OBJETIVO PRINCIPAL

Frank Roger

Bélgica

Me despierto y pregunto:

—¿Qué diablos fue ese ruido?

Salgo de la cama sobre mis piernas tambaleantes (tambaleantes porque mi cuerpo todavía no se da cuenta de que terminó el sueño y también porque ese horrible ruido me asusta mucho), corro las cortinas y miro hacia afuera.

Quedo con la boca abierta cuando veo qué ha causado el ruido, y que sin duda hará más bastante pronto.

—¡Qué demonios! —digo, y sigo repitiendo esas palabras como si tuviera las cuerdas vocales atoradas en un bucle o algo así. Hay una cosa, una especie de nave espacial gigantesca colgando en el aire, tan cerca de mi casa que me preocupa, y alguien o algo dentro de ella está disparando hacia las casas abajo. Para mi inmensa consternación, también noto que viene directo hacia aquí, y mi casa está en la línea de fuego.

Sólo llevo los calzoncillos, pero razono que no tengo tiempo de vestirme (sin siquiera mencionar una afeitada y una ducha), de modo que salgo a la calle y corro por mi vida, lo cual bien puede ser considerado literalmente. A cada segundo, un ruido retumbante y ensordecedor como el que me despertó sacude a toda la ciudad hasta sus cimientos, y entre ellos escucho a la gente gritar y el ominoso estruendo de lo que deben ser edificios que se desploman bajo el fuego de las armas.

No soy el único en la calle que busca ponerse a salvo, supongo que todo el mundo ha salido de sus casas y reconozco a algunos vecinos y amigos, todos en ropa interior o pijamas, o incluso completamente desnudos; salen corriendo en todas direcciones. Hay caos y pánico y la gente siente terror a la muerte. Miro hacia arriba y veo que en el aire hay toda una flotilla de naves espaciales, o lo que sean; captan los primeros rayos del sol naciente y convergen sobre nuestro pequeño y tranquilo pueblo de Newhaven, claramente decididas a borrarlo del mapa.

—¡Hey, Rudy!

Conozco esa voz. Es Enrique, un amigo que vive cerca. Me saluda con la mano desde el otro lado de la calle y corro hacia él. Miro su cuerpo desnudo que chorrea agua y burbujas de jabón.

—Me estaba dando una ducha cuando empezó —explica—. Vámonos, alejémonos de esta demencia. —Salimos corriendo, pero es difícil imaginar dónde podríamos estar seguros con estas gigantes naves que están por todas partes y disparan en todas direcciones. Puedo ver un humo negro que se levanta detrás de mí, algunos de los edificios que pasamos corriendo son ruinas en llamas y las calles están llenas de escombros, e incluso hay unos cuerpos inmóviles de gente que por desgracia no pudo cubrirse.

Delante de nosotros, dos coches y un camión han chocado, añadiendo más caos a la escena, y un grupo de gente viene en nuestra dirección, tratando de salir del camino de una nave que vuela bajo con la panza rozando los tejados y causando enormes estragos.

—Sígueme —grita Enrique, y juntos nos precipitamos dentro de una juguetería que ya ha sido parcialmente demolida. Muñecas descuartizadas y ositos de peluche desmenuzados están desparramados por todo el piso, y tropiezo sobre sus lastimosos restos como si me rindiera simbólicamente y participara de la derrota de las criaturas de juguete. Enrique me ayuda a ponerme de pie y cruzamos como podemos la tienda; forzamos la puerta trasera justo a tiempo, porque detrás de nosotros el negocio es destrozado por una poderosa explosión que dispersa fragmentos de mampostería y trozos carbonizados de juguetes por todas partes.

—Creo que sé qué es esto —dice Enrique mientras seguimos corriendo al tiempo que apunta a las naves espaciales que se sobrevuelan nuestro amado Newhaven.

—Creo que sé lo que estás pensando, y supongo que tienes razón —respondo—. Debería haberlo sabido desde el comienzo.

—¿Por qué nos escogieron? ¿Por qué Newhaven?

—No lo sé, y francamente no me importa. Todo lo que sé es que no voy a mirarlo. Odio esta clase de porquería.

Continuamos corriendo, por supuesto, y se nos unen un hombre (desnudo también, no sabía que tantas personas se duchaban mientras yo dormía) y una mujer (sólo llevaba una camiseta rota que más revelaba que escondía), una pareja que vagamente recuerdo haber visto en el centro comercial.

—Miren —dice nuestro nuevo compañero—, esas naves están aterrizando. El bombardeo ha terminado.

Miramos hacia donde acaba de aterrizar una nave espacial, a unos cien metros enfrente de nosotros, y vemos que bajan unas rampas y salen unas criaturas con trajes, cascos negros y armas futuristas; mientras corren, abren fuego contra todos los que ven. Le dan a nuestro amigo, pero la mujer, Enrique y yo nos zambullimos en un bar donde no hay ningún cliente a la vista (y no esperan ninguno por el resto del día, supongo), y nos dirigimos hacia la puerta trasera, esperando poder evitar a las criaturas espaciales de gatillo fácil.


Ilustración: Pedro Belushi

—Mi marido no está muerto, ¿verdad? —pregunta la mujer, jadeando y gimiendo por el esfuerzo.

—No se preocupe —dice Enrique—. Lo han atontado. Estos tipos pueden haber puesto mucho dinero para una licencia para destruir un pueblo y atontar a sus habitantes en una invasión simulada de criaturas infernales del espacio exterior, o algo así, pero no les permiten herir ni matar.

—Pagarán una indemnización por los daños y perjuicios, por todo que han destruido —añadí—. Están obligados por contrato.

—El infierno —dice Enrique—. Odio estos llamados "trailers de la vida real". No es manera de publicitar las próximas películas. Creo que la industria del cine está yendo demasiado lejos estos días cuando escoge pueblos "estratégicos" como "áreas objetivo" para su maldita tontería de publicidad. No es manera de "preparar al público mediante la participación directa", o como sea que lo digan. Demonios, sé que hay mucho dinero en juego, pero no voy a aceptar esta demencia. No sé de ustedes, pero no iré a ver esta película cuando se proyecte, ni siquiera si consigo un boleto gratis. ¿Alguna idea de para qué película es esto, a propósito?

—Creo que escuché algo —dice la mujer, mientras salimos por la puerta trasera del bar hacia un angosto callejón, y caminamos hacia el extremo—. Creo que se llama "Objetivo: Tierra", una película de ciencia ficción sobre una invasión desde el espacio exterior.

—Tiene sentido —digo, asintiendo—. Demonios, tal vez estamos en la televisión en vivo mientras digo esto. Estos trailers de la vida real son cubiertos en directo.

—Seguramente —dice Enrique—. De otra manera no tendría sentido. Es publicidad, ¿recuerdas? ¿Han visto equipos de cine, a propósito? Tal vez están usando cámaras escondidas, o tal vez los equipos están dentro de esas naves. Supongo que pueden disparar tomas con buenos ángulos desde allá arriba.

—Buen juego de palabras, Enrique —digo, y finalmente salimos del callejón hacia una calle. Pero para nuestra consternación nos encontramos cara a cara con un grupo de "espaciales" que están abatiendo a todos los "humanos" que descubren, y acaban de descubrirnos.

—Creo que estamos del lado vencedor en esta toma —dice la mujer, y esa última palabra apenas deja su boca mientras uno de los "alienígenas" le apunta con su arma y ella cae, muerta o atontada, como sea que le guste verlo.

Enrique y yo regresamos a toda velocidad hacia el callejón y corremos como poseídos.

—No creo que estemos del lado vencedor en esta toma, en absoluto —le grito a Enrique.

Me lanza una mirada desconcertada, y dice:

—Ella quería decir que la humanidad estaba ganando en esta nueva película.

—Ya sé lo que quería decir —contesto—. Sólo estaba siendo sarcástico. Era una broma, ¿de acuerdo?

—No es momento de bromear —grita Enrique, y entonces una de las criaturas extraterrestres nos dispara por la espalda con su arma láser y el mundo a nuestro alrededor se vuelve negro. Y caen dos involuntarios actores más en un maldito trailer de la vida real.



Frank Roger nació en 1957 en Ghent, Bélgica. Su primera historia apareció en 1975. Desde entonces sus relatos aparecen en cada vez más idiomas en toda clase de revistas, antologías y otros medios, y desde 2000 ha publicado colecciones de relatos, también en varios idiomas. Además de ficción, produce collages y trabajos gráficos en una tradición surrealista y satírica. Hasta el momento ha publicado más de 650 historias cortas (y unas pocas novelas cortas) en 28 idiomas. Puede saber m´s de Roger en su sitio.

Hemos publicado en Axxón: LA GUERRA DE LAS OCHO EN PUNTO (123), CRIOBARBACOA (144), LA ÚLTIMA ELECCIÓN (169), EL DÍA QUE CAYERON LAS BOMBAS BORRADORAS DE TEXTOS (174)


Este cuento se vincula temáticamente con RAZONES PARA NO PUBLICAR, de Gregory Benford (183), MATRYOSHKA, de Fabio Andrés Ferreras y Graciela Lorenzo Tillard (188) y SOPORTE VITAL, de Marcelo López González (167)

Axxón 191 - noviembre de 2008
Cuento de autor europeo (Cuentos : Fantástico : Ciencia Ficción : Simulación : Entretenimiento : Bélgica : Belga).

            

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