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FAHRENHEIT 451: la novela de la libertad
por Antonio Mora Vélez

 

Una de las cualidades atribuidas a los maestros de la literatura de ciencia ficción es la de haber logrado anticipar en sus novelas y relatos, aspectos sociales, actitudes humanas y máquinas y descubrimientos científicos que posteriormente el hombre incorporó a su haber cultural. Famosos en tal sentido y en particular por sus predicciones tecnológicas, fueron: Alexi Tolstoi, ruso, anticipador del rayo láser; Hugo Gernsback, norteamericano, creador literario del radar y de la televisión; y Karel Capek, checo, a cuya imaginación debemos hoy la existencia de los robots.

Famosos también, pero en la vertiente que explora las tendencias emotivas y conceptuales de la humanidad, son los novelistas Yevgueni Zamiatin (Nosotros) Aldous Huxley (Un mundo feliz) y Ray Bradbury, autor de la novela corta llevada al cine Fahrenheit 451. Tienen en común los tres la utilización de la distopía con fines de advertencia, de meditación acerca de las consecuencias del avance incontrolado de las ciencias y de la tecnología; y el tema de la libertad frente a Estados totalitarios respaldados por la fe ciega en el papel conductor de las ciencias y de las ideologías.

Ray Bradbury, considerado el poeta de la ciencia ficción, imagina en su obra citada una sociedad en la que los libros han sido prohibidos y los bomberos en lugar de apagar incendios, queman bibliotecas y ajustician a los reos de lectura. Todo comenzó, dice Bradbury por boca de uno de sus personajes, por culpa de "La tecnología, la explotación en masa, y la presión de las minorías", que convirtieron a los hombres en seres ocupados corriendo de un lado a otro, apretando botones y ajustando tornillos y tuercas, dedicados a contemplar, en las horas del descanso, las imágenes pueriles y alienantes de las "paredes TV", que le evitan el esfuerzo de pensar por sí mismo; y a impedir la impresión de obras inquietantes o mortificantes que perturben su felicidad, en una sociedad cerrada que ha definido previamente los parámetros de la dicha. En síntesis: un hombre castrado mentalmente que ha abandonado —por considerarlas superfluas— las letras, la historia y la filosofía, y que no tiene ni afición ni tiempo para "andar por los bosques y mirar los pájaros y coleccionar mariposas".

Ray Bradbury dirige el filo de la crítica hacia dos poderes de la vida moderna: El estado totalitario y los "mass media", coligados en la novela para mantener la uniformidad política y el control ideológico. "Si no quieres que un hombre sea políticamente desgraciado, no le preocupes mostrándole dos aspectos de una misma cuestión. Muéstrale uno", le dice el jefe de bomberos a Guy Montag, el personaje central el día que descubre fisuras en su fe y obediencia al sistema.

Pero Montag —que no parecía tener alma de bombero— pasa de la duda producida por el sentimiento de ver incinerar a una anciana infractora ("Tiene que haber algo en los libros... para que una mujer deje quemarse viva") a la convicción de que los libros pueden enseñar muchas cosas y disiparle los rumores que las "paredes TV" no aclaran, como el de la miseria que agobia al resto del mundo; y rescata entonces libros del fuego, los lee y descubre que detrás de cada uno de ellos hay " un hombre que tuvo que pensarlo. Un hombre que empleó mucho tiempo en llevarlo al papel...".

Las consecuencias son obvias: el bombero lector es descubierto y obligado a incinerar sus libros y su casa. Guy Montag pasa de infractor a rebelde. Mata a su jefe para salvar la identidad y la vida de su amigo Faber, un viejo profesor de inglés " a quien habían echado a la calle hacía cuarenta años, cuando los últimos colegios de humanidades tuvieron que cerrar a causa de los pocos alumnos y la falta de apoyo económico". Y huye con la ayuda de éste hacia los bosques, donde se reúne con otros intelectuales rebeldes. Antes elude el acoso de "Sabueso", un "perro mecánico" que identifica los olores del cuerpo y cuya acción persecutoria es uno de los mejores espectáculos que las autoridades brindan a los ciudadanos.

Al llegar a la reunión y entrevistarse con sus nuevos amigos, Montag descubre que los intelectuales marginados aprenden de memoria los libros de los pensadores más importantes y que él, por haber aprendido parte del Eclesiastés, tiene un lugar entre ellos.

    Granger se volvió hacia el reverendo.

    —¿Tenemos un Eclesiastés?

    —Uno. Un hombre llamado Harris, en Youngtown.

    —Montag —le dijo Granger—. Camine con cuidado. Cuide su salud. Si algo le ocurre a Harris, usted será el Eclesiastés. ¿Advierte qué importancia ha adquirido usted en este último momento?

La imaginación creadora de Bradbury convierte a cada rebelde en un libro gracias a su memoria, y a todos los hombres-libros en la mayor gesta humanista imaginada por escritor alguno de ciencia-ficción. "Fahrenheit 451" es, por ello, un tributo a la riqueza y a la necesidad del pensamiento libre que alcanza su clímax en esta parte del diálogo:

    —¿Le gustaría, Montag, leer alguna vez la República de Platón?

    —¡Por supuesto!

    —Yo soy La República de Platón ¿Le gustaría leer a Marco Aurelio? El señor Simmons es Marco Aurelio.

    —¿Cómo está usted? —dijo el señor Simmons.

    —Hola —dijo Montag.

    —Quiero presentarle también a Jonathan Swift... Y este otro señor es Charles Darwin, y este otro es Shopenhauer, y éste es Einstein...

Imaginación y poesía que alcanzan a especializar caseríos en esa misma gesta libertaria, como la aldea de Maryland, de veintisiete habitantes, que es —según Granger— "los ensayos completos de un hombre llamado Bertrand Russell".

La novela concluye con la diáspora de los intelectuales y las reflexiones que Montag se hace, en el camino, sobre su nuevo rol. Sabe ya que hay un tiempo de callar y un tiempo de hablar y que es el momento de pensar y de grabar en la mente, fragmento a fragmento, el libro que ya empezaba a ser.

Escrita en los orígenes de la guerra fría y por la época del "macartismo" en los Estados Unidos, "Fahrenheit 451" trasciende los límites espaciales y temporales que tuvo su autor, y es por ello un clásico de la ciencia-ficción y de la literatura universal, que mantiene su vigencia. Su defensa del humanismo y su confianza en la capacidad renovadora del hombre enfrentado al oscurantismo y al totalitarismo, la convierten en una obra de obligada lectura par todos los perseguidos del mundo. Montag y sus amigos intelectuales representan al hombre en lo más noble y humano de su espíritu. Y el hombre es lo que es por su pensamiento y su libertad. Por esto Ray Bradbury enseña que no hay poder alguno que pueda doblegar indefinidamente a la inteligencia. Ese es el gran mensaje de la novela. Y es la gran enseñanza de la experiencia política contemporánea.



Ilustrado por Valeria Uccelli
Axxón 165 - agosto de 2006

 
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