), y el ciervo colorado argentino es exactamente igual al que vive en Rum.


Ciervos colorados en la isla de Rum

El ciervo colorado es una especie muy antigua: hace 400.000 años ya había adoptado la forma en que lo vemos hoy, se alimentaba prácticamente de lo mismo (pastos y hojas, y bellotas en el otoño para formar grasa) y tenía el mismo comportamiento.

Otra especie muy interesante que se puede encontrar en Rum es la fardela atlántica (Puffinus puffinus), un ave perteneciente a la Familia Procelariidae (las "aves de las tormentas" ), pariente de los petreles y los petreles-paloma. Es una especie de gaviota grande, blanca por el vientre y negrogrisácea por el lomo, que mide unos 35 cm. del pico a la punta de la cola.

Las migraciones de la fardela son, como mínimo, impresionantes: en efecto, se trata de una de las especies de gaviotón que vemos en la Costa Atlántica argentina, llegando a encontrársela incluso en Tierra del Fuego. La fardela frecuenta las costas argentina, uruguaya y brasileña, y luego se dirige para anidar, recorriendo de sur a norte todo el Océano Atlántico, hacia varios islotes de Islandia, las Faroe, Azores y Bermudas, sin olvidar sus nidificaciones en las Islas Británicas. De esa región, los nidales de Rum son sin duda los más grandes, con poblaciones que alcanzan los 120.000 individuos.


Puffinus puffinus, la fardela atlántica

Todas las especies que habitan en Rum son celosamente protegidas por el gobierno escocés y los propios pobladores, y su caza está por supuesto prohibida. Especial cuidado se tiene con los pichones de fardela, que nacen en nidos ocultos entre las rocas o cuidadosamente enterrados y, más o menos en agosto, comienzan a asomarse al mundo.


Ciervo colorado

Es común ver en esa época, en los acantilados de la isla, a miles y miles de pichones —que aún no vuelan— moviendo enérgicamente las alitas para fortalecer los músculos y prepararse para la gran aventura de dominar los cielos. Como se imaginará el lector, este entrenamiento es esencial para un pájaro que pocos meses más tarde deberá emprender un vuelo sin escalas desde Rum hasta San Clemente del Tuyú, Provincia de Buenos Aires.


De repente, el horror.

Hace varios años que los sorprendidos pobladores y turistas comenzaron a encontrarse con un espantoso espectáculo: cientos y miles de pichones de fardela muertos, abandonados de cualquier manera cerca de sus nidos. El decapitador comenzaba a recolectar su morbosa cosecha.

Nadie podía explicarse el extraño suceso: los cadáveres de las avecillas aparecían sin cabeza y a veces sin patas, pero con su plumaje completo. No les faltaba ni un gramo de carne.

¿Qué sucedía? ¿Era obra de un nuevo depredador o el resultado del accionar de un enfermo mental que disfrutaba mutilando voladoras?

Hasta el día de hoy, los ataques, que comienzan en agosto cuando los pichones salen del nido y concluyen en septiembre, no han cesado y se repiten año tras año.

El misterio quitó el sueño a los rumenses, a los científicos escoceses y a los zoólogos y ornitólogos de todo el mundo, y persistió como un enigma a quebrar durante años.

El abyecto asesino, de presencia elusiva como una sombra y crueldad afilada como la de Jack el Destripador, se ocultaba de la vista de los hombres para perpetrar sus crímenes en la oscuridad de la noche.

Nadie acertaba a dar con él, mas los pichones de fardela seguían perdiendo las cabezas.


La búsqueda del culpable no fue fácil. Primero se pensó en algún ave que, en ciertas circunstancias, se volviese rapaz de las fardelas. Se sabe que los cuervos y las águilas cazan a veces aves vivas, pero nunca se vio esta conducta sobre las fardelas de Rum. Los observadores de pájaros y los ornitólogos se gastaban las pupilas analizando los comportamientos de las demás aves que frecuentan la isla, pero nunca vieron a una de ellas atacar a un gaviotón. Sin embargo, por la noche, el decapitador nocturno atacaba de nuevo efectuando otro genocidio sobre las fardelas infantiles.

La falta de resultados de la teoría "aves contra aves" llevó la imaginación de la gente por otros derroteros.

Se sabía que el excéntrico Sir Bullogh había ordenado instalar en Kinloch un zoológico de animales exóticos. Entre ellos, había importado a la isla varios caimanes.

Una vieja anécdota daba cuenta de que en cierto momento, uno de los cocodrilos escapó del corral donde vivía. Los monteros y guardabosques de Sir Bullogh movieron cielo y tierra para encontrarlo (no era como para dejar suelta a semejante bestia en la isla), pero sin éxito. Resultó ser que el reptil no había huido hacia los campos, sino que se había ocultado dentro del castillo de Kinloch. El personal acabó a tiros con él.


¿Era posible que el decapitador nocturno fuese un caimán? Acaso no se había escapado uno solo, sino una pareja o más. Si se habían ocultado en las Rum Cuilins, hasta era posible que los descendientes de aquellos yacarés viviesen aún, hoy en día, en las nubosas montañas de Rum y se dedicaran a depredar a los pichones de fardela.

Pero en ese caso, ¿por qué recién ahora comenzaban a descubrirse los ataques? ¿De qué habían vivido los caimanes durante más de un siglo? ¿Qué clase de caimán se comería la cabeza de un pollo y dejaría el resto?

Los pobladores de la isla batieron las colinas metro por metro, sin poder, como era de esperarse, encontrar ni rastro de reptiles. Además, los despojos de las fardelas fueron mostrados a varios especialistas en cocodrilos, y todos estuvieron de acuerdo en que no habían sido atacadas por un animal de ese tipo.

¿Qué estaba sucediendo? Mientras los científicos se preocupaban, las muertes se hacían más y más frecuentes y los pobladores de Rum estaban cada vez más desesperados.

¿Cuánto faltaba para que el decapitador nocturno decidiese comenzar a comer cabezas de perros, ovejas... o personas?


Pichón de fardela, aún con su cabeza...

Ya se sabe cómo reaccionan las personas que viven en lugares remotos o aislados ante los hechos inexplicables: Rum se convirtió en una usina de rumores a cual más desorbitado. Monstruos marinos, licántropos, vampiros ornitófagos, hasta una bestia similar al Monstruo del Lago Ness que se arrastraba fuera del mar por la noche para cebarse en los cuerpos de las inocentes avecillas...

Pero faltaba poco para que la verdad del asunto saliese a la luz.


Un buen día, un paseante llegó corriendo a Kinloch, contando una extraordinaria historia: dijo que había visto a un ciervo rojo masticando tranquilamente a un pichón de fardela. ¿Ciervos carnívoros? ¡Qué tontería! Como es lógico, nadie le creyó.

Sin embargo, un especialista en ecología marina de la Universidad de Glasgow llamado Bob Furness manifestó haber estudiado un raro caso ocurrido en las Islas Shetland, al norte de Escocia. Allí, dijo, las gaviotas eran depredadas por... ¡las ovejas! Furness explicó que el motivo era la falta de calcio en la vegetación de que se alimentaba el ganado, lo que obligaba a las ovejas a suplantarlo convirtiéndose en depredadores. Casualmente, las aves marinas concentran la mayor parte del calcio corporal en la cabeza y las patas. En la isla de Foula, en las Shetland, no es raro ver a las ovejas decapitando pichones y rumiando tranquilamente las cabezas.

Por más surrealista que sea la imagen, los científicos apuntaron de inmediato sus sospechas hacia los ciervos colorados de Rum.


El "decapitador nocturno" de Rum es, en efecto, el ciervo rojo que se ha vuelto carnívoro. Verdaderamente el pasto de la isla carece casi por completo de calcio, y es por ello que el Bambi de lánguidos y tristes ojazos se ha convertido en un monstruo sediento de sangre que devora masa encefálica al estilo de los zombies de "La Noche de los Muertos Vivos".


La escalofriante mirada del asesino

Inclusive sus sanguinarias correrías son nocturnas, ya que en esos momentos los pichones están solos y salen de sus cuevas para ejercitar las alas.

Cuesta creerlo, pero los análisis de los excrementos de los ciervos de Rum han encontrado restos de picos, huesos y patas de ave digeridos.

Actualmente, sólo falta filmarlos in flagrante delicto para terminar de disipar cualquier duda.

La BBC, la National Geographic y el canal británico The Discovery Channel están instalando en estos momentos cámaras infrarrojas por toda la isla y las colinas a efectos de documentar la extraordinaria conducta.

¿Quién lo hubiese dicho? El Decapitador Nocturno de Rum ha resultado no ser otro que el tierno, tímido y tembloroso cervatillo que llenó de emoción nuestros cuentos infantiles. ¡Bambi asesino!

Más datos:

(Traducido, adaptado y ampliado por Marcelo Dos Santos de www.nationalgeographic.com y otros sitios de Internet)


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