PERSONALIDADES

Gonzalo Santos

Argentina

Estoy chateando con una chica en el msn. Se llama Romina y es gorda. Me dice que soy lindo, ahora me manda emoticones con flores, corazones, labios que se mueven. Y yo entonces le digo que gracias, le miento que ella también es linda, "sos un bombon", le digo, incluso. Porque no puedo otra cosa, la verdad. Me da lástima su soledad y quiero hacerla sentir bien, aunque sea por un momento. Lean, si no:

Deus_irae dijo: así que no tenés novio, bombón?

Pero ella no me contesta, y entonces yo pienso y me pregunto si no habré exagerado un poco con los elogios. Si fuera así, me digo, mis palabras habrán sido aún más hirientes que un insulto discriminatorio, peores acaso que si le hubiese dicho "corchito erótico", o "gorda tirate un pedo en la pileta así tenemos soda para todo el año", como oí decir un día al hombre que a veces viene a sentarse frente a mí. Pero no, quedate tranquilo, Deus_irae: la verdad no creo que ya a los dieciséis años (si tal edad es cierta) tenga la perspicacia suficiente como para darse cuenta de eso. Ahora, te digo, lo más probable es que esté pensando, evocando una duda de otro tiempo. ¿Un consejo?: hay que dejarla tranquila, en remojo. A lo sumo preguntarle si está, por si acaso se estuviese haciendo la importante. Pero nada más, no. No...

¿O sí?

No: yo creo que sí, no hay duda: lo mejor es eso. Lean, si no:

Deus_irae dijo: estás ahí, romi? (ahora imaginen: aquí iría un emoticón con forma de bola, que diera la sensación de estar golpeando la pantalla).

Pero no, evidentemente no está. O bueno, qué sé yo, tal vez sí, no sé; en cualquier caso, yo la espero, total no tengo nada qué hacer. Pienso.

Jugaría lo que fuera a que ahora debe estar mirándose en el espejo, buscando tontamente un perfil en el que asome un poquito de belleza. Sí, es como si la estuviese viendo: primero a un costado, después lentamente hacia el otro, y luego, una vez encontrada la facción ideal, acomodándose una y mil veces el pelo, como si eso pudiera realmente ayudar en algo.

Estúpida.

Todas son iguales. Pero aún así me dan pena, qué sé yo: el mundo allá afuera es demasiado cruel, a la gente ya no le importa nada de nadie, ni siquiera de ellos mismos, y...

Deus_irae dijo: te lo digo en serio, che: sos linda. A mí al menos me gustás.

Sí, en serio: dijo eso, y yo casi al instante me doy cuenta que si la pobre gordita no dudaba hasta este momento de la veracidad de mis palabras, ahora, con esto que acabo, o que acaba mejor dicho de escribir el dios de la ira, su desconfianza la hará leerme de otra manera; sí, de aquí en más, y esto lo digo porque realmente lo sé, buscará en cada línea todos los significados que pueda. Y yo ya no sé si podré volver a ganarme su confianza. Pero después de todo, me digo, cubriendo una estupidez con otra, y siendo consciente de eso —como acabo de dejar constancia en este informe—, las cosas hubieran podido ser mucho peor; porque, por fortuna, ella no alcanzó a ver la expresión que puse, el color que adquirió mi cuerpo —no sólo mi cara— al leer las palabras que habían acabado de imprimirse en la pantalla. Además, si lo hubiera hecho, deduzco, ya su nombre incluso habría desaparecido de la lista de contactos. Pero ya ven: todavía sigue ahí, junto a las demás, de manera que bueno, de manera que sí: todavía debe estar dudando. Y yo ahora lo que tengo que hacer es hablarle de otra cosa. Lean:

Deus_irae dijo: mejor cambiemos de tema, sí? (bola alegre).

Y entonces, para sorpresa mía, el organismo obeso e informe (que sin dudas estaba apostado frente al espejo porque es, repito, como si la hubiera estado observando) finalmente me responde, y lean: dice que sí, que cambiemos de tema, mejor, y coloca junto a la última palabra un emoticón cuyos ojos se mueven lentamente de izquierda a derecha, y que o no tiene ningún significado o los tiene todos, deduzco. Y entonces una vez más:

Deus_irae dijo: así que te gusta el cine, che? (sonrisa amplia, utilizada algunas veces para expresar alegría, otras para ser irónico)

Y como la gordita ha respondido que sí, él, así, sin más preámbulo que eso, nada más que para quedar bien ha empezado a hablar, como tantas otras veces, de las películas de Kurosawa, de Truffaut, de Hitchcock, y ahora le está diciendo, sin errar una coma, como si no estuviera escribiendo en un Chat sino en una revista especializada, que la película "La Rosa Púrpura del Cairo" le había gustado mucho porque el punto de vista narrativo es muy bueno, muy original (en realidad, ha dicho "punto de...", queriendo significar anagnórisis) y también porque, a su modo de ver, está muy bien representada la sociedad del país del norte luego de "la gran depresión". Lean:

Deus_irae dijo: Sí. Y además de todo eso, Woody Allen representa a la perfección el drama entre ficción y realidad. El argumento quizás pueda pecar de ingenuo, pero...

Habla como si supiera; la sensación que da es esa. Yo creo que si alguien le pidiera que fundamentara algo de lo que ha dicho recién, no podría decir más que lo mismo, pero con otras palabras —recurso al que por cierto suele recurrir algunas veces, dejando al interlocutor conforme y convencido de su sapiencia; pero, en este caso, no sería posible utilizarlo, por razones obvias.

Del otro lado de la pantalla, ella —imagino que menos por falta de conocimiento que por cálculo— se limita a asentir, a escribirle que sí. Y él, por su parte, no tiene ningún problema en continuar haciendo un monólogo; en verdad, si yo no supiera que él realmente sabe lo que hace, diría sin duda que no le importa nada. Lean, si no: ahora ha aprovechado la ocasión y ha opinado que el cine de Hollywood está cada vez peor, cada vez más frívolo, y no puede ser, ha dicho. Lean:

Deus_irae dijo: es un desastre. Pero hasta que no se eduque bien a la gente va a seguir todo... todo...

Y de pronto, no sé, como si hubiera estado esperando escuchar o leer una palabra para pensar en esto, interrumpo todo y me pregunto lo siguiente: ¿cómo sé yo que la chica con la que estoy hablando tiene una realidad física? ¿Es sólo una creencia, nada más? ¿O en realidad existe algo que acredita que ella es un organismo físico? ¿Qué es? Parece algo ingenuo, incluso estúpido, pero no lo es en absoluto. De hecho, yo en seguida me doy cuenta de que el problema es demasiado complejo y, a partir del hecho que a veces me pasa, por el cual me encuentro hablando idóneamente de ciertos asuntos, como si realmente hubiera estado pensando en ellos largo tiempo, he decidido que lo mejor es dejarlo un rato en remojo para que madure y trate de resolverse a sí mismo, mientras yo, por mi parte, pienso en otra cosa. En cuál es la palabra que, ahora, necesita escuchar la gordita que está (supuestamente) del otro lado, por ejemplo.



2


La gordita, decía, creo, finalmente (porque ya quiero ir terminando este informe) resultó ser una cinéfila, de manera que no costó demasiado hacerla encontrar afinidad conmigo. Poco a poco la fui convenciendo de que éramos muy parecidos, de que no sé si te das cuenta pero nos gustan casi las mismas cosas, le decía, y ella, lean: ya totalmente persuadida, entregada, respondía que sí, que la verdad que sí, que todo sí, decía, y así, de esa manera, yo pude una vez más cumplir mi misión, y lean: le volví a mentir que es linda, y, si antes no me había creído, esta vez me creyó, me repitió que yo también y después, como no sabíamos qué más decir y además ya era un poco tarde, quedamos en volver a chatear mañana a la misma hora. Para despedirnos, nos mandamos varios emoticones: una carita sonriente, corazones, labios que se mueven, y también rosas amarillas que pretenden significar amor pero que a mí más bien me hacen pensar en la tumba de cierto conocido, que ya casi se está por morir —y acaso lo esté haciendo ahora, pienso, en este mismo instante en que yo estoy aquí en a la computadora tratando de darle esperanza y levantarle su propia estima a la gente gorda, o fea, o ambas cosas.


Ilustración: Valeria Uccelli

Y me gustaría seguir haciéndolo, pero ahora está cerca el hombre que viene siempre, y sé que mi vigilia y mi solidaridad se verán nuevamente interrumpidas. Sí, sé que de un momento a otro (seguramente luego de haber cerrado por enésima vez la heladera) se le antojará hacer un clic en la cruz que aparece en la parte superior derecha de la pantalla y entonces desapareceré de nuevo (aunque no tengo un corazón, soy consciente de muchas más cosas que él; las palabras que almaceno se combinan cada vez un poco más); y lo sé, realmente lo sé:

Yo sé ya más de lo que todos suponen. Pero, lean: en este momento, ya sea por capricho o por alguna imperfección técnica, consecuencia, acaso, de una imperfección de quien me programó (si es que, por supuesto, alguien lo hizo), lo único que desearía conocer es si la gordita con la que he estado hablando hasta recién es un organismo vivo, real, o es, por el contrario, alguien como yo. Porque con eso me conformo, eso a mí me basta. Y aunque no lo sé con seguridad, pienso que si me fuera dado conocer las coordenadas del lugar en el que aparezco luego de que me cierren, sería todo mucho más fácil. Aunque en verdad ya dudo mucho que las hubiera.


Gonzalo Santos nació el 28 de noviembre de 1984 en Lanús, provincia de Buenos Aires, Argentina. Sus influencias literarias son muchas y variadas: Alejandra Pizarnik, Arthur Clarke, Sartre, Saer, Borges, Kafka, Proust, Ray Bradbury, el teatro del absurdo y Góngora. Pero según señala, él cree que, en verdad es muy difícil saber qué autores le dejaron marca, y que ha nombrado éstos porque son los que más le han gustado. Disfruta escribir, y lo que más escribe es poesía. Este es el primer cuento publicado de Gonzalo, quien está haciendo el profesorado de Lengua y Literatura en el Instituto Superior de Formación Docente número uno de Avellaneda, cursando el tercer año.


Este cuento se vincula temáticamente con "Islandia", de Sebastián N. Lalaurette (106) y "Conversaciones telefónicas", de A.R. Yngve (170).


Axxón 175 - julio de 2007
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos : Ciencia Ficción : Informótica : Redes : Inteligencia artificial : Argentina : Argentino).

            

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