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Ecos y Silencios
por Fernando José Cots

Algunas historias

En 1942, ya con Estados Unidos metido en la guerra, un estudio realizó uno de los tantos filmes de propaganda bélica que se hacían por entonces. La particularidad de este filme residía en que su acción sucedía un año antes de que Estados Unidos entrase en guerra y casi "tras las líneas enemigas". Se basaba en una obra teatral titulada Everybody comes to Rick's y la pareja protagónica sería conformada por Ann Sheridan y Ronald Reagan.

Pero, por una cuestión de contratos, hubo que darle el papel principal femenino a Ingrid Bergman; eso causó que se diese marcha atrás con el hoy difunto ex presidente y se convocase a Humprey Bogart. Similares marchas y contramarchas se reflejaron en el guión y la producción, que le cambiaron hasta el título: Casablanca.

Un filme barato para los cánones de Hollywood, que estaba destinado a ser olvidado cuando la contienda acabase (como realmente le sucedió a tantos otros), se convirtió en un clásico aún vigente.


Tras la Guerra de Corea, un ex piloto militar se metió a policía en Los Ángeles, California. Un día lo llamaron de la televisión como asesor de una serie policial y ya se quedó como guionista en ese mundo.

Se le ocurrió hacer una serie de ciencia ficción adulta, lo que hasta ese momento no existía. Desde su primera temporada convocó a muchos fans, pero no obtuvo la suficiente audiencia y llegó, sin pena ni gloria, a la tercera temporada.

No obstante, esa serie fue revalorizada años después gracias a sus reposiciones y creó así una franquicia aún perdurable. El ex piloto y ex policía se llamaba Gene Roddenberry y su criatura era Star Trek.

Es el caso de un trabajo que debió esperar para ser aceptado por un gran público; a tal punto que sus sucesoras, de mayor calidad técnica pero de menor calidad temática, convocaron y siguen convocando gracias al grato recuerdo de la primera.

Si quieren más detalles, remito al excelente trabajo de Saurio titulado ¿Donde nadie ha ido antes?, publicado en este mismo sitio.


Ya más adelante, un erudito decidió escribir una novela. No quería hacer una novela para las masas, sino casi un ensayo novelado, destinado por su composición, contenido y estilo a otros cien eruditos como él.

Y sin embargo, esta novela densa y erudita resultó un "best seller" que se cansó de traducciones y ediciones que se agotaban, aparte de dar lugar a un filme mediocre que, éste sí, pasó sin pena ni gloria.

Era El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco.


¿Por qué sucede esto? ¿Por qué algunas obras obtienen ecos y otras silencios, independientemente de su calidad?

Para aquellos que escriben, que imaginan, que crean historias, creo que es importante buscar explicaciones de por qué algunas obras tiene el eco atronador de aplausos y emociones, y otras el silencio de la indiferencia.


La mecha y la bomba

Imaginemos una carga de pólvora negra. La ponemos en un paquete, lo cerramos bien para que la humedad le afecte lo menos posible y al paquete lo ponemos en un estante. Y hasta que la humedad que siempre se filtra la arruine, la carga permanecerá con un poder explosivo potencial, pero sin estallar.

Por otro lado, tomemos un trozo de mecha. Le encendemos en un extremo. Habrá un chisporroteo que recorrerá toda la extensión y, cuando termine, se apagará dejando un leve humo que durará hasta que se disipe.

Ahora bien: Juntemos ambas cosas y tendremos la explosión.

Si somos más sutiles, podemos elegir un explosivo plástico cuya vida útil siempre será más larga. Eso sí, hay algunos explosivos plásticos que soportan martillazos y fuego sin que se amosquen; pero no los junten con una chispita eléctrica porque no queda ni el loro.

Dicho de otro modo, no sólo carga explosiva y detonante deben estar en contacto y activos, sino que algunas cargas explosivas tienen su detonante específico que no es intercambiable con otros.

De la misma manera, una obra llega a la gente en tanto la gente esté en condiciones de recibir esa obra como un reflejo de sus sueños y sus necesidades.

En Casablanca había algo más que un discurso antinazi. Había una apología del sacrificio personal en pro de un ideal más alto, dicho sin la altisonancia del predicador, sino con la obra silenciosa de quien era la imagen del desencanto y el cinismo, de quien escondía una moral de hierro bajo la máscara de la decepción.

Roddenberry plasmó un modelo de futuro casi ideal, sin las lacras que soportaba la sociedad de su tiempo. Le dio forma al universo que soñaba una generación sin referentes propios.

Umberto Eco, ya desde su irónico y casi mentiroso prólogo a la novela, nos habla de la libertad que todos necesitamos y de quienes no quieren que la tengamos. Nos hace ver hasta qué punto nuestras aspiraciones están moldeadas por los miedos que el poder impone.

Todos ellos, en sus obras, reflejaron algo del alma humana; sólo que a veces esos sueños estaban latentes, como la carga explosiva, en el resto de la sociedad. Ellos fueron el detonador para que el grupo social se identificase con su obra.


¿Era tan fácil?

Más de un creador pensará que sólo es cuestión de hablar sobre un tema humano para tener repercusión y tendrá razón... casi.

Sucede que hay temas que son universales y eternos y otros que son fruto de la historia personal de cada pueblo, de cada comunidad.

Por dar un ejemplo: en 1924 el director alemán Friedrich Willhelm Murnau dirigió el filme Der letze Mann (El último hombre) que se conoció en castellano como La última carcajada. Ese filme fue un éxito arrollador en toda Alemania, donde las salas se llenaban semana tras semana.

Cuando llevaron el filme a Estados Unidos, fue recibido con desconcierto primero y con indiferencia después.

Los norteamericanos no podían entender cómo el protagonista sufría por ser trasladado de la recepción al baño de hombres. Para su mentalidad, en el baño de hombres se recibían propinas que el portero no recibiría jamás. El protagonista rechazaba una fortuna en forma inexplicable.

No podían entender la mentalidad alemana, propia de una época en la cual no sólo habían sido vencidos en una guerra y sometidos a la miseria, sino que habían sido humillados en su dignidad. ¿Cómo no iban a identificarse con el protagonista, que perdía el honor de su uniforme, su buen nombre y su dignidad?

Que esa situación haya sido aprovechada por un demente para forjar una pesadilla, no invalida los sentimientos de ese pueblo que Murnau supo reflejar en su obra.

Es aquí donde, más allá de formas y estructuras, hay que poner talento. La sensibilidad del artista no sirve únicamente para las búsquedas estéticas, sino también para entender el alma de su potencial público y construir su obra en función no sólo de sus temas personales, sino de la búsqueda de resonancia con otras almas.

Aún así, siempre en los que buscan expresarse a través de las narraciones queda la duda en si hay o no "fórmulas para el éxito". Yo diría que no... pero con reservas.


Joseph Campbell

El pensador e investigador norteamericano Joseph Campbell estudió las distintas culturas del mundo, desde las "salvajes" hasta las arcaicas, y descubrió que tenían ciertos factores en común. Con distintos nombres y con comprensibles variantes en las situaciones, casi los mismos personajes se repetían dentro de mitos y leyendas de culturas diferentes e inconexas.

Él lo llamó "El Camino del Héroe". Intentaré sintetizarlo aquí, considerando que El Héroe de las Mil Caras, libro principal de Campbell, es un trabajo denso y profundo, pero indispensable para quien quiera comprender el espíritu de las sociedades.

Y también para quien aspira a escribir ficciones.

El Héroe inicia su camino en la mediocridad, sin conocer su destino todavía. Tiene, sin saberlo, los poderes de un dios, pero también las debilidades del hombre.

El Héroe será convocado para una causa, recibirá orientación y auxilio (limitado) del Sabio, quien conoce mejor que él su destino.

El Héroe, al principio, se niega o es reticente a abandonar sus vínculos iniciales; pero lo perentorio de la situación lo llevará a la ruptura con su mundo y al inicio del camino.

El Héroe iniciará su lucha. No vencerá en todas las batallas e incluso en aquellas que sale victorioso no sale indemne.

El Sabio le irá brindando las armas que necesite para cada batalla, siempre guardando algo sobre su origen que el Héroe, en la etapa en que se encuentra, no es capaz de manejar todavía.

El Héroe, en algún momento, deberá enfrentarse consigo mismo; es decir con sus propias debilidades. Será exigido a una transformación que borrará los últimos vestigios de aquel que fue al principio, sin perder por ello su identidad.

El Héroe finalmente termina venciendo y, a la vez, poseedor de todos los secretos de su origen y su destino. Habrá logrado su objetivo y se habrá transformado a sí mismo.

Como puede verse, un hilo común tienen el Rey Arturo, Frodo y Harry Potter; así como otro hilo une a Merlín con Gandalf y Dumbledore.


El caso particular de Star Trek

El Capitán Kirk de la Enterprise es un héroe que ha sido tomado "a mitad de camino". Ha roto ya con su pasado y se encuentra en plena aventura. Aún le queda por luchar, descubrir y crecer. Aún tiene debilidades para vencer. El mal que debe enfrentar está difuminado entre Klingons, Romulanos y otros que va conociendo.

El Sabio también se difumina entre Spock y el Comando de la Flota. La estructura militar de la serie, carente de la rigidez prusiana y en el terreno de la aventura, da a su mundo el marco referencial que este Héroe necesita.

No vimos cómo empieza, no sabemos cómo terminará... pero es el Héroe que está en camino y cuya causa es afín a la nuestra. No es el hombre que podría ser nuestro padre, como el capitán Picard, sino el que podría ser nuestro hermano mayor, el hermano que quisimos tener, el que es dueño de un mundo y una independencia que anhelamos, el que nos hace compartir sus tribulaciones como si fuésemos su amigo.

Ese "estar en medio de un camino ya iniciado" podría explicar el éxito, aún tardío, que tuvo la serie original.


Su mejor alumno

Campbell no inventó nada, simplemente descubrió algo que subyacía en los Mitos y en lo profundo del alma humana. El que sí inventó fue uno de sus alumnos, su mejor alumno, que con el tiempo se convirtió en su amigo personal.

Ese alumno era George Lucas, quien tras una espectacularidad más mágica que científica dio al Héroe el nombre de Luke Skywalker, al Sabio el nombre de Obi Wan Kenobi (con cierta extensión a Han Solo), al Mal el nombre de Darth Vader y el Emperador, y a la Causa el nombre de la República Galáctica y de Leia.

Considerando los resultados, podría pensarse que George Lucas recurrió a una fórmula y le fue bien.


¡Entonces sí es fácil! ¿O no?

Un proverbio árabe dice: "El primero que comparó a una mujer con una flor fue un poeta. El segundo fue un imbécil."

Los creadores de Casablanca obligaron a su héroe a hacer algo más que comprar bonos de guerra. Lo hicieron renunciar a la mujer que amaba, al pequeño mundo que se había forjado para esconder su amargura. Rick Blaine, tras la partida del avión, ya no tiene su bar y deberá huir de la zona de ocupación alemana. Aunque tendrá la ayuda del capitán Renault, habrá sacrificado mucho y le espera otra lucha por delante.

Roddenberry colocó a su héroe en un mundo soñado, sin los problemas de la sociedad norteamericana.

Tolkien ambientó su saga en el mundo mítico de las antiguas culturas celtas.

Rowling tomó elementos de los cuentos de hadas para construir su mundo mágico.

Y en todos esos mundos está el héroe que lucha, se transforma, crece, tropieza y se levanta... etc.

Entonces no puede hablarse de fórmulas, sino de formas arquetípicas. Universos que, aunque irreales o "aún-no-reales", tienen elementos que los hacen reconocibles a los lectores-espectadores.

Pero esas formas arquetípicas no sólo deben estar "engarzadas" en un universo reconocible, sino que deben encarnar en referentes auténticos de la cultura del creador de la historia.


¿Por casa?

Debo hacer una confesión.

Muchas personas me habían hablado de Los exitosos Pells, una comedia que parece ser el gran éxito de audiencia. Yo, personalmente, prefiero los policiales de Universal Channel y AXN, aparte de que por mis horarios de trabajo no podría verlo; así que tenía ciertas referencias sobre el "plot" principal, pero nada más.

Hasta que un día, durante mis vacaciones, vi parte de un capítulo.

En el mismo, según pude entender, la pareja protagónica había sido intoxicada con un alimento, así que no estaban en condiciones de presentarse en cámara. Había reemplazos con buena salud, pero el jefe del canal insistía en que debían presentarse ellos para no perder "rating"

Entonces hace que les pongan un medicamento y los pone en cámara. Los pobres protagonistas hacen lo que pueden, pero es evidente que actúan como zombis.

Yo me pregunto: ¿Nadie puede estar enfermo una vez? ¿No es humano hacer una pausa cuando la mala salud nos acosa?

Y yendo a la cuestión del "rating" que parece obsesionar al dueño del canal: ¿No incrementaría la audiencia el decir, sin faltar a la verdad, que los protagonistas están enfermos y no pueden salir al aire? Hasta se podría anunciar un parte médico en cualquier momento, que convenientemente sería emitido al final del programa.

He asistido muchas veces a funciones en el "Espacio INCAA" de Córdoba, Argentina, para ver filmes argentinos. Siempre hemos sido cuatro gatos locos en una sala para mil y pico de personas.

Hasta el día que exhibieron El Fin de la Espera de Francisco D'Intino, el último filme donde actuó Ulises Dumont. Y gracias a "San Morbo" no digo que se llenó, pero sí que las butacas vacías se podían contar con los dedos.

En síntesis, un conflicto falso. Cualquier directivo de TV se daría cuenta que sus "estrellas" deben estar en plenitud si quieren servir; y que una ausencia circunstancial sólo puede crear una expectativa morbosa por parte de la audiencia, que se reflejaría en el "rating".

Pero hay algo peor en lo que vi ese día.

En nuestras ficciones "exitosas" no parece haber héroes, sino apenas Protagonistas. El mal es un Poder que no deja resquicio sin infiltrar. El Protagonista es un esclavo bajo la lupa de ese poder que no vacila en meterse hasta en lo más íntimo y personal.
El Protagonista no enfrenta al Poder sino que busca ocultarse del mismo. Cuanto mucho le miente, pero en forma torpe. Su único escudo es la ignorancia y la torpeza de ese Poder que no conoce límites.

Y todo en contra de la lógica más elemental. Un médico se somete a aplicarles el medicamento a los protagonistas, cuando sabe que si algo pasa, y lo acusan de mala praxis, su carrera habrá terminado. Ni siquiera se le ocurre decir al Poder, con firmeza, que si por falta de cuidado los protagonistas mueren él no será responsable.

En síntesis, como en los teleteatros de la Dictadura, como en ese cine argentino repudiable por catequista y meloso, se hace una apología de la autoridad omnímoda e incuestionable y del sometimiento sin límites.

Me pregunto si el éxito de esa serie será porque refleja la realidad del argentino medio, el que debe cuidar el pan de su casa a veces con la entrega de la propia dignidad.

Sería, entonces, un reflejo. Pero un reflejo de lo más feo que tenemos... y ofreciendo como única alternativa de mejora no el accionar del Protagonista, sino la mágica "toma de conciencia" y el "cambio" del Poder hacia un estado más "comprensivo" y "humano". El mensaje subyacente es que el Protagonista no debe hacer nada, salvo esperar que al Poder le caiga la ficha. Tarde o temprano, aunque sea con un recurso sacado de la galera, le caerá; no se preocupe.

Invirtiendo la consigna libertaria, tal como la parafraseó Roberto Fontanarrosa en su parodia de La Cabaña del Tío Tom: "La Libertad no se toma, se pide".


La verdadera épica autóctona

¿Acaso nosotros no podemos tener auténticos héroes, en el sentido que Campbell le da a los mitos?

Los hemos tenido.

Uno de ellos es El Eternauta; el otro El Hombre que volvió de la Muerte. En ambos casos son hombres comunes a quienes toca la desgracia de perderlo todo por la acción de otros y que deben, a partir de ese momento, luchar en condiciones extremas para sobrevivir primero y para lograr alguna justicia por mano propia después.


En el caso de El Eternauta, la nevada mortal destruye su mundo. A Juan Salvo sólo le queda su casa-isla con su familia y amigos, pero en una situación que no puede durar indefinidamente.

Con más astucia que poder real destruirá la cabeza de la invasión, pero llegará el momento en que sólo podrá sobrevivir huyendo, después de haberlo perdido todo. El final de El Eternauta es un final abierto y amargo. Un final de relato, no de historia.


En cambio El Hombre que volvió de la Muerte es una versión tecnificada y futurista de El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas. Elmer Van Hess, por haber perdido hasta la condición humana, es menos pasional y más maquiavélico que Edmundo Dantés. Su venganza tiene la precisión de un reloj suizo, dando a cada uno de aquellos que lo dañaron lo que exactamente merecen: Ni más ni menos. Y siempre está un paso adelante de ellos.

Tal vez uno de los factores que incidió en el éxito de esta última historia fue el haber sido emitida durante los últimos coletazos de la dictadura de Onganía, un gobierno que se caracterizó por sanguinario y oscurantista, que implantó la discrecionalidad del poder sin que institución alguna se atreviese a hacerle frente.

Así el habitante de Argentina —ya no más ciudadano— estaba indefenso ante el desborde de las fuerzas de choque oficiales, a las cuales no se podía tocar ni con la sombra de un pelo.

Y debido a una doctrina oscurantista impuesta a punta de pistola que regía hasta la conducta privada, se encontraba despojado de su humanidad, como Elmer Van Hess. ¿Cómo no se iba a identificar con él?


Tal vez alguno piense que me estoy olvidando de un tercero muy anterior: Nada más ni nada menos que Martín Fierro de José Hernández.

No me he olvidado. Reconozco que en él se dan los mismos factores de las otras historias: El Protagonista tiene un mundo, viene el Poder, lo despoja y el Protagonista no sólo se queda sin nada, sino que está obligado a escapar o someterse.

Si no lo he incorporado, se debe a que Martín Fierro es más reflexivo que activo. Su respuesta activa es escasa y a veces injusta, como en el caso de la muerte del Moreno. Reflexiona demasiado y hace poco. No es un héroe sino una víctima, y su valor reside en el testimonio que da de una realidad cuestionable que, pese a lo que se diga, no ha cambiado demasiado.


Conclusión

Los ingleses tienen el referente mítico del Rey Arturo. Su realidad histórica es dudosa, pero el valor mítico fundacional que tiene para Inglaterra no.

Los norteamericanos tienen como referente mítico al Cowboy y al Pionero. En este caso la existencia de estos mitos tiene una base histórica comprobable, pero es probable que hayan sido más próximos a los personajes embrutecidos de los "Westerns Spaghetti" que a las figuras impolutas que encarnaron John Wayne y Ronald Reagan.

No es casual que, cuando el gobierno de Jimmy Carter fue boicoteado y se afectó la economía interna, el norteamericano medio buscó amparo en la figura mítica del Cowboy representada por Ronald Reagan.

Martín Fierro es lo más representativo de nuestra condición de sometidos, pero no va más allá de una queja doliente.

Juan Salvo luchó, aunque perdió y se quedó sin nada más que una búsqueda desesperada a través de los mundos paralelos.

Elmer Van Hess (argentino por adopción) luchó y ganó, pero desde la perspectiva inhumana de la máquina en que lo habían convertido. Una vez cumplido su cometido, sólo le quedó autodestruirse.

El tiempo dirá si aparece un héroe argentino que, conservando su corazón, no deje que éste le obnubile el cerebro. Ese héroe seguramente tendrá el eco y no el silencio de nuestros corazones.


Fernando José Cots
Córdoba, Argentina - Febrero de 2009


Bibliografía y Filmografía

El Héroe de las mil caras - Joseph Campbell
El Poder del Mito - Joseph Campbell / Bill Moyers
Martín Fierro - José Hernández
El Eternauta - Héctor Oesterheld / Solano López
¿A donde nadie ha llegado antes? - Saurio
El Nombre de la Rosa - Umberto Eco
El Conde de Montecristo - Alejandro Dumas
Los Clásicos de Fontanarrosa (La Cabaña del Tío Sam)- Roberto Fontanarrosa
El Señor de los Anillos - J. R. R. Tolkien
Harry Potter - J. K. Rowling
Los Caballeros de la Tabla Redonda - Anónimo
Casablanca - Michael Curtiz
El Hombre que volvió de la Muerte - Abel Santa Cruz / Narciso Ibáñez Menta
Los Exitosos Pells - Un capítulo no identificado.
Star Wars - George Lucas
Star Trek - Gene Roddenberry
Der letze Mann - F. W. Murnau


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