Libros reseñados: “Un dios demasiado pequeño”, de Juan José Burzi - principal


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Burzi nos presenta una serie de relatos donde la perversión, la alienación y lo grotesco crean atmósferas de fascinante densidad. El volumen fue publicado por la Editorial de la Universidad de La Plata

Libro: Un dios demasiado pequeño.
Autor: Juan José Burzi.
Editorial de la Universidad de La Plata.
La Plata, Enero de 2009.
103 páginas.

Con Un dios demasiado pequeño, Juan José Burzi se atreve a explorar una serie de perversiones singulares que pasan por el extrañamiento del propio cuerpo, la humillación, la alienación, el morbo, la obstinación grotesca, la muerte. Es una exploración que en los lectores puede producir desagrado, vergüenza ajena, o incluso fascinación. Burzi se entrega con fruición a este ejercicio. Y ése es probablemente el mérito más importante de este volumen publicado por la Editorial de la Universidad de la Plata, en el marco de la colección Sólo cuentos que dirige Burzi. El libro, que tiene una edición correcta, con pocos errores y varios aciertos, recopila siete relatos o, para ser más precisos, cinco cuentos y una mini-saga familiar con epílogo incluido: la que conforman “Un dios demasiado pequeño” y “Una tarde soleada y fría”.

Sin demasiado pulimento estilístico, pero con gran efectividad, Burzi delinea una serie de personajes que están al borde del abismo: el alma torturada por la depravación, tironeada por las creencias, sometida por la enfermedad. En cuentos como “Cuando las rosas caen”, “Reyna” o “Un acto privado”, vemos la crónica de ese proceso. En otros, como el que da nombre al libro, o “Como gotas de polen”, asistimos a la agonía o la degradación de esas vidas que parecen fútiles, inconducentes. Los personajes son como insectos bajo la lupa de un entomólogo que siente empatía por ellos.

Se ha señalado que Burzi presenta “el horror como una forma de belleza”. Ciertamente hay una búsqueda en esa dirección, pero no parece ser el principal objetivo del autor. Los relatos no alcanzan las cotas de perturbación de Los libros de la sangre de Clive Barker, por citar un ejemplo y, como se dijo, tampoco se ha buscado la pureza estilística de las frases, necesaria para reforzar la idea de belleza. Creo que Burzi buceó más bien en una serie de territorios incómodos, embarazosos, e invita al lector a hacer lo mismo: a meter los pies en ese pantano pestilente. Por allí pasa la valiosa experiencia estética. Esto se ve mejor en la elección de los temas que inspiraron los relatos: un enfermero que se siente atraído por una chica que nació sin extremidades, facetas aberrantes del exhibicionismo, un pastor que se regodea en el dolor y la miseria, la alienada experimentación de una pareja que sólo puede compartir el daño, por citar algunos.

Ninguno de los relatos de Burzi toca el terror sobrenatural, pero en todos se respira ese aire viciado y extraño del pantano, que invita a seguir leyendo como en una prueba de apnea para ver qué hay del otro lado. Y hasta es posible que, terminada la lectura, el lector quiera lavarse las manos.

Alejandro Alonso

Fuente: Aportado por Alejandro Alonso

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