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Entre fines de octubre y comienzo de noviembre existen varias festividades relacionadas con la muerte. Más allá del católico Día de todos los Santos, que es seguido por el dedicado a los Fieles Difuntos, se destacan en América el día de todos los Muertos y Halloween. Las distintas culturas, sea por creación propia o por penetración cultural, eligen sus formas de señalar el respeto por algo que no podemos ignorar. ¿No es acaso la muerte el final inapelable de nuestras vidas?

 

Nuestra civilización tiene bastante de suicida y sin embargo, mientras tomamos medidas negligentes que hipotecan el futuro de todos, tememos la llegada de la Muerte. Quizá el mayor temor sea que llegue tras un proceso doloroso y de sufrimiento, o que lo haga tan de repente que no nos deje alcanzar los objetivos y logros que proponemos para nuestras vidas o la de los que queremos. Quizá también sea el temor a lo desconocido, ese camino terminante, sin retorno, cuyo derrotero no tenemos forma de comprobar.

 

Tan presente está en nosotros que se inmiscuye en la literatura fantástica de tantas formas distintas que es imposible enumerarlas. Haré un acercamiento muy somero, simplemente basándome en lo que viene ahora a mi memoria.

 

Si buscamos por el lado del Terror —posiblemente el camino más obvio— se puede ir desde el temor que puede causarnos un peligro o una amenaza de muerte hasta el regreso horroroso de alguien que se ha ido. Posiblemente la expresión última de esto sean los zombis comedores de cerebros, pero no hay que olvidarnos de los vampiros, esos no muertos siempre sedientos de nuestra sangre. Hoy, la corrupción de los cuerpos de los primeros parece ser mejor canal para el miedo que la mordida casi erótica de los últimos.

 

La literatura de Fantasía está repleta de seres inmortales, búsquedas de la inmortalidad y gente que vuelve a la vida. Quizá la más antiguas de estas historias sea la de Gilgamesh, aquel rey de Uruk que busca sin suerte la fuente de la vida eterna. Incluso hay historias donde la Muerte es atrapada y ya no puede complir su trabajo, con consecuencias que distan bastante de ser felices. Su utilización como personaje también puede ser alegórica, una metáfora sobre cosas que se me antojan más terribles. Tal es el caso del cuento Cesarán las lluvias, de Carlos Gardini, donde lo que llueven no son otra cosa que personas muertas.

 

Por último, la Ciencia Ficción también trata el tema, de muchas y riquísimas maneras, y no hay que hacer demasiado esfuerzo para encontrar historias donde la Muerte sea protagonista. Desde la forma de evitarla hasta la forma de conseguirla, o de retrasarla artificialmente. Encontramos ejemplos sobre la muerte de personas (humanas o no), planetas, y hasta de la luz y del mismísimo universo. Pero quizás el acercamiento más interesante que he conocido sea el de una novela inédita de un gran amigo mío —nuestro, si estás leyendo estas líneas— donde la Muerte es una entidad extrahumana (extraterrestre) cuya misión es memorizar el alma de cada ser humano, pero hay un problema: esta entidad se está quedando sin capacidad de memoria. ¿Qué pasará cuando no pueda memorizar a nadie más? Otra historia muy interesante y para mí muy poética y humana, es el cuento Luz de otros días, de Bob Shaw, donde el personaje mira a través de una ventana de cristal lento —un extraño material que retarda el paso de la luz— imágenes de una familia que ya no está.

 

Como sea, la Muerte está presente en nuestras vidas, y de una u otra forma coqueteamos con ella, tal vez en el intento de suavizar su advenimiento.

Posiblemente sea una paradoja que al escribir sobre ella dejemos sin querer un legado que nos sobrevivirá. Creando a partir de su presencia logramos vencerla… aunque sea por un tiempo.

 

 


Axxón 267

Editorial

Una Respuesta a “Editorial: «Coqueteando con la Muerte»”
  1. Gustavo dice:

    El cuento de W.W.Jacobs «La pata de mono» es un cuento espeluznante de que podría pasar si queremos burlar a la muerte o torcer los designios del destino.
    Muy buen editorial, como siempre.

  2.  
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