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Romance de lo sucedido
Por el Lic. Carlitos Menditegui

I

Resolví como un romance
estos eventos contar
para darle a mi relato
un aire de majestad,
persistencia en la memoria,
estética sin igual,
y porque de otra manera
ya no me puedo expresar.
En nuestra entrega de enero,
el lector recordará,
cayó en mis manos un libro,
códice ignoto y sin par,
que narraba las hazañas
de un hidalgo singular.
Su letra invadió mi mente
a un nivel subliminal,
y de buenas a primeras
me fue dada la verdad.
Aturullome al principio
y comprendila al final
conforme se reordenaba
mi materia cerebral
y las foráneas nociones
comenzaban a rimar.
Resolví llamar al punto
a reunión de personal,
y les dije: “Camaradas,
esto se ha de terminar.
Hemos vivido embaucados
casi un año, si no más:
no es Otis el que creímos;
el que lo era, muerto está.”
Reflejaron los semblantes
sincera perplejidad,
las expresiones de espanto
no se hicieron esperar.
“Pues a mí no se me engaña”,
exclamó Eraparauntaar.
“Hay aquí conspiraciones
que me quieren ocultar.
Me marcho, pues es afuera
donde yace la verdad.”
Ganó la puerta de calle
y de él no supimos más.

II

Al ver los rostros de pena,
bríos les quise inspirar:
“No se acabó la jugada,
socios, no desfallezcáis,
pues tras leer este libro
conozco la identidad
de quien ha sido causante
de nuestra calamidad.
Es Heriberto Neutrone
(o Herbert Newtron, da igual),
de quien poco hemos sabido
pese a ser corresponsal.
¡Algún lazo clandestino
teníanos que ligar!”
Contrariados nos paramos
y marchamos a su lab.
“Con el creador de los clones
exigimos conversar”,
dijimos más que indignados,
rebosando indignidad.
Vino entonces al encuentro
bióloga molecular,
la que a secuencias de genes
sacrílegas formas da.
Admitió todos los cargos,
ninguno dio en rechazar.
“Todas las acusaciones,
señores, son realidad.
Son obra nuestra los clones
¡y los bichos, además!
Las plagas con pocas pulgas
fueron pedido especial
de la fuerza de anaclones
por tener quién conquistar,
ejercitar estrategias
y ganar notoriedad.
Mas estas revelaciones
de bien poco os servirán,
pues observad, caballeros,
quién os guarda por detrás.”
Estaban allí los clones
y sin decir agua va,
prendiéronnos con cadenas
de prepotente metal.

III

Fuimos a oscura mazmorra
con nuestros huesos a dar,
habitación de roedores
y de pringosa humedad.
Conforme fueron las horas
pasando sin novedad,
concertamos los cautivos
preparar de escape un plan.
Propuse cavar un túnel
a la ansiada libertad,
emerger en una isla,
cuantioso tesoro hallar,
vestir fingida nobleza
y al fin venganza cobrar.
Acusáronme de loco,
de ignominiosa ebriedad,
y rechazaron mi esquema
por casi unanimidad.
Vino al fin uno de ellos,
orgulloso capitán,
vistiendo con galanura
su ropaje militar,
y brillándole en los ojos
una chispa de maldad,
decidió: “estos señores
aquí dentro quedarán;
conocen ya nuestras metas,
su cautiverio es crucial.
Ya quiso el Otis primero
nuestros planes arruinar,
como lo hizo Sci-Fi Channel
con la serie Terramar.
Como dios viose a sí mismo;
al otro mundo fue ya.”

IV

“¡Malos hijos!”, confrontelos
con profundo malestar.
“Si Otis fue quien os dio vida,
¿cómo pudisteis osar
con su honorífica sangre
vuestras manos mancillar?”
“Pues para ser padre nuestro
dejó mucho que desear.
Concibió nuestra existencia
por su propia vanidad;
nunca vionos como prole,
sino como útil marcial.
A él tan sólo le debemos
nuestro plasma germinal,
nuestros sueños de grandeza
y algún síndrome, no más.
La que hasta ayer fue su obra,
desde hoy nuestra será;
hemos hecho de AnaCrónicas
nuestro cuartel general.
Verase a partir de ahora
nuevo rumbo editorial,
con más foco en las noticias
y cambios en el staff.
¡Nunca sección semejante
se ha visto ni se verá!
Muy pronto la ebúrnea torre
sobre el globo se alzará.
Mas sabed que padecemos
de un pronto venir de edad,
y menester se nos hace
contar con quien pueda dar
a nuestra gestión un lustre
de cierta continuidad.
Infelices descastados,
con atención escuchad,
que una oferta semejante
no se os volverá a brindar.
Quien se una a nuestra causa
y nos dé legalidad
tendrá su propia oficina
y columna regular.
Se respetará su puesto
y también su antigüedad,
gozará salario acorde
y mejor obra social.”
Fue rechazada la oferta
por casi unanimidad.
Uno solo entre nosotros,
sucia rata de albañal,
extraviose en su codicia
y abjuró de su lealtad.

V

Caballeros y señoras,
se acerca el punto final
de esta historia de traiciones,
tiranía y mezquindad.
¿Podrá un feliz desenlace
de todo esto resultar?
No sé cuál es la respuesta,
no sabríala acertar;
conocedla el mes que viene
por este mismo canal.
La instancia de ir rubricando
mi relato llega ya,
mas no puedo despedirme
sin antes vociferar:
¡Que viva el nuevo gobierno
por toda la eternidad!

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