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13-Abr-2009

El superparacaídas de Ares

En el desierto de Arizona, pilotos de prueba de la NASA y de la Fuerza Aérea de Estados Unidos dejaron caer un pesado propulsor de cohete "de prueba" como parte de los preparativos para emprender el regreso a la Luna

Pilotos de prueba de la NASA y de la Fuerza Aérea de Estados Unidos dejaron caer un propulsor de cohete "de prueba" de 23.000 kilogramos (50.000 libras) en el desierto de Arizona (y lo detuvieron antes de que se estrellara).

Todo esto es parte del plan de la NASA para emprender el regreso a la Luna.

"El nuevo cohete lunar de la NASA, denominado Ares, tendrá una etapa con un propulsor reutilizable que planeamos recuperar después de cada misión", explica James Burnum, del Centro Marshall para Vuelos Espaciales (Marshall Space Flight Center, en idioma inglés). "Para 'atrapar' el propulsor antes de que se estrelle en la Tierra, necesitamos contar con un sistema de paracaídas superconfiable".


Una prueba exitosa del "superparacaídas del Ares", llevada a cabo el 28 de febrero de 2009. Crédito de la imagen: NASA.

El 28 de febrero, el piloto en jefe Frank Batteas, del Centro de Investigaciones de Vuelo Dryden (Dryden Flight Research Center, en idioma inglés), colaboró con un equipo encabezado por la NASA para poner a prueba uno de los superparacaídas, y relata lo siguiente:

"Volamos a 175 nudos, a 7.600 metros (25.000 pies), y dejamos caer una de las cargas útiles más pesadas que un C-17 ha llevado —un sustituto de un propulsor consumido del Ares, de 23.000 kilogramos (50.000 libras)", dice Batteas. "Muchas cosas deben salir correctamente para que una prueba como ésta sea exitosa. Mucho trabajo en equipo (llevado a cabo conjuntamente por la NASA, la Fuerza Aérea, el ejército, la firma Boeing y otros) está destinado a planear y ejecutar eventos dentro y fuera del avión".

Burnum añade: "No sólo es crítica la planificación, sino que también la habilidad y la experiencia del piloto de la aeronave resultan primordiales. La Fuerza Aérea se encargó de que estuviéramos en muy buenas manos. Batteas fue uno de los primeros pilotos de prueba del C-17 y ha volado esta aeronave durante alrededor de 1.000 del total de sus 3.000 horas de vuelo, así que él conoce el avión como la palma de su mano. Este excelente apoyo de parte de la Fuerza Aérea permite que nos concentremos en nuestro equipo. No nos preocupamos en absoluto por el avión o por cómo pilotearlo".


¡Desplieguen paracaídas! La prueba realizada el 28 de febrero comienza a gran altura sobre el desierto de Arizona. Crédito de la imagen: NASA

El sistema de recuperación de paracaídas del Ares está compuesto por: (1) un paracaídas piloto pequeño, el cual jala el paracaídas de frenado, (2) un paracaídas de frenado y (3) tres paracaídas principales. Los tres componentes están sujetos a prueba.

En la prueba que se llevó a cabo recientemente, el paracaídas de frenado de 21 metros (68 pies) de diámetro tuvo la oportunidad de ponerse a prueba. Su trabajo final será frenar el propulsor consumido del cohete Ares I y orientarlo verticalmente antes de que los tres paracaídas principales se desplieguen para llevar el propulsor hasta el amarizaje.


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El paracaídas de frenado pasó la prueba con éxito. Frenó el descenso de su desgarbado pasajero —una carga de prueba de 23.000 kilogramos (50.000 libras) de acero, con forma de misil— lo suficientemente bien como para que el paracaídas principal lo entregara a tierra firme en Yuma, Arizona, y así poder recuperarlo. Al igual que el propulsor, la carga de prueba será reutilizada.

"El 'misil' de acero usado para las pruebas tiene cavidades para ajustar el peso de la carga", dice Franz Ravelo, ingeniero de sistemas de la misión del C-17, en el Centro de Vuelos de Prueba de la Fuerza Aérea (Air Force Flight Test Center, en idioma inglés), en la Base Edwards de la Fuerza Aérea, localizada en California. "Lo volveremos a usar para futuras pruebas del paracaídas del Ares con cargas de 32.000, 35.000, 39.000 y finalmente 41.000 kilogramos (70.000, 77.000, 85.000 y 90.000 libras, respectivamente)".


El final de una prueba exitosa. Un propulsor "de prueba" de 23.000 kilogramos (50.000 libras) descansa intacto sobre el suelo del desierto.

El lanzamiento que tuvo lugar el 28 de febrero se realizó sin ninguna complicación —bueno, casi ninguna.

"El día para el que estaba programada la prueba, vientos de 129 km/h (80 mph) soplaban con fuerza a 7.600 metros (25.000 pies) de altura, lo cual provocó un retraso en el programa", dice Batteas. "Terminamos haciendo la prueba el día de mi cumpleaños, así que me perdí la celebración que prepararon para mí en Dryden", relata Batteas. "Me llamaron y me cantaron el 'Feliz Cumpleaños' por teléfono. Y mi esposa me guardó algo de pastel de cumpleaños".

Sin embargo, a él no le importó trabajar ese día.

"Cuando ves esa monstruosa carga desplomarse hacia la Tierra y después frenarse mientras los paracaídas se despliegan... es muy gratificante. Es apasionante ver que realmente funciona. Y con cada prueba hay muchas lecciones aprendidas que hacen más segura la siguiente prueba —y que nos llevan mucho más cerca de la Luna".

Fuente: Ciencia@NASA
Traductor al español: Ramiro Franco


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