DANAIDE METÁLICA

Cristian Lisboa

Chile

Nuevamente tú, con tu perfume barato y tu lógica impecable rondando alrededor, llenando el espacio de aromas, de ideas, de recuerdos. Nuevamente tú haces más tibio el hielo, más clara la oscuridad, más soportable el tedio de la rutina. Yo no puedo sustraerme a tu encanto, ¿y por qué hacerlo? No dejaré de ser yo estando a tu lado.


Primavera de 2024: Edipo despierta


Mi madre lloraba por un ojo mientras me miraba indignada con el otro.

—No puedes haber cambiado tanto, Rael —me decía—. Tantos años diciendo que jamás dejarías tu independencia, que jamás una mujer te ataría. Que tu camino estaba muy bien delineado como para ser cambiado por sentimentalismos.

—No se trata de eso, mamá —le dije—. Yo no dejaré de hacer lo que debo. No cambiaré mi camino. Ella lo sabe, y lo acepta.

—Tú no entiendes nada —gimió mi madre—. Esas son palabras. En realidad, tú te quedarás aquí en esta tierra, trabajando para ella y para estar cerca de ella. Todos tus sueños se acaban aquí. ¿Qué hay del héroe?, ¿qué, del caballero andante del espacio?, ¿qué, del investigador?, y ¿qué, del ingeniero espacial?

—Mamá, tú exageras. No confundas los sueños de un niño con los proyectos de un hombre. Mis planes, los de antes de conocer a Su, siguen en pie. Y los cumpliré, no lo dudes.

—Sí —sollozó de nuevo. Cuando tengas cincuenta años. Cuando seas viejo, como yo. Cuando mires con miedo el tiempo que te queda.

—Yo no miraría con miedo el tiempo futuro. Más bien como una bendición. Tú misma deberías estar agradecida de la vida, en lugar de sentirte tan amargada y falta de ilusiones.

—Ilusiones, ¡ja! —dijo en tono sarcástico—. ¿Es broma?, ¿te olvidas de lo que hemos pasado con tu padre? ¿Dónde estás viviendo, Rael? ¿Sólo en la nube rosada de tu geisha?

—No le digas geisha. Discúlpame, pero yo me refiero a que tú eres demasiado inteligente como para centrar tu vida en tu relación con papá. Yo los quiero mucho a ambos, pero si era necesario que vivieran separados para ser felices, debieron hacerlo.

—¡Ahora me hablas de separación, desagradecido! Cuando yo lo di todo por ustedes, por ti y tus hermanos. ¿Qué habría sido de ustedes con padres separados?

—Quizá más sacrificio, mamá. Quizá menos cosas materiales, más trabajo. Pero quizá más tranquilidad también, menos drama.

Ella volvió a llorar, sin decir nada más.

—Perdona —dije—, pero no quise herirte. La verdad es que no sé qué hubiera hecho yo en tu caso. Quizá lo mismo que tú. No lo sé, y no tiene caso volver sobre el pasado. Eso no se puede cambiar. Pero estábamos hablando de Su. El hecho es que la amo como jamás he amado antes a una mujer, y quiero compartir mi vida con ella.

—¿Te vas a casar? —dijo espantada.

—No lo sé —dije—. En realidad, eso no es para mí lo importante. Pero quiero vivir con ella. Compartir con ella mis mañanas y mis noches. ¿Es eso algo malo?

—No he dicho que sea malo. Sólo que es limitante.

—Bueno, esa es tu posición y no puedo cambiarla. Sólo te digo que para mí será bueno vivir con ella, y que sería terrible no poder hacerlo, por cualquier motivo.

—Si es así, adelante. No diré nada más, o me culparás después de tu infelicidad.

—Yo jamás te culparía, mamá. Yo pienso que las personas hacen sus propios destinos, y deben ser fuertes para avanzar aún entre opiniones adversas, sin causar daño, pero con firmeza.

—¡Pero tú me causas daño ahora, Rael! —volvió a sollozar.

—Mamá, lo siento, pero esa es sólo una impresión tuya. Quizá si tu relación con papá hubiera sido buena, tu opinión no sería tan lapidaria ahora. Con el tiempo me darás la razón.

—Lo dudo —dijo—, pero no puedo hacer nada. Y no es que tenga algo en contra de Su, por el contrario. Creo que es una buena persona, y que te quiere. Pero eso es ahora. Con la convivencia las cosas cambian. Y no soportaría el verte sufrir.

—El sufrimiento es parte de la vida —dije—. No se puede amar sin sufrir. No se puede dejar de ceder algo cuando se trata de obtener lo que queremos. Tú misma me enseñaste eso. ¿Ya no lo crees?

—No me pidas que lo acepte, hijo. Sólo te digo: hazlo, y espero como siempre lo mejor para ti.


Otoño de 2028 : Sísifo se cansa


No sé cuándo empecé a odiarla. Ni recuerdo por qué. Quizá fueron cosas que siempre estuvieron presentes, y yo no había notado. O quizá algo la hizo cambiar. Pero en todo caso fue algo muy sutil. En todas sus conversaciones, ella empezaba con: "¿hiciste eso, o aquello?". Yo esperaba un: "¿cómo estás?", un "hola, mi amor". Ya no recuerdo si fue un cambio, o si sucedió así siempre. Además, estaba el tema de la comida. Lo que yo como, siempre resulta insano. Ella come muy poco, de hecho nunca he comprendido cómo puede mantenerse con tan poco alimento: un poco de fruta, agua, algunas sales minerales, y vitaminas que compra en tiendas naturistas.

Muy pocas veces la he visto beber un vaso de leche. "Síntesis", me dice, riendo. "¿No sabes que las plantas hacen fotosíntesis?" —dice—, y "¿acaso no soy yo mejor que las plantas?" Le he preguntado cuándo empezó a alimentarse así, pero ella no me contesta. O dice: "Siempre, cariño. Por eso es que me mantengo sana. Y tú ¿no quieres ser más sano?"

Además, es la dueña de casa perfecta. De hecho, ella regresa de su trabajo sólo media hora antes que yo, y cuando entro, no entiendo cómo, la casa está ordenada, limpia, decorada. Con aroma a limpio. Y a Su. En la cocina, siempre está puesta una cacerola, o una sartén con alguno de mis platos favoritos terminando de cocinarse. Y la tetera con agua caliente, las tazas puestas en la mesa... Creo que no necesito decir que mi ropa a usar el día siguiente la encuentro en el ropero, ordenada y... y ella me sobrepasa.

No conozco a sus compañeros de trabajo. Ni tan siquiera conozco su trabajo. Sólo el exterior del edificio de "Security Systems" (no puedo decirte más, por seguridad —me dice). Supuestamente, su función es administrativa. Cuando intento indagar más sobre ello, Su desvía la conversación inmediatamente. No me cuentas detalles —le digo—. ¿Qué hace mi esposa durante diez horas diarias?

—Papeles —me dice, imperturbable—. Ordeno información, traspaso datos en el computador. Aburrido. ¿Qué más quieres saber, Rael? ¿El detalle de cada papel que ingreso en la base de datos? Eso es justamente lo que no puedo decirte. Seguridad.

—Su, todas las parejas conversan sobre la vida cotidiana. Sus almuerzos, las peleas con sus jefes, la relación con sus compañeros de trabajo, ¿qué tiene que ver eso con seguridad? Tú lo sabes todo acerca de mí. Conoces el taller, las máquinas que yo reparo. Conoces a todos mis compañeros, a mi jefe. Hemos salido a comer con ellos.

—¿No te basta mi compañía? —dice. Y adopta un aire de ofendida—. Mis compañeros de trabajo son sólo eso, no son mis amigos. Tú eres mi amigo.

He llegado a pensar las cosas más absurdas. Durante meses, creí que Su era una espía, al servicio de alguna potencia extranjera, que se hace pasar por una inocente secretaria en una empresa de información, mientras copia miles de documentos reservados para un país que se prepara a atacarnos. O para un país que copia nuestra tecnología. Al fin y al cabo, ¿qué sé yo sobre Su? Su familia la abandonó siendo muy pequeña, creció en un hogar para niños huérfanos, eso no puedo dudarlo ya que me llevó a conocer los patios en los que jugaba, de niña. Vi las fotografías en las paredes del corredor, no puedo negar su parecido con esa chica de dientes pequeños y risa contagiosa.

Pero..., ¿qué pasó con la Su adulta? Después de que salió del orfanato, terminados sus estudios secundarios, comenzó a trabajar como mesera de restaurante mientras estudiaba secretariado. Y luego, mientras buscaba una práctica profesional, la gran oportunidad: "Security Systems", el agujero negro que la absorbió, ocultando todo lo demás que ella es para el mundo exterior —yo incluido.


Invierno de 2028: Orestes atrapado


Tengo miedo. Siento que todo lo que creí respecto a Su es poco, es nada. Ella no es una espía, tampoco es una terrorista preparando atentados en la oscuridad. Hay algo mucho más terrible, algo que no comprendo. Si cuento esto a un amigo, se reirá de mí y creerá que alucino. Aún menos puedo pensar en acudir a la policía. Ayer ocurrió algo increíble. Su estaba cocinando, cortando verduras con el cuchillo más afilado, cuando yo la interrumpí sin querer, para preguntarle si necesitaba algo del supermercado. Ella me miró sin dejar de cortar, y yo le dije: ¡cuidado!, temiendo que se hiriera. Y fue justamente mi grito el que la distrajo: soltando una zanahoria, apoyó el filo del cuchillo sobre su dedo índice. Yo me acerqué, pero ella me apartó, repitiendo varias veces "fue sólo un accidente", mientras se llevaba el dedo a la boca para contener la hemorragia. Fue sólo una visión fugaz, sólo colores: el dedo no sangraba. En el lugar de la herida, vi líneas cortadas, muy finas, de diversos colores, como delgados hilos de material plástico. Me sentí tan mal, que no atiné a decir ni hacer nada. Ignoro si Su notaría mi perturbación.

¿En quién puedo confiar ahora? Probablemente Su tenga más contactos en su trabajo, quizá hasta su jefe sea como ella.

Tengo que enfrentarla. Tengo que saber la verdad. Pero, ¿qué hará ella si la descubro, si mis temores fuesen realidad? Seguramente me eliminará, ella no podría correr el riesgo de que esto se conozca.


11:00 A.M. Hoy no fui a trabajar. El teléfono ha sonado tres veces, la última vez contesté y era mi jefe, le dije que me sentía muy mal, que iré mañana.


Ilustración: Marian

17:00 P.M.      He analizado esto muchas veces. No tengo salida. Estoy atrapado como una ardilla, corriendo en la rueda de esta jaula que siento más amenazante a medida que pasan los minutos. Afuera, ya está oscureciendo. Las largas sombras de los árboles de la vereda se mezclan con la oscuridad del pavimento. El cielo está azul, la luna aún no aparece. Su debe estar terminando de trabajar...

18:00 PM      He colocado todos los alambres y cables sin recubrimientoque encontré, formando una red entre la puerta de calle y el dormitorio. Los conecté a la fase del primer enchufe en la pared de la sala. 220 voltios. Cualquiera persona que entre a la casa será electrocutada (a menos que se corte la energía).

Además, retiré las bombillas de las lámparas de la entrada, de modo que será imposible ver los cables.

Su, lo siento. No sé qué hacer. Estoy aterrado, escondido como un ratón en el closet del dormitorio que hemos compartido por cuatro años. En unos minutos más todo habrá concluido, mañana tendré que mentir y simular un accidente. La estufa eléctrica tiene un cable suelto. La trampa está conectada. No quiero morir. No quiero morir. Escucho pasos. Un clic. ¿Será... ?


Finale: Láquesis, Átropos


Ella abrió la puerta suavemente, como siempre. Entró sin encender la luz, no la necesitaba. Estaba sola, no era preciso disimular. Detectó cuatro líneas de corriente alterna cruzadas en su camino. En principio, eso le pareció incomprensible, pero en dos segundos procesó la información disponible y concluyó que se trataba de una trampa. Pensó en hacer un puente a tierra, pero quiso evitar el cortocircuito, el chispazo, el ruido. Por lo tanto, prefirió invertir fase con neutro, bajando el voltaje a menos de un voltio. Caminó silenciosamente por el pasillo, evitando los cables. Su detector infrarrojo captaba una emisión térmica agresiva en el interior del dormitorio, en el lugar denominado "closet". Abrió la puerta del dormitorio tan suavemente, que ni aún su propio sensor sonoro captó el "clic".

Una pequeña luz roja, más pequeña que la cabeza de un alfiler, más sigilosa que una serpiente, pero cargada con la energía láser de mil soles, entró en el closet.



Christian Lisboa hizo su presentación en Axxón con un cuento corto publicado en el Especial Mi Propia Muerte del N° 153, "El mundo se detuvo". Christian nació y vive en Santiago de Chile; es ingeniero electrónico y tiene algo más de cincuenta años.


Axxón 163 - junio de 2006

Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Chile: Chileno).

            

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