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F i c c i o n e s

LA PANCHA
Claudia De Bella

Argentina

Dicen que la Pancha sabía leer la mente... La Pancha, ¿te acordás? La vieja esa que se murió un año antes de habernos mudado para acá, esa que todos nombran siempre como si fuera una santa... claro, en la casa verde, al lado de la canchita de fútbol... ¿Cómo que no sabés nada? Mirá, te lo cuento como me lo contaron a mí. Parece que esta mujer, la Pancha, desde chica hacía cosas raras... Bueno, por ejemplo, cuando el padre quería retarla por alguna travesura, la mocosa se escondía como dos horas antes de que el viejo empezara a despotricar. Al principio no le llamó la atención a nadie, porque todos los chicos se esconden cuando se mandan una macana, viste. Hasta que un día le descubrieron el escondite, un galpón abandonado. La encontraron escribiendo en unas hojas y cuando se pusieron a leer lo que había escrito, resulta que era todo lo que el padre había estado diciendo en la otra punta de la casa... No, desde el galpón no se escuchaba nada de lo que hablaban adentro... Parece que en ese entonces ya sabía adivinar los pensamientos. Después, te imaginás, a la chica le quedó la fama de extraña y en el colegio algunos compañeros empezaron a esquivarla. Otros, más vivos, le pedían que le leyera la mente a la maestra para saber qué notas tenían o cuándo les iban a tomar lección. Me contaron que nunca le erraba y que en el secundario salvó más de uno de irse a marzo. Pero parece que a ella no le servía ese poder que tenía, porque se comenta que era muy mala estudiante y que no era capaz de memorizar dos palabras seguidas... En fin, me contaron un montón de cosas más, pero creo que lo más impresionante fue lo que pasó la vez que vino el Presidente... Sí, el Presidente de la Nación de aquella época, cuando ella tenía unos veintisiete años... No, no me acuerdo quién era. Vino a inaugurar un puente y después hicieron un acto en la plaza. Estaban todas las autoridades, te imaginás, un revuelo para un pueblo como este que apenas si recibe al Gobernador cada muerte de obispo...
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Ilustración: Valeria Uccelli

La cosa es que el Presidente estaba hablándole por micrófono a la gente que se había juntado en la plaza, prácticamente todo el pueblo, hablando como hablan los Presidentes, que todo está bien, que vamos para adelante, que esta población es un ejemplo para todo el país, ya sabés, y en eso la Pancha salta al palco, le saca el micrófono de la boca y empieza a decirles a todos lo que el Presidente realmente está pensando... Así como te lo digo... No, me juraron que fue así, creéme. Todo el pueblo fue testigo... ¿Qué dijo la Pancha? Y, mirá, lo que ya te sospechás: que el tipo era un corrupto, que tenía cuentas en Suiza, una barbaridad atrás de la otra. Y mientras ella hablaba dicen que el Presidente se iba poniendo cada vez más colorado, y después morado, y después blanco, hasta que alguien reaccionó y la bajó a la Pancha del palco. Los del partido la agarraron, la llevaron a un costado y la molieron a golpes, con la excusa de que estaba sufriendo una crisis nerviosa. Después la internaron en el hospital, porque la Pancha estaba como poseída y no paraba de contarles a todos, a los alaridos, de todas las trapisondas del Presidente, las que ya había cometido y las que estaba por cometer. Nadie le hizo caso, por supuesto. Hasta que se cumplió todo lo que ella había dicho. El Presidente hizo todo lo que la Pancha dijo que iba a hacer. Y ahí sí empezaron a respetarla. Los políticos del pueblo empezaron a cuidarse, porque sabían que si metían la pata la Pancha los podía deschavar. Se comenta que hubo un par de mafiosos del partido que contrataron gente para matarla, pero cómo iban a hacer si la Pancha les adivinaba todos los planes y entonces esquivaba todas las trampas y las emboscadas... Parece que el que llegó más lejos pudo entrar en la casa mientras ella supuestamente dormía, pero como ella ya sabía lo que iba a pasar se había escondido en el baño, y no salió de ahí hasta que los perros lo habían destrozado al tipo. Al final se dieron cuenta de que no iban a poder con ella... Todo el pueblo entendió que no quedaba otra alternativa que portarse bien. Me contaron que mientras vivió la Pancha este pueblo fue el Paraíso: nadie tenía malos pensamientos y si los tenía se preocupaba por convertirlos en buenos, por miedo a que la Pancha les adivinara las intenciones y los quemara adelante de todo el mundo... ¡Qué me contás! Lo que ni Jesucristo pudo lograr, lo consiguió esta vieja. Vivían todos como hermanos, los concejales eran honrados, los chicos no mentían, los comerciantes no recargaban el doscientos por ciento... ¡Qué increíble! Por qué no nos habremos mudado para acá en aquella época... Bueno, al final la gente se tomó por costumbre consultar a la Pancha para todo: que si les convenía hacer tal negocio, que si el hijo fumaba a escondidas, que si la madre enferma iba a estar bien atendida en tal hospital de Buenos Aires, y gracias a eso la vieja pudo vivir bien hasta que se murió, con mucho trabajo, eso sí, tanto que se dice que nunca tuvo tiempo de enamorarse ni de tener hijos de tan concentrada que andaba todo el día en los pensamientos ajenos... ¿De qué se murió? Mirá, no se sabe exactamente. Se comenta que un día no abrió la ventana de la cocina como todas las mañanas y que cuando fueron a ver estaba muerta, acostada en la cama. Pero... igual que cuando era chica, viste... estaba rodeada de papeles escritos. Eran muchísimas hojas, como cincuenta, y después del entierro las quemaron todas... No, me dijeron que era imposible descifrarlas, porque, como te dije, siempre fue malísima estudiante y con el correr del tiempo se fue olvidando hasta de la forma de las letras. Lo único que sí me contaron es que había una palabra que se repetía a cada rato, en todas las hojas... algo así como "opoclipsis" o "acopaplisis"... qué se yo... Andá a saber lo que habrá querido decir...

(c) Claudia De Bella, 1998-2004


CLAUDIA DE BELLA

Claudia De Bella tiene 46 años. Nacida en Capital Federal, ha vivido en Río Negro, en la Pcia. de Buenos Aires y en Misiones. Es profesora de inglés, cantante de rock, escritora y traductora de CF y fantasía. Ha publicado varios cuentos en Argentina, Brasil e Italia, más de 150 traducciones de cuentos y novelas cortas de autores de habla inglesa y algunos artículos. Obtuvo el premio Más Allá 1993 en las categorías Cuento y como Traductora Aficionada en 1994. También recibió el premio AXXON por su destacada actividad en el ámbito de la CF. En 1997, su pieza teatral de terror "La Puerta Abierta" ganó el Premio a la Mejor Obra Regional de Misiones; al año siguiente, la obra representó a Misiones en el Festival Latinoamericano de Mimo realizado en Buenos Aires. Durante 5 años dirigió tres talleres de escritura de CF y fantasía para adolescentes, publicando las obras de los participantes en 3 volúmenes de edición artesanal. Actualmente está colaborando con AXXON en trabajos de traducción y se encuentra escribiendo nuevas obras.
En Axxón pueden encontrar también: "Bosquedad", en el número 95 y "Amoité", en cuento elegido.


Axxón 138 - Mayo de 2004
Ilustró: Valeria Uccelli

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