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ZAPPING 0204, 03-feb-2004
"Tienes que filmar a ese pájaro"

Si se sorprendieron con el Zapping 202 (el loro antinazi), ahora quedarán patidifusos.


Psittacus erithacus

El loro africano gris (Psittacus erithacus) es el más inteligente de entre los psitácidos, quienes detentan, también, la fama de ser los más inteligentes de todas las aves.

Cuando la Dra. Irene Pepperberg, especialista en fisicoquímica del Laboratorio de Psicología de la Universidad de Brandeis y del MIT Media Lab cierra la puerta de su oficina, una fuerte voz la despide con estas palabras: "¡Chau! ¡Que estés bien! Me voy a cenar... ¡Nos vemos mañana!". El amable interlocutor de Irene no es más que Alex, un africano gris que se ha convertido en la estrella de los estudios lingüísticos sobre aves.

"Durante las décadas del 40 y del 50, los investigadores europeos como Koehler y Logle demostraron que los loros grises podían aprender tareas simbólicas y conceptuales a las que a menudo se considera pre o correquisitos para la adquisición de capacidades cognitivas y comunicativas complejas. Los datos de los posteriores estudios de campo y de laboratorio sugirieron que las vocalizaciones naturales de los psitácidos mediaban en las interacciones entre los miembros de la bandada, y que seguramente se aprendían de otros miembros de la misma", dice Pepperberg.

El procedimiento experimental que la científica aplica con Alex y con los otros 3 grises africanos con los que trabaja es ingenioso e impresionante: se basa en mostrarle distintos objetos y materiales (corcho, cartón, una llave, etc.). El juego (que le ha sido enseñado al loro desde que tenía 13 meses de edad) consiste en que, si logra nombrar correctamente el objeto mostrado ("Llave", por ejemplo), se gana el derecho a poseer la llave, y se la entregan. Por supuesto, hay cosas que a Alex le interesan más que una llave: una nuez, por ejemplo. Otra de las reglas del juego dice que, si Alex identifica correctamente una llave y se la dan, luego puede cambiarla por una nuez, pero sólo si la pide verbalmente y en forma correcta. Es decir: le muestra la llave, él dice "Llave", le dan la llave, entonces él dice "Quiero una nuez", y Pepperberg le quita la llave y la reemplaza por una nuez. De este modo, el animal realiza una doble tarea cognoscitiva: reconoce objetos nuevos o distintos, y se ve obligado a desplegar todo un vocabulario de cosas deseadas o necesarias para él, so pena de pasar el resto de su vida comiendo llaves y corchos de sidra. Por cierto que estos éxitos no representan ningún problema para el lorito. Lo viene haciendo todos los días desde hace dieciocho años.



Los estudios de Todt sobre el aprendizaje social entre los miembros de las bandadas de loros grises, junto con el modelo de interacción social en los humanos desarrollado por Bandura, sugirieron a Pepperberg otro procedimiento: imitando la enseñanza que los loros viejos dan a los pichones en estado salvaje, Pepperberg no enseña al loro directamente, sino que le permite observar cómo un humano enseña a otro humano, y las consecuencias del acierto o del error del "alumno".

En efecto: en presencia del psitácido, un alumno muestra al otro un objeto, y le pregunta, por caso: "¿Forma?". Si el otro contesta correctamente "triángulo", el "maestro" lo felicita afectuosamente y le entrega el triángulo. Pero el "alumno" a menudo "yerra" a propósito, equivocándose con el mismo tipo de errores que suele cometer el loro, que, entretanto, observa interesadísimo la escena. Los errores más comunes que cometen los africanos grises son pronunciaciones "sucias" o poco claras e identificaciones parciales. Cuando el alumno se equivoca, el docente lo reta y le quita el objeto.

Alex observa siempre, porque el modelo social de los loros demuestra que el "alumno" humano no sólo repesenta en la mente de Alex un modelo según cuyos aciertos y errores él mismo basará su comportamiento futuro (es decir, podrá diferenciar lo que está bien de lo que no lo está), es también un rival a superar para obtener el reconocimiento, la complacencia y la estimación del loro maestro, tal cual sucede en las bandadas salvajes.


Irene Pepperberg y Alex en pleno romance

El esquema de Todt sólo permitía al loro presenciar las clases en calidad de oyente: siempre el mismo maestro hacía de maestro y siempre el mismo estudiante hacía de estudiante. Por eso, el loro sólo se molestaba en responder (y tratar de hacerlo correctamente) a las preguntas de un solo humano del mundo: el que hacía de maestro en el esquema de Todt.

Pepperberg ha ido más lejos: el maestro y el estudiante parados frente a Alex muchas veces invierten sus papeles, e incluso se pone al ave en el papel de maestro o discípulo. Como consecuencia, Alex ha aprendido a interactuar, preguntar y responder a cualquier ser humano que se cruce en su camino.


Dos grandes conversadores

El largo y persistente entrenamiento de Alex le ha permitido alcanzar alturas lingüísticas increíbles: al mostrársele una etiqueta más grande que el estándar utilizado en el laboratorio, el loro ha dicho: "Acá está tu papel... ¡Un pedazo de papel taaaan grande...!"

Alex domina ya tareas que se consideraban más allá de la capacidad de cualquier organismo excepto Homo sapiens: comprende categorías conceptuales como "igual/distinto", "ausencia/presencia", cantidad y tamaño. Identifica y nombra correctamente siete colores, cuarenta objetos, y tiene un uso completamente funcional de la negación "no" y de los deseos "Quiero tal cosa" o "Quiero ir a tal sitio". Puede distinguir formas geométricas y nombrarlas por su número de ángulos, desde 2 hasta 6. Utiliza cómodamente los numerales del 2 al 6 (éste último lo pronuncia "si" por el inglés "six": aparentemente no puede pronunciar la x).


Prestando atención

Usando esa base matemática, el lorito nombra cantidades de objetos ante él (es decir, ha aprendido a contar), incluso grupos de objetos nunca antes presentados, heterogéneos o arreglados según un patrón azaroso. Combina los nombres de los objetos y sus atributos para describir, identificar, solicitar, rehusar, categorizar y cuantificar más de 100 tipos de objetos diferentes. Su eficiencia en esta tarea se ha demostrado científicamente como superior al 80% (algo que ni el chimpancé más preclaro logra ni por aproximación).

Comprende, además, un concepto (limitado) de lo que es una "categoría". Si se le muestra un triángulo verde y se le pregunta "¿Color?" dirá "verde"; si se le pregunta "¿Forma"? responderá "Tres-ángulos". Pero nunca confundirá las respuestas: jamás responderá con el color cuando se le inquiere respecto de la forma. En otras palabras, es capaz de "recategorizar" la clasificación de un objeto de acuerdo a la categoría acerca de la cual se lo interroga, capacidad de la que se cree que indica aptitud para el pensamiento abstracto.

De hecho, es capaz de reconocer los errores ajenos: si pide agua y se le ofrece comida, negará con un claro y rotundo "No" y repetirá el pedido inicial "Quiero agua". Y lo hará tantas veces como sea necesario hasta que le den lo que él quiere.



Por supuesto que Alex no es el único africano gris capaz de hazañas como éstas: un ejemplar llamado N´kisi vio muchas veces la foto de la Dra. Jane Goodall, experta en chimpancés, trabajando con sus sujetos cuadrumanos. Cuando, tiempo después, la conoció personalmente, la saludó espetándole un irrespetuoso "¿Tienes un chimpancé?".


N´kisi en su hábitat

N´kisi es toda una personalidad lingüística: tiene un vocabulario de 950 palabras (muchas más de las que se necesitan para leer en el idioma inglés) y las organiza en frases complejas, aparentemente creadas espontáneamente. Se le muestra un dibujo de un hombre hablando por teléfono e inquiere: "¿Qué haces con ese teléfono?". Una pareja abrazada: "¿Te puedo dar un abrazo?". Los experimentos con N´kisi fueron algo diferentes a los que se llevaron a cabo con Alex: se lo colocó en un cuarto aislado, y se le mostró por televisión a su dueño abriendo, en otra habitación, sobres al azar que contenían dibujos de objetos. El loro los nombró a todos, uno por uno, con una tasa de aciertos tres veces superior a la que hubiese logrado utilizando al azar palabras aprendidas y memorizadas fuera de contexto.



No todo son rosas en el camino de los increíblemente inteligentes P. erithacus: los científicos han encontrado más de una espina puntiaguda.

Por empezar, el loro gris es la tercera especie más vendida como mascota de entre todas las aves y la primera en ventas en los Estados Unidos. Esto, por supuesto, se debe a su brillante inteligencia y a su increíble capacidad mímica. "Irónicamente", afirma la Dra. Diana L. May, del Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona, "sabemos apenas nada del comportamiento de estos loros en su estado natural". Según May, los dos motivos por los que deben ser estudiados son, primero, comprender cómo usan en libertad la capacidad cognitiva que demuestran poseer en el laboratorio, y tratar, en segundo término, de preservar las comunidades y poblaciones silvestres para salvarlas de la extinción con que las amenaza el tráfico masivo. A estas dos iniciativas, la Dra. Pepperberg agrega los nuevos conocimientos que puede otorgarnos la neurofisiología comparada de los cerebros avícolas y mamíferos, y la posible aplicación de esos datos en la terapia lingüística sobre niños discapacitados.

Con respecto a la capacidad lingüística de los grises en libertad, el único estudio que existe —de 1993, Cruicksahnk y otros— demostró que esta especie imita con perfección las voces de otras nueve especies de aves... ¡y la de una especie de murciélago! Sin embargo, el análisis no provee ninguna explicación ni motivo para este comportamiento.

Por otra parte, May afirma que es esencial detener el tráfico de loros africanos grises ya mismo, so pena de comenzar a escribir informes científicos sobre la capacidad verbal de una especie... extinta.



Pero, mientras tanto, la fascinación de legos y científicos acerca de estos animales no decae. Dice el profesor Donald Broom, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Cambridge: "Cuanto más observamos las capacidades cognoscitivas de los animales, más avanzados nos parecen, y el paso más grande parecen haberlo dado los loros".


"¡Tienes que filmar a esos pájaros!"

No todo en la inteligencia tiene que ver con identificaciones, categorías y raciocinio: el sentido del humor es considerado condición también sine qua non para quien pretende ostentar el status de "organismo inteligente". Si no, pregúntenselo a N´kisi, quien, luego de observar a un congénere colgado cabeza debajo de su percha, dijo claramente a los circunstantes: "Tienes que filmar a ese pájaro".

Más datos:

(Traducido, adaptado y ampliado por Marcelo Dos Santos (www.mcds.com.ar) del sitio BBCNews y de diferentes sitios de Internet)


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