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DIVULGACIÓN: ¿Por qué estalló Chernobyl?

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El camión sin frenos
por Marcelo Dos Santos (especial para Axxón)
http://www.marcelodossantos.com.ar

Chernobyl

Todos hemos escuchado hablar del desastre nuclear de Chernobyl, el más grave y devastador de la historia de la industria nuclear con fines pacíficos.
      Hemos leído una y mil veces acerca de las víctimas, los niños sin piernas que viven hoy en Kiev, de las cosechas contaminadas en Polonia y los países escandinavos, y de los cientos de miles de evacuados que perdieron sus casas, su territorio, su salud y, en muchos casos, su vida.
      Sin embargo, casi nadie conoce en detalle las causas del accidente. La verdad ha sido tergiversada, distorsionada, ocultada y menospreciada una y otra vez, con distintos fines.
      Los gobiernos —antes el soviético y ahora el ucraniano— han pecado por minimizar las consecuencias del cataclismo, así como los fabricantes de reactores y muchos sectores que lucran con la industria nuclear. Ellos han intentado convencer al particular de que la energía nuclear pacífica es segura y merece ser mantenida, protegida y desarrollada.
      El segundo sector que defiende los reactores y que ha tratado de convencer al público de que lo de Chernobyl no fue tan grave como se dice son los militares. Como se sabe, ellos necesitan sus armas nucleares y la mayor parte de ellas se construyen con plutonio-239 (Pu-239). El Pu-239 no se encuentra en la naturaleza, sino que se produce como subproducto de las reacciones nucleares en el interior de los reactores de fines pacíficos. Por consiguiente, a los generales y almirantes de los países nucleares les genera náuseas la mera idea de quedarse sin sus reactores productores de Pu-239.


Aspecto del reactor después de la catástrofe

      En el extremo opuesto del espectro tenemos a otros mentirosos: son los que responden a intereses contrarios a los de los gobiernos que explotan los reactores, los fabricantes de los mismos y los militares que juegan con armas de destrucción masiva. Nos referimos a los gobiernos de apariencia progresista y liberal y a ciertos "ecologistas" antinucleares. Tanto unos como otros dependen directa o indirectamente de, o tienen intereses con, o son sencillamente pagados por quienes mayor interés tienen en lograr el desmantelamiento total y permanente de las centrales nucleares: las industrias de los combustibles fósiles, es decir, las empresas petroleras, la industria gasífera y los propietarios de yacimientos de carbón.
      Los gobiernos liberales mienten por presiones de las empresas petroleras; algunos ecologistas antinucleares nos mienten porque no nos dicen que la generación hidroeléctrica o térmica tienen un impacto ambiental mucho más directo y desastroso que el de los reactores nucleares bien construidos y operados; el gobierno ucranio no desea reconocer que comprometió a millones de personas por desidia e ignorancia; los soldados no quieren ni oír hablar de quedarse sin sus misiles Polaris...
      Todos mienten. Todos ocultan. Todos engañan.
      Mas ¿hay alguna voz veraz, seria, no comprometida, no asalariada, honesta y técnicamente capacitada que nos cuente la verdad tal como fue?
      Sí. La hay. En rigor, hay muchas. Las que se reflejan en este artículo son varias de ellas.
      No hay que llenar el mundo de reactores nucleares, ni detenerlos a todos totalmente. Hay que guardar una proporción adecuada de reactores seguros y operados con respeto al ambiente, para liberar un poco de la presión que las empresas eléctricas aplican sobre las centrales hidroeléctricas y térmicas. "Todo en su medida y armoniosamente", como escribió el general Perón.

En este tema concreto, hablando de Chernobyl: ¿pudo evitarse la aterradora catástrofe? ¿Fue inevitable que la población local sufriera la pesadilla que sufrió?
      En este trabajo demostraremos que las respuestas a esas abrumadoras preguntas son y no.


Trabajando en la descontaminación de los bosques

      Sí, la explosión pudo evitarse.
      No, no necesariamente el civil ucraniano tuvo que sufrir a causa del accidente.
      Las causas verdaderas del siniestro y de las monstruosas consecuencias para la población aledaña fueron evaluadas recién hace tres años, y hoy tendrá usted la oportunidad de conocerlas con rigor científico, sin la interferencia de intereses espurios y, por Dios, sin militares genocidas ni ecologistas a sueldo de la Exxon de por medio.

Chernobyl (en ruso Tchernobyl y en ucraniano Chornobil) es un pueblo situado a 130 km al norte de Kiev (capital de la antes llamada República Socialista Soviética de Ucrania), muy cerca de la frontera con Belarús y a sólo 20 de un complejo nuclear que recibió el nombre del poblado.
      El 26 de abril de 1986, el reactor 4 de la central estalló, liberando una gigantesca cantidad de radiación a la atmósfera, que fue dispersada por los vientos sobre gran parte de Europa y llegó hasta el Reino Unido.
      Las autoridades soviéticas de ese entonces declararon que habían muerto 31 personas en el momento del incidente, pero el número real de muertos y heridos es dudoso.
      Tengo testimonios personales de gente del lugar de que aún hoy las autoridades ucranianas tienen escondidos (¿o debo escribir prisioneros?) a miles de sobrevivientes de Chernobyl en un barrio especial cercado de la ciudad de Kiev, junto a la costanera del río Dniéper. Hay grandes rejas que impiden que los transeúntes pasen por allí, y las infortunadas víctimas son custodiadas por regimientos del ejército ucraniano.

La realidad del sufrimiento humano como consecuencia del desastre de Chernobyl acaso no se conozca nunca en su verdadera dimensión.
      Sin embargo, es necesario divulgar lo que ocurrió allí y las consecuencias que sobrevienen ante la exposición a la radiación.

La muerte silenciosa

Hay dos tipos de radiaciones: las ionizantes, que alteran los átomos que la reciben, y las no ionizantes, que no los alteran. La radiación nuclear es del primero de estos tipos, y, como consecuencia de los cambios que produce en los átomos y moléculas del cuerpo humano, conduce a una patología conocida como Enfermedad de Radiación (ER).
      La enfermedad de radiación se debe, pues, a la exposición a una fuente de radiación externa (como un reactor nuclear que explota, por ejemplo) o interna (si me trago un poco de plutonio). Las radiaciones ionizantes que causan la ER son, normalmente, los rayos X y los rayos gamma.
      Los síntomas de la ER son complicados, porque pueden fácilmente confundirse con los de otras patologías. Por supuesto que en Chernobyl, luego de ver el edificio del reactor volar por los aires, este tipo de confusiones no ocurrieron: a nadie le quedaron dudas sobre de qué estaban enfermas aquellas personas.
      La ER comienza con anorexia (pérdida del apetito), seguida rápidamente por náuseas, vómitos y diarrea. Luego, la enfermedad comienza a progresar y a agravarse. Uno de los tejidos más sensibles a la radiación es la médula ósea, y, como consecuencia, pronto comienza a disminuir la cantidad de células sanguíneas, convirtiendo al paciente en un irradiado inmunosuprimido, blanco fácil para todo tipo de infecciones oportunistas. Muchos sobrevivientes de Chernobyl quedaron estériles, porque el sistema reproductor humano es muy sensible también a las radiaciones, y muchos otros órganos van quedando lesionados. Si la irradiación es muy intensa o el tratamiento médico no es el adecuado, el paciente muere.
      Dependiendo de la parte del cuerpo irradiada, de la dosis absorbida y de otros factores, la ER despliega, además, en el hombre, una aterradora parafernalia de consecuencias: desde la alopecía (o caída del cabello y vello corporal), pasando por quemaduras de diversos grados y hemorragias, hasta llegar a la leucemia y el cáncer de tiroides o páncreas.

Como otras enfermedades, la ER se presenta en una fase aguda y otra crónica.
      En cuanto a la ER crónica, esto es, la que se produce por una exposición sostenida y prolongada a las radiaciones ionizantes, podemos asegurar que su diagnóstico es muy difícil, a causa de que sus síntomas son muy parecidos a los de una simple gripe: malestar general, fiebre, mareos y vómitos.
      La enfermedad de radiación aguda (es decir, la que se produce por una exposición discontinua, aunque sea una sola vez), la muerte del paciente es muy frecuente. La ER aguda tiene como principal consecuencia la lesión de las células, lo que produce los varios y espantosos síntomas que describíamos más arriba. El grado de los síntomas depende de la gravedad de la destrucción celular, y ésta, a su vez, de la intensidad de la exposición.


Niños de Chernobyl en el Hospital de Medicina Nuclear de Moscú

      La experiencia médica acumulada en la atención de los pacientes producto de las armas nucleares de Hiroshima y Nagasaki, así como en pruebas nucleares (la prueba estadounidense con una bomba atómica en las Islas Marshall en 1954, que irradió a la población civil) u otros accidentes relacionados con radiación atómica (el mismo Chernobyl), permitieron desarrollar un método para calcular el tiempo que transcurre entre la exposición y la aparición de los primeros síntomas, el porcentaje de la población que se verá afectada y la duración de la enfermedad, si es que cesa alguna vez. Lo que no se puede hacer con facilidad es calcular la dosis de irradiación, lo que vuelve a todo el tratamiento, cuando menos, de insegura utilidad.
      Uno de los primeros síntomas en aparecer, y acaso el más desagradable, son los vómitos. A quien diga que no es cierto, le recomiendo que converse con algún paciente de cáncer que se haya visto obligado a someterse a un tratamiento de radioterapia.
      En la terapia con radioisótopos —especialmente en tratamientos que abarcan una gran superficie del cuerpo—, los vómitos suelen volver locos a los pacientes, a pesar de que las dosis de irradiación están celosamente controladas y de que entre sesión y sesión se deja un lapso suficiente como para que los tejidos sanos sensibles se recuperen de la agresión. Generalmente es necesaria la administración de antieméticos.
      ¿Cómo se determina la dosis de radiación absorbida por el organismo? Su unidad de medición es el gray (Gy), que equivale a 1 Joule por kilo. Esto significa que una persona ha sido irradiada con un Gy cuando la energía transmitida a su organismo por el material radiactivo ha sido de un J por cada kilo de peso. Si usted pesa 80 kilos y recibe 80 J en total, usted ha absorbido 1 Gy. Antiguamente, en lugar del Gy se utilizaba el rad, que equivale a 0,01 Gy.
      


La nube radiactiva

      Si la exposición aguda produce un grupo de signos agudos en forma simultánea, a tal cuadro se lo denomina Síndrome de Radiación Aguda (SRA) y suele incluir quemaduras, deshidratación, infecciones, hemorragias y anemia.
      El SRA tiene una gravedad mayor y un pronóstico peor que la enfermedad aguda simple, y puede llevar a la muerte independientemente del acierto del tratamiento médico dispensado.
      A continuación, un cuadro tentativo (para adultos) de los síntomas observados en pacientes de acuerdo a la cantidad de grays recibidos:

0,4 GyAnorexia (para el 5% de los pacientes)
0,5 GyNáuseas (para el 5% de los pacientes)
0,6 GyVómitos (para el 5% de los pacientes)
1 GyDiarrea (para el 5% de los pacientes)
>1 GyAnemia, SRA, lesión de médula ósea
3 GyAnorexia (para el 95% de los pacientes)
4 GyMuerte en 60 días (para el 50% de los pacientes sin tratamiento)
4,5 GyNáuseas (para el 95% de los pacientes)
7 GyVómitos (para el 100% de los pacientes)
8 GyDiarrea (para >20% de los pacientes)
10 GyMuerte en 30 días, incluso con tratamiento

      Como es muy difícil medir los grays con precisión, se utiliza una escala tentativa basada en el lapso que transcurre entre la irradiación y la aparición del primer síntoma. De esta manera, midiendo este tiempo se puede asegurar sin demasiada precisión cuántos grays recibió el individuo.
      Si los síntomas aparecen menos de una hora luego de la irradiación, deberá suponerse que el paciente recibió más de 1 Gy. Si ese lapso es de más de tres horas, la dosis no superó 1 Gy: si, por fortuna, los síntomas tardaran más de 24 horas, es que el irradiado difícilmente ha superado 0,6 Gy de dosis absorbida.
      La dosis absorbida por los habitantes de las Islas Marshall en la fatídica prueba nuclear norteamericana del '54 fue de 1,75 Gy. Nadie murió, pero el 20% sufrió quemaduras y úlceras, mientras que el 10% sufrió SAR, diarrea y alteraciones sanguíneas (anemia y leucopenia). Mire nuevamente el cuadro de arriba. Lea nuevamente la escala tentativa de lapsos y síntomas.
      Ahora sí: agárrese fuerte... ¡Muchas de las víctimas de Chernobyl recibieron 16 Gy y los síntomas aparecieron a los 15 minutos del accidente! Creo que no tengo que aclararle que el 91% de los miembros de ese grupo murieron rápidamente...
      De los afectados, 203 presentaron ER aguda. De quienes estaban muy lejos y recibieron menos de un gray, ninguno murió.
      No voy a contarle la espantosa muerte de alguien que ha recibido 40 ó 50 Gy, pero déjeme que lo motive hablándole de una irradiación de niveles similares a las de Chernobyl.
      El 50% de los sobrevivientes que recibieron entre 3 y 4 Gys perdieron totalmente la médula ósea.
      El 100% de los que recibieron 10 Gy murieron en un mes.
      Los que recibieron más de 10 Gy murieron a los diez días a causa de la deshidratación, la lesión de médula ósea y las hemorragias, todo ello incluso contando con el tratamiento adecuado.
      Uno de los motivos por los cuales escribo este artículo es tratar de que usted comprenda que todos los seres humanos del mundo, sin convertir a las centrales nucleares en demonios ni creer que son la solución a todos nuestros problemas, debemos presionar a nuestros gobiernos para que nadie más, nunca más, vuelva a sufrir una atrocidad como ésta.

El autobús fatídico


Revisando las barras de grafito en el núcleo del reactor 2 de Chernobyl

Imagine esta ridícula, casi increíble situación:
      Usted maneja un camión o un autobús por un camino de montaña, con una pared rocosa a un lado y un profundo precipicio al otro. Usted es un demente que conduce de modo suicida por esa estrecha cornisa: va a más de 120 kilómetros por hora. Su vehículo es sólo un chasis con ruedas: carece de parachoques, carrocería y cualquier otro elemento de seguridad externo. La dirección no funciona: el autobús dobla cuando él quiere. Si usted oprime el freno, el diseño del sistema de frenado acelera primero el vehículo durante algunos segundos y luego comienza a frenar... ¡20 segundos después de que usted pisó el pedal! Todo ello... después, sí, después de que el camión se ha estrellado.
      Agreguemos que en el vehículo van 6 millones de personas y que los efectos del choque devastarán un área de 150.000 kilómetros cuadrados.

      No se ría. No se burle.
      ¿Imposible? De ningún modo.
      Ese autobús existió en realidad, y, por supuesto, se estrelló.
      Su nombre era Reactor 4, Chernobyl.

Antecedentes y accidentes posteriores

Antes de entrar de lleno en el estudio de las causas verdaderas del accidente de Chernobyl, vale la pena insistir en que, si bien ha sido éste el accidente más grave de la historia nuclear con propósitos pacíficos, no ha sido el único.
      Los que tenemos más de 40 años recordamos perfectamente el accidente de Three Mile Island, central nuclear norteamericana que, en 1979, produjo el más grave accidente radiactivo en la historia de ese país. El núcleo del reactor se fundió, sencillamente, en medio de un área densamente poblada, dejando escapar gran cantidad de materiales radiactivos. Si bien la radiación salió del núcleo, el buen funcionamiento del edificio que actuaba como blindaje evitó que la población sufriera irradiaciones masivas. Sin embargo, en los alrededores de Three Mile Island, los índices de cáncer de pulmón, tiroides y leucemia han aumentado, desde la fecha del incidente, muy por encima de la media esperable de la población urbana estadounidense.
      Three Mile Island estuvo a sólo treinta segundos de una espantosa explosión como la de Chernobyl, y el peligro inherente —no en este caso a su diseño, sino a su ubicación suburbana, en el medio de Harrysburg, Pennsylvania— creó una gran resistencia en la opinión pública mundial respecto a las centrales nucleoeléctricas. A raíz de este accidente se crearon los primeros planes de evacuación de población en áreas cercanas a las centrales, los que, por supuesto, no fueron implementados por los soviéticos en el 86.
      El problema de Three Mile fue de doble naturaleza: un estúpido error humano (convengamos en que este tipo de situaciones no pueden producirse sin algún humano estúpido involucrado) y una estúpida válvula fallada, que impidió que el agua pesada (D2O) que actuaba como refrigerante enfriara el reactor.
      Sin embargo, al revés que en Ucrania, el sistema de seguridad detuvo el reactor apenas comenzado el incidente y el sistema de refrigeración de emergencia entró en servicio unos segundos después, como estaba previsto. Aquí entró en juego el humano estúpido que, por error, apagó el flujo de agua pesada (que, aparte de refrigerar el núcleo, moderaba la reacción, absorbiendo los neutrones capaces de provocar la explosión). Muy inteligente. Esta circunstancia hizo que el núcleo comenzara a derretirse y liberara productos volátiles de la reacción de fisión (radiactivos per se), que irradiaron a la población y causaron daños materiales por más de 1.500 millones de dólares.
      La investigación oficial agregó como causa un ineficiente diseño de los controles del reactor y forzó la promulgación de leyes que obligaron al gobierno a ser más estricto en el diseño y construcción de las centrales nucleares.
      Las nuevas exigencias de seguridad volvieron antieconómicas y prohibitivas a las centrales nucleares norteamericanas ya en 1981, y las empresas se vieron forzadas a abandonar reactores casi terminados y listos para entrar en funcionamiento. La imposibilidad de cumplir las normas de seguridad y la necesidad de cancelar la puesta en marcha de los reactores terminados, así como paralizar el diseño y construcción de otros nuevos, produjo a los dueños de los reactores pérdidas por más de 100.000 millones de dólares (1988) y grandes suspiros de alivio en la población de las áreas cercanas a los mismos.
      En Japón, un plebiscito popular demostró que el 70% de los japoneses tiene miedo a los reactores nucleares y que casi el 60% pretende del gobierno mayor información sobre la seguridad de los mismos.
      Esta actitud del japonés medio no es gratuita: Japón tiene una larga y vergonzosa historia de accidentes nucleares, ninguno de ellos muy grave, pero persistentes y sucesivos como una plaga. Un tercio de la electricidad de Japón proviene de estos equipos, y el súbdito nipón es bien consciente del peligro que corre.
      Nueve accidentes en cuatro años. Ningún Chernobyl, pero nueve Three Mile Islands... ¿Cómo se sentiría usted?
      En 1981, 45 obreros estaban reparando la planta de Tsuruga. Un accidente irradió a esos trabajadores y a otros 250 infortunados japoneses. En el occidente nipón, el reactor de Monju está detenido desde 1995 por fallas técnicas. Ese mismo año, el de Tsuruga volvió a fallar, liberando sodio radiactivo en el ambiente. El gobierno japonés ha determinado que los informes de este segundo asunto en Tsuruga (que decían que no hubo víctimas ni daños) eran falsos.
      En 1997, un incendio no nuclear ("convencional") arrasó el enriquecedor de uranio del noreste de Tokio: lindo lugar para tener un incendio...
      Otro reactor de la Tokio Electric Company sufrió una fuga que, según ellos, no llegó al aire ambiental.
      Entre 1994 y 1997 se produjeron 11 fugas de radiación que no fueron informadas por las empresas dueñas de los reactores, pero que fueron investigadas y comprobadas a causa de los daños causados por el incidente siguiente: Fugen, que irradió a 13 trabajadores de esa central.
      En el mismo 1997, acaeció la falla en el reactor de Tokaimura, que irradió gravemente a 37 técnicos del reactor y que es considerado como el más grave accidente atómico de la historia japonesa de tiempos de paz.
      En 1998 y 1999 los japoneses sufrieron otros dos accidentes de menor entidad.

Una lista no exhaustiva de los accidentes nucleares más importantes sería la siguiente:

De 1949 a 1963. Unas 10.000 personas sufrieron radiaciones en Semipalatinsk (Kazajistán).

Septiembre de 1957. Una explosión en un almacén de desechos radioactivos en Kytchym (URSS) causó más de cien muertos y la evacuación de 10.000 personas.

10 de octubre de 1957. Accidente nuclear en una central que fabricaba plutonio con fines militares en Sellafield (Reino Unido).

1968. Un bombardero B-52 de la Fuerza Aérea norteamericana, cargado con armas nucleares, se estrelló cerca de Thule (Groenlandia). Se dispersaron 400 gramos de plutonio (vale aclarar que 0,5 gramos ingeridos matan a una persona, mientras que es suficiente inhalar 100 miligramos de Pu-239 para morir en minutos por edema pulmonar y sólo 20 miligramos matan a un hombre de 80 kilos de fibrosis pulmonar en menos de un mes).

Agosto de 1969. Grave accidente en el complejo atómico chino de Jiuquan. Una decena de trabajadores fueron expuestos a la radiación.

Enero y febrero de 1974 y octubre de 1975. Accidentes en la central de Leningrado. Al menos tres muertos.

28 de marzo de 1979. Contaminación en la central nuclear de Three Mile Island (EEUU). Causó el desplazamiento temporal de 140.000 personas.

Agosto de 1979. Una fuga de uranio en un emplazamiento nuclear secreto en Estados Unidos contaminó a 1.000 personas.

Enero-marzo de 1981. Cuatro fugas radioactivas en la central nuclear de Tsuruga (Japón). 278 personas recibieron radiaciones.

26 de abril de 1986. Chernobyl (Ucrania). Unas 200 personas reciben radiaciones graves.

Abril de 1993. Nube radioactiva en Tomsk-7 (Siberia).

9 de diciembre de 1995. Un escape en el generador de Monju (Japón) provoca la parada urgente de este reactor experimental.

24 de julio de 1996. 25 personas reciben radiaciones en la central térmica de Racht, en el norte de Irán.

11 de marzo de 1997. Explosión e incendio en la fábrica experimental de Tokaimura. 37 personas sufrieron radiaciones.

La Gorgona Sutil

En mi novela Gorgona llamo, intentando ser poético, a las consecuencias de la radiación "Gorgona Sutil" y "Gorgona Feroz". Sólo que la mirada de la Gorgona clásica convertía a los hombres en piedra. Las nuestras los convierten en cenizas. La Gorgona Feroz, por supuesto, se hizo presente en Hiroshima y Nagasaki. La de Chernobyl fue la Gorgona Sutil (ya lo sé, no tan sutil).
      Lo de Chernobyl no fue tanto un evento nuclear como un evento soviético. Las increíbles limitaciones de transmisión y divulgación de la información técnica en la URSS, así como la aberrante clasificación de "ultrasecreto" de todo material que tuviera que ver con radiaciones, fue un importante determinante para que la catástrofe de Ucrania llegara al nivel 7 de la escala de riesgos nucleares.
      En efecto, los accidentes de este tipo se clasifican según una escala del 1 al 7 de acuerdo a su gravedad.

TIPO DE EVENTOGRADODESCRIPCIÓNEJEMPLO

Accidente

7

Escape de gran cantidad de materia radiactiva

Chernobyl, Ucrania , 1986

6

Emisión al exterior de materiales radiactivos

Kytchym, Rusia, 1957

5

Radiación con riesgo fuera de la instalación

Three Mile Island, EEUU, 1979

4

Emisiones de radiación al exterior, sin riesgo fuera del lugar

Buenos Aires, Argentina, 1957

Incidente

3

Salida radiactiva al exterior por encima de los límites autorizados

Tokaimura, Japón, 1999

2

Presencia de cantidades significativas de radiactividad

 

1

Anomalía en el funcionamiento de la planta

 

      De este modo, se visualiza que la pérdida radiactiva de la CNEA en el barrio de Núñez, Buenos Aires, en 1957, está sólo un escalón por debajo de la de Three Mile Island y tres más abajo de lo de Chernobyl. Una pregunta: usted ¿vive cerca de la cancha de River?
      La falla en el Conjunto Crítico Buenos Aires, en 1983, ha sido considerada por la INES (Escala Internacional de Sucesos Nucleares, la del cuadro de arriba), como una "liberación externa de radiactividad que tiene como resultado una dosis al individuo más expuesto fuera del emplazamiento del orden de algunos milisieverts. Con esta liberación", continúa la descripción oficial del incidente, "por lo general sería poco probable que se requieran medidas de protección fuera del emplazamiento, con excepción de un posible control local de los alimentos. Ha habido daños significativos en la instalación nuclear. Un accidente de este tipo podría comprender daños en la central nuclear que originasen problemas de recuperación en el emplazamiento, tal como la fusión parcial del núcleo del reactor de potencia y sucesos comparables en instalaciones que no sean reactores, así como la irradiación de uno o más trabajadores que podría traducirse en una sobreexposición con probabilidad alta de muerte temprana". Por algo los niveles de cáncer en la zona de Belgrano, Núñez y Saavedra son superiores a los del resto de la Capital Federal.

Autopista al desastre

La metáfora del ómnibus sin frenos no me pertenece: se le ocurrió al ingeniero nuclear Jacques Frot.
      Frot fue director de la Mobil Oil Française y es miembro de SFEN (Societé Française d'Energie Nucleaire, Sociedad Francesa de Energía Nuclear). Es miembro, asimismo, del Comité Científico de la Asociación Ambientalistas por la Energía Nuclear (EFN) y fundador y actual líder del GRCOM (Grupo de Comunicaciones de la EFN).
      En noviembre de 2000, Frot publicó el texto definitivo acerca de las causas y motivos de la catástrofe de Chernobyl: "Las causas del evento de Chernobyl".
      Al enumerar las causas del desastre, Frot las divide en tres categorías: errores de diseño; fallas de administración y errores de los operadores; y factores políticos.
      Al primer grupo pertenecen las que definen a Chernobyl como un ómnibus sin frenos.

Los increíbles defectos de diseño del reactor 4 de Chernobyl abrieron la puerta para que el accidente ocurriera. Vamos a analizarlos en detalle:
      El tipo de reactor de que se trata, denominado RBMK, tiene la particularidad de que debe funcionar siempre a plena potencia: en efecto, a potencias de generación inferiores a 700 Mw térmicos (la cuarta parte de su régimen nominal), el núcleo se vuelve inestable. "Inestable", en la jerga nuclear, quiere decir sencillamente que la reacción en cadena está a sólo segundos de descontrolarse. Que en cualquier momento explota, bah. Esto no es propiamente una falla, sino parte del concepto de diseño de los reactores RBMK. Si usted tiene un RBMK, sabe que debe operarlo siempre por encima de los 1000 megawatts o más, so pena de amanecer en la Luna.
      Dice Frot: "Esta situación puede compararse con un autobús en un camino sinuoso de montaña y con problemas en el sistema de dirección".

La peligrosa falla de diseño que obliga al reactor RBMK a trabajar siempre a pleno ha sido cuidadosamente evitada en todos los diseños de reactores occidentales, e incluso en los reactores soviéticos posteriores, llamados VVER, que funcionan con agua a presión.
      Correcto, lo ha adivinado: la explosión de Chernobyl se produjo durante una prueba a baja potencia, algo expresamente prohibido por el manual del reactor. Los mismos técnicos rusos sabían que esto ocurriría, como los expertos franceses y británicos que habían inspeccionado la central. El mismísimo gobierno soviético había sido advertido en forma expresa de que no debía operar el reactor por debajo de los 1000 Mw, y que a menos de 700 los RBMK estallaban.
      Cuando las reacciones en cadena de un reactor comienzan a descontrolarse, la solución es insertar en el núcleo unas barras (llamadas "barras de control"), que son de un material inerte que absorbe los neutrones sobrantes de la fractura de los átomos, impidiendo que golpeen a otros átomos de uranio y...
      Las reacciones se descontrolan en menos de 2 segundos. El problema aquí fue que el diseño de los RBMK exige más de 20 segundos para insertar las barras de control en el uranio. En otras palabras, van a estar completamente colocadas algo así como 18 segundos después de que el reactor haya estallado. No tiene mecanismos de inserción rápidas, ni modo de acelerar el proceso. Para Frot, se trataba de un autobús que comenzaba a frenar 20 segundos después de que el chofer hubiese pisado el freno.

La tercera aberración del diseño estriba en que las barras de control (ya sabe, los "frenos") son de carburo de boro recubiertas de grafito (la tan afamada "mina de lápiz"). El "pequeño" problema es que el grafito, al ser insertado entre el uranio, acelera la reacción durante unos segundos antes de comenzar a frenarla. Propiamente como si los frenos del ómnibus que se va a caer por el precipicio aceleraran tres o cuatro segundos antes de comenzar a detener el vehículo, y que usted nada pudiese hacer al respecto, porque ese comportamiento deriva del mismo diseño del sistema de frenos.
      A las tres barbaridades que le acabo de explicar se suma el hecho de que la cantidad de grafito en el núcleo del reactor consistía en la nada despreciable suma de 600 toneladas. Da la casualidad de que los núcleos de los reactores nucleares con reacciones en proceso de descontrolarse, tienen la desagradable costumbre de ponerse muy, muy calientes... Y el grafito, que, como se sabe, es un tipo de carbón... ¡es altamente inflamable! En Chernobyl, el grafito al rojo vivo entró en contacto con el aire y se incendió. Por cierto que ni los reactores occidentales de agua a presión PWR ni los reactores soviéticos de agua hirviendo (BWR) incluyen materiales inflamables en los sistemas de moderación de las reacciones. Es como si los bomberos, en lugar de llevar agua en las mangueras, llevaran nafta de aviación de alto octanaje... mezclada con nitroglicerina.
      Si usted fuera a diseñar un reactor, me imagino que le pondría alrededor un fuerte edificio de concreto y plomo para aislarlo del ambiente, y un sistema de filtrado del aire para que una posible fuga radiactiva no llegase a la atmósfera. Ésa es su lógica y la mía, pero no la de los extraterrestres que diseñaron los reactores de tipo RBMK. Los RBMK (¿cómo decirlo de manera que se entienda?) tienen el núcleo a la intemperie, al aire libre, al aire... ¿me entiende? Entre el núcleo y el resto del planeta, la atmósfera, el agua, usted y yo, no hay nada, nada, aire, noche y niebla. ¿Lo puede creer? Poner un reactor al aire libre es una locura absoluta que entre los especialistas se conoce con el vil eufemismo de "carecer de una contención estructural". A todos los reactores del mundo se les hace un edificio alrededor. A TODOS... excepto a los RBMK. Incluso las centrales nucleares VVER, que son las que se instalan hoy en la ex URSS y sus ex satélites, llevan un edificio de cemento a su alrededor. Dice Frot: "Faltando la contención, el RBMK era como un autobús sin carrocería". Un chasis, un motor y 6 millones de personas lanzadas al vacío, sin asientos ni cinturones de seguridad. Así fue como sucedió lo que sucedió.

Monos con ametralladoras

A los errores de diseño del RBMK se suma la inconcebible, irreparable, cósmica imbecilidad de los operadores que comandaron el reactor en esa oportunidad.
      Antes de ponerse a protestar por la vulgaridad de mi lenguaje, vea usted lo que hicieron:
      Las dos reglas básicas y vitales de las que depende la operación de un reactor RBMK, que son nunca operarlo a baja potencia y tener siempre al menos 30 barras de control insertas en el núcleo se violaron deliberadamente. El reactor estaba a menos de 700 Mw y el número de barras en el núcleo era... cero.
      Además, no observaron los procedimientos de prueba, y desactivaron a propósito el mecanismo de seguridad del agua de refrigeración (que es automático y se supone debe enfriar el núcleo si la reacción se descontrola) y los dos sistemas de parada de emergencia (que también son automáticos, detectan la caída de potencia y detienen completamente la reacción).
      Cuando se estrella un avión, uno tiende a pensar que el piloto es el primer interesado en que el accidente no ocurra, porque él va sentado en la proa del aparato. Siguiendo este mismo, simple razonamiento, es de mero sentido común pensar que los operadores de un reactor RBMK son los primeros interesados en que éste no explote. Los operadores de Chernobyl (que, por supuesto, murieron instantáneamente), eran dos hombres, y estaban sentados en su sala de control seis metros por encima del núcleo fuera de control. ¿Deseaban suicidarse de esta exótica y sofisticada manera, llevándose con ellos a la mayor parte de la población circundante en tres países? No lo creo probable. Hicieron todo mal, en contra de las expresas instrucciones del fabricante del reactor, desactivando a mano sistemas de seguridad que hubiesen impedido la explosión, y luego prácticamente obligaron al reactor número 4 a estallar. No, amigos, esos hombres no se suicidaron. Mi conclusión —de sentido común— es que, o bien estaban entrenados pésimamente, o que recibieron instrucciones u órdenes expresas de proceder como lo hicieron. Ya se sabe que en la URSS el Sistema no era muy tolerante con quienes se negaban a cumplir órdenes. Lo más probable es que el motivo haya sido un compuesto de ambas circunstancias: ignorancia de los operadores y una orden directa de desactivar los mecanismos de seguridad, sacar las barras de control y poner el RBMK a mínima potencia.

La Gran Madre Rusia

Como ya expliqué, la mayor presión sobre los reactores nucleares en la URSS no era la urgente necesidad de producir energía eléctrica buena y barata, sino la urgente necesidad de obtener tanto Pu-239 de grado armamentístico como fuese posible, lo más rápidamente posible.
      Esta enorme presión de los militares oprimía tanto a los dos idiotas que manejaban el reactor número 4 como al ente soviético de energía atómica, a los responsables de diseñar nuevos reactores, a las firmas de ingeniería encargadas de construirlos, etc.
      Todos ellos tenían expresamente prohibido perder un solo segundo en la producción de plutonio grado armamentístico, incluso si la pérdida de tiempo se debía a la inclusión de mecanismos de seguridad esenciales para impedir que el reactor se desintegrara.
      ¿Qué sucedió en el RBMK, entonces?
      La teoría dice que, a mayor potencia, mayor consumo del uranio que el RBMK usa como combustible. El uranio es escaso y caro.
      Sin embargo, el plutonio generado como subproducto es constante, no importa qué potencia genere el reactor ni cuánto uranio usemos. Es decir, si a 2800 Mw se obtienen, digamos, dos gramos de Pu-239, a 700 Mw se obtienen los mismos 2 gramos, pero con un considerable ahorro de combustible.
      Eso, precisamente, fue lo que quisieron hacer los militares soviéticos: ver si podían hacer trabajar al número 4 a baja potencia, y si obtenían el mismo plutonio cómodamente y a bajísimo costo.
      No pudieron, porque eran tan ignorantes que no tomaron en cuenta unos pequeños detalles: las leyes de la naturaleza, que harían explotar al reactor en esas absurdas condiciones.

Usted se preguntará: ¿y los técnicos y científicos? ¿Por qué no impidieron esta barbaridad?
      Yo le responderé. La cultura del secreto era universal en la ex URSS. La compartimentalización de la información era tan grande y llena de trabas, prohibiciones y vericuetos, que ningún, repito, ningún técnico ni científico nuclear ruso sabía en 1986 todas las cosas que usted está leyendo, juntas y de una vez, en este artículo. Con este documento en la mano, usted o yo hubiéramos podido impedir la explosión de Chernobyl. Lo lamentable es que no estábamos allí, y los que estaban no sabían, no podían o no querían.
      Por la cultura soviética del secreto, sus científicos nucleares tenían prohibido incluso concurrir a los simposios internacionales sobre tecnología nuclear donde se discutían todos estos asuntos, desde los diseños de los reactores hasta su operación óptima, y leer los documentos, revistas y libros occidentales sobre el tema. Así les fue.

Con ello llegamos a la respuesta a mi primera pregunta: sí, el desastre de Chernobyl se pudo evitar. No se evitó. Punto.

Niños cancerosos

La catástrofe de Chernobyl, aunque cueste creerlo, fue una catástrofe con suerte.
      En junio de 2000, el Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR) recibió de la ONU la orden de evaluar los efectos de la exposición a las radiaciones en la población civil cercana a Chernobyl.


El pequeño Yevgueni estuvo en Chernobyl

      Las conclusiones del informe son muy claras: "Aparte del aumento de cáncer tiroideo después de la exposición en la niñez, no hay evidencia de un impacto mayor en la salud pública 14 años después del accidente de Chernobyl. No se ha observado ningún incremento de la incidencia de cáncer total o mortalidad que pudiera atribuirse a la radiación ionizante. El riesgo de leucemia, una de las preocupaciones principales, ya que es el primer cáncer que aparece después de una exposición a la radiación, debido a su corto tiempo de latencia, no es elevado, incluso entre los obreros que participaron en la recuperación. Tampoco hay prueba científica de otros desórdenes no malignos somáticos o mentales que se relacionen con la radiación ionizante" (Informe de la UNSCEAR, párrafo 136).

      Usted podría pensar que la UNSCEAR está relacionada con los intereses de las empresas nucleares o cosa por el estilo, y que por ello minimiza los efectos de Chernobyl. No es así. Y sabemos que no es así porque sus conclusiones son consistentes con las observaciones hechas en 1946 sobre los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, que recibieron, en su mayoría, dosis mucho más altas que los de Chernobyl.
      Sin embargo, Frot señala, en su informe, las consecuencias observadas como resultado de la explosión:
      

  1. Treinta y un (31) muertos como consecuencia directa de la explosión. De ellos, dos (2) eran los operadores del equipo, a los cuales no existía fuerza en el universo capaz de salvarlos. Uno (1) más, murió de una trombosis coronaria aguda, provocada por el susto, y los restantes veintiocho (28) de enfermedad de radiación aguda. Otras 106 personas recibieron irradiación aguda, pero sobrevivieron milagrosamente.

  2. De las personas que tenían menos de 18 años al momento del desastre, mil ochocientas (1800) habían desarrollado cáncer de tiroides hasta el año 2000. Hasta ese momento, diez (10) habían muerto. Afortunadamente, descubierto y tratado a tiempo, el cáncer de tiroides no es mortal. Frot apunta que veremos muchos más casos de este cáncer en Ucrania y Belarús, pero con tasas de mortalidad aún más bajas en el futuro.

  3. Había 313.000 obreros trabajando en la recuperación del sitio luego de la catástrofe, junto con un crecido número de bomberos y policías. En este único punto los estudios de Frot contradicen el estudio final de la UNSCEAR, pues el estudioso francés afirma que se observa un grave aumento en la tasa de suicidios entre este personal, así como un crecimiento en los niveles de muertes violentas en general (accidentes, homicidios, etc.). El mayor incremento se verifica entre los obreros de la recuperación y en los pobladores evacuados.

  4. Los obreros de la recuperación

  5. Por último, no se ha observado aumento de otros tipos de cáncer, leucemia ni malformaciones congénitas, excepto en quienes se encontraban muy cerca del epicentro.

Los monos cuidan a las víctimas

Una vez hecho el daño, se trataba de poner en marcha un plan de contingencia para socorrer a los pobladores y evitar males mayores.
      Nada se hizo.
      Lo primero que hay que hacer es avisar a la población que se quede en su casa con puertas y ventanas cerradas. Como la URSS negó hasta el fin que hubiese ocurrido un accidente (a pesar de que el hongo de Chernobyl salía en las fotos satelitales), nadie les avisó. La gente siguió su vida normal, absorbiendo iodo-131 radiactivo como si tal cosa.
      Lo segundo es prohibirle a la gente el consumo de leche (porque los materiales radiactivos se concentran en la glándula mamaria de las vacas). Nadie prohibió nada. Los bebés tomaron sus mamaderas y las madres embarazadas sus tés con leche, y allí están los sujetos de las fotos que ilustran este artículo.
      Lo tercero es prohibir el consumo de frutas y verduras cultivadas en la zona. ¿A que no adivina?
      Lo siguiente en la lista es distribuir enormes cantidades de iodo puro a quienes estaban cerca de la explosión. Se da en forma de tabletas o comprimidos, y sirve para saturar la glándula tiroides de iodo normal para impedir que absorba iodo radiactivo del ambiente. No se hizo.


La pequeña Julia estuvo en Chernobyl

      Por último, se debe proveer de equipos de protección y respiración (máscaras, trajes espaciales, etc.) a quienes deben trabajar en la recuperación de la central. Tampoco esto se hizo, y por mucho tiempo los vitales equipos no estuvieron disponibles.
      La respuesta a mi segunda pregunta, a saber, si la pobre gente de esa región de Ucrania estaba necesariamente destinada a sufrir como sufrió, entonces, es un rotundo no.
      Las más elementales precauciones fueron olímpicamente ignoradas por las autoridades soviéticas, y no era la primera vez. Los accidentes nucleares eran comunes en la URSS, al punto de que los accidentes en el complejo de Mayak habían irradiado a 1800 personas, y llegando al ridículo extremo de que se les enfermaban por radiación los tripulantes de los submarinos nucleares de la armada rusa, por fallas en los blindajes de los reactores.
      De 500 casos de irradiación estudiados, 433 sujetos murieron, lo que hace un porcentaje de mortalidad de un increíble 86,6%, algo que no existe ni puede existir. Ni siquiera en Hiroshima se dio una tasa de mortandad tan monstruosa.
      Todo tiene un por qué:
      Los 28 obreros que murieron en Chernobyl fueron enviados al núcleo del reactor recién explotado sin trajes protectores.
      La población de la ciudad de Pripyat, ubicada a apenas 3 kilómetros de la central, fue evacuada recién 36 horas después del accidente, permitiendo que respirara aire radiactivo por un día y medio.


La ciudad abandonada de Pripyat. Al fondo, las chimeneas de la central de Chernobyl

      Cinco días después del suceso, los Estados Unidos ofrecieron enviar una ingente cantidad de pastillas de iodo estable para la población afectada, pero la URSS se negó a aceptarla, bajo la excusa de que ellos no habían sufrido ningún accidente nuclear. Polonia sí lo hizo (y tenía gente tan cercana a la explosión como la URSS), pero, a consecuencia de esta actitud, no hubo en Polonia un aumento apreciable de los cánceres tiroideos.
      El consumo de alimentos locales fue prohibido recién siete días más tarde.
      Se evacuaron 120.000 personas en la primavera sin saber si esto estaba justificado, porque los funcionarios soviéticos no tenían instrumentos de medición para conocer si una zona estaba afectada o no.
      Así, aparte del ómnibus sin freno y de los monos antropoides que manejaban la central, la otra causa del siniestro accidente fue la estupidez y la desorganización, la incompetencia, ignorancia y confusión de las autoridades soviéticas de 1986.

Grand finale

Como se ve, los reactores nucleares no son tan buenos ni tan malos: sólo se trata de aplicar el sentido común en su diseño y construcción, de observar las medidas de seguridad en la operación, y de tener un gobierno que sepa lo que hace y lo que debe hacer llegado un caso de crisis.
      


Otra fantasmagórica vista de la ciudad abandonada para siempre

      Los funcionarios responsables de la central fueron procesados en 1987, pero no los militares que los obligaron a realizar la prueba. Seis días después de la explosión, el Ministro de Electrificación anunció en una reunión del Politburó que el reactor 5 se comenzaría a construir como si nada hubiese sucedido. Tres meses antes, había asegurado ante los mismos funcionarios políticos que "era imposible que ocurriera cualquier tipo de accidente en el reactor 4 de Chernobyl". Con esa excusa, no dotó al personal de trajes, dosímetros, etc.
      Los niños irradiados en 1986 (hoy adolescentes) ascienden a más de 300.000, y muchos de ellos desarrollarán cáncer tiroideo por este motivo. Hay fantasmagóricas ciudades abandonadas en toda la región de Chernobyl. Hay muertos, heridos, cancerosos, niños malformados, gente que se ha suicidado. Pero ya pasó. ¿O no?
      La catástrofe ya pasó, pero, igualmente, no sé si es como para dormir tranquilos...
      A pesar de que, por fin, la central de Chernobyl fue clausurada definitivamente y de que el reactor 4 fue encerrado en un gigantesco sarcófago de cemento, hay, hoy en día, otros 13 reactores RBMK funcionando en los países de la ex Unión Soviética.

El autor agradece a Greenpeace por las fotografías que ilustran este artículo.

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