LA VIDA ES UN SUEÑO RECURRENTE

Mario D. Martín

Argentina

Cuando despertaron, la mariposa y el dinosaurio descubrieron que habían vuelto a soñar con Chuang Tzu y Monterroso.

—¡Qué aburrido! —dijo la mariposa.

—Es que la vida de un personaje de ficción es esto —dijo el dinosaurio—, la eterna repetición de tu propia historia cuando alguien abre la página y te vuelve a leer.

—Yo no estoy tan segura de que seamos personajes de ficción —dijo la mariposa.

—No empecemos —dijo el dinosaurio—. En la vida real los dinosaurios se han extinguido, y no hablan con las mariposas.

—Vamos a preguntarle al tigre —dijo la mariposa.

Y entonces fueron a despertar al tigre, esperando que, como siempre, hubiera soñado con Borges.

—¡Despierta, despierta! —dijo la mariposa posándose en la nariz del tigre.

—¿Soñaste otra vez con ese viejo aburrido? —preguntó el dinosaurio.

—No —dijo el tigre bostezando—, esta vez soñé con un espejo, y del otro lado estaba Kafka, durmiendo con María Kodama.

—¿Y? —preguntó la mariposa intrigada.

—Y nada. María Kodama se levantó, se puso un kimono, y preparó el desayuno. Huevos con tocino y trufas. Tostadas de pan integral y queso crema. Té y jugo de naranja. Kafka se despertó y ella le llevó el desayuno a la cama. Kafka y María tomaron el desayuno en silencio. "He vuelto a soñar que Borges nos soñaba", dijo María. "No importa, yo he soñado con Dostoievski, y él soñaba con Milena", dijo Kafka. "Claro que importa —dijo ella— yo no puedo entregarme totalmente si Borges nos está soñando". Kafka le dijo que Milena ni se soñaba que ellos estuvieran juntos. Y que le importaba un rábano lo que soñara Dostoievski. "Tienes suerte", dijo María. Luego Kafka le pidió que volviera a la cama. María dijo "Si volvemos a pecar, Borges dejará de soñarnos". "No importa, —dijo Kafka—. Ven aquí, pequemos. Si es verdad que él nos está soñando, seguramente va a disfrutar de nuestra pasión". Pero ella lo eludió, y él la persiguió por el cuarto. Por fin la atrapó. Se besaron apasionadamente. Cuando la llevaba a la cama y le arrebataba el kimono, descubrió que ella tenía un cinturón de castidad. María recitó "El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego". "Viejo perverso", dijo Kafka, y volvió a sentarse en la cama desilusionado. María se puso unos zapatos de cristal, y le dijo: "Es que hoy tenemos una conferencia donde va a hablar de la traducción de tu obra, y los sueños dentro de los sueños. También va a refutar a ese colombiano que dice que le copiaste la técnica onírica a Dostoievski". Kafka no le contestó. Ella le dio un beso en la frente y se fue. Kafka se tapó hasta la cabeza con el cubrecama y por los movimientos que hacía, creo que se masturbó. Pero quizás estaba llorando. Cuando se destapó, se había convertido en una cucaracha gigante. La cucaracha empezó a moverse y moverse, hasta que al fin pudo darse vuelta y bajar de la cama. Fue al baño, y cuando se miró en el espejo, del otro lado estaba yo. Me miró y me dijo: "Ahora que se fueron los dos he quedado solo. Dejaré de soñarme". Y se lavó los dientes con un peine.

—¿Y eso qué significa? —preguntó impaciente el dinosaurio.

—No sé. Quizás lo habría descubierto si ustedes no me hubieran despertado —dijo el tigre—. Pero lo más probable es que fuera solamente un sueño. Los sueños por lo general no significan nada.

—Bueno, por lo menos es mejor que soñar con Chuang Tzu, o Monterroso —dijo la mariposa.

—Puede ser —dijo el tigre.

—Debe significar algo, estoy segura. Los sueños de Borges siempre significan algo filosófico y profundo —dijo la mariposa.

—Seguramente, pero hay que leer tantos libros y artículos de crítica literaria para entenderlo, que es mejor olvidarlo —dijo el dinosaurio.

—A mí me gustaría tanto soñar con Borges, es tan intelectual... —dijo la mariposa—. Pero cuando me toca un sueño de escritores es siempre sobre Chuang Tzu. La única vez que soñé con otro escritor el sueño era sobre la nariz de Gogol, olvidada en una pecera seca. ¿Quieren que se los cuente?

—Hum —dijo el tigre.

—¿Qué vamos a hacer hoy? —dijo el dinosaurio, cambiando de tema.

—¿No tendríamos antes que decidir si nuestra vida pertenece al género real o al género fantástico? —preguntó la mariposa.

—No empecemos con eso otra vez —dijo el dinosaurio—. Mi pregunta no era filosófica sino práctica.

—Vamos a esperar que alguien nos lea, o nos sueñe, o nos deje de soñar —dijo el tigre aburrido.

—Entonces estás afirmando implícitamente que pertenecemos al género fantástico —dijo la mariposa—. Con el dinosaurio tuvimos esta conversación antes de despertarte, y yo no estoy tan segura.

—¿Importa realmente? —dijo el dinosaurio—. Decidamos qué vamos a hacer y después volvamos sobre esto. Al fin y al cabo, si somos personajes de ficción, tenemos toda la eternidad para discutirlo.

—Pero si somos personajes reales, mi vida se va a acabar pronto —dijo la mariposa.

—Ayer tuvimos esta conversación. Y también anteayer. Si fuéramos reales, ya habrías muerto. La vida media de una mariposa es aproximadamente 22 horas. Por lo consiguiente, la lógica es irrefutable: somos personajes de ficción —dijo triunfalmente el tigre.

—¿Qué les parece si vamos a las ruinas circulares? —dijo la mariposa cambiando de tema.

—¿Otra vez? —preguntaron espantados el tigre y el dinosaurio.

—Ya sé —respondió la mariposa—. Vamos a la hiperbiblioteca del planeta Axxón, en la constelación de Casiopea. Siempre he soñado con visitarla. Allí podremos explorar todas las referencias a los libros de Borges, los cuentos de Chuang Tzu, las novelas de Kafka y los trucos literarios de Monterroso. Y todas sus variaciones. Y las variaciones de las variaciones, y los sueños, y hasta todos los vínculos a esta historia. Si es una historia, claro.

—¿Quién quiere visitar una biblioteca infinita? —respondió abrumado el dinosaurio.

—Miren, ahí pasa un Aleph —gritó excitada la mariposa—. Si lo tomamos, podemos bajarnos en la biblioteca de Axxón.

—¿Cómo sabés que va a la biblioteca de Axxón? —preguntó el dinosaurio.

—Por definición, un Aleph va a todas partes instantáneamente —dijo el tigre con un tono paternalista—. Pero éste es el 384, que tiene una tendencia asintótica hacia la biblioteca de Axxón.

—¿Es verdaderamente necesario salir de este planeta? —insistió el dinosaurio.

—También lo dijo Borges: "Todo viaje es espacial, ir de un planeta a otro es como ir a la granja de enfrente", creo que en un cuento que se llama "Utopía de un hombre que está cansado". Pero no tenemos tiempo de discutir esto, si no tomamos este Aleph, tenemos que tomar el del mediodía. ¿Lo tomamos? —insistió ansiosa la mariposa.

—Yo no voy —dijo el dinosaurio.

—¿Y vos? —le preguntó inquisitoriamente la mariposa al tigre.

—Depende, ¿que vas a hacer vos? —le preguntó el tigre al dinosaurio.

—Creo que me voy a hacer una siestita —respondió el dinosaurio bostezando.

—Si es así, bueh... sí voy —dijo el tigre.

—¡Fantástico! ¡Apurate que se nos pasa!

El tigre y la mariposa saltaron en el Aleph que pasaba, y bajaron en la biblioteca del planeta Axxón.

—Bienvenidos a la hiperbiblioteca universal de Axxón. En un microsegundo los atiendo —dijo un hiperbibliotecario extraterrestre.

El hiperbibliotecario parecía un gusano gigante cubierto de miles de ojos. En una especie de tentáculo tenía abierto un hiperlibro que contenía cientos de libros, que él examinaba simultáneamente con sus múltiples ojos. Cerró una de las páginas, y el hiperlibro se plegó como un abanico, cerrando todos los libros contenidos al mismo tiempo.

—Ahora sí. ¿Es la primera vez que nos visitan?

—Así es —dijo la mariposa—. Venimos a buscar todos los hipervínculos a la obra de Jorge Luis Borges, con todas sus influencias y la crítica literaria asociada, y en especial los vínculos a esta misma historia, si es una historia de ficción, claro.

—No se apresure. Primero tenemos que generar su permiso temporario de lector. ¿Tienen hologramas actualizados?

—No. ¿Qué es eso? —preguntó el tigre.

—No importa. Me imagino que tampoco tendrán certificado de residencia galáctica transitoria en Casiopea. Les doy un carné de visitantes. ¿De dónde vienen?

—Jujuy y Garay, Ciudad de Buenos Aires, Sudamérica, Planeta Tierra, Sistema Solar, Espiral 6, nivel 18, Galaxia Vía Láctea, Conglomeración 1236, Hiperuniverso 14pi —dijo la mariposa.

—Hubiera jurado que venían de uno de los planetas hidrófilos en los suburbios de Orión. Los seres que vienen de su planeta son generalmente simioides bifocales con aditamentos para mejorar la visión, y quieren ver un libro de matemáticas incompletas, una verdadera rareza.

—Nosotros queremos ver la obra de Jorge Luis Borges, especialmente la inédita, y sus potenciales vínculos con esta historia, si es que existen.

—Ya llegamos ahí. ¿Cuántos ojos tienen?

—Yo dos —dijo el tigre.

—Yo tengo dos ojos compuestos que a su vez contienen 18.348 ojos cada uno —dijo la mariposa.

—¿Y esos otros dos ojos en las alas? —preguntó el hiperbibliotecario.

—Pura decoración

—Ya veo. Firmen aquí por favor.

El tigre y la mariposa firmaron un formulario verde, en una especie de papel crepé que parecía una hoja de malvón.

—¡Qué raro el material del formulario! —comentó la mariposa.

—Es tiotimolina. ¿No tienen tiotimolina en su planeta?

—Creo que no —dijo el tigre.

—¿Podemos consultar ya las obras de Borges, y todas las obras derivadas de sus obras? —preguntó la mariposa.

—Veamos, tenemos solamente siete hiperobras que sintetizan todo el conocimiento generado en su planeta. Como les decía antes, la obra más consultada es "El catálogo de los catálogos que no se contienen a sí mismos". Un libro muy extraño, que se contradice a sí mismo. Uno de los pocos ejemplos de matemáticas incompletas en el universo.

—No es ése —dijo enojada la mariposa.

—Les leo los otros entonces:

2) La Biblia, el Corán, el Kama Sutra, el Inconsciente Colectivo y otras historias de misterio

3) Platero y yo en los jardines de Quilmes

4) El Necronomicón

5) La civilización occidental o tratado de la autodestrucción ecológica

6) Antología de la literatura de navegación de agua dulce

7) Cuentos para leer sin rimel.

—No es ninguno de ésos tampoco —dijo la mariposa—. Me parece imposible que en esta biblioteca, la más completa del universo, no tengan la obra de Borges.

—Vamos a ver. Dígame el título de alguna obra, a ver si la tenemos en alguna traducción.

—"El libro de arena", por ejemplo, es uno de sus cuentos más famosos —dijo el tigre—. Yo siempre sueño con esa historia.

—También "El jardín de los senderos que se bifurcan" —agregó la mariposa.

—Eso seguro es una traducción entonces —dijo el hiperbibliotecario.

—¿Una traducción de qué? —preguntó confundida la mariposa.

—Ésos son clásicos de la literatura Cthulhu, seguramente su autor es alguien que visitó nuestra biblioteca, y tradujo esos mitos a su lengua. A ver, déjeme buscar en la lista de visitantes. ¿Cómo se llama, otra vez? ¿Lovercraft?

—No, es Borges, Jorge Luis Borges —respondió impaciente la mariposa.

—Ah, sí, aquí está. Es Jorge Luis, ¿dice? Sí, es un visitante que leyó esos libros y luego los tradujo a su cultura. Es además el primero que tomó un Aleph desde su planeta. Y luego trajo a ese Lovercraft, otro traductor, con el que terminó peleándose. En el contrato de traducción decidieron dividirse los dos tomos de los clásicos Cthulhu. El Borges ése se quedó con el tomo dos, el mejor, en mi modesta opinión...

—Y a la traducción, ¿la tiene o no la tiene?

—Desgraciadamente no la tenemos. Desde el último big bang nos recortaron el presupuesto, y nos asignaron un hiperuniverso heptadimensional. Actualmente solamente conservamos originales y traducciones a las lenguas de Casiopea, para ahorrar espacio. Hay copias en nuestra sucursal de la constelación de Virgo, pero para llegar ahí tienen que tomar por lo menos tres Alephs.

—¿Podemos consultar el libro original, entonces? —preguntó el tigre.

—Tienen suerte —dijo el hiperbibliotecario—. Justamente tenemos una exposición especial sobre el tema de las traducciones de la literatura Cthulhu, y sobre cualquier otro tema. Se llama justamente "El hiperlibro de arena". Es un libro que tiene vínculos al resto de lo que existe en el universo, y hasta lo contiene.

—Eso no es posible, ni lógico —dijo el tigre—. Un libro sobre el universo no puede contener el universo.

—En la particular lógica de su planeta, no se puede. Pero aquí sí. Compruébelo usted mismo. Si logra abrirlo en la página adecuada, hasta puede ver todo el catálogo de nuestra sucursal en Virgo —dijo el hiperbibliotecario, alcanzándoles un hiperlibro de arena.

El tigre lo abrió, pero se encandiló con el contenido del hiperlibro, que era infinito, y le enviaba millones de imágenes e historias simultáneamente a los ojos. El hiperlibro efectivamente contenía todo el universo varias veces, en copias paralelas que cambiaban constantemente. Y no pudo ni siquiera encontrar una referencia a la Tierra.

—Probá vos que tenés más ojos —le dijo el tigre a la mariposa.

La mariposa lo intentó, y buscando con sus miles de ojos logró identificar una hiperpágina sobre literatura de la Vía Láctea, que tenía un vínculo a una página terrícola finlandesa, y a partir de ahí apenas si pudo entrever un par de artículos sobre la influencia de la obra de Dostoievski en las metáforas sociales de Kafka en un universo paralelo señalado como caduco. Y con unos de sus 36.696 ojos pudo percibir que había una referencia a Borges, pero se le escapó, y no pudo volver a esa página porque el hiperlibro se le empantanó en unas interminables crónicas marcianas.

—¿No tiene una versión simplificada de las referencias de la Vía Láctea? —preguntó la mariposa.

—Es lo que todos los terrícolas piden —refunfuñó el hiperbibliotecario, alcanzándole una hiperflor—. Es la única versión bifocal que nos queda. Tengan cuidado antes de abrirla. Lean primero las instrucciones en el hiperpétalo rojo.

El tigre recibió la hiperflor. Tenía un gran número de hiperpétalos cubiertos de textos e imágenes. Un hiperpétalo rojo empezó a palpitar y dijo:

—Espejito, espejito, ¿cuál es la flor más increíble?

—No tengo ni idea —dijo el tigre.

—Respuesta incorrecta. Sugerencia: piense en las paradojas de los viajes espacio-temporales.

—Eres tú —dijo la mariposa.

—Respuesta incorrecta. Sugerencia: piense en la estructura subatómica de mis hiperpétalos.

—Ya sé —dijo la mariposa—. Es esa flor de Borges que venía de otro mundo y las paradojas que los viajes en el espacio-tiempo producirían en los átomos de una flor traída del futuro.

La hiperflor dijo:

—Respuesta aproximadamente correcta. La respuesta correcta es: Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño, es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún.

La hiperflor se abrió y miles de libros empezaron a burbujear en sus hiperpétalos. Un hiperpétalo rojo llamado "instrucciones" se les apareció frente a los ojos.

—¿Lo leemos primero? —preguntó el tigre.

—No debe ser tan difícil. Busquemos un poco, y después lo leemos si lo necesitamos.

—Pero el hiperbibliotecario dijo...

—No importa. Mirá, busquemos por aquí. Debemos andar cerca —dijo la mariposa—. Acabo de ver pasar las obras de Bioy Casares y Chesterton. Voy a detenerla ahí.

La mariposa se posó en la hiperflor, y tocó al mismo tiempo un hiperpétalo que mostraba "Adán Buenosayres" y otro que contenía unos poemas de Evaristo Carriego. La hiperflor hizo una especie de chirrido, y dijo:

—Procedimiento incorrecto. Esta hiperflor se autodeshojará en quince segundos.

La hiperflor se tragó a la mariposa y todos los libros, y luego se deshojó, transformándose en veinte o treinta hiperpétalos dispersos. El tigre buscó desesperado a la mariposa, sin poder hallarla.

—¿Donde está? —le preguntó desesperado al bibliotecario.

—Su amiga ha detenido el hipercatálogo de la hiperflor incorrectamente, y ha sido transportada a un universo paralelo —dijo el hiperbibliotecario conteniendo el enojo—. Ahora va a tener que volver a armarla para que la literatura de su planeta no se llene de paradojas, como sus matemáticas.

—¿Y cómo la armo? —dijo el tigre confundido.

—Empiece por los hiperpétalos caídos, claro. Tiene que volver a colocarlos sin dejarse tentar por leerlos.

El tigre se puso pacientemente a reconstruir la hiperflor. El primero de los hiperpétalos que encontró se llamaba "Pierre Menard", y la figura de Rebeláis vestido de Quijote lo llamaba. Pero se concentró, y puso el hiperpétalo en su lugar. Luego tomó otro hiperpétalo que se llamaba "Una reexaminación de la obra de Herbert Quain" donde Alan Turing escribía "La Ilíada" en una vieja Remington, y también lo puso sin mirarlo demasiado. Tomó luego el tercer hiperpétalo, llamado "Ein traum" y vio adentro a su amiga la mariposa.

—Éste es un hipervínculo al sueño que me contaste esta mañana —dijo la mariposa.

Entonces apareció María Ester Vázquez vestida con el mismo kimono con el que vio a María Kodama en su sueño. Era, como había dicho la mariposa, exactamente como el sueño que él había tenido esa mañana, excepto que era María Ester la que le traía el desayuno a Kafka. Huevos con tocino y trufas, tostadas de pan integral y queso crema. El tigre trató de no distraerse, y poner el hiperpétalo en la hiperflor. Pero no encajaba. Entonces llegó la escena donde Kafka perseguía a María Ester por el cuarto. Y cuando le sacaba el kimono, no había un cinturón de castidad. A pesar de todos sus esfuerzos, la curiosidad lo ganó, y miró lo que pasaba adentro. Kafka y María Ester Vázquez hicieron el amor furiosamente. Borges apareció en la escena, y desde el borde de la cama empezó a recitar un poema. Pero la escena se desvaneció y María Kodama despertó. Su amante la miraba curiosamente.

—¿Otra vez la misma pesadilla?

—Sí, pero esta vez yo era María Ester Vázquez. ¡Es tan irritante!

María Kodama le dijo a su amante que buscara lápiz y papel, porque le iba a dictar un poema que Borges le había dictado en un sueño. El kimono y el cinturón de castidad estaban tirados en el piso.

—A ver, escribí "Ein traum"

—¿Qué es eso?

—Significa "un sueño" en alemán. Te lo deletreo "e" de epigrama, "i" de íntertextual, "n" de novela. Espacio. "T" de traición, "r" de réquiem, "a" de anagrama, "u" de ultraísta y "m" de misterio.

—Ya está.

—Ahora el cuerpo del poema "Quiero que esta noche me quieras. Lo sabían los tres.

El hombre le contestó: Si pecamos, Kafka dejará de soñarnos"

—¿Eso es todo?

—Eso es todo lo que recitó.

—No me parece un poema muy coherente que digamos.

—Bueno, después me ayudás a componerlo. Desde que se ha muerto, escribe cada vez peor. Ayer me dictó ese poema horrible sobre "si pudiera vivir nuevamente mi vida".

—Al menos éste suena más a Borges. Habla de Kafka y los sueños.

—Me hiciste acordar. En el sueño también había un dinosaurio que hablaba de vos, ¿sabés?

—¿Y qué pasaba?

—Nada, se despertaba, y estaba ahí con una mariposa y un tigre, sin saber qué hacer.

—Eso suena interesante —dijo Monterroso.

—¿Qué vamos a desayunar hoy?

—Ni idea. Quedaron unas trufas de ayer, creo.

—¿Otra vez trufas?

Entonces Borges despertó. María Ester Vázquez le traía el desayuno a la cama. Huevos con tocino, tostadas de pan integral y queso crema. Té y jugo de naranja.

—Se acabaron las trufas, y no llegó el New York Times.

—No importa. Soñé con una idea para un poema. Trae papel y lápiz así te lo dicto.

—¿Otra vez Georgie? Ayer dejaste que el desayuno se enfriara, y después no lo tomaste. ¿Por qué no tomamos el desayuno primero? —preguntó María Ester.

—Me lo voy a olvidar. Es un poema sobre los dones.

—Está bien, pero nada de corregir y corregir. Escribimos la primera versión, así como salga, sin consultar diccionarios ni buscar la palabra exacta, y después desayunamos —dijo María Ester resignada—. Hoy me tengo que ir a la tintorería a buscar mi kimono de entrecasa.

—Como tú digas, María Ester —dijo Borges.

—Bueno, dictame.

—Yo, que tanto hombres he sido, nunca seré aquel en cuyos brazos desfallecía María Kodama.

—Siempre obsesionado con las menores de edad. No podemos publicar esto.

—Le pongamos un nombre alemán. ¿Qué te parece Matilde Urbanz?

El tigre volvió a concentrarse en la hiperflor. Pero el hiperpétalo rojo, que había vuelto a crecer mientras él miraba dentro del hiperpétalo de "Ein traun" decía: "Error. Consulte a su hiperbibliotecario".

El tigre se acercó al mostrador.


Ilustración: Graciela Lorenzo Tillard

—Aquí tiene —dijo el tigre, dándole la hiperflor a medio reconstruir al bibliotecario.

—No está completa.

—Ya sé. Es que me distraje porque en uno de los hiperpétalos había una historia que era casi igual a un sueño que tuve esta mañana.

—¿Tiene los hiperpétalos que no encajan?

—Esto es lo que falta —dijo el tigre, devolviéndole el manojo de hiperpétalos al bibliotecario—. ¿Me puede ayudar?

—Sí, por supuesto. Pero tiene que hacer lo que le diga, al pie de la letra.

—Lo haré.

El hiperbibliotecario sacó múltiples tentáculos y puso todos los hiperpétalos en su lugar. Cuando puso el último, un pequeño Chuang Tzu con alas de libélula fue escupido por la flor.

—El dinosaurio tenía razón. ¡Somos personajes de ficción! —gritó Chuang Tzu con la voz de la mariposa.

El bibliotecario sopló una especie de chicle con el que envolvió a Chuang Tzu. El chicle se convirtió en un globo, dentro del cual Chuang Tzu gritaba sin que ellos pudieran oírlo.

—Aquí está su amiga. Tiene que devolverla a su planeta en el próximo Aleph. Y le dice que aunque ella insista en no serlo, es un personaje de ficción, y que no es bienvenida en esta hiperbiblioteca. Aunque patalee, llévesela de vuelta con usted a su literatura suburbana. Si no se la lleva ahora, va a quedar atrapada en este universo para siempre, y toda la literatura de su planeta, incluyendo la de su adorado Borges, también desaparecerá. No intente volver usted tampoco.

—¿Sabe a qué hora pasa el Aleph para ir de vuelta a mi planeta?

—A toda hora, como siempre —dijo el hiperbibliotecario

—¿Dónde lo tomo?

—Vaya por allá, en ese espejo hipercuántico está el acceso. Cuando se acerque, va a ver que su reflejo se va a corresponder al de Franz Kafka, y el de su amiga al de un personaje de ficción. Entre en el espejo, y recién ahí adentro libere a su amiga. Al fondo a la derecha van a ver un cartel que dice "Tlön, Pubis, Orbis Tertius". Ahí está el Aleph.

—No sabe cuánto se lo agradezco —dijo el tigre mientras se alejaba, alegre ante la posibilidad de volver a Buenos Aires. Cuando se acercaba al espejo, vio, como le había dicho el hiperbibliotecario, que su reflejo correspondía a Kafka, demacrado como lo había visto en su sueño. El reflejo de la libélula con cuerpo de Chang Tzu, era, previsiblemente, la mariposa. Y a lo lejos, el reflejo del bibliotecario correspondía con el de alguien que conocía. Claro, era Eduardo Carletti, el editor de la revista Axxón.

—Estos terrícolas —refunfuñó para sí el hiperbibliotecario—. Siempre exagerando hasta el cansancio el recurso de los sueños y los mundos paralelos.

Entonces el dinosaurio despertó.

El tigre, metamorfoseado en una cucaracha gigante, traía a la mariposa convertida en campanita, el hada de Walt Disney, posada en su hombro.

—¿Qué pasó? —dijo el dinosaurio soltando una carcajada.

—De tanto insistir, en esa maldita biblioteca nos transformaron en personajes de ficción. Estamos ahora atrapados en un cuento publicado por la revista Axxón.

—Yo me lo sospechaba desde el principio. ¿Les puedo contar con qué soñé? —preguntó el dinosaurio.

—Mejor lo dejamos para otro día.



Mario D. Martín era un incipiente científico en Argentina, pero tomó un Aleph equivocado y terminó como catedrático de lengua española y cultura hispanoamericana en Australia. Mario es el hijo predilecto (el único) del célebre poeta, dramaturgo, guionista cinematográfico y falsificador literario Daniel Martín, uno de los guionistas del controvertido grupo teatral y cinematográfico "El Escupitajo Producciones", activo en la ciudad de Córdoba (Argentina) en los años 80 y 90 del siglo pasado (e inactivo en los que vendrán). Mario ha publicado poco en castellano, pero ha editado concienzudamente la controvertida obra de su padre, escribiendo, por ejemplo, un abultado Estudio Postliminar para el libro Demasiado Inútil es Regalar Veneno (el libro) (Ediciones del Boulevard, 2007) que rescata la obra en prosa de Daniel Martín en colaboración con Daniel Cacharelli. El estudio intenta demostrar que su padre era un postmodernista a pesar de odiar el postmodernismo, y tiene casi doscientas referencias bibliográficas que ni él ni nadie ha leído porque desaparecieron en una biblioteca interplanetaria.

Acaba de ser declarado finalista en el Premio Andrómeda de Ficción Especulativa con su cuento El último bolero en el Taj Mahal.


Este cuento se vincula temáticamente con BURROS MÁS VELOCES QUE LA LUZ, de Javier Goffman (187), ¿LO HARÍAS POR MÍ, MI AMOR?, de Juan Pablo Ringelheim (186), y HISTORIA DE GALLINA, de Edgar Omar Avilés (168)


Axxón 190 - octubre de 2008
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico : Fantasía : Surrealismo : Biblioteca Infinita : Autores Clásicos : Argentina : Argentino).

            

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