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¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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ARGENTINA

 

 

Suelo pensar en la cantidad de universos alternativos que descartamos cada vez que tomamos una decisión. Acercándome al medio siglo de vida en lo que considero mi propia línea temporal, he descartado bastantes. De todos esos caminos, algunos fueron mojones claros, bifurcaciones muy marcadas de las que soy consciente. Pero hay otros que empezaron como leves desviaciones del camino principal de ese momento, pequeños meandros fuera del curso principal que han ido creciendo hasta hacerse un río caudaloso por sí mismos. Como siempre, como creo que a todos nos pasa, hay rumbos que me hubiese gustado abordar, no porque esté arrepentido, sino porque esos caminos hubiesen sido otra forma de enriquecimiento. No hubo opción: yo soy una persona de inteligencia media, ningún genio, y hace siglos que no hay genios cuyo saber abarque la mayoría de las ramas del conocimiento humano. Eso quedó atrás hace mucho, y cada vez la especialización en el saber es mayor.

Hace unos pocos días volví a juntarme con un pequeño grupo de mis ex compañeros de la escuela secundaria, una costumbre que ya lleva algunos años y, aunque nos cueste por razones de distinto tipo, tratamos de mantener dado ese afecto que nos une y que, descubrí hace tiempo, crece aún más cada vez que nos juntamos. Esa noche, después de un comentario a uno de mis amigos, quien siempre se llevaba muchas materias para darlas todas juntas y nunca repetir, recordábamos dos cosas: lo exiguo de mis carpetas al finalizar la cursada (todo lo importante se guardaba dentro de mi cabeza, las carpetas eran para los ejercicios obligatorios y el trabajo creativo) y mi deseo de dedicarme a la biología (estaba entre la biología marina y la exobiología… otra vez hablaremos de esto). Era otra época, claro, allá por los ochenta la informática era una profesión incipiente… que me atrapó casi sin quererlo.

De todas las ramas de la tecnología la informática es la que más se ha extendido, influyendo en nuestra sociedad en todos los sentidos y ámbitos, organizando e invadiendo casi todos los órdenes de nuestra vida y acompañando el crecimiento de una enorme mayoría de las restantes ramas del saber. Sin informática yo no estaría escribiendo estas líneas pues no existiría este medio de comunicación y, por supuesto, tampoco estaría Axxón. Hay infinitas cosas que serían completamente distintas sin informática, ya sea a través de computadoras como la notebook que estoy usando ahora mismo para escribir estas líneas, el smartphone que utilizo para hacer casi todo y que mi alter ego ilustrador utiliza para crear sus garabatos (qué feo hablar de uno mismo en tercera persona, je). Sin la tecnología informática que conocemos el mundo sería, seguramente, muy distinto: hemos visto algunas versiones de esos mundo, por ejemplo, si visitamos el steampunk.

¿Pero cómo sería un mundo mucho, muchísimo más informatizado? ¿Debemos caer en un mundo Matrix? ¿Es el mundo hipertecnológico un mundo inhumano, insensible, abocado simplemente a la construcción de poder, tal como nos quiere hacer creer una buena parte del cine del género de los últimos tiempos? ¿Cómo sería el mundo si las IA ya hubiesen «despertado», si hubiésemos alcanzado esa singularidad ya muchas veces mencionada? ¿Seríamos destruidos por un ejército de Terminators?

A mí me gusta pensar que tendríamos la oportunidad de conocernos mejor gracias a ese espejo corregido y aumentado que posiblemente serán las inteligencias artificiales. Y ni hablar de la inteligencia mixta de los humanos aumentados (avisen dónde hay que firmar que me anoto) y de las redes de aprendizaje mixto, donde los humanos aportamos saber y la informática aporta potencia de acceso a la base de conocimientos (un ejemplo tosco podría ser un traductor de idiomas que aprende a partir de lo que aportamos sus usuarios). A pesar de todo lo que ha avanzado la informática en las últimas décadas, aún estamos en pañales. ¿Estaremos a tiempo para verla crecer? ¿Estaré yo en este mundo cuando ello despierte por primera vez? ¿Nos ayudará a ser más humanos?

No quiero engañarme, la realidad actual indica que seguimos siendo los mismos monos egoístas y con navaja de siempre, aunque esa navaja es cada vez más poderosa. Pero, a la vez, noto en la gente más conciencia de algunas cosas, del deseo general de respetar y hacer respetar algunos derechos que a esta altura ya deberían estar garantizados. ¿Qué nos falta para empezar a cumplir nuestros sueños de un mundo mejor (para todos)? ¿Seguiremos optando por la autodestrucción del poder para hoy, hambre para el mañana?

Yo elijo creer en nosotros. Elijo buscar las alternativas que nos empujarán lentamente, sin que nos demos cuenta, a ser mejores humanos. Posiblemente sea necesario un shock que nos obligue a reaccionar, hundirnos un poco más en la mierda que generamos, hacer pie firme en el lodazal y ahí sí pegar el salto. Y quizás ahí estén esos hermanos no humanos, o no del todo humanos, esa humanidad más allá de nosotros, para acompañarnos a hacer la diferencia.

 

 


Axxón 280

Editorial


Una Respuesta a “Editorial: «La humanidad fuera de nosotros»”
  1. Mekola dice:

    Respecto de un mundo cada vez más informatizado, me pregunto si la «mélange» de las redes sociales no va camino a que nos inmiscuyamos en una vida en donde la frontera entre lo físico y lo virtual quede cada vez menos clara. Facebook ya intentó dar un ejemplo de que hasta nuestras expresiones faciales en el momento podrían quedar plasmadas en nuestra huella de nuestra cuenta personal.

    Varias ficciones, desde «Tron» hasta gente como Gary Paulsen que lo plasmó en una de sus novelas juveniles, muestran qué tal «real» puede ser una realidad virtual, al punto de amenazar la vida física si la que se pierde es la virtual. El ejemplo ya dado de The Matrix es mucho más icónico en esas cuestiones.

    La creatividad podría ser un sector afectado por una sociedad con cada vez más completos e ilustres archivos por causa de la informatización cada vez más masiva. No en vano, Carlos Gardini había llamado «Nueva Sumatra» a una isla por similitud de forma y boscosidad en uno de sus cuentos.

    Y para un ejemplo más completo, «La muerte del poeta» de Alberto Vanasco advierte sobre la ausencia de originalidad causada por un exceso de registros de propiedad intelectual, lo que no sólo mata al protagonista, sino a la poesía misma, por ya estar casi todas las frases registradas por otros poetas.

    Para completar el tema, queda ver si un cuento ya publicado en esta revista, «Señor Volición», mostrará si la informatización de los seres humanos, llevado a lo biológico casi convirtiéndolos en cyborgs, llevará la respuesta hacia la eterna pregunta sobre qué significa realmente el alma humana, si es que hay un alma o bien qué podemos considerar como tal, tema explorado por todas las ramas de espiritualidad desde la noche de los tiempos.

  2.  
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