DIVULGACIÓN: El inventor del mundo actual

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"El futuro es mío"


por Marcelo Dos Santos (especial para Axxón)
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Es posible que el hombre estuviera loco. No cabe duda alguna de que estaba lleno de traumas, fijaciones, obsesiones, compulsiones... Si viviese hoy, seguramente estaría medicado con Prozac o Zoloft.

Era joven, pero ya sus excentricidades rebasaban la barrera de la patología. Vivió en hoteles durante décadas, y jamás aceptó que se lo alojara en una habitación cuyo número no fuese divisible por 3. De hecho, hacía todo de a tres: subía de tres en tres los escalones, ponía tres cerraduras en las puertas, se sentaba a comer solamente si había tres personas a la mesa y exigía que se le entregaran las toallas de a 3, de a 9 o de a 27. El catálogo de sus manías era interminable, y solo su obvia inteligencia, su cultura y su amabilidad lo convertían en medianamente tolerable para sus congéneres. No podía soportar tocar el cabello de otra persona, y se jactaba de jamás haber tenido contacto con el de nadie más en toda su vida. Las formas redondas lo aterraban: ceniceros, engranajes, ruedas y ojos de buey estaban completamente fuera de su catálogo de objetos a tocar y casi evitaba totalmente su vista. Esta fobia se extendía a los anillos, a los aros y a las perlas. No podía soportar a una mujer con los lóbulos de las orejas perforados, la echaba con cajas destempladas si llevaba aros, y directamente no volvía a dirigirle la palabra si los mismos eran de perlas. Su obsesión contra la redondez y la esfericidad se proyectaba incluso hasta los cuerpos humanos: ante el menor aumento de peso en las personas que lo rodeaban, se dirigía a ellos de inmediato exigiéndoles que adelgazaran. De hecho, cuando se le hizo evidente que su secretaria tenía graves problemas para controlar su gordura, la despidió sin dar explicaciones y nunca más quiso verla. Los testigos de la vida de este hombre afirman que la obesidad y las formas redondas le provocaban una gran aversión física, una repugnancia que podía llegar a la náusea y al vómito.

Otra de sus obsesiones eran los animales: hablaba interminablemente a quien quisiera escucharlo -y también a los que no- del gato que había poseído en su infancia, y no podía apartar su mente de las palomas. Viviendo en Nueva York, gastaba grandes sumas de dinero en semillas importadas con las que alimentaba a las aves de Central Park, y solía llevarse ejemplares a su habitación de hotel, a pesar de que las normas de la casa lo prohibían. Una de esas palomas se convirtió en su amiga y confidente, y nuestro hombre se resistía a separarse de ella. La presentaba a las personas señalándola como "Mi esposa" y, ante la muerte del pájaro, le acometió un arranque de tristeza que pronto se convirtió en depresión desesperada. Este ser humano brillante llegó a afirmar que la muerte de esa paloma, de color blanco purísimo, a la que había entrenado para que lo visitara todos los días, había sido "el golpe final de su vida y su carrera".

No soportaba la suciedad (real o imaginaria). Se lavaba las manos y el rostro más de cien veces al día, y no era capaz de tocar ningún objeto sin desinfectarlo antes. Llevaba numerosos pañuelos en sus bolsillos, porque no podía tocar un picaporte ni cualquier otra cosa con la mano desnuda.

Nunca se relacionó con las mujeres: en toda su vida jamás cedió a los reclamos de ninguna, por más que muchas buscaron su cariño y algunas se mostraron locamente enamoradas de él. Fue célibe y, según sus propias palabras, jamás mantuvo relaciones sexuales. Para él, la castidad más absoluta era la clave de sus logros como científico. Siempre fua amable con las mujeres, pero nunca les dio una palabra o un gesto que no fuese ambiguo o carente de significado.

Vivía preocupado por las ropas: solía exigir a sus empleados que fueran a su casa a cambiar de vestuario. Su tono de voz siempre era suave y educado, pero al mismo tiempo terminante e imperativo. No admitía discusión posible al respecto.

Seguramente sufría de algún tipo de trastorno obsesivo compulsivo. Convivir con él debe haber representado una pesadilla para muchos de sus conocidos. Sin embargo, los testimonios declaran que se trataba de un hombre encantador, si uno dejaba a un lado sus manías y se acostumbraba a ellas. Uno de sus amigos escribió: "Difícilmente se conoce a un científico e ingeniero que, además, es un poeta, filósofo, aficionado a la música, lingüista y sibarita". Otro destacaba su "distinción, su sinceridad, su modestia, su refinamiento, su generosidad y su fuerza". Una muchacha dijo de él: "Su sonrisa genial y la nobleza que mostraba denotaban las características de caballerosidad que tan firmemente llevaba impresas en el alma".

De este hombre brillante, extraño e impredecible hablaremos en este artículo, por la sencilla razón de que, prácticamente solo y gracias a su extraordinaria capacidad, moldeó el mundo y al planeta entero para convertir a las sociedades humanas en lo que son hoy en día.

Mientras Estados Unidos se debatía en los prolegómenos de la Guerra de Secesión y las Guerras del Opio cundían en el sudeste asiático, un niño nacía en el corazón del Imperio Austrohúngaro. Era 1856, y en esa casa el matrimonio formado por un pastor ortodoxo serbio y una inventora de artículos para el hogar (que diseñaba soberbios artilugios y sabía de memoria todos los poemas épicos serbios a pesar de no saber leer ni escribir) decidía poner al pequeño el nombre de Nikola. Nikola Tesla, serbio nacido en la zona croata del imperio, había llegado a este mundo.


Nikola Tesla

Desde muy joven se destacó en los estudios, especialmente en matemática y física. Concluyó la escuela primaria en solo tres años. Pasó rápidamente por la Realschule de Karlstadt, por el austríaco Instituto Politécnico de Graz, donde estudió ingeniería eléctrica y por la Universidad de Praga, donde fue tutelado por el célebre físico y filósofo austríaco Ernst Mach. Influido por las ideas de este, pronto se interesó Tesla por la corriente alterna (un concepto aún en desarrollo), y comenzó a pensar en forma incansable en posibles usos prácticos de ella. Tenía memoria fotográfica, lo que le permitía memorizar libros enteros, y con frecuencia experimentaba profundos arranques de inspiración, visiones casi místicas, éxtasis dentro de su mente, de los que emergía con una nueva idea completa y acabada, con un mecanismo y sus correspondientes fases de construcción, o con un nuevo concepto teórico capaz de revolucionar su especialidad.

Pero, aún con su extremada juventud, las extrañezas de su carácter ya estaban presentes: de naturaleza enfermiza, recurrentemente caía en cama, y sufría de un raro tipo de alucinación en que veía grandes luces que lo dejaban cegado por un tiempo. A veces, una palabra, un nombre o una simple idea desencadenaban uno de estos ataques, y con frecuencia el episodio concluía con una solución creativa a un problema o una visión científica. En otras oportunidades creía regresar al pasado, y volvía a revivir con gran detalle episodios ocurridos durante su infancia. Estos extraordinarios "viajes en el tiempo" lo perturbaban desde la más tierna edad. A los 22 años ya había sufrido al menos un grave colapso nervioso.

Su comportamiento respecto de familiares y allegados también era extrañísimo. Luego del quebrantamiento nervioso rompió relaciones con su familia y nunca volvió a verla, e hizo decir a sus amigos que se había ahogado. Nadie puede explicar este tipo de conductas, como no sea atribuyéndolas a alguna enfermedad mental jamás diagnosticada.

En 1880, Tesla consiguió empleo en la compañía telegráfica húngara en Budapest, donde conoció brevemente a Neboj#a PetroviŠ, un inventor serbio que vivía en Austria. Al año siguiente, habiendo desarrollado un sistema de turbinas gemelas con su compatriota, Nikola obtuvo el puesto de electricista jefe en la empresa de telégrafos, recibiendo el encargo de preparar el entorno tecnológico para migrar el sistema hacia la telefonía. De este modo, se convirtió en el primer ingeniero de la primera red telefónica húngara.


Turbinas de Tesla sin paletas, instaladas en Niágara Falls

Durante este período, Tesla pensaba constantemente en la manera de aprovechar los campos magnéticos dinámicos. Una tarde, en que caminaba con un amigo por un bosque, sufrió uno de sus habituales éxtasis mentales, del que salió con la solución ya clara en su mente. Había descubierto los campos magnéticos rotatorios, los principios teóricos que los regían y su aplicación práctica, todo en un instante. Tesla tomó una rama y con ella dibujó en la arena, ante la mirada atónita de su acompañante, el plano del primer motor eléctrico de inducción, explicándole de paso toda la teoría. El motor, como el lector imaginará, constaba de tres campos inducidos por tres bobinas. No solo salió de su visión con todo el dispositivo ya completo, sino también con el convencimiento de que todos los aparatos eléctricos futuros deberían basarse en él. En esos escasos segundos, además, había desarrollado la adaptación de su motor a diversos usos, y había planeado el sistema completo eléctrico urbano y rural, incluyendo las formas de generación, almacenamiento, transmisión, distribución y uso de la corriente alterna.

El año de 1882 lo encontró en París, trabajando para la Continental Edison Company, desarrollando y mejorando sistemas eléctricos. Un año más tarde, consiguió construir un modelo de su motor, que demostró funcionar perfectamente.


El motor eléctrico de Tesla

Con la idea de comercializar su invento en la mente, Tesla intentó interesar a varias compañías, pero, increíblemente, ninguno de sus potenciales clientes vio las aplicaciones prácticas del motor eléctrico. Incapaz de venderlo, Tesla decidió emigrar a los Estados Unidos. "Desde que era un niño, mi sueño fue aprovechar la energía de las Cataratas del Niágara", diría después, "y mi oportunidad había llegado".


Estatua de Tesla en la central hidroeléctrica de Niágara Falls,
cuyas turbinas diseñó e instaló

Así, pues, siendo empleado de la filial europea de la Edison, Tesla viajó a Nueva York con poco más que lo puesto y una carta de recomendación para Edison escrita por su jefe, el famoso Charles Batchelor, a la sazón mano derecha de Thomas Alva Edison en persona. La carta de Batchelor decía textualmente: "Señor Edison: conozco solamente a dos grandes hombres. Usted es uno de ellos, y el otro es el joven portador de la presente".

Tesla desembarcó en el puerto de Nueva York el 6 de junio de 1884, cuando apenas contaba con 27 años. Impresionado por la carte de Batchelor y las obvias e ilimitadas capacidades de Tesla, Edison los contrató de inmediato, pero con un escaso salario de 18 dólares a la semana. De este modo, Tesla, el primer partidario de la corriente alterna, se vio sumergido en la mucho menos eficiente tecnología de corriente continua, que era la que preconizaba su nuevo empleador. Habiendo resuelto en pocos meses los más graves problemas técnicos de la empresa, Edison llamó un día a su joven ingeniero y le propuso rediseñar completamente sus ineficaces plantas generadores, ofreciéndole a cambio la nada despreciable suma de 50.000 u$s. El serbio trabajó sin descanso hasta lograr el objetivo, entregando a Edison numerosas y valiosísimas patentes de las soluciones técnicas que había implementado. Al reclamar el pago de la prima ofrecida, el desleal Edison le respondió: "Usted es joven y recién llegado, Tesla. Todavía no entiende el sentido del humor de los empresarios norteamericanos" y se negó a pagarle lo prometido. Tesla exigió entonces un aumento de 7 dólares semanales, lo que también le fue negado. Sin esperar un momento, Nikola renunció a la Edison.


Cable coaxil, invento de Tesla

El principal problema técnico al que se enfrentaba Edison derivaba de su empecinamiento en abrazar la corriente continua. Este tipo de electricidad tiende a perder voltaje conforme se alarga la distancia a que la llevan los cables, por lo que es muy difícil electrificar un país entero con corriente continua. Como los altos voltajes necesarios caen con la distancia, Edison calculó que debería construir una estación transformadora cada tres kilómetros. Era obvia la naturaleza antieconómica de esa tecnología. Más de una vez Tesla había intentado convencer a Edison de probar con la corriente alterna, un tipo de energía en la que el generador movía los electrones en una dirección y luego en la contraria, interminablemente. El voltaje de la corriente alterna no decae con la distancia, y ese es el motivo por el que se la usa actualmente en todas las redes eléctricas del mundo. Una de las obsesiones de Tesla consistía en creer que todo en el universo representaba un ciclo, por lo que las oscilaciones de la corriente alterna encajaban perfectamente en sus laberínticos esquemas mentales.

La renuncia lo obligó a trabajar como pocero cavando zanjas (extrañamente, para la misma Edison), mientras elaboraba un proyecto de corriente alterna en las profundidades de su mente y juntaba el dinero para financiarlo.


Tesla lee junto a una Bobina de Tesla

En 1886, Tesla logró por fin fundar su propia compañía, pero, una vez más, tuvo problemas para convencer a sus inversores de que el futuro de la electricidad iba de la mano con la corriente alterna. Como la figura de Edison era célebre y pública, el común de la gente creía que el gran inventor no podía equivocarse en algo tan básico. Pero Tesla era capaz de demostrar su error: en 1887 diseñó, desarrolló y construyó su propio motor de inducción sin escobillas, que funcionaba de manera altamente eficiente alimentado con corriente alterna, y al año siguiente lo presentó ante el Instituto de Ingeniería Eléctrica. El motor de inducción figura en la lista de los diez inventos más trascendentales de todos los tiempos, y casi no hay aparato con partes móviles que no contenga uno.

Poco después diseñó lo que hoy llamamos Bobina de Tesla, un dispositivo capaz de generar corriente alterna de alta frecuencia, baja corriente y alto voltaje. Provisto de este nuevo invento, Tesla seduciría al archienemigo de Edison, George Westinghouse. La bobina de Tesla es, hoy en día, un dispositivo estándar en televisores, radios y todo tipo de equipamiento electrónico. En 1888 había escrito un artículo técnico titulado "Un nuevo sistema de motores y transformadores de corriente alterna", y lo había enviado al Instituto. Era imposible que Westinghouse no lo leyera. Sorprenderse por la claridad de ideas y la visión futurista del notable serbio y visitarlo en su laboratorio fue todo uno. Lo que vio lo dejó asombrado. Tesla había construido un modelo del sistema de electrificación basado en la corriente alterna, con un dínamo, transformadores y un gran motor de inducción en el otro extremo. Todo funcionaba a la perfección, y el voltaje no caía con la distancia, no importaba qué tan lejos se colocara el motor.


Mark Twain (centro) realiza un experimento en el laboratorio de Tesla

Westinghouse había polemizado con Edison durante mucho tiempo, y estaba seguro de que la solución para la electrificación estaba en la corriente alterna. Ahora veía con sus propios ojos que tenía razón. Tesla encontraba, por fin, su alma gemela.

Westinghouse se convirtió, pues, en la primera persona que escuchaba las ideas de Tesla sin interrumpirlo ni burlarse de él.

Por estas mismas épocas, mientras se aplicaba a los sistemas de transmisión eléctrica a larga distancia para Westinghouse, Tesla comenzó a investigar con tubos de vacío capaces de generar electrones y de repelerlos mediante una bobina de Tesla, y descubrió que producían un tipo de radiación que atravesaba los objetos. Con estos tubos, Tesla fue capaz de fotografiar los huesos de su propia mano. Había descubierto los rayos X nueve años antes que Roentgen.

Pero su campo primario de investigación seguía siendo la transmisión alámbrica de electricidad de corriente alterna. En 1891, el austrohúngaro descubrió el efecto que lleva su nombre, que no es más que la demostración de la conductividad eléctrica, transmisión inalámbrica de la electricidad. Fue el primero en encender un tubo fluorescente a distancia, sin cables, basándose en este principio.


El efecto Tesla

Más tarde ese mismo año, Tesla se nacionalizó estadounidense y construyó su laboratorio en Nueva York. Trabajando sobre resonancias mecánicas producidas por osciladores electromecánicos, los edificios circundantes comenzaron a vibrar y a oscilar como bajo los efectos de un terremoto. Los vecinos se quejaron a la policía, y, requerido por las autoridades a apagar el oscilador, descubrió con horror que el botón de paro se había trabado, y que toda la manzana corría peligro de derrumbarse. Así, el desasosegado ingeniero debió terminar el experimento destruyendo sus propios equipos con un martillo, ante la incrédula mirada de los uniformados.

Westinghouse, mientras tanto, comprendió que el sistema de corriente alterna de Tesla merecía probarse y, al final, electrificar todo el país. Invirtió una gran suma en el proyecto, y Nikola lo retribuyó vendiéndole 40 patentes de los generadores, motores y transformadores de su invención. Pero como Edison veía licuarse su grandiosa inversión en la distribución eléctrica basada en corriente continua, decidió no rendirse sin luchar. Comenzó así la larga, sangrienta y miserable pelea entre Edison y Westinghouse, conocida en la historia de la tecnología como la "Guerra de las Corrientes".


En su laboratorio

Los trabajos de Tesla, a pesar de todo, continuaban. Su descubrimiento del efecto Tesla le hizo pensar en desarrollar un sistema planetario de distribución inalámbrica de la electricidad, lo que le permitiría fundar sociedades completas que no dependiesen del cableado. Tan avanzada fue su idea, que hoy en día se utiliza, por ejemplo, en armas no letales como los tazers de electroláser (que aplican descargas eléctricas de hasta 150.000 voltios incapacitando al enemigo sin provocarle daños permanentes), pararrayos e incluso en proyectos militares para apagar los motores de vehículos enemigos mediante un fuerte pulso eléctrico. Sus demostraciones públicas de cómo encender tubos fluorescentes a distancia utilizando el mismo principio comenzó a granjearle fama frente al público común. El respeto de sus colegas se transformó en el ofrecimiento de la vicepresidencia del Instituto de Ingenieros cuando Tesla solo contaba con 36 años. Y sus logros no cesaban. En 1893 consiguió generar un megavoltio de corriente alterna usando una bobina de Tesla, investigó las causas del efecto Kelvin (la corriente se transmite mejor por la superficie de un cable que por su núcleo), fabricó una máquina somnífera, diseñó circuitos sintonizados, lámparas de vapor de gas (nuestra luz de mercurio, por ejemplo), y mucho, muchísimo más.


Tesla lee un libro iluminado por sus rayos artificiales

Sus investigaciones sobre la transmisión inalámbrica de energía lo condujeron asimismo en otras direcciones. El principio de transmisión de energías electromagnéticas sin hilos de inmediato le sugirió la idea de la radio, cuyo primer prototipo plenamente funcional desarrolló, construyó y probó con éxito y públicamente en 1893. Generoso con sus conocimientos, publicó los fundamentos de los circuitos de radio en numerosas revista científicas y generales, lo que le certificó la precedencia en la invención de la tecnología radial, absolutamente básica para la configuración del mundo actual.

Tesla era un visionario futurista, no cabe la menor duda de ello. Y tanto lo fue, que escribió lo siguiente: "Cuando hayan pasado muchas generaciones, nuestras máquinas funcionarán con energía presente en cualquier punto del universo". Como se observa, estaba hablando de la energía libre que fluye por todo el universo. "Es solo una mera cuestión de tiempo que el Hombre tenga éxito en aprovechar esa energía", dijo.


Busto de Nikola Tesla en Belgrado

Pero sus logros "terrestres" continuaban. En los prolegómenos de la multitudinaria Feria Mundial de Chicago en 1893, se suscitó -cuándo no- la cuestión de si el gran evento debía ser iluminado por lámparas de corriente continua o alterna. Las lámparas Edison de corriente continua eran más ineficientes, caras de construir, tenían menor duración y eran menos estéticas que las de corriente alternas de Tesla y Westinghouse. Ganaron esta pequeña batalla, y la Feria Mundial fue electrificada con corriente alterna. Tesla hizo poner bombillas y tubos fluorescentes, muchos de los cuales fueron operados inalámbricamente. El punto cúlmine del evento fue cuando Tesla realizó el experimento del "Huevo de Colón": un huevo de cobre permaneció parado sobre su punta, sostenido por un campo electromagnético dinámico rotatorio generado por una dínamo. El éxito fue amplísimo, pero los logros continuarían.

La ruinosa guerra de las corrientes provocó grandes cambios comerciales en ambos contendientes, Edison y Westinghouse. Aparte de las barbaridades cometidas por el primero de ellos -como electrocutar a un elefante inocente para demostrar la peligrosidad de la corriente alterna de Westinghouse y Tesla y prácticamente obligar al Estado de Nueva York a comenzar a ejecutar presos en la silla eléctrica de corriente alterna para desprestigiar a sus oponentes-, el gasto en publicidad llevó al borde de la bancarrota a las dos empresas. Consternado, Tesla liberó a Westinghouse de la obligación de pagarle regalías por las patentes, y se comprometió, con gran generosidad, a seguir trabajando prácticamente gratis.

Así, en 1897 comenzó a investigar la radiación (descubierta por Becquerel el año anterior) y pudo demostrar que la ionización del aire no se debía a los elementos radiactivos de la atmósfera o la corteza terrestre sino a los rayos cósmicos provenientes de fuentes lejanas.


Las luces en el suelo son alimentadas desde 50 metros de distancia
sin cables. Experimento de Tesla en Colorado Springs

Mientras lograba esto, patentó la primera radio y de inmediato la aprovechó para construir el primer vehículo a radiocontrol de la historia, un bote de desembarco que ofreció a la Armada norteamericana, junto con varios modelos de torpedos a control remoto. Increíblemente, los marinos no mostraron interés alguno. Para producir estos dispositivos, Tesla utilizó compuertas lógicas. Era la primera vez que se aplicaban tales elementos para un fin práctico. De modo que la electrónica de comando a distancia se debe también a nuestro hombre. Dijo de su bote radiocontrolado: "Aquí ven al primero de una nueva raza de robots, que se hará cargo de las tareas más trabajosas del ser humano". Ese mismo año inventó la bujía y diseñó el sistema de ignición completo para los motores de combustión interna. Y la lista de milagros habría de continuar.

En 1899 Tesla se mudó al poblado de Colorado Springs, donde podía desarrollar sus experimentos sobre alto voltaje sin riesgos y sin ser molestado. Para ese entonces había perfeccionado la radio para realizar transmisiones de telegrafía inalámbrica, y había conseguido comunicarse con sitios tan lejanos como París.

En Colorado Springs demostró que la Tierra era en sí misma un conductor de corriente, estudió las ondas que por ella circulan, describió la ionósfera y produjo relámpagos artificiales de muchos millones de voltios. Con receptores diseñados por él mismo estudió las señales de los rayos atmosféricos. Construyó resonadores de alta ganancia y heterodinos, inventó la retroalimentación de radiofrecuencia, estudió las ondas estacionarias y demás, mientras armaba circuitos electrónicos de un increíble grado de complejidad y altísimas prestaciones. No olvidará el lector que estamos hablando de 1899.


El rey de Yugoslavia (de uniforme) quiso
conocer a Tesla (centro, ya anciano)

Pero su interés primordial seguía siendo conseguir transmitir corriente en forma inalámbrica. Consiguió transmitir bajas frecuencias a través del planeta Tierra a grandes distancias, y sus cálculos demostraron que la frecuencia de resonancia de nuestro planeta era de 8 Hz, lo cual es totalmente exacto (aunque hubo que esperar medio siglo para poder medirlo). El Efecto Tesla le permitió, asimismo, mover grandes voltajes a través del espacio, encendiendo lámparas situadas a distancia sin cables.

Con sus receptores, captó extrañas señales de origen extraterrestre que, en su fantasía, atribuyó a comunicaciones artificiales provenientes de Marte o Venus. Hoy se cree que sus instrumentos eran tan sensibles que en realidad estaba escuchando la actividad de radio producida por la atmósfera de Júpiter.

El 7 de enero de 1900, las deudas acumuladas más la falta de pago de las patentes de Westinghouse obligaron a Tesla a vender su laboratorio de Colorado y trasladarse a Wardenclyffe, Long Island. La situación mejoró cuando comenzó a cobrar regalías por las nuevas patentes de sus inventos. Además, el banquero J.P. Morgan le suministró una gran suma de dinero para seguir investigando la transmisión inalámbrica de electricidad. Tesla utilizó ese dinero para construir la enorme torre de Wardenclyffe, prevista para cumplir múltiples funciones.

La torre debía albergar el primer sistema de telefonía inalámbrico intercontinental, una verdadera red mundial de telecomunicaciones. La construcción comenzó en 1901, pero dos años después aún estaba inconclusa y los inversores comenzaban a retirarse.

La idea de Tesla era que la torre utilizara la ionósfera para transmitir energía sin necesidad de cables, pero esta operatoria nunca logró funcionar.


La Torre de Tesla

Sin embargo, el investigador desarrolló en su laboratorio la Turbina de Tesla (sin hélices) que demostró ser capaz de producir 150 kW girando a 16.000 rpm. También fabricó allí numerosas bobinas que vendió a muy buen precio.

Pero sus aspiraciones comunicacionales fallaron, y la torre fue abandonada en 1907 y demolida en 1917, ya que el gobierno sospechaba que su cúpula tan visible -de 57 metros de alto y 21 de diámetro- era usada como punto de referencia por los submarinos alemanes de la Primera Guerra Mundial.

Este enorme fracaso se considera el disparador de los graves problemas mentales de Nikola Tesla.

Para colmo de males, la autoridad estadounidense de patentes le quitó la titularidad de la de la radio para asignársela a Guglielmo Marconi, lo que obligó a Tesla a iniciar una larga y desgastante lucha legal para que se le reconociera la prioridad en su invención. Estaba cerca de cumplir 50 años y era un hombre enfermo. Sin embargo, pudo colocar varias de sus turbinas en la usina de Waterside, Nueva York, que funcionaron muy bien en un régimen de entre 100 y 5.000 caballos de fuerza.


Tesla lee

Pero la tristeza de Tesla aumentó cuando Marconi obtuvo el Premio Nobel de Física por la radio que el serbio había inventado. Parece ser, para peor, que, al darse cuenta del error, quisieron hacerle compartir el premio con Marconi y su odiado Edison, a lo que Nikola se negó redondamente.

Al tiempo que perdía su primer juicio contra Marconi, Tesla logró alguno de los objetivos que se le habían escapado al construir su torre: diseñó, construyó e instaló una planta transmisora para la compañía germana Telefunken en Long Island. Pero su proverbial mala suerte volvió a caer sobre este proyecto: la planta fue rodeada, asaltada y destruida por la Infantería de Marina, bajo la creencia de que estaba siendo utilizada por espías alemanes para transmitir secretos militares.

Tesla desarrolló los principios del radar en 1917, y tenía la ambición de desarrollar un "rayo de la muerte" eléctrico con fines militares. Ideó el primer avión de despegue vertical, el método para obtener energía de las diferencias de temperatura del agua del mar y una teoría dinámica de la gravedad que no fue comprendida en su tiempo.

El brillante científico, cada vez más afectado en su salud mental, pasó los diez últimos años de su vida en un cuarto de hotel en Nueva York, desarrollando un pensamiento feminista extremo: dijo que la Humanidad debía ser gobernada por las mejores mujeres, a las que llamaba "abejas reinas". Además, ellas debían practicar la procreación selectiva, permitiendo que solo los mejores hombres tuvieran hijos con ellas y esterilizando a todos los demás.


Tesla enciende una lámpara sin cables

Se volvió vegetariano porque la matanza de animales le parecía cruel, y desarrolló una fotofobia que lo obligó a vivir en la oscuridad.

Su gran aislamiento provocó que nadie se percatara de su muerte, acaecida entre el 5 y el 8 de enero de 1943 -día en que fue hallado su cadáver-. Murió de un ataque al corazón a los 86 años, sin que el mundo se enterara de ello.

Apenas muerto Tesla, el gobierno norteamericano allanó el hotel, confiscó sus posesiones y papeles y abrió su caja fuerte. Estaba buscando un prototipo del "rayo de la muerte", el cual nunca fue hallado.

Muchos de los escritos de Tesla aún no han sido devueltos a sus familiares ni a los científicos por el FBI.


El Museo Tesla en Belgrado. A la derecha, los papeles del sabio que allí se conservan
(aquellos que el gobierno norteamericano decidió no robarle)

Tesla ha recibido numerosos homenajes: la unidad tesla (T) utilizada para medir la densidad de flujo magnético, el Premio Nikola Tesla a los mejores ingenieros eléctricos, el cráter Tesla en la Luna y el asteroide 2244 Tesla. Figura en monedas serbias actuales y ex yugoslavas, y el aeropuerto de Belgrado lleva su nombre. La compañía eléctrica de bandera de la ex Checoslovaquia se llamaba Tesla, y hay una empresa que fabrica autos eléctricos asimismo bautizada Tesla. La subsidiaria croata de la Ericsson se llama "Ericsson Nikola Tesla", y el año 2006 (150° aniversario del nacimiento de nuestro héroe) fue declarado "Año Internacional de Nikola Tesla". Tiene varias estatuas en diferentes ciudades del mundo.


Esfera de oro que contiene las cenizas de Tesla, en su museo de Belgrado)

Tesla registró 700 patentes a lo largo de su vida, y entre sus logros se encuentran el rayo láser, las primeras radiografías, los controles remotos, los osciladores, los ferrocarriles eléctricos, la totalidad de las comunicaciones modernas, el aprovechamiento de la energía solar y térmica oceánica, y muchos más que harían este artículo interminable.


Tesla anciano

Este hombre singular, increíblemente genial pero desquiciado y atormentado, tuvo en vida una celebridad enorme pero fue olvidado después de su muerte, y tratado con injusticia por parte del gobierno norteamericano. Las autoridades han llegado al extremo de borrar de los registros algunas de las patentes de Tesla -posiblemente de inventos de aplicación militar- y su nombre ha sido excluido de la titularidad de las mismas.


Colector de energía solar

Sin embargo, hoy, en pleno siglo XXI, se le reconoce el mérito de haber dado forma definitiva al mundo moderno: desde electrificar las ciudades con corriente alterna hasta habernos dado la radio, la televisión, la informática, la radiología, la radioastronomía, la transmisión de energía a distancia, el motor eléctrico y mil etcéteras más.


Mascarilla fúnebre

Su vida fue lucha y sinsabor, pero su victoria final fue definitiva.

Cerraremos, pues, este artículo con una de sus frases más importantes:

"Dejen que el futuro diga la verdad y evalúe a cada uno de acuerdo a sus trabajos y a sus logros. El presente es de ellos, pero el futuro, por el cual trabajé tanto, es mío".

Por supuesto que sí. No hay duda al respecto.


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