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19/Nov/07



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Publicaciones reseñadas: "Nunca me abandones", de Kazuo Ishiguro

Partiendo de un tópico de la ciencia ficción, Ishiguro construye un relato íntimo y por momentos asfixiante. En él, la deseperanza es, probablemente, el mensaje más perturbador.

Título: Nunca me abandones
Título original: Never Let me Go (2005)
Autor: Kazuo Ishiguro
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de Narrativas n°618
Páginas: 360
Barcelona, 2005.

Después de leer Nunca me abandones, a algunos lectores de ciencia ficción nos queda ese prurito de querer etiquetar la novela (y sí, cuando uno encuentra un jugador valioso lo quiere para su equipo).

Su autor, Kazuo Ishiguro, la define como una ucronía. "No lo llamaría ciencia ficción —admitió en un reportaje—, aunque este libro fue en general catalogado en ese género. Más bien, me gusta pensar que es una ficción alternativa, del estilo ´¿qué habría pasado si Kennedy no hubiese sido asesinado?´. Yo aquí presento qué podría haber ocurrido en Inglaterra con un desarrollo científico mayor. No es que haya empezado diciendo ´Voy a escribir sobre la clonación´, ni que jamás haya querido contribuir al debate sobre las células madre y esas cosas. Soy un escritor y éste es puramente un recurso literario".

El autor está en todo su derecho. Y ciertamente los géneros a veces son más muletillas editoriales (o indicios para el lector) que una guía para el escritor. Y, claro, también tenemos ese pequeño detalle de que Ishiguro no parece interesado en incursionar en el género de la ciencia ficción, ni de seguir sus reglas, ni siquiera de romperlas. Él sólo quería especular. En todo caso, podemos pensar que esta novela es CF, del mismo modo en que Blade Runner podría ser un relato del "policial negro".

Las bases de la novela están ancladas a un tópico de la CF: un grupo de jóvenes especiales (todos ellos internos de un instituto educativo inglés, alumnos), cuyo destino es ayudar a otros. Decir que esa ayuda es al costo del propio sacrificio exige una explicación. No son policías o soldados con una alta probabilidad de morir durante el servicio. Para los alumnos de Hailsham, la degradación física y la muerte son certezas ineludibles.

¿Cómo se les transmite a estos jóvenes ese cruel destino? ¿Cómo se los socializa? ¿Cómo consideran ellos ese destino? ¿Qué lugar ocupan en la sociedad? ¿Cuáles son las alegrías, las miserias y los deseos de quienes, tanto material como espiritualmente, tienen poco y nada? ¿Cómo aman? ¿Cómo enfrentan la muerte? Éstas son sólo algunas de las preguntas que Ishiguro responde, en un relato obsesivamente minucioso e íntimo.

Para llevar adelante esta novela, el autor elige la voz de una chica (Kathy H.), logrando cotas muy altas en la coherente ejecución de su psicología. Contribuye a ello el que Kathy sea inglesa. En este sentido, la narración se acerca más a la sutileza de las formas que viéramos en la novela y en la película Los restos del día, también de Ishiguro, que lo que solemos encontrar aún en los relatos más "psicológicos" de CF.

Vale la pena señalar que, por momentos, ese tonito tan british, las digresiones que "vienen al caso", ese poner en orden los recuerdos y extraer las implicancias profundas de una palabra o un gesto, pueden cansar un poco al lector. A veces incluso parecería que el autor no es capaz de sacar nuevos conejos de la galera, pero a medida que el relato avanza esa cuestión merma. Incluso entran a jugar metáforas e imágenes que le dan sentido y profundidad a lo ya leído.

Si algo es preponderante y hasta agobiante en la novela, es la sensación de angustia, que al final se termina convirtiendo en desesperanza. Pero tal vez esas emociones no se muestren del todo en la protagonista y sus pares (que después de todo son lo que son, con sus limitaciones emotivas y de carácter). Los alumnos están preparados para afrontar sus destinos. Lo han mamado de pequeños. Hay, sin embargo, una sociedad por fuera de la comunidad de alumnos (y, más adelante en el relato, de ex-alumnos) que los necesita cumpliendo esos roles, una sociedad que el autor nos muestra poco a poco, y cada vez más conforme se acerca el final.

Si, como yo, termina identificándose dentro de esa sociedad hipócrita que no sabe cómo tratar a sus benefactores, es posible que termine recibiendo toda esa fuerte carga emotiva. Y, por muy buena que sea la novela, no es una sensación agradable.

Alejandro Alonso para Axxón y Garrafex News.

Fuente: Axxón. Aportado por Alejandro Alonso

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