MATRYOSHKA

Graciela Lorenzo Tillard y Fabio Andrés Ferreras

Argentina

Hacía un buen rato que Ignacius estaba sonriendo; cuando no pudo aguantarlo más, soltó el viso-lector y, sujetándose el vientre con ambas manos, estalló en carcajadas. Su colega Ariadna había entrado sin ruido en el lugar y presenció sin querer el exabrupto pero disimuló su disgusto; carraspeó para llamar la atención; Ignacius levantó la vista, se puso de pie, hizo una leve reverencia y con un gesto le ofreció un asiento.

—¿Qué os pasa, Ignacius? Me preocupáis —exclamó Ariadna con voz mesurada mientras se ponía cómoda—. ¿Podéis guardar compostura, por favor? Nuestro informe está demorado y debemos entregarlo esta misma tarde al señor Euleaco, el Excelentísimo Supervisor.

Una bruma amarilla oscilaba con suavidad, condensándose en caprichosas espirales alrededor de la cabeza de Ignacius. Ariadna interpretó que la psiquis de su compañero estaba sumamente alterada.

—No os inquietéis y escuchad esto —dijo Ignacius, sofocando un poco la risa y tratando de recuperar el decoro perdido—: «Tras superar largamente los crematorios de Hitler con las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, Estados Unidos elaboró dos planes de muy distinto signo (Marshall para Europa: Camelot para América Latina) y, para su organizado asombro, aquellos prestigiosos intelectuales siguieron siendo, aun después de derrotado el fascismo, más antifascistas que pro-yanquis...» ¿Qué os parece? Confieso que algunas de las palabras carecían de sentido para mí y tal circunstancia oscurecía el concepto global. Por supuesto, ahora están debidamente explicadas al margen... pero, escuchad lo que sigue...

Un par de rizos de niebla roja comenzaron a envolver a Ignacius.

—¿Podéis explicarme por qué os ha causado tanta gracia, Ignacius? —interrumpió Ariadna, tratando de comprender lo que leía su colega; ya se sentía realmente alarmada y las luces junto a la entrada comenzaron a parpadear—. No es más que un texto arcaico, hermético... ¡hasta podría tratarse de una absoluta fantasía!


* * *


Anfege ingresó en el gabinete de investigación de Anmadra pero él no se dio cuenta; su amigo estaba absorto en la observación de sus especimenes. El medio ambiental elegido por él consistía en una selección de escalas de ocho notas que se sucedían en tres octavas diferentes, siempre del mismo modo, pero que se alteraban cuando un evento anómalo ocurría en el lugar. Ahora comenzaron la serie en un tono muy agudo y molesto por lo que él advirtió su llegada; se giró y le hizo un gesto para que se acercara y se acomodara en un asiento a su lado. Con un ademán suyo apenas diferente de un saludo, las escalas se normalizaron otra vez.

—Mira mis seres —dijo con un tono pleno de orgullo y señaló el monitor.

Angefe observó sólo un instante; entonces leyó lo que Anmadra había registrado en su planilla.

—Ignacius... Ariadna... No me gustan esos nombres... ni siquiera que les hayas puesto nombres —dijo, un poco temerosa de que las notas se desbocaran otra vez—. Además, algo pasa con la definición de esa pantalla: no se les puede ver bien... o son horribles.

Son horribles —enfatizó Anmadra, y torciendo el gesto en una especie de cruel sonrisa agregó—: su aspecto es realmente... nauseabundo...

—¡Qué concepto tan emocional! Creo que no debieras manifestar repulsión por el aspecto de un par de seres virtuales que tú mismo has creado. Carece de nivel científico.

—Bueno, sucede que...

—¡No me digas que estás trabajando con seres reales! ¡Está terminantemente prohibido! [una escala corrió completa dos octavas más abajo].

Anfege la miró; consideraba que su compañera de estudios tenía pocas luces pero acababa de cambiar de opinión, no tenía ninguna.

—Tranquilízate, ¿quieres? Estoy autorizado por el Supervisor de Investigaciones. Insistí mucho, y no pude echarme atrás cuando vi que los especimenes disponibles eran espantosos...

—No quiero volver a mirarlos... [escala incompleta en medios tonos] pero cuéntame qué tan espantosos son... —dijo Anfege y le clavó la mirada con extraño arrobamiento.

En ese momento, un apagado tintineo monocorde acompañó al sonido ambiental y Anmadra inclinó la cabeza, extrañado; no reconocía el patrón de esa anomalía. Extendió un miembro al panel superior y un gráfico apareció en una pequeña pantalla lateral. Lo analizó durante unos minutos, luego volvió su atención a Anfege y los especimenes.

—¿Decías? Ah, como quieras. De todas formas mejoraré la definición de pantalla... así... Ya está. En la parte frontal de la cabeza tienen un receptor olfativo, justo aquí —Con un par de comandos la puso en un tamaño mayor—. Por debajo de éste se abre la cavidad bucal, que utilizan tanto para alimentarse como para hablar.

—Exótico —dijo Anfege con voz neutra [escalas aceleradas dos octavas más arriba]—. ¿Qué más?

—También tienen órbitas... —comenzó Anmadra.

—¿Órbitas? ¿Dónde? —interrumpió ella, pero se arrepintió cuando el sonido llenó el gabinete con un torrente de escalas en todos los tonos posibles.

—Por encima del receptor olfativo... —dijo Anmadra, algo molesto ya por la manera en que ella alteraba su música.

—Uf... qué asco —dijo Anfege [escala incompleta] aunque su expresión mostraba fascinación—. ¿Cuántas?

—Sólo dos. Dentro de ellas hay unos globos húmedos e inflados, con colores, y que se mueven hacia todos lados, según el lugar al que dirijan la atención.

Anfege volvió a inclinarse hacia la pantalla y observó por un rato a los dos especimenes que parecían conferenciar.

—Mejor hubiera sido ponerles unas máscaras que les ocultaran toda la cabeza —dijo—. Son horribles. —De pronto, se enderezó [tres escalas incompletas en el límite de la audición]—. Oye, ¿les haces leer?

—¿No te parece ingenioso? —se ufanó Anmadra.

—Para nada. La lectura ha sido siempre una causal de conflictos [escalas idénticas repetidas durante todo el parlamento]. A lo largo de la historia conocida, los que leían terminaban teniendo ideas para alterar los acontecimientos... —Miró nuevamente el monitor, esta vez con desconfianza—. Además uno de ellos acaba de reír. Si quieres mi opinión, no deberías anotar en tus informes que esas... cosas... manifiestan emociones similares a las nuestras.

—Lo tendré en cuenta pero, en mi opinión, sólo habla tu temor.

Giró para observar con atención el panel del sonido. Las ondas básicas, elegidas por él, estaban allí todavía pero habían aparecido otras tres, diferentes y opuestas en frecuencia y amplitud. El resultado no dejaba de tener su atractivo visual pero el sonido era molesto, irritante. Anfege tenía algún poder que él carecía: generaba, no sólo alteraba, los sonidos ambientales. Tal vez, si lograba explicarlo debidamente, fuera autorizado para investigarla a fondo.

—¿Y por qué has puesto dos? —preguntó Anfege, sin hacer caso de la algarabía—. ¿No era suficiente utilizar uno solo para cumplir con el ejercicio?

—Es que hay un factor adicional que le agrega interés al experimento: tanto el origen como el sexo son diferentes —enunció Anmadra, algo distraído.

—O sea [una nueva escala de medias notas y gran amplitud] que estás llevando a cabo un ejercicio de virtualidad con dos seres reales de distinto sexo y provenientes de dos universos diferentes... ¡Mira que eres raro tú! —Anfege lo miró con algo de respeto—. Pero ten cuidado. Aunque no sean del mismo origen, podrían terminar planeando algo juntos.

—La tuya es una opinión estúpida —respondió Anmadra con gesto despectivo—; apenas si estoy utilizando los cuerpos de los seres, no sus espíritus.

—¿Cómo lograste quitárselos? Yo diría que si un ser ríe, algo de espíritu aún le queda. Además, ¿por qué los haces hablar de esa manera?

—Es gracioso, ¿no crees? Arcaico. Así evito tomarles simpatía.

—Deberían recitar algunas reglas —reflexionó Anfege [escala de bajísima amplitud y alta frecuencia].

—¿Para qué?


Ilustración: Guillermo Vidal

—Sería gracioso escucharlos.

—Pero es que no he creado ninguna...

—¡Oye! Ese de allí acaba de mencionar a un Euleaco —señaló Anfege con acusado temor [todas las escalas]—. ¿Acaso tienes tres seres?

—No, son sólo dos —respondió tranquilizador Anmadra—. No te preocupes. Necesitaban un "alguien" para quien trabajar, de otro modo estarían haciendo algo para nadie...

—Esto no me gusta nada, ¿sabes? [algarabía] Además, parece que tuvieran sentido del tiempo.

—Siempre sucede eso con las criaturas virtuales. El programa tiene un reloj y transfiere temporalidad a sus acciones.

—Tampoco me gusta que esas cosas se refieran a "estar preocupada", ¡como si fuese uno de nosotros! [escalas incompletas en medios tonos].

—¿Ves? Te lo dije. Tu reacción revela que les tomaste simpatía. Debo mantenerme alejado de ellos, en todos los órdenes, de otra manera terminaría creyendo que tienen verdadera existencia. Sería una típica aberración empática.

—Pero eso de preocuparse, o inquietarse...

—Vamos, Anfege, es parte del lenguaje coloquial que utilizan.

Ella no quedó muy conforme.

—Podrías haberles dado un texto de química o de cualquiera de las ciencias, así no tendrían que estar "emocionándose" —sugirió, con cierta indecisión [escalas incompletas].

—Pero es que no se emocionan, tal como tú lo entiendes. Sólo están comentando. Y el texto es tan esotérico que no podrán sacar ninguna conclusión, si eso es lo que te inquieta; proviene de un universo alternativo que nunca tuvo posibilidad de existir.

—Eso dices tú... —la actitud de Anfege comenzó a ser abiertamente temerosa [algarabía a saturación]. Anmadra se giró hacia la pequeña pantalla de sonido y se sorprendió: allí comenzaba a verse un rostro—. Oye, esto no me resulta apropiado. Creo que lo informaré al Supervisor de Investigaciones...

De repente, Anfege se volvió hacia el monitor, mostrando alarma ante la frase que el espécimen acababa de pronunciar.

—¿Fantasía? —preguntó, mirando a Anmadra por una explicación. Al no obtener respuesta decidió marcharse de allí; antes de actuar lo pensaría mejor.

Anmadra quedó a solas en su gabinete en paz; no sabía si Anfege llegaría hasta el Supervisor de Investigaciones a informar los detalles de su ejercicio; decidió continuar observando a sus dos especimenes. A pesar de sus declaraciones, el experimento lo había cautivado. Con cuidado, anotó cada uno de los eventos en su planilla.


* * *


—Perdonad, Ariadna, debo refutaros. Este texto no corresponde a la clasificación de fantasía... —Ignacius manipuló el viso-lector y le mostró la etiqueta—. «Artículo: Perplejidades de fin de siglo, Mario Benedetti» Eso es, colega. El Excelentísimo Supervisor Euleaco me asignó un documento de dominio público, como es lo acostumbrado.

—¡Esa etiqueta debe estar equivocada! Entregadme vuestro viso-lector.

Ignacius sintió la autoridad en la voz y, sumiso, se lo extendió; el rizo de niebla roja se ceñía al brazo de su compañero y Ariadna dudó un instante. ¿Se le pegaría? Descartó la idea y tomó el artefacto; leyó en voz alta:

—«Salvo contadas y célebres excepciones, los intelectuales latinoamericanos, siguiendo el ejemplo de sus colegas europeos de decenios atrás, también comprendieron...» ¡Por todos los cielos! ¡Esto es muy extraño! Si bien está rotulado como texto de dominio público, por la forma y las palabras empleadas parece reservado a ciertos círculos iniciados.

Levantó la mirada; la bruma amarilla tenía unas vetas color naranja que oscilaban rápidamente y adquirían tonos cada vez más intensos. Ya no rodeaban a Ignacius; se habían extendido por todo el lugar, aunque no reducían la intensidad de las luminarias del techo.

—Claro que es extraño. Por favor, devolvédmelo, que debo continuar mi tarea. Sé que no es conveniente que exprese mi sentir, pero lo mismo os diré que por una vez leo algo interesante.

Ariadna retuvo el lector contra su pecho, observando a su colega, todo envuelto con cintas de bruma roja. ¿Acaso Ignacius no las veía? ¿Debía preguntarle? Estaba desconcertada. Por un lado, la emoción de Ignacius era desusada, por completo inadecuada y producía el cambio de color en el medio. ¿Lo percibía acaso el Excelentísimo Supervisor? Por otro lado, algo le decía que debía informar la irregularidad con el rotulado. Devolvió el lector a Ignacius y salió sin decir palabra; antes de actuar lo pensaría mejor.


* * *


Anmadra abrió una nueva planilla en el ordenador para registrar su segunda jornada de observación. Tenía el título ya escrito, y su nombre: INFORME EJERCICIO SV-258-SR -- Anmadra; sólo tenía que cargar la fecha. Entonces aparecieron los cuadros diseñados al comenzar el experimento y los datos básicos; se puso a redactar.


EVENTOS: (continuación)

151) Discuten por la clasificación del texto de Ignacius; el medio responde adecuadamente mediante los cambios de color y densidad programados.

152) Ariadna intenta evitar que Ig lea.

153) Ig apela a la autoridad superior para continuar haciéndolo.

154) Ambos se expresan con emociones acusadas; el medio se colorea más allá de lo previsto; Ar recurre a gestos de encubrimiento; Ig se expone.

Temas pendientes: averiguar si el sensor "niebla" detecta emociones en el pensamiento abstracto, no sólo en las palabras; averiguar si el sistema principal tiene alguna aplicación para este fin; averiguar si se puede agregar un sensor con otro diseño, como sonido.

155) Ar apela a una autoridad;

Semiconclusión: ambos seres son emocionales, asignan un peso excesivo a la autoridad, no desarrollan por ahora consciencia de la propia valía.

156) Ambos seres responden adecuadamente al programa de selección de actitudes que corre con el ejercicio.


Anmadra se enderezó y reflexionó: «¿Debería establecer algunas reglas? Estos dos pueden haber llegado a acuerdos que yo desconozca. ¿O estoy contagiándome con la paranoia de Anfege?»

Observó un instante la pantalla del sonido; se tranquilizó y hasta sintió placer al contemplar esas ondas tan ordenadas.

«Debo continuar el experimento. Tal vez sea mejor anotar lo que hacen y escribir luego las reglas... Será mejor que agregue en el enunciado del ejercicio que tomaré nota de las que inventen estos dos seres».


* * *


La vibración comenzó a ser congruente y se materializó. Era el momento de registrar las observaciones en la base. Ya no tenía mucho interés en proseguir con ese experimento; tal vez alguien, en algún otro lugar, lo considerara atractivo y decidiera adoptarlo.

INFORME EJERCICIO ESPECIMENES ALFA

Investigador: Puleoalbericortezanario Indeoverticulisatio - Aprendiz

Quinta Jornada De Observación.

Fecha de inicio: 115.256.2133

Objetos: 246; 135

Descripción 135: Antropomorfo, Masculino, Draconis; apodo: ANMADRA; espécimen principal.

Descripción 246: Antropomorfo, Femenino, Géminis; apodo: ANFEGE.

Fecha de observación: 115.257.0007

Eventos:

246 cuestiona la cualidad del ejercicio que 135 realiza; sus ondas muestran una alternancia entre repugnancia y admiración.

135 menciona a una autoridad superior para justificar su propia decisión; sus ondas son estables; denotan autosatisfacción.

246 exhibe temor sin inhibición; ondas severamente alteradas, más allá de lo programado - correlacionar con características de su sexo.

135 expresa inquietud ante la influencia de 246 sobre las ondas ambientales - correlacionar con características de su sexo.

Seudo conclusión 11/34: Averiguar si el sensor "sonido" detecta las emociones en el pensamiento, no sólo en las palabras. Probar otros sensores, como la luz. Averiguar si el sistema principal tiene alguna aplicación para este fin.

246 sale del espacio principal del experimento; sus ondas se interpretan como indecisión.

Seudo conclusión 12/34: 135 ha decidido seguir adelante; corresponde elevar un grado el nivel de oposición del medio ambiente.

Seudo conclusión 13/34: Ambos seres responden adecuadamente al programa que corre con el experimento.


* * *


INFORME SOBRE

MUESTRA DE SER VIRTUAL

Investigador 202-x-131-z-232-k-747

XXIII jornada de observación.

Sujeto: Puleoalbericortezanario Indeoverticulisatio...

202-x-131-z-232-k-747 se desconectó, fastidiado. Tenía ante sí tres niveles de seres virtuales y no podía distinguir qué los diferenciaba. Además, estaba seguro de que si Ig y Ar eran puestos a crear algún especimen, terminarían con algo similar. ¿Qué tenía que hacer para provocar algún evento azaroso, no determinista? ¿O sus conclusiones debían señalar que es imposible crear nada nuevo, sólo repetir modelos ya conocidos? ¿Acaso las tareas asignadas a Ig y Ar apuntaban en esa dirección?

Se agitó levemente; allí había una discontinuidad que tal vez debía indagar. Volvió a conectarse y buscó a su compañero, a millones de años-luz de su actual posición; necesitaba una mirada externa. Mientras esperaba a que 747-k-232-z-131-x-202 terminara de explorar su mente, en el fondo de su conciencia anotó que debía agregar un nuevo factor en sus experimentos: Matryoshka.



Graciela Lorenzo Tillard, nacida en Córdoba, Argentina, ha colaborado con fanzines tanto electrónicos como de papel, y en un par de antologías. Uno de sus relatos es La peste amarilla en la Buenos Aires, que apareció en MENHIR 2 (papel) y en ALFA ERIDIANI 4 (digital). Ha publicado prosa, crítica, infantil y poesía, además de traducciones. La lista detallada puede ser consultada en su página.

Hemos publicado en Axxón sus ficciones: ESPORA en co-autoría con Fabio Andrés Ferreras (140), LA RESIDENCIA (181)

Ha traducido para Axxón: CUANDO LOS ADMINISTRADORES DE SISTEMA GOBERNARON LA TIERRA, de Cory Doctorow (Canadá) (176), LLAMA DESNUDA, de Dimitris G. Vekios (Grecia) (177), GUANTES BLANCOS, de Guido Eekhaut (Bélgica) (177), PORTADORES, de Gene Stewart (Estados Unidos) (179), EL PODER SALVADOR, de Luke Jackson (Estados Unidos) (179), LA ANGUSTIA, Y NO BROMEO, DE DIOS, de Michael Bishop (Estados Unidos), con Claudia De Bella (182), LA CASA EN EL CONFÍN DE LA TIERRA (novela), de William Hope Hodgson (Inglaterra) (183), CRÍPTICO, de Jack McDevitt (Estados Unidos), con Claudia De Bella (183), LA MANO, de Guy de Maupassant (Francia) (184), BAILARINES, de William Meikle (Escocia) (184), EL SACRIFICIO, de Dimitris G. Vekios (Grecia) (184), PRESIÓN, de Jeff Carlson (Estados Unidos) (185), MÁS ALLÁ DEL RÍO NEGRO, de Robert Ervin Howard (Estados Unidos) (185), MAGNETISMO, de Guy de Maupassant (Francia) (186)

Fabio Andrés Ferreras es Ingeniero Industrial. Argentino, nacido el 25 de mayo de 1972 en Bahía Blanca, ciudad donde reside actualmente. De su fecha de nacimiento no sólo se deduce su edad, sino que además nació en día feriado. Le gusta la ciencia ficción y la fantasía, además de expresarse en tercera persona cuando habla de sí mismo, como hizo en esta breve reseña.

Hemos publicado en Axxón: VIVIR A DIARIO (124), CIERTO TUFO A PODRIDO (133), ESPORA, en co-autoría con Graciela Lorenzo Tillard (140), LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD (145), AUTOESTOP (147), UNA DE DOS (149), DESDE LA JAULA (151), ALIMENTO PARA PERROS (156), TIEMPO (DE) REVELADO, en co-autoría con Raquel Frolián García (157), PERSISTENCIA (163), LA TRIPLE MUERTE DE MOFFO MÖNNLY (163).


Axxón 188 - agosto de 2008
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico : Ciencia Ficción : Esperimentos : Seres virtuales : Argentina : Argentino).

            

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