Tierrología

Hace diez años, en 1841, el conocido astrólogo Malachangelos sufrió un terrible accidente que lo mantuvo postrado por varios meses. En su convalecencia fue víctima de una crisis de fe en su Arte, que lo llevó a razonar de la siguiente manera: "La Astrología tiene como punto de partida de sus fundamentos teóricos la influencia que ejercen los diferentes planetas y astros sobre nuestro destino. Sin embargo, obvia el cuerpo celeste más próximo a nosotros: la Tierra. Ya sea por su atracción gravitatoria, como por su campo magnético o sus fuerzas tectónicas, es evidente a la Razón y la Intuición que su influencia será mucho mayor que la que pueden ejercer Júpiter o Mercurio". Así Malachangelos desarrolló un nuevo Arte Adivinatorio, el cual originalmente sólo utilizaba para la construcción de Cartas Natales la latitud y la longitud del consultante. El primer obstáculo que se encontró Malachangelos con su nuevo Arte fue el nombre con el cual bautizarlo, ya que Geología y Geomancia ya estaban siendo utilizados por otras disciplinas. Paralelomeridianología resultaba poco memorable y de compleja pronunciación, especialmente si se era tartamudo como Malachangelos. Por idénticas razones rechazó Coordenadología y Latitudylongitudología. Se había decidido por la abreviación Lat-long ya que sonaba a chino y, por lo tanto, podía adjudicarle un origen milenario a su Arte. Sin embargo, a los pocos meses fue demandado judicialmente por la Academia Universal de Feng-Shui "Yu K'an Lai Long Wen Yü Lai Wü" (El Dragón de Loto Mira las Nubes de Lluvia Acercándose desde el Oeste) por falsificación de mancia, conflicto de intereses y usurpación de nombre. El juez dictaminó que, si bien existían ciertas similitudes entre el Feng Shui y el Arte de Malachangelos, no podría afirmarse que se tratase de un plagio ni que se pudiesen confundir los nombres, pero conminó al ex-astrólogo a que abandonase "Lat-long" y la historia sobre el origen chino de su mancia.

Malachangelos volvió a su búsqueda, probando Cartología, Cartomancia, Mapología, Mercatoria, Posicionología, entre muchos otros nombres. Finalmente, fue su sobrino de 8 años quien le sugirió Tierrología, denominación que, si bien seguía sin ser acertada, al menos sonaba mejor que todo lo que se le ocurría.

Fue a partir de este momento en el que Malachangelos se tropezó con el segundo obstáculo, ya que se dio cuenta de que, por lo que había desarrollado de su Arte hasta el momento, todas las personas nacidas en una misma ciudad, pueblo o comarca tendrían el mismo destino. Por eso se propuso refinar sus postulados, llegando a la necesidad de conocer la latitud y la longitud del lugar de nacimiento del consultante con una precisión de milésimas de segundo de arco. La desazón invadió a Malachangelos quien se dio cuenta de que tal precisión es imposible de obtener con la tecnología moderna (en sus apuntes, Malachangelos jugueteó con la idea de colocar unos globos en las capas exteriores de la atmósfera, los cuales, mediante unos complejos sistemas de transmisión de ondas electromagnéticas podrían triangular la posición de una persona que portase un adminículo diseñado ad hoc. Este artilugio, llamado "Sistema de Posicionamiento Global" por Malachangelos, fue prontamente desestimado "por impracticable y ridículo"), además de que quienes solicitaban sus servicios de tierrólogo eran, en su mayoría, ignorantes de los conceptos de latitud y longitud. Deprimido, Malachangelos se suicidó bebiendo un litro de lejía.

Y la Tierrología hubiese quedado en el olvido si no fuese porque el asistente de Malachangelos, el joven Adelphicus, tomó las notas de su maestro, simplificando la dependencia de la Tierrología de la latitud y la longitud y enfatizando la influencia de las estaciones sobre el Destino. Adelphicus introdujo también las isokarmagnetas (o líneas magnetokármicas), de muchísima mayor importancia y Trascendencia. Habiendo trazado en Trance sus mapas isokarmagnéticos de las principales ciudades de Europa, Adelphicus dio por terminado el desarrollo de la Tierrología e instaló su consultorio en el 23 de la Rue de la Cramouille, en París. Los lectores que así lo deseen pueden solicitar sus servicios o comprar sus libros enviándole una carta a dicha dirección.

 


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