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ZAPPING 0240, 25-nov-2004
Marihuana "buena", prohibición absurda

El 22 de noviembre la revista Scientific American publicó un editorial capaz de llamar la atención del más indiferente: se titula "La investigación sobre la marihuana: las actuales restricciones son absurdas".

La mayor parte de la gente ha oído hablar acerca de la potencial aplicación de los compuestos activos de la marihuana en los trastornos originados por varias enfermedades, en un amplio espectro que oscila desde la artritis hasta el sida.

El editorial de SciAm destaca que incluso nuestro cerebro produce compuestos similares a los de la marihuana, los así llamados cannabinoides endógenos o endocannabinoides. La revista Nature Medicine afirma que los endocannabinoides son importantes en procesos como el dolor, la memoria, la neurodegeneración y la inflamación.

Entonces, ¿cuál es el problema? Sencillamente, que las normas legales norteamericanas acerca de la marihuana la colocan en la lista de las drogas llamadas "Tipo 1", es decir, las que están absolutamente prohibidas —sus compañeras de lista son la heroína y el LSD—, de modo que los investigadores no pueden ni siquiera comprar semillas de la plantita en cuestión para experimentar con ellas. "De hecho", afirma la prestigiosa revista SciAm, "es mucho más fácil comprar cocaína para investigación que marihuana. La lista comprende sólo a las drogas que se definen como adictivas y sin ningún uso médico, lo cual se vuelve, con respecto a la marihuana, una verdadera profecía autocumplida". El editorialista norteamericano se refiere a que, si la legislación norteamericana prohibe la tenencia de marihuana incluso a los neuroquímicos y a los fisiólogos, por cierto que las sustancias que contiene nunca tendrán una aplicación práctica. Obvio: ¡si no se puede investigarlas!


Cannabis sativa, el conocido cáñamo o marihuana

Las vueltas de las leyes estadounidenses sobre este tema han derivado en consecuencias involuntarias y ridículas. Un investigador solicitó permiso al Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas (NIDA por sus siglas en inglés) para estudiar los posibles usos médicos de la marihuana: el NIDA se lo denegó. El hombre, entonces, simplemente presentó otra vez el mismo requerimiento, cambiando sólo el objetivo de su estudio. Esta vez colocó "investigar los efectos negativos del uso de la marihuana". El NIDA no sólo lo autorizó sino que le suministró fondos económicos para su investigación. Este solo ejemplo muestra la supina incoherencia en los procedimientos que las leyes aplican sobre temas como éstos. Si estas leyes hubiesen existido en el pasado en la forma que tienen hoy, no podríamos utilizar la cocaína, la morfina y demás fármacos derivados de alcaloides vegetales, de amplia utilización actual como calmantes, analgésicos y anestésicos, incluidos numerosos opiáceos.


Lo grave de que el sistema norteamericano no permita a los químicos, bioquímicos y farmacólogos estudiar la marihuana, sin embargo, no queda en una cuestión teórica ni en la discusión bizantina acerca de si las leyes son tontas o no.

El verdadero problema es que hay cientos de miles de pacientes en ese país que necesitan de los cannabinoides para tratar distintos trastornos como el dolor crónico, los daños nerviosos, las náuseas derivadas de la quimioterapia contra el cáncer y distintos estados patológicos asociados con el sida.

El argumento legal es que existe un sucedáneo sintético de los cannabinoides, llamado Marinol, que se comercializa legalmente y que está a disposición de los médicos para recetar. Un editorial del New England Journal of Medicine, una de las revistas más prestigiosas del mundo de la ciencia, afirma sin embargo que "esta droga es muy difícil de dosificar correctamente, por lo que no es muy recetada. Por el contrario, fumar marihuana produce un muy rápido incremento de los niveles plasmáticos de sus principios activos, alcanzando muy pronto la dosis terapéutica".


Scientific American concluye: "En vista de esto, el único curso de acción razonable es facilitar a los investigadores norteamericanos, por lo menos, el estudio de la marihuana para establecer sus posibles usos médicos. Gran Bretaña, sin renegar de la lucha contra el abuso de drogas, ha autorizado a sus científicos a criar distintas variedades de marihuana para realizar con ellas pruebas clínicas". Un estudio de la Universidad de Harvard muestra que, a despecho del carácter anticientífico de la prohibición, el 44% de los oncólogos norteamericanos indican el uso de marihuana a algunos de sus pacientes. En concordancia con la realidad científica, una Corte Superior del Estado de Washington falló en 1995, ante el planteo de un abogado afectado de cáncer terminal, que la prohibición de recetar marihuana a ciertos enfermos es directamente inconstitucional. Se trata del primer fallo de su tipo, sienta jurisprudencia, y puede ser el comienzo de una avalancha de recursos judiciales para reclamar el derecho del paciente a ser tratado médicamente de la mejor forma posible.


Mientras los abogados discuten si sí o si no, miles de enfermos norteamericanos de sida, artritis y cáncer que podrían beneficiarse con los efectos de la marihuana prescripta por un médico, comprada en una farmacia y aplicada en dosis controladas, no encuentran solución a sus problemas por culpa de un absurdo impedimento de orden legal.

Más datos:

(Traducido, adaptado y ampliado por Marcelo Dos Santos (www.mcds.com.ar) de SciAm y de otros sitios de Internet)


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