PESADILLA

Isabel Del Río Sanz

España

Estoy sentada en un banco de la estación de tren. Nerviosa, pues sé que voy a llegar tarde a la cita y, con toda seguridad, Iván se enfadará. He salido a las seis de casa para llegar a las y cuarto, pero ya son y media y no llega.

En el andén contrario veo pasar, uno a uno, los viajeros que irán en la otra dirección, la mayoría inmigrantes que vuelven a casa después de un largo día y jóvenes vestidos para salir de marcha. Mientras, oigo de fondo las absurdas conversaciones de tres adolescentes que en vez de ducharse han vaciado sobre ellos medio frasco de colonia comprada en algún top manta; quieren ir a la última para impresionar a las chicas pero el bolsillo no les da para más.

Por fin oigo acercarse el tren, el traqueteo de las vías resuena en mis oídos y, al parar, subo junto a los tres chicos al vagón.

Me siento en el primer sitio que veo libre y espero a que el pitido anuncie el cierre de las puertas. La música clásica que suena para hacer más llevadero el trayecto apenas se escucha por las palmadas, risas y eructos constantes de los tres gamberros con olor a sudor y colonia barata.

El tren para una y dos veces. Bajo deseando librarme de los molestos niños consentidos y maleducados, y encontrarme al fin con Iván.

Mientras subo por las escaleras mecánicas me ato a conciencia la parca que estrené el día anterior ya que finalmente, en diciembre, ha refrescado.

El viento me golpea frío, directo en la cara, y mis fosas nasales, agradecidas, se liberan de la mezcla empalagosa de las tres colonias de imitación.

Mientras camino apresuradamente hacia el Fnac con las manos metidas en los bolsillos diviso, de pie y con cara de impaciencia, a Iván. Su mirada conecta con la mía y no puedo evitar sonreír como una tonta, él también sonríe al reconocerme y se dirige hacia mí. Viste los pantalones militares que compramos en verano y va encogido, ya que como único abrigo lleva su chaqueta tejana negra abrochada hasta arriba. Veo que carga con su mochila del gimnasio y su boken para entrenar, esta noche se queda a dormir en mi casa y ha traído todo lo que necesita para mañana. Su bonito pelo negro ya ha vuelto a crecer después de que se lo cortara con la máquina hace más o menos un mes.

Ya casi he llegado hasta él cuando oigo tras de mí aquellas tres molestas voces que llevan casi una hora torturándome.

—¡¿De qué va ese tío?! —dice uno de ellos.

—¡Joder! Y viene corriendo hacia nosotros —dice otro con voz asustada—. Tío, ¡sácala! ¡¡Sácala!!

No me da tiempo a comprender lo que ocurre. Iván viene a toda prisa hacia mí, con los brazos extendidos para abrazarme, ni siquiera los ve venir. Siento un fuerte empujón, Iván se abalanza sobre mí para evitar que caiga al suelo y, entonces, aquellos tres niñatos estúpidos que van de alcohol y drogas hasta las orejas a las siete de la tarde, le apuñalan sin pensarlo dos veces, en el estómago y el costado. Iván cae sobre mis piernas, pálido y con los ojos desorbitados. Sin entender nada le abrazo con fuerza y empiezo a gritar pidiendo ayuda. Los tres asesinos, al darse cuenta de su error, echan a correr dejando su crimen atrás. Una mujer llama a una ambulancia y a la policía.

—¿Qué ocurre? —pregunta Iván, acariciándome la cara y dejando en ella las huellas de sus dedos rojo carmesí—. ¿Por qué estás tan seria? No estoy enfadado porque hayas llegado tarde.

Le abrazo diciéndole que todo va bien y que le amo. Su corazón deja de latir, su respiración cesa y yo le sigo abrazando, abrazando, abrazando...


¡¡PIP, PIP, PIP, PIP!!


El despertador del móvil empieza a sonar, abro los ojos desconcertada, bañada en sudor frío y con la cara surcada por lágrimas calientes. Algunas han dejado ya su marca blanca y salada por mi rostro. Son las cinco y media y tengo que coger un tren para encontrarme a las seis y media con Iván delante del Fnac. Todo ha sido un sueño, tan sólo un sueño.

Me cambio de ropa, me lavo la cara y me abrigo. Salgo, rápidamente cruzo la calle en obras y me dirijo a la estación de tren, si cojo el de las seis y cuarto llegaré incluso antes que él.

Saco mi tarjeta trimestral y bajo al andén, me siento en el primer banco y espero, ansiosa, su llegada.

"El tren de cercanías con destino a Hospitalet de Llobregat va con un retraso de quince minutos".

Levanto la vista buscando el lugar de donde sale la voz femenina que anuncia el retraso. No puede ser, miro la ropa que llevo puesta. Puede haber sido una coincidencia, puedo haberme puesto lo mismo que acabo de soñar, pero el retraso... Tranquila, me digo a mí misma, Renfe no va bien casi nunca, es normal que lo sueñes.

Respiro profundamente y me relajo. Saco mi móvil y empiezo a comprobar los mensajes, las llamadas y la batería, cuando les oigo. Las mismas voces, la misma cantinela. Son aquellos tres chicos, vestidos igual, oliendo igual. Mi corazón se desboca, ¿¡qué puede significar todo esto?! ¿Puede ser que los haya visto antes y mi mente los haya utilizado? No, son ellos, son exactamente las mismas palabras, las mismas colonias.

Al cabo de diez minutos y dos anuncios más del retraso, llega la pareja que, tanto ahora como en mi sueño, se sientan en medio del banco amortiguando los molestos gritos de los tres adolescentes, pero ahora no me alivia su presencia, sino al contrario, reafirma mis absurdas sospechas. Algo está ocurriendo a mi alrededor, cada detalle, incluso el mosquito zumbándome al oído y picándome en la mano en un momento de distracción. Todo. ¿Y si me equivoco? ¿Y si sólo es una coincidencia?


Ilustración: Aradano

Escucho el sonido del tren al acercarse, los tres chicos, impacientes, se levantan. La imagen de Iván pálido, preguntándome qué ocurre, diciéndome que no está enfadado, el sonido de su corazón al quedarse mudo acude a mi mente. Uno de los chicos toca algo en su bolsillo, algo metálico, ¿es una navaja? No, no son tres chicos, son tres asesinos, tres críos drogados y asesinos, y si les dejo subir a ese tren él morirá en mis brazos, en medio de la calle, sin haber tomado un café o ver La Fira de Santa Llucia, ellos le matarán, y con él todas sus ilusiones, todos mis sueños.

Mientras pienso, sin darme cuenta, me coloco a sus espaldas, están justo en el límite del andén, haciendo el bobo, sólo un empujoncito y caerán, no tienen equilibrio, están bebidos. Conozco las consecuencias que tendrán mis actos, pero me importan más las consecuencias de no actuar en este momento. Veo la luz del tren asomando como una señal de "ahora o nunca" por el túnel. Tiro mi cuerpo hacia atrás tomando impulso. No sentirán nada, pienso, un golpe certero y todo terminará. Dejo mi peso abalanzarse hacia delante.

—¡¡Laura!!

Mi cuerpo frena en seco. Los tres adolescentes se giran y me miran sorprendidos al verme tan cerca.

—¿Pero qué coño hace esta tía? —dice uno de ellos.

Iván se acerca y agarrándome del brazo me aparta de los tres chicos a tiempo de que cojan el tren.

—He salido antes del trabajo y he venido a buscarte, pensaba que lo cogerías más tarde. Te he visto desde el otro lado y... —me explica preocupado mientras sigue con la mirada el tren que se aleja—. ¿Estás bien?

Le abrazo con fuerza por la cintura. Él lo ha cambiado todo al venir, o quizá he sido yo al soñarlo. Eso no importa. Iván está vivo. Me echo a llorar.

—Sí —contesto—. Vamos a tomar un café.



Isabel Del Río Sanz nació el 30 de junio de 1983 en el Hospital de San Pablo de Barcelona, España. Actualmente estudia Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona. De vocación escritora de ficción y crítica, especialmente interesada en la Mitología, la Estética y los Derechos Humanos, y preocupada por los derechos animales y del medio ambiente. Finalista en varios concursos literarios, entre ellos uno de poesía y otro de microrrelatos, ha publicado (Hipalage) en una compilación de microrrelatos de varios autores titulada "A Contrareloj I". Le encantan los libros, las películas y las series de ficción. Ya salió de imprenta su primer libro, Casa de títeres. En su blog, La Odisea del Cuentista, se pueden leer detalles.


Este cuento se vincula temáticamente con "AHAU KATUN", de Ricardo Castrilli (170)


Axxón 186 - junio de 2008
Cuento de autor europeo (Cuentos : Fantástico : Fantasía : Onírico : Psicológico : España : Española).

            

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