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Un novedoso tipo
de Literatura

por Ariel Pérez

Con treinta y cinco años, Verne conoce a Pierre-Jules Hetzel. Las circunstancias en que el escritor lo hace aún están por descubrirse, toda vez que existen muchas versiones al respecto, resultando difícil llegar algún día a los hechos reales. Lo cierto de la historia es que conoce a un hombre que tiene una revista de Literatura recién fundada y que anda buscando un colaborador para la parte científica. Verne, que ya venía concibiendo la idea de un nuevo tipo de novelas, le presenta un texto que había redactado. Hetzel ve potencial en el treintiañero y le recomienda hacer algunos arreglos, y unos meses después, en enero de 1863, se inicia para ambos una prolífica etapa que comprendería una amplia producción de sesenta y dos novelas en el lapso de cuarenta y siete años.

El éxito alcanzado por Verne en estos años lo lleva a terminar trabajos que otros empezaron (Théophile Lavallée y su Géographie illustrée de la France et de ses colonies), realizar trabajos geográficos de gran magnitud (Historia de los grandes viajes y de los grandes viajeros, Los navegantes del siglo XVIII y Los grandes exploradores del siglo XIX), publicar con su nombre libros escritos por otros autores (El náufrago del Cynthia), modificar y publicar con su nombre dos manuscritos redactados por André Laurie (Los quinientos millones de la Begún y La estrella del sur) además de escribir algún que otro poema, colaborar para la redacción de obras de teatro basadas en los argumentos de sus más famosas novelas, escribir nuevos cuentos, artículos y ensayos que fueron puntualmente impresos en publicaciones de la época.

Al final de sus días, al contabilizar la producción literaria de Verne, sus textos suman más de doscientos cincuenta, entre novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, libros geográficos, ensayos y artículos. Para completar y apoyar su extenso legado vale la pena destacar, además, el gran número de cartas escritas por el autor, en particular las que envió a los Hetzel, que han sido publicadas en cinco volúmenes hasta el momento. Pero, ¿qué propició la aparición del núcleo de su obra, esos más de sesenta libros que integran la renombrada colección?, ¿qué peculiaridades tuvo la publicación de esta larga serie de libros durante casi cincuenta años?


Los Viajes Extraordinarios

En el siglo XIX aparece un nuevo tipo de literatura de divulgación científica, en cuya concepción influyen de manera destacada dos concepciones intelectuales de la época: el socialismo romántico y el positivismo. El primero, por su énfasis en la ciencia y la industria como elementos que habrían de guiar al hombre hacia un porvenir de felicidad y armonía, dentro de un mayor progreso material y moral; ello supondría la configuración de una sociedad más feliz y adecuada al hombre del mañana. El positivismo, en segundo lugar, lleva consigo una nueva visión del mundo y una nueva manera de actuar en todos los campos de la actividad humana. Se podría decir quizás que no fue el auge científico y tecnológico del siglo XIX lo que dio lugar a la aparición de la divulgación científica en la Literatura. Quizás sería mejor decir que es en este período cuando surge una verdadera necesidad de vulgarizar todos los conocimientos amasados por la Ciencia hasta ese instante. A tal efecto, la serie de novelas escritas por Jules Verne nacen en el momento justo, en el instante en que la ciencia y la industria estaban en pleno florecimiento y favorecidas, en Francia, por el ambiente político creado bajo el primer mandato de Napoleón III, momento plenamente optimista en el que parecía cumplirse la profecía de una Nueva Edad de Oro que propugnaba Saint-Simon. Las novelas de Jules Verne responden a un plan educativo diseñado por su editor, el sansimoniano Jules Hetzel, y dirigido a la formación de la juventud. Consistiría, en principio, en despertar el interés por la Ciencia, divulgar los conocimientos científicos, y formar a los dirigentes de la sociedad del futuro.

Contrario a la idea popular, fue Hetzel quien dio la idea de tener un título genérico para la serie de libros escritos por Jules a partir de 1862, y los que quedaban por escribir aún, y fue después de publicar los primeros libros cuando el editor del escritor francés sugirió las dos palabras que acompañarían la portada de las novelas del francés. Ya Verne había publicado tres novelas con éxito, cuando, en el prólogo de Aventuras del capitán Hatteras, Hetzel escribió que el propósito de la serie era "resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos elaborados por la Ciencia moderna y rehacer, bajo la atractiva forma que le es propia, la historia del Universo".

Hetzel agrega además que "por otra parte las novelas del señor Jules Verne han llegado oportunamente. Cuando vemos al público correr apresurado a las conferencias que se ofrecen en miles de lugares en Francia, cuando vemos que al lado de las críticas de arte y de teatro ha habido que dar lugar en nuestros periódicos a los informes de la Academia de Ciencias, resulta necesario decir que el arte por el arte no es suficiente para nuestra época y que ha llegado la hora en que la ciencia ocupe su sitio en la literatura... El mérito del señor Jules Verne es haber sido el primero en poner el pie en este nuevo terreno, y lo ha hecho magistralmente... Las futuras obras del señor Jules Verne se irán agrupando sucesivamente a esta edición, que tendremos el cuidado de mantener siempre al día. Las obras ya aparecidas y aquellas que aparecerán constituirán en su conjunto el plan que se ha propuesto el autor al dar a su obra el subtítulo de Viaje a través de los mundos conocidos y desconocidos...".

El título que se le dio a la colección se convertiría con el paso del tiempo en el eslogan publicitario que le dio el filón de oro al dueño de la editorial para dar a conocer el conjunto de novelas y cuentos escritos por Jules Verne. Se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que Verne sugiriera de alguna manera el título de la serie siguiendo la fórmula de las Historias Extraordinarias de Poe, un escritor muy admirado por él, pero no hay pruebas que lo indiquen ni tampoco que aclaren lo contrario. Y si ya en 1866 la serie contaba con un título, también Hetzel se encargó del ponerle un subtítulo no menos llamativo al conglomerado de sesenta y dos novelas y más de cien volúmenes: Los mundos conocidos y desconocidos.

Pero, ¿qué es realmente un Viaje Extraordinario? Michel Serres lo define así: "Es un viaje ordinario en el espacio (terrestre, aéreo, marítimo, cósmico) o en el tiempo (pasado, presente, porvenir), un recorrido de tal punto dado a tal otro deseado... en segundo lugar, es un viaje enciclopédico: la Odisea es circular, recorre el ciclo de la Sabiduría... por último, es un viaje iniciático en el mismo sentido que el periplo de Ulises, el Éxodo del pueblo hebreo o el itinerario de Dante".

Los relatos de Verne pertenecen a la Literatura de divulgación científica. Son novelas llenas de saber científico presto a ser divulgado, enseñando sin dolor y esfuerzo. El lector, a través de los Viajes Extraordinarios, y a diferencia de otras formas de vulgarizar el saber, se introduce en la aventura aprendiendo por la propia experiencia, recorre de la mano del narrador el espacio de los conocimientos, todo ello sin perder de vista la razón. De esta forma, las novelas de Verne responden a esa llamada positivista que inundaba la literatura de finales del XIX. El protagonista de sus aventuras nunca penetrará en el campo de lo inverosímil, lo imaginario. No parecen ser, a la distancia del tiempo y analizándolos con la cabeza fresca, "ciencia ficción" y sus anticipaciones quizás se limiten a ser meras reconstrucciones noveladas de proyectos que estaban en el ambiente científico del momento. Pero, sobre el tema se volverá más tarde.

Jules Verne, bastante desconocido en el momento de presentarse ante Hetzel, se dedicaba a escribir pequeñas comedias de vodevil, operetas y relatos para niños en la revista Musée des familles. Ya en la segunda entrevista que sostiene con su editor, Verne le explica el fantástico proyecto que tenía entre manos y que un día su mentor literario, Alexandre Dumas, le aplaudió. Los resultados fueron increíbles. La novela modificada entusiasmó a Hetzel y enseguida le hizo firmar un primer contrato para la publicación exclusiva de Cinco semanas en globo, condicionándole además el tipo de público a quien se había de dirigir la producción: el público juvenil. Este segundo condicionamiento tenía, sin embargo, una razón de ser. Hetzel, como buen seguidor de las doctrinas de Saint-Simon, había trazado un vasto plan de educación científica, literaria y moral de la juventud burguesa, y todas las obras que publicaría dentro de la editorial formaban parte de él. Jules Verne, al aceptar este contrato, encajaba perfectamente dentro de los designios de su editor. Habían nacido entonces los Viajes Extraordinarios.

Los Viajes Extraordinarios son novelas científicas, y su trama está basada en teorías científicas, enigmas científicos, y soluciones científicas. En general, el hilo argumental es un razonamiento científico: una hipótesis inicial que se habrá de demostrar a lo largo de la experiencia, el relato en sí. Asimismo, las dificultades con las que tropieza cada uno de los personajes tendrán también una feliz solución, también científica. El carácter pedagógico de la serie es, principalmente, el de formar el espíritu científico tanto en el lector como en el protagonista juvenil. En este sentido, muchas de las novelas que la forman entran dentro de la categoría de novelas iniciáticas. En ellas un determinado personaje, o personajes, incluido el propio lector, se inicia en los secretos "se desliza en la aventura que el saber autoriza, y si penetra en el espacio preparado por el cálculo, es como una especie de juego, para ver". Es la ignorancia misma que guiada por un iniciador —el científico o maestro de ceremonias— atraviesa una serie de pruebas (el abismo, la sed, la pérdida...) de las que saldrá victorioso y, desde luego, "convertido".

Muchos especialistas vernianos han coincidido en dividir los Viajes Extraordinarios en dos etapas bien diferenciadas. La primera entre los años 1862 y 1879. y la segunda desde el 1880 y hasta el 1920, fecha en que se publicó póstumamente su último libro. La primera etapa comprende en materia de títulos desde Cinco semanas en globo hasta Las tribulaciones de un chino en China. La primera etapa la podríamos caracterizar por las tendencias socialistas románticas de nuestro escritor. Sus personajes son auténticos exploradores y descubridores. Los científicos e ingenieros son hombres bonachones, carismáticos y solidarios. Las máquinas que aparecen en esta primera parte no amenazan al hombre ni a la naturaleza. Son máquinas "inocentes", muy semejantes a las que diseñaba Leonardo da Vinci, que muchas veces forman parte del paisaje confundiéndose en él. Las máquinas emulan a la Naturaleza y la perfeccionan. No producen plusvalía, no penetran en la dinámica capitalista. Son artefactos que facilitan al hombre sus actividades, haciéndole más cómoda su existencia. En definitiva, es una primera parte caracterizada por ser un canto al progreso y al futuro de felicidad del hombre.

De esta primera etapa destacan por sí solas cinco novelas que constituyeron sus mayores éxitos de público y las novelas que la dieron la fama universal: La vuelta al mundo en ochenta días, Veinte mil leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna y La isla misteriosa. El tema científico en cuatro de estas cinco novelas está a flor de piel. La vuelta... es una de sus más ingeniosas historias incluida su propia idea extraída presumiblemente de un cuento de Poe y de un anuncio que ve un periódico cierto día. Es el final de la novela y la solución científica la que la hacen una novela digna de ejemplo punto y aparte del resto de las descripciones que hace a medida que Phileas Fogg, el personaje principal va viajando alrededor del mundo, permitiendo de paso que el lector conozca las interioridades y características de los pueblos y lugares por donde pasa. Veinte mil... destaca por su viaje alrededor del mundo, pero esta vez la novedad es un viaje submarino, a bordo del mítico Nautilus del capitán Nemo (nadie en latín), Viaje al Centro... por su atrevida idea de la existencia de vida en el centro de la Tierra, De la Tierra... por ser uno de los primeros intentos literarios serios de enviar al hombre más allá de su planeta y La isla... por ser una oda a la Ciencia y el primer intento de Robinsonismo en la obra verniana, fórmula que repetiría después en varias de su novelas.

De esta época también resaltan un grupo de novelas donde el tema científico es menor, notablemente son historias al estilo de aventuras: Cinco semanas en globo, Miguel Strogoff, Héctor Servadac, Viajes y aventuras del capitán Hatteras y Los hijos del capitán Grant. En ellas los personajes se divierten viajando por los aires, hacia el Polo Norte, el espacio exterior, por mar en ambos océanos en busca de un padre perdido e incluso a caballo a través de todo un territorio cubierto de enemigos. Otros títulos de menor trascendencia completan este período de obras, pero siempre con el impregnado espíritu del progreso científico, la exploración y la exaltación de los héroes sabios y conocedores del medio que les rodea.

El segundo período se inaugura con la premonitoria Los quinientos millones de la Begún, con un impresionante retrato de la entonces futura figura de Adolf Hitler y llega hasta La impresionante aventura de la misión Barsac, última novela póstuma publicada. En esta etapa afloran rasgos más pesimistas. En ella se refleja la formación de los regímenes imperiales, la carrera por las colonias, la fusión del capital industrial con el financiero y la consiguiente formación de los grandes monopolios. El científico, por su parte, se introduce dentro de la producción industrial convirtiéndose en su propio empresario, lo que redundará en un mayor impulso de la ciencia y la técnica. La ciencia se aplica a la guerra. Aparece el sentimiento de responsabilidad social del científico. Todo este pesimismo que Verne siente por la realidad de ese progreso del que tanto esperaba, le llevará a adoptar una postura individualista y libertaria.

Si bien el primer período mencionado anteriormente abarca la presentación más completa de los temas primarios del auto, a partir de Los quinientos... y durante la redacción del resto de los libros, las novelas sufren un gran número de transformaciones. El asunto es menos de exploración o de innovación científica y resulta ser en mayor medida de turismo, el humor es más pesimista, irónico, cortante (aunque se presume que el optimismo inicial de Verne había sido muy exagerado, como resultado de las presiones de las edad, y particularmente las de su editor), los personajes americanos e incluso los británicos no son presentados en forma tan favorable como lo eran en sus primera novelas, las historias cierran casi siempre con la muerte o la locura de algunos de los personajes, las pocas máquinas que se muestran finalmente son destruidas, y en la vida real, las novelas se fueron vendiendo cada vez menos.

Sin embargo, algunos críticos, como Raymond Roussel, defienden los últimos trabajos. Dicen que la ironía, el escepticismo, y el auto análisis son más "modernos" que en las primeras novelas y son más reveladores de lo que Verne realmente era. Como ejemplo, el tema del canibalismo, que había sido tratado con mucho sigilo en las novelas precedentes, recibe un tratamiento más sistemático en El Chancellor y luego en otras obras. Verne le escribe a su editor en 1883, que ya no le quedaban más temas de interés extraordinario y una de las señales de falta de invención en sus novelas en este período es la cantidad de secuelas que produce, ya sea a historias propias o a las de otros escritores como Wyss y su Robinson Suizo o las Aventuras de Arthur Gordon Pym de Poe. Las novelas de Verne de sus últimos años, en resumen, eran más bien historias aventureras, aunque muchas de ellas son importantes y deben ser analizadas como tal en otros sentidos.

Quizás la única novela que recuerde al Verne de los primeros años y que resulta ser una excepción dentro de este pesimismo, resulta ser El testamento de un excéntrico, una divertida historia sobre un juego que pone a viajar a muchas personas alrededor de los Estados Unidos de Norteamérica y que de paso le sirve a Verne para describir con lujo de detalles muchos de los parajes de la norteña nación, desarrollando la historia y el argumento de la misma al más puro estilo verniano de los primeros años.

Las novelas que fueron publicadas póstumamente (ocho en total) son nuevamente diferentes al resto, al ir más allá en el análisis de temas como el anarquismo, socialismo, y comunismo que en el resto de sus trabajos previos. Durante mucho tiempo, la opinión crítica estuvo dividida acerca de la explicación de por qué sus textos póstumos eran tan diferentes. Algunos, incluyendo al nieto de Verne, Jean Jules-Verne, decían que el autor había retrasado la publicación de sus obras más radicales hasta después de su muerte, o para evitar una reacción poco favorable del público. Pero otros especialistas pensaban que Michel, su hijo, tenía mucho que ver en este cambio al reescribir largas porciones de los últimos manuscritos de su padre. A finales de la década de los setenta, un investigador italiano respondería a la pregunta, y de eso se hablará con más detenimiento en un trabajo próximo.

En línea general, los Viajes Extraordinarios representan un universo exquisito cargado de pedagogía, exploración y ciencia, escrito explícitamente para la juventud de la época, para muchachos y muchas sin distinción de sexo, siguiendo siempre un muy buen plan educativo trazado por Hetzel y llevado a la práctica por Jules Verne. Con el paso del tiempo, la serie de libros se ha convertido en lectura ya no sólo de jóvenes sino de muchos adultos, que ven en los textos de los libros que componen la serie más allá que simples novelas de aventuras o de anticipación científica. Todo parece indicar que Los Viajes Extraordinarios explican a la figura de Verne y Verne explica el por qué de la serie. Hay una relación muy personal y directa entre ellos como para verlos aisladamente.


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