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AnaCrónicas Investiga

Fraude de alto vuelo
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¿Qué sucedió el 17 de diciembre de 1903? ¿Levantó vuelo ese día una máquina más pesada que el aire, como afirman los testigos? ¿Existieron realmente Wilbur y Orville Wright? ¿O fue todo un montaje fundado en los intereses comerciales de las aerolíneas? El público exige respuesta a estos vitales interrogantes. Los redactores de AnaCrónicas Investiga realizamos una encuesta consistente en formularle a los transeúntes las siguiente preguntas:

1) ¿Dónde tuvo lugar el primer vuelo de los hermanos Wright?

2) ¿De qué estaba hecho el avión?

3) ¿Quién fue el piloto: Orville o Wilbur?

De un total de veinte personas encuestadas, diecinueve respondieron de manera vacilante y dudosa a por lo menos una de las preguntas. No es un dato desdeñable que un noventa y cinco por ciento de la población manifieste tener dudas con respecto a este evento histórico.
      No pretendemos con este artículo arribar a un dictamen definitivo sobre el asunto. Nos limitaremos a exhibir la mejor evidencia a favor de una postura y en contra de la otra, y permitiremos que cada lector saque sus propias conclusiones con respecto a este engaño colosal y alevoso.

Problemas teóricos
Según la teoría aerodinámica, el vuelo de los aviones es posible debido a que el aire circula con mayor velocidad sobre el ala que por debajo de ésta, ejerciendo en consecuencia menor fuerza arriba que abajo. En algún momento la diferencia de fuerzas supera el peso de la aeronave y la eleva.

Sin embargo, basta dedicarle unos instantes de reflexión para advertir que esta teoría no resiste el menor análisis. La única manera de aumentar la velocidad del aire por medios técnicos es con el uso de ventiladores. Pero los ventiladores de los aviones están ubicados en el plano medio de las alas, y no sobre éstas como cabría esperar.

Aun cuando esto no supusiera una grave contradicción, el más elemental sentido común nos dice que a mayor velocidad, la fuerza ejercida sobre una superficie no disminuye, sino que aumenta. Este gráfico generado por computadora lo ilustra de una manera muy clara y sin dejar lugar a dudas.

Las pruebas de la infamia
Ya hemos visto la improbabilidad del vuelo a motor. Expondremos a continuación
los elementos que cuestionarían la historia tal como la conocemos.

Según se nos cuenta, los hermanos Wright eran fabricantes de bicicletas. Entrevistamos a varios bicicleteros de la zona y obtuvimos una respuesta terminante y unánime: todos ellos se declararon perfectamente incapaces de construir un avión.
      Si este testimonio experto no fuera suficiente, contamos con la palabra de un científico, el reconocido astrofísico Sir Fred Hoyle (1915-2001):

Tengamos en un desguace las piezas necesarias para construir un Boeing 747, desmontadas y desordenadas. Entonces llega un [bicicletero] y atraviesa la zona. ¿Cuál es la posibilidad de que después nos encontráramos allí el avión completamente montado y listo para volar?

A poco que meditamos el asunto, saltan a la vista las similitudes con la película Los bicivoladores. ¿Simple coincidencia o algo más?

El análisis fotográfico da indicios de que tanto la supuesta “máquina voladora” como su “piloto” serían en realidad modelos a escala natural diestramente construidos. Obsérvese la siguiente imagen y su ampliación:

Un simple “zoom” permite apreciar, perfectamente cuadrados, los ladrillitos Lego con que se habrían ensamblado las figuras.

Algunos observadores han señalado el notable parecido que el presunto protoavión guarda con los barriletes en forma de caja (llamados también “cometas” o “papalotes” por los hispanoparlantes que hablan otros idiomas), como el que se muestra a la derecha. La mayoría de las personas con las que conversamos manifestó no haber visto nunca esta clase de artefacto más que en películas, lo cual constituye un indicio sólido de que se habrían usado efectos especiales para elaborar las fotografías.
      Para verificar este extremo nos pusimos en contacto con Edward Christiansen, veterano de los efectos visuales cuyo trabajo en películas como Indiana Jones in the Shirley Temple y Los diez mandamientos II: La venganza de Moisés le ha ganado el mote de “Ed FX”. Remitimos a Christiansen varias de las fotografías que documentarían el suceso sin aclararle su procedencia.
Recibimos como respuesta un fax en el que se afirma lo siguiente:

Si me encargaran que simulara con un barrilete el avión de los hermanos Wright, tendría mucho cuidado de que quien sostuviera el hilo no saliera en cámara [N de la R: exactamente lo que se ve aquí]. Esta foto tiene un espacio fuera de cuadro idéntico al que yo elegiría para ocultar un asistente.

En resumen: un experto en el arte de engañar a la cámara asegura que si él hiciera fotos iguales, no serían diferentes. Es para pensarlo.

Una mera observación de las fotografías revela gruesas inconsistencias: en una de ellas el avión planea sobre arena y en otra sobre el campo; aquí el piloto va echado de bruces sobre el ala mientras que allá está claramente sentado en una silla... Quienes abogan por la realidad de la nave aérea avientan esas incongruencias con el argumento de que las imágenes corresponden a múltiples vuelos realizados en días diferentes, en varios lugares y con aeroplanos distintos. Sin embargo, los que esgrimen esta defensa se encuentran con que les sale el tiro por la culata, pues inadvertidamente implican que no hubo una sola manipulación fraudulenta sino varias. Esto sólo es posible con una coordinación considerable, dirigida por alguien con gran capacidad organizativa e importantes medios materiales a su alcance. El embuste parece volverse más grande a medida que nos adentramos en él.

El relato del vuelo inaugural culmina con un aterrizaje brusco, a resultas del cual el piloto, según se dice, se pegó un porrazo de aquéllos. Si esto es verdad, ¿por qué no se ven estrellas? “Según nuestra experiencia, quien acaba de darse un palo exhibe estrellas en torno a su cráneo.” Tal es la opinión del mundialmente renombrado matrimonio de especialistas integrado por Tom Isherry y Hanna Barbera. La imagen inferior (retocada por el Adobe Ranch Photoshopping Center) ilustra cómo la cámara debería haber visto la escena si la realidad fuera la descrita en los documentos oficiales. En la foto original, sin embargo, las estrellas brillan... por su ausencia.

Hasta aquí los hechos. Como ya dijimos, evitaremos pronunciarnos en uno u otro sentido. Ponderen los lectores la evidencia presentada y extraigan sus propias conclusiones. ¡Y entre los que nos envíen la conclusión correcta sortearemos un paseo en dirigible, gentileza de nuestro sponsor Zepelines Fernández S.R.L.!

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