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ZAPPING 0298, 27-Nov-2006
La bomba de Hitler (segunda parte)
por Marcelo Dos Santos (www.mcds.com.ar)

Mientras se desarrollaba en los Estados Unidos el Proyecto Manhattan, comenzaron a llegar a ese país científicos judíos escapados de Europa, que pronto comenzaron a trabajar en el proyecto debido a sus enormes capacidades técnicas y a su excelencia científica. Entre ellos se encontraban Leó Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner, quienes de inmediato informaron a los responsables norteamericanos que un equipo alemán, liderado por Werner Heisenberg, estaba trabajando en direcciones similares para intentar construir una bomba atómica nazi.


El físico nazi Werner Heisenberg

Como se ha explicado en la primera parte de este Zapping, participaban del proyecto alemán, además de Heisenberg, Carl Friedrich von Weizsäcker, Paul Harteck, Kurt Diebner y otros físicos nazis de nota. Ante la pregunta de los investigadores norteamericanos acerca de cuánto uranio 235 tenían los nazis para su proyecto, los científicos judíos respondieron lacónicamente: "Miles de toneladas".

Miles de toneladas de material fisionable listas para ser ensambladas en misiles alemanes bajo la forma de cabezas nucleares. Había que hacer algo al respecto, y había que hacerlo pronto.

El mayor de las SS ingeniero Werner von Braun había desarrollado el misil balístico V2 para los nazis, y la producción de esta temible arma había comenzado a fines de 1943; los primeros ejemplares habían caído sobre Londres el 8 de septiembre de 1944, sembrando la muerte y la destrucción.

Los estadounidenses no podían creer que los alemanes estuvieran por delante de ellos en la carrera armamentística nuclear, pero unos pocos cálculos los convencieron de que no era necesario que los aventajaran: que estuvieran igualados o incluso algo retrasados respecto de los aliados podía hacer que estos perdieran la guerra. El problema es que los científicos judíos habían sido apartados de sus puestos en alemania, por lo que no podían decir a los norteamericanos el esta actual del proyecto nazi.


Bomba V2 en su lanzador portátil

Y la combinación de bombas atómicas con los misiles del SS Von Braun era letal: Londres o Nueva York misma podían llegar a volatilizarse en una explosión cegadora antes de que nadie se diese cuenta de lo que ocurría.

Si bien, por lo que los aliados sabían, las V2 eran bombas voladoras de mediano alcance, nada impedía que Von Braun y su equipo hubiese desarrollado o estuviera desarrollando una versión ICBM (balística intercontinental). Si ese era el caso, nadie en el mundo podía estar tranquilo. Si no lo habían logrado aún, incluso la versión de mediano rango de la V2 era capaz de alcanzar un objetivo situado a 300 km de distancia en tan solo 4 minutos. Eso significaba que con lanzadores de V2 ubicados en las fronteras de Alemania y sus países ocupados, Hitler podría gobernar toda Europa por medio de los resortes del terror. Cada V2 funcionaba con una mezcla de alcohol con oxígeno líquido, y sus sofisticados mecanismos de control de vuelo podían ubicar una cabeza de guerra de 1 tonelada en un radio de unos pocos metros del blanco propuesto.

Los estadounidenses, que estaban preparando su primera bomba nuclear con solo 56 kilogramos de U235, no querían ni siquiera pensar en lo que podía hacer una tonelada... ¡Y los refugiados decían que los nazis tenían miles!

La solución, aunque nada fácil de implementar, estaba a la vista: había que infiltrar personal en la Alemania nazi, capturar si se podía a los científicos implicados en la búsqueda de la bomba de Hitler y, como prioridad máxima, recuperar los "miles de toneladas" de combustible nuclear antes de que los germanos consiguieran montar las bombas en sus V2.

Así fue que el mayor Robert Furman, empleado del Pentágono y miembro jerárquico del Proyecto Manhattan, fue comisionado para formar un equipo de hombres valientes y competentes capaces de llevar a cabo la tarea: neutralizar de una vez y para siempre la bomba atómica nazi. Furman reclutó al capitán Marte Previti, norteamericano hijo de sicilianos, y juntos comenzaron la tarea de formar el equipo que privaría a Hitler de su "superarma secreta". El equipo y la operación de Furman y Previti recibió el nombre codificado de Alsos, que en griego significa "camino arbolado". Los dos jefes eligieron este nombre porque era la traducción del apellido del general Leslie Groves, jefe militar del Proyecto Manhattan.

Los objetivos de Alsos eran muy simples: capturar a los científicos nazis, recuperar el combustible, investigar la tecnología... y matar a todo aquel que obstaculizara el cumplimiento del plan. Al fin y al cabo, se trataba de una operación militar en tiempos de guerra, y la tal guerra era nada menos que la Segunda Guerra Mundial.

El equipo Alsos no estaba solo en la tarea: mientras ellos se preparaban para entrar, encubiertos, en Alemania, los británicos formaban otro grupo similar. El encargado de organizarlo fue el celebérrimo Ian Fleming, más tarde célebre escritor de las novelas de James Bond. Fleming y un experimentado oficial de inteligencia, el capitán Charles Wheeler, se dieron a la tarea de fundar el Grupo 30 de Asalto (30 Assault Unit), que pasaría a la historia simplemente como 30AU. El 30AU tenía un objetivo tan importante como el de Alsos pero acaso algo más simple: se le había ordenado lisa y llanamente capturar a los físicos nucleares nazis a como diera lugar.

30AU, además, llevaba consigo la herramienta que, esperaban, les ayudaría a cumplir la misión: el famoso "Libro Negro". El Libro Negro era una recopilación de datos de espionaje e inteligencia militar que americanos e ingleses habían elaborado en conjunto: una colección de datos, fechas, nombres, lugares, personas, ciudades y cifras donde estaban contenidos muchos años de trabajo encubierto y que había costado muchas vidas.

De tal forma, a fines de 1944 había dos equipos enemigos operando en la Francia ocupada: el 30AU de Ian Fleming y el Alsos de Furman. Y el trabajo de rastreo les llevaría meses. Pero el tiempo se acababa: para febrero de 1945, Stalin, Churchill y Roosevelt se habían reunido en Yalta y decidido que, completada la invasión por los aliados y terminada la guerra, el país se dividiría en cuatro zonas y se otorgaría el control de cada una a uno de los aliados victoriosos: EEUU, el Reino Unido, Francia y la URSS.

He aquí el problema: tanto norteamericanos como ingleses desconfiaban en gran medida de sus aliados rusos, y daba la casualidad que todos los objetivos militares del Libro Negro quedarían en la zona soviética cuando terminara la guerra. Entonces, no sólo había que cumplir los objetivos de 30AU y Alsos, sino que esto debía hacerse antes de que los rusos llegaran a los mismos lugares. Como se ve, la tristemente célebre "Guerra Fría" había comenzado ya durante las postrimerías de la Segunda Guerra.

Los informes de inteligencia alertaron a los miembros de Alsos de que los bombardeos aliados habían obligado a los nazis a abandonar sus instalaciones primitivas de construcción y prueba de la V2 y que el nuevo punto crítico se situaba en la ciudad de Nordhaüsen, al sudoeste de Berlín. Al asaltar la ciudad y un cerro rocoso cercano, los norteamericanos encontraron, bajo la piedra, una pesadilla que jamás habrían soñado.

Cubiertas por miles y miles de toneladas de rocas sólidas, acababan de encontrar las instalaciones de Mittelberg, la fábrica secreta de las bombas voladoras V2. Dos largos túneles cavados en la piedra viva, paralelos y unidos entre sí por 46 más pequeños, configuraban un monstruoso complejo de líneas de montaje que había construido más de 4.000 V2 en un lapso de tan solo 9 meses. Todo estaba intacto; los americanos hubieran podido producir allí sus propios misiles si lo hubiesen deseado.

Pero: ¿de dónde había salido la mano de obra para tan monstruosa obra y su demoníaca producción? La respuesta no tardó mucho en llegar. Cerca del pueblo y de Mittelberg las SS habían instalado un siniestro campo de concentración especial, que suministraba los esclavos para trabajar en el proyecto "Venganza" (Vergeltungswaffe, "Represalia"). Fueron 50.000 operarios esclavos los que consiguieron ensamblar las bombas voladoras, sujetos a un dantesco régimen de violencia, torturas, hambre, frío, golpizas y ahorcamientos. Se les suministraba como alimento diario una rodaja de pan, una rodaja de salchicha, un pequeño trozo de margarina, un pedazo de dulce y un plato de sopa —compuesto prácticamente de agua, sin caldo ni ningún nutriente—. Obligados a realizar las pesadas labores de la fábrica, es fácil comprender que más de 10.000 de ellos hayan muerto entre diciembre de 1943 y marzo de 1945, la etapa de producción de los artefactos.

Si bien Mittelberg estaba desierta y las instalaciones aún funcionaban, los americanos sólo encontraron en los lóbregos túneles a los esclavos sobrevivientes. No había ni rastros de Von Braun ni de su mano derecha, Helmut Walther, de quien sabían a la sazón que estaba diseñando el primer motor a reacción para aviones de combate.

Los estadounidenses consiguieron llevarse algunas de las V2 terminadas que se hallaban en el lugar y dinamitaron Mittelberg antes de que llegaran los rusos; pero como los lanzadores de estos misiles eran móviles y se hallaban desperdigados por toda Alemania, el Ejército Rojo logró hacerse con muchos de ellos. Los V2 capturados fueron las bases de los programas espaciales ruso y norteamericano y su tecnología posibilitó el desarrollo de los misiles balísticos intercontinentales con cabeza nuclear que ambos bandos desarrollaron a partir de los años 60.


Haigerloch, en el sur alemán

Mientras Alsos desmantelaba Mittelberg, el 30AU buscaba a Heisenberg y sus miles de toneladas de uranio 235. El Libro Negro decía que la mayor posibilidad de encontrar a ambos era el pueblo de Haigerloch, un paradisíaco lugar entre las montañas.

Los británicos tuvieron muchos más problemas que los yanquis: la zona de Tübingen en la que se encontraban bullía de actividad de los últimos SS. Luego de mucho luchar, el comandante Boris Pash (que mandaba este grupo) y los suyos estuvieron frente al pueblito y su maravilloso castillo ubicado en la cima de un monte. Sabiendo muy bien lo que buscaban, encontraron al pie del mismo una doble puerta de acero cerrada con candado, que conducía a la roca viva.

Cuando lograron abrirla, se encontraron con una enorme sorpresa: bajo el castillo y la montaña de Haigerloch existían las más avanzadas instalaciones nucleares que el mundo había visto (si se exceptúan las del Proyecto Manhattan), incluyendo un gigantesco reactor nuclear utilizado para la obtención y purificación del uranio. Al igual que les había ocurrido a los miembros de Alsos, la alegría del descubrimiento fue seguida por la decepción: estaba el reactor, pero no había señales de Heisenberg ni del uranio purificado.


Los aliados inspeccionando el reactor de Haigerloch

Algunas confidencias de habitantes de la aldea condujeron a un subordinado de Pash, el capitán Prewitt, a la casa donde se ocultaban varios de los físicos nazis (aunque Heisenberg no estaba entre ellos); otras, a un lugar del campo cercano al castillo donde los nazis habían enterrado parte del uranio: más de dos toneladas de bloquecitos cúbicos que fueron trasladados a Gran Bretaña en 20 vuelos militares sucesivos. El resto de las "miles de toneladas" fue encontrado más tarde y asignado al Proyecto Manhattan. Así, el uranio de Hitler terminó equipando las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki. Los científicos, como se narra en la primera parte, fueron llevados a Inglaterra y encarcelados allí.

Poco después, el 30AU capturó también a Helmut Walther, que se había escondido en el puerto báltico de Kiel, y con él a varios prototipos de sus aviones a reacción.


Los "camaradas" de Von Braun. Arriba, semitapado y con uniforme
negro de las SS, sigue a Heinrich Himmler, responsable de la muerte
de 6 millones de personas.

Von Braun fue detenido en la región de Baviera, al sur de Alemania, mientras que Pash, basándose en sus informes de inteligencia, se dirigió a la casa de los padres de Heisenberg, donde lo halló oculto y lo capturó el 3 de mayo de 1945, cuatro días antes de la rendición formal de Alemania.


Con John Fitzgerald Kennedy

Si bien se alzaron muchas voces en Inglaterra y Estados Unidos pidiendo las cabezas de los científicos criminales de guerra, tanto los gobiernos de estos países como la Unión Soviética quisieron conservarlos con vida y contentos para trabajar en sus propios programas espaciales y nucleares. Aunque Heisenberg estuvo detenido en Inglaterra muchos meses (y las cintas con sus conversaciones mostraron que no estaba muy seguro de cómo se armaba una bomba atómica), Von Braun fue llevado a Estados Unidos casi de inmediato y, tras los primeros éxitos del programa espacial norteamericano, tratado como una celebridad y como un héroe. Así terminó el hombre que tenía su propio campo de concentración destinado a procurar los obreros para su proyecto personal de armas de destrucción masiva, obreros esclavos (casi todos de 14 años de edad o menos) que, en sus manos, tuvieron una expectativa de vida inferior a un año.

MÁS DATOS:

Atomic rivals and the Alsos Mission

(Traducido, adaptado y ampliado por Marcelo Dos Santos de mbe.doe.gov y diversos documentos y sitios de Internet)


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